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Pasternak contra los fantasmas

2 03 2009 - 01:41

Basta de titubeo, señores, tenemos denuncias. Tenemos estadísticas de la Universidad de Princeton: la auténtica verdad de un estudio realizado con diecinueve millones de ratas que aprendieron a distinguir un pie de foto de una trombosis cerebral. Tenemos cartas documento. ¡Tenemos cartas de Adolfo Pérez Esquivel! Nuestro secretario de prensa leyó una carta entera y dice que está muy buena, que la retórica pacifista del premio Nobel es infalible, que Pérez Esquivel nunca escribió una carta tan abierta como esta. Es el paladín perfecto para nuestra causa, si obviamos detalles como el llamado a la “no violencia” y esas nuevas ideas que promueve: un hombre asistido por el factor comparación, claro y playito como un lago de deshielo, que fue reconocido no tanto por sus méritos como por los de los militares. No es que el tipo fuera uh, qué pacifista, dirá el próximo libro de Juan José Sebrelli, sino que la dictadura argentina era demasiado sangrienta.

Reciban este fraternal saludo de paz y bien del Adolfo, entonces, y pongan el culo a la altura del trópico: somos un grupo de meretrices de la prensa del interior, tenemos una asociación civil con 78 miembros inscriptos, y venimos a exigir al Gobierno que encare un plan de lucha contra el enemigo invisible que acecha el país desde julio de 2008. Un plan en serio, con mapas y helicópteros, con escuadrones motorizados y fondos propios y páginas web hechas con flash y efectos sonoros en la botonera. Esta fiebre no se cura con jarabe de pico, señores, vamos a investigar hasta las últimas consecuencias y todo el repertorio de aforismos del manual de gobernabilidad de quinto grado de la perocracia. Queremos ver sangre: para eso pagamos una entrada tan cara al circo romano, prostituyendo el apellido para la descendencia, escribiendo páginas enteras sobre la jarra loca que consumen los chicos y el aumento de los robos en las playas de estacionamiento de los supermercados. El enemigo invisible amenaza este Gobierno salvajemente, y las rémoras de la prensa interior asistimos inútiles a una batalla sin cuerpos, al servicio de noticias invisibles, para informar a la gente sobre hechos inexistentes, mientras los líderes elegidos por el pueblo toleran los agravios del enemigo y no actúan, señores, apenas si actúan como si actuasen, seguramente para evitar el choque y el escarmiento, la violencia estatal que demandaría una reacción legítima a estos ataques. Un exceso de democracia.

Por 77 votos contra uno, después de redactar el reglamento, hemos decido tomar partido por la realidad. Nosotros somos la arena de la lucha de frases, como le dijo Voloshinov a Jorge Guinzburg. Es más: somos el sustento mismo de la batalla psicológica contra el enemigo, carne de cañón proyector. Cargamos el tubo con declaraciones y bum, lanzamos noticias bomba. Ya no podemos seguir así, armando tapas explosivas con pólvora rancia. El 17 de julio se votó el proyecto de retenciones en el Senado: esa fue la última noticia política más o menos real que cubrimos en el país. Después renació la ofensiva del enemigo invisible, más cruda, con más videos en youtube y más cadenas de correo, con nuevos analfabetos presidenciables, con nuevas canciones de Ignacio Copani. Hubo mártires que se quedaron secos, deshidratados, chupando lo que les quedaba de saliva de la punta del micrófono para sobrevivir. Aparecieron los restos de los primeros caídos, sujeto y predicado. Los milicianos del pueblo salieron a resistir otra vez contra los fantasmas, como Mingo y Aníbal; levantaron barricadas de comments en la línea de fuego, pusieron los webos en una guerra sin tregua, sin cuerpo, sin actores, sin consecuencias. Allí se mantuvieron, haciendo guardia, crispados frente a la pantalla, buscando traidores en la bandeja de entrada, disparando contra el éter y los titulares.

Una batalla de mierda, señores, que no da para llenar una fe de ratas, y nosotros hacemos con eso el relleno de los ñoquis y cuarenta páginas tabloide con poca publicidad. Tenemos un ejemplar entrenado en Princeton, que leyó los titulares del diario entero y en todos los casos detectó trombosis cerebral. Una masa la rata, dice Pérez Esquivel. Lo tenemos atado a una silla en el sótano de la asociación civil, escribiendo cartas cada vez más abiertas a favor del uso de la violencia contra el enemigo invisible. Que la historia nos juzgue como lo haría Felipe Pigna, rescatando nuestro apego al opio y a la pornografía, pero no lo vamos a soltar hasta que no haya un plan oficial serio, un cuerpo en combate, una libra de carne con hueso, por más que lo hayan invitado a cantar en el Salón Blanco. Queremos ver sangre o queremos silencio: que se acabe tanto griterío. No es que nosotros seamos muy de derecha, Adolfo, le explicamos cada vez que intenta convencernos, sino que este gobierno es demasiado de izquierda.

PD: Mamá, te lo digo por este medio: no seas boluda, por favor. No podés venir a decirme que hay un 0-800 para denunciar cruces esvásticas como si fuera algo serio, como si fuera una carga civil.


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