Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







Pasternak en Paraná (La Luz Mala #1)

17 03 2009 - 02:16

Una noche de 2007, José Morcilón levantó el teléfono y mendigó tragedias de última hora. Cómo le va, oficial. ¿No tenemos un muertito para el cierre? ¿Un choque? ¿Alguna violadita? El jefe de Policiales del diario más popular de Paraná, cuando estaba muy desesperado, apelaba al método Farinello: tono de súplica y abuso de diminutivos. Era el fin de un día luminoso en la República de Entre Ríos, una de esas raras jornadas de paz que estimulan el pensamiento lateral de los editores. A Morcilón le faltaba llenar una página y le sobraba vida, así que llamó a los hospitales, prometió indiferencia para los casos de mala praxis, y salió del aprieto con el suicidio frustrado de una estudiante de periodismo, una noticia reñida con el manual de estilo.

El estilo, eso lo sabe cualquiera que tiene vocación para Policiales, es una cosa de maracas. Carolos, como dice Morcilón, cada vez que los correctores argumentan que el suicidio es un acto privado, que no puede publicarse como noticia a menos que involucre a personas o lugares públicos, alguna información atribuible al interés general. La desgracia ajena es de interés general, carolos, dice Morcilón, y se toca el pito. Esa vez, indignado por la devolución de su página, el jefe regresó a su monitor y meditó en silencio, con la mirada oblicua. Después sus ojos brillaron y comenzó a tipear. A los quince minutos apagó el handy, juntó sus cosas y, desde la recepción, por un interno, mientras firmaba la salida, avisó que todo estaba listo.

Volanta: “Otro intento de autodeterminación sacude a la comunidad académica”. Título: “Una estudiante de periodismo sobrevivió a una caída de seis metros”. Bajada: “La joven está en terapia intensiva. Se habría fracturado un hueso del cráneo en la cabeza, y otro en la cadera”. Sick. Estirar la bajada con deformidades óseas fue un acto audaz pero rutinario, no hay que dramatizar. Morcilón, de hecho, había inventado el verbo cachilear (del sustantivo “cachilo”, nombre de un ave tropical, adjetivo coloquial para un auto viejo, sinónimo entrerriano para la poronga) que servía para cualquier acción vinculada con la extensión de una nota. Si un corrector le decía: “La nota está larga, José, hay que cortar”, Morcilón respondía: “_Cachileala_ un poquito”, y había que reducir el espaciado de los caracteres hasta los límites tolerados por Diagramación para meter el texto. Si un corrector le decía: “La nota está corta, José, hay que estirar”, Morcilón respondía: “Dame que la cachileo un poquito”. Entonces sumaba huesos sobre huesos, juicios morales, adjetivos elegantes. El irascible sujeto. Un abuso calamitoso.

Morcilón aconsejaba incluso cachilear los monitores cuando se apagaban. Una piña en el techo del coso para resucitar el tubo. Eso era rutina. Lo histórico de esa noche fue su encuentro con El Eufemismo, un recurso que dedujo ilimitado, y desde entonces dedicó sus tardes a iluminar las páginas de Policía con las sutilezas del lenguaje. Ese día, el dialecto del español que se usa en los medios sufrió lo que Morcilón califica como homicidio seguido de riña. Un maricón te puede objetar una nueva ola de suicidios en la provincia, es lógico, pero hay que ser muy carolo para negar que aumenta el número de autodeterminaciones en Entre Ríos. Eso ya es un informe de dos páginas para el domingo, si hasta Yabrán se autodeterminó en la provincia.

El día que Don Alfredo se metió una escopeta en la boca, hace mucho tiempo, los de diario Perfil llamaron a su corresponsal en Paraná para pedir detalles. Estaban todos metidos en la oficina del jefe de redacción, en un edificio de la capital provincial, armando una edición de urgencia. El cadáver del cartero se enfriaba en el baño de su quinta de Larroque, en la costa del Uruguay. “Y si salen al balcón, ¿no alcanzan a ver nada de lo que pasa?”, insistieron los de Perfil. La pregunta flotó desde el speaker y sublevó el corazón urquicista de los periodistas locales. Paraná está a 300 kilómetros de Larroque, la puta que te parió, ¿en Buenos Aires no usan mapas? Si querés te paso con mi vaca y le preguntás a ella. Lo mismo da que hoy exista el Guguel Erts, si cada vez que hay noticias en Posadas los de Clarín llaman al corresponsal de Paraná para que marche a cubrir la epidemia de escorbuto. Posadas está en Misiones, Canela, ahí también evangelizaron los jesuitas, hay que explicar bien como son las cosas.

Un día Morcilón se cansó de que los correctores le pidieran que se autodeterminara de una vez, y cambió su fórmula por un eufemismo que explora los límites de lo políticamente correcto: el suicidio se convirtió en autoeliminación, un término con más swing. La prosa contemporánea de las noticias policiales esconde sabiduría: el derecho de autodeterminación de los pueblos deviene así en el principio de autoeliminación de los pueblos. Los primeros filósofos políticos de la Modernidad llegaron a la misma conclusión. Morcilón utilizó el instinto. El hombre es un lobo para el hombre, no hace falta usar el cráneo de la cabeza para darse cuenta.


————————————

Del mismo autor:
PS 01
La Educación de Pol Pot
Political Science 3x SOLD OUT
Más vivos que nunca print SOLD OUT
TPP 31 - Las Comunidades Primitivas
El Dream
8. Gracias
TPP 30 - El Circo del Hambre
El Ultimo
Viedma Ayer