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Arenero en el Congo

30 01 2009 - 03:11

Che, se cayó un ascensor en la Biblioteca Nacional. Y González dijo: “¿Quieren titular que andan mal los ascensores de la Biblioteca? Está bien, yo les digo que andan mal.”

Je, je. Un grande, González. Yo escuché su diálogo con Radio Mitre, fue mortal. “El ascensor bajó más rápido de lo normal”, dijo

¿Dijo eso en serio? Es genial.

Un mostro. Ojo, en su tono. No lo dijo como si lo dijera en serio. Lo hizo onda “soy González y hablo así.”

Je, claro, es nuestro viejo tema de lo que se dice y cómo. Es simpático decir eso, admito, pero también es una barbaridad decirlo si sos el director de la biblioteca y se cayó por culpa tuya. Lo otro, lo de “querés titular tal cosa” me parece tremendo, otro ejemplo de que eso es lo único que le importa.

Che, igual el ascensor no se cayó por culpa suya. Pero es quien debe responder llegado el caso ante la prensa. Es parte del despelote de estar en un cargo público, razón por la cual ninguno de nosotros está ni estará.

Speak for yourself. Yo no estoy porque me parece que puedo hacer otras cosas mejor que eso, y porque no me interesa. Pero no porque me asuste asumir la responsabilidad de cosas que están a mi cargo.

Creo que el tipo declara desde ese disparate posicional en el que se encuentra. El tipo puede estar haciendo cosas importantes con libros, pero un ascensor en mal estado o un ascensor al que se sube más gente de la indicada — y eso lo padecemos todos todos los días, la indolencia de todo el mundo en el uso de los bienes públicos — lo pone a explicar durante horas. Obvio que si querés celeste tenés que bancarte los azules y los blancos de la situación.

Bueno, “la culpa” del ascensor, no sé quién la tiene. Pero si se mataban los que bajaron más rápido de lo normal iba a ser difícil explicar por qué Ibarra debe caer mientras para González es sólo parte del despelote de estar en un cargo público. De todos modos aclaro que no propongo que renuncie González porque se le cayó un ascensor, aunque teniendo en cuenta su gestión y su actitud, cualquier excusa es buena.

Ay, Raffo. Lo de ibarra… Ya veía yo la réplica con chicana. Raffo, esos cargos tienen mil detalles espantosos, y cualquiera que tenga algo mejor que hacer no los toma. Cada tanto cae uno de estos, como González, que son amasijados por la prensa y los sindicatos, que quiere poner un freno a lo que parece inexorable, que la Argentina sea el Congo. Lo será. Ya está. Alea iacta est. Lo de Ibarra fue no asumir ninguna responsabilidad, ninguna, ninguna. Pagar para que se enroñe a los padres, y cien cosas inhumanas más. Más el hecho de 200 cadaveres de niños a cuatro paradas de subte de su despacho. Que lo cambia todo y que obliga al electo, al representante, a representar y no a representarse. Que es todo lo que pudo hacer.

Ya sé, ya sé. Es una chicana de buena fe, si vale el oxímoron, como excusa para seguir charlando. Lo de Ibarra fue criminal, y esto es un ascensor que (por lo menos hasta que se demuestre lo contrario — ahí están diciendo que ya es el tercer ascensor que se cae en poco tiempo ahí) se le podría haber caído a cualquiera. Mi intuición es que González es un tipo con tan pocos escrúpulos como Ibarra, pero no te lo puedo demostrar. Lo que sí puedo justificar es mi opinión de que González es de los que COLABORAN para que la Argentina sea el Congo. Y no quiero decir con esto que deba hacerse cargo de la pauperización en áreas que le son ajenas. No tiene la culpa de la Villa 31. Y tal vez tampoco del ascensor, andá a saber. Pero sí es responsable de una gestión técnicamente espantosa, de que no se pueda BUSCAR un libro en la biblioteca nacional (andá, probá, buscá un libro) y de haberla convertido en unidad básica. Dos características muy congolesas, if you ask me. ¿Donde está el afán civilizatorio de González? Claro, seguramente él objetaría esta última frase. Pero también la del Congo. “Es otra cultura.”

Lo que sí funciona es el apeadero Witold Gombrowicz. ¿La tiene a esa, Raffo?

No, ¿qué?

El apeadero Witold Gombrowicz es una cosa re-horaciogonzalesca. El tipo se propuso transformar un artefacto que tenía un propósito original maléfico (una máquina expendedora de cigarrillos) para que tenga ahora un propósito benéfico (expender libros) y hacer ese acto performático en la biblioteca y de manera permanente. Entonces hizo editar unos libros del tamaño de un atado de cigarrillos y adaptó una máquina expendedora de cigarrillos para que uno vaya ahí y compre un libro. Para que además el asunto sea popular, el precio de los libros es de un peso, y para completar todo, el artefacto se llama Máquina del Bicentenario. Títulos editados:
 
Las buenas costumbres, David Viñas
Cosas de mujeres, Fogwill
Lenguas vivas, León Rozitchner
Cuentos, Eduarda Mansilla
Cuentos de la selva, Horacio Quiroga
Sarrasqueta, Manuel Redondo
Bolívar, Simón Rodríguez
Tradiciones peruanas, Ricardo Palma
Apariencias y costumbres, Eduardo Wilde
El abra y otros cuentos, Luisa Mercedes Levinson
El histerismo de Monteagudo, José María Ramos Mejía
La vida de la carabela y Proceso a Osorio, Paul Groussac
La Banda oriental. Proclamas, documentos y poesía, José Artigas / Bartolomé Hidalgo
El grito sagrado, Flora Tristán/ Manuel González Prada / Rafael Barret / Ricardo Flores Magón
Entre la confidencia y la historia, Lucio V. Mansilla
Diarios bolivarianos, Luis Perú de Lacroix / Manuela Sáenz
 
La Máquina del Bicentenario está instalada en el Apeadero Witold Gombrowicz, que permanece abierto de 10 a 20 todos los días. Es una construcción mínima que está en la parte de los terrenos de la biblioteca que da sobre Las Heras, al lado de la entrada de los estacionamientos y parece hecho de piedra ¿lo ubica?. Me parece que antes albergaba un cajero automático, pero no estoy seguro.
 
Una vez entré y es muy gracioso. Ahí adentro hay un cana vigilando la máquina todo el día. Que en realidad está escuchando un mp3 y te mira de reojo. Yo fui a preguntarle con total malignidad si no me podía cambiar un billete de dos pesos para comprar uno de los libros (la máquina funciona con monedas obviamente, que son de las cosas más escasas que hay) y el tipo me miró con una mezcla de incredulidad (algo así como si yo fuera un extraterrestre que no se da cuenta de que él jamás podría estar ahí para prestarme servicio alguno) y desconfianza (como si yo estuviera usufructuando al apeadero Witold Gombrowicz para conseguir monedas de una manera espuria).
 
Ahí lo estoy viendo. Dice que la primera tirada fue de 20 mil ejemplares. ¿20 mil ejemplares que se venden en una máquina sola?

Sí, pero el dato es que estaba instalada en la Feria del Libro, que es algo así como el fin del mundo. Ahí la gente no tiene problemas en desfilar por el infierno y hacer cualquier cosa. Y también se le debía facilitar cambio a la gente, y muchos padres debían obligar a sus hijos a darse un baño de máquina del mal transformada en máquina del bien, y muchos otros se deben haber sentido curiosos, y muchos chicos querrían poner una moneda en una máquina para que saliera algo, y otros tantos habrán comprado por morbo (como hubiera hecho yo en aquella ocasión si el cana me hubiese dado cambio). Incluso quizá en la Feria del Libro la máquina estuviera adaptada para funcionar con fichas y no con monedas (con lo que se llegaría al colmo de la ridiculez, pero todo es posible con HG). Y de última, las cifras de ventas siempre se pueden “masajear” para mostrar que la máquina es un éxito.

Yo vi máquinas asi en Brasil y en LA, pero (más razonablemente) habían hecho la máquina grande, de modo que entraran libros normales en ella.

Pero es que acá la máquina cumple la única función de satisfacer la ocurrencia de HG, que es de profesión ‘boutadista’. Esas máquinas que ud dice estarían ahí para cumplir objetivos más específicos. Como vender, hacer negocios, facilitarles la lectura rapidamente a pasajeros (estarían en lugares como aeropuertos, ¿no?), qué se yo.

Efectivamente, estaban en aeropuertos, y en complejos abiertos hasta tarde (multiplex, etc.) Lugares que están abiertos cuando las librerías están cerradas. No sé si la gente los usa o no. Veo además que los minilibros de González no están completos. Es un clásico de la socialización pedagógica ese, el de abreviar los libros. Me parece que el costo es la excusa; yo creo que disfrutan cortándolos. Es parte de la Gran Congolización.

Me encanta lo de “gran congolizador”. Comparto que HG no tiene afán civilizatorio. Horacio es un esclavo de la alta cultura. Es el de la ñata contra el libro. En una época hacía muuchas cosas con él y no podía, no podía reconocer que david viñas no se entiende, por ejemplo. Yo le ponía el texto, se lo leía, se lo traducía al inglés y no se entendía de ninguna manera. El no podía reconocer eso. Poco sicoanálisis en Horacio. Sin Freud no hay siglo veinte.


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7. Dénouement
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1. Residuo Nocturno
Al-Fon-Sín
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