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La preantena - 03

20 03 2009 - 19:04

(Previously…)
(Nota: el diálogo en rojo es mudo, con intertítulos.)

INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – DIA Un momento después. Dupont hace entrar a Ana al cuarto contiguo, la conduce del brazo hasta donde está Tomás y se pone en cuclillas para hablarles a ambos. DUPONT “Necesito que se queden tranquilos acá, que no toquen nada y que no hagan ruido. ¿Puede ser?” Los dos chicos se miran. Tomás alza el dedo índice. TOMAS “¿Cuánto tiempo?” DUPONT (exasperado) “¡No sé cuánto tiempo, Tomás! ¡El que haga falta! ¡El que yo diga! ¿PUEDE SER?” Los dos chicos se miran de nuevo. DUPONT (cont’d) “¡No es una pregunta!” Dupont sale, dando un portazo. Lo escuchan cerrar la puerta con llave del lado de afuera. Tomás atraviesa el cuarto hasta el rincón opuesto y se sienta en el piso a leer su libro. Es evidente que Ana no tenía ninguna intención de hacerle caso a Dupont, pero la actitud obediente (y antisocial) de Tomás la desconcierta un poco. Ana da unos pasos al azar por el cuarto — originalmente el depósito trasero, se ha convertido ahora en el sitio donde Dupont esconde las pocas máquinas que no embaló la noche anterior. Ana rodea un escritorio con dos televisores encima, un par de componentes y el joystick que vimos antes. Abre un cajón. Lo cierra. Intenta encender uno de los televisores. Tomás le chista, desde donde está. TOMAS “Dijo que no toquemos nada.” ANA “Y quién es, el Rey? ¿Qué me importa lo que dijo?” TOMAS “No hay reyes. Somos una Autocracia Monetaria de Emergencia.” ANA (pausa) “Ah, estás loco.” Suena el TIMBRE. Los chicos escuchan el SONIDO de varias personas caminando en el taller, arrastrando cajas. La actitud de Ana se vuelve más sobria al intuir que a su alrededor están pasando cosas que no entiende. Se acerca a Tomás y se sienta en el piso a su lado. ANA (cont’d) “¿Tu papá también se le perdió a él?” TOMAS “No tengo papá. No hables más.” INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – CONTINUO En el taller: el Hombre Ratón dirige a sus subalternos, los OPERADORES, que vacían de cajas el lugar — no son idénticos, pero parecen distintas versiones de una misma persona, meras sombras. Arrastran las cajas hacia afuera y las cargan en una camioneta del canal. Dupont está parado junto a la puerta, inexpresivo. A su lado, Ivo va anotando los ítems devueltos en una planilla. Las miradas de Ivo y Dupont se cruzan. Dupont lo ignora. Atraviesa el cuarto, recoge una caja que quedaba debajo del lavatorio y se la entrega al Hombre Ratón. DUPONT “No se olviden de esta”. Las manos inseguras del Hombre Ratón dejan caer la caja. Tropieza. HOMBRE RATÓN (recomponiéndose, a Dupont) “¿Es todo?” Dupont asiente. HOMBRE RATÓN (cont’d) (a Ivo) “¿Es todo?” POV de Ivo: La planilla, en la cual la mayoría de los ítems están chequeados con una “v”, pero no todos. Ivo mira a Dupont. Marca rápidamente los ítems faltantes. IVO “Es todo lo que había, sí.” La mirada de agradecimiento de Dupont no es percibida por Ivo, que sale tras los demás sin darse vuelta. Dupont apoya su espalda sobre la puerta después de cerrarla. Respira hondo. Los sonidos de actividad en el cuarto contiguo no le dan tiempo a pensar mucho más. INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – CONTINUO En cuanto entra en el depósito trasero, Dupont ve a los chicos trepados al escritorio, manipulando los monitores de TV. Tomás le está mostrando a Ana el funcionamiento del joystick. Dupont les chista, primero, y después chifla sonoramente mientras se abalanza sobre los aparatos. Tomás se da vuelta, tranquilamente. TOMAS “Está bien. De veras. Ya me di cuenta de cómo se usa.” DUPONT “¡No toques eso!” Optando por lo más rápido, Dupont da un manotazo. El joystick sale despedido por el aire. Tomás cae al piso y se queda sentado. Dupont se da cuenta de lo excesivamente violento de la maniobra y le extiende la mano a Tomás para que se levante. DUPONT (cont’d) “Perdón.” Tomás ignora la mano extendida de Dupont. Se queda mirándolo tan sorprendido como asustado. Dupont se pone en cuclillas a su lado. DUPONT (cont’d) (disculpándose) “Tomás, no es para chicos, eso. Antes de tocar algo hay que saber para que sirve…” Al señalar los aparatos la mirada de Dupont se cruza con la de Ana, que se había quedado inmóvil sentada sobre el escritorio. ANA “Sirve para ver qué hacen los que se llevaron las cajas. Sin que ellos sepan.” Rápido, cubriéndose de la posible reacción de Dupont, Ana señala a Tomás y agrega: ANA (cont’d) “Me lo dijo él.” Dupont se para despacio, descubriendo la imagen en… El monitor de TV: Lo que ve la cámara espía, situada en la parte de atrás de la camioneta del canal — las nucas de Ivo y del Hombre Ratón, que va manejando. DUPONT “Funciona…” Que funcione es algo que Tomás daba por sentado. DUPONT (cont’d) (para sí mismo) “¿Adónde van?” Tomás se encoge de hombros otra vez. No tiene la menor idea. EXT. EDIFICIO ARBOSDIA La descomunal entrada a un edificio imponente. Isadora se baja de un taxi. Su cara está oculta por anteojos oscuros y por la fina capucha en la que termina su largo abrigo blanco. El portal mecánico se abre a su paso, sin que ella haga siquiera ademán de anunciarse. INT. ASCENSOREDIFICIO ARBOSDIA Isadora sube sola en un ascensor sin ventanas. Se mira al espejo. Se da vuelta y mira hacia el indicador luminoso sobre la puerta: no hay ningún número, nada que sugiera la existencia de distintos pisos. En cambio, lo que vemos es una barra de progress, como la de una computadora. Apenas ha subido un 25%. Isadora desliza su espalda contra el espejo hasta quedar en cuclillas. Se saca los anteojos oscuros. INT. RESIDENCIA DEL SR. ARBOSEDIFICIO ARBOSDIA La puerta del ascensor se abre directamente sobre un enorme salón en uno de los pisos más altos. Isadora entra, con el abrigo en la mano. Deja caer el abrigo y su cartera en un sillón, sin mirar, y avanza. No parece haber nadie más. Isadora rodea un brillante piano de cola rozándolo con la mano y sube un par de escalones hacia el bar; un ambiente casi independiente, tan excesivo como el resto, pero despojado de todo signo hogareño. Isadora no se sorprende al encontrar una botella de vino blanco ya destapada (aunque aun fría y con su contenido intacto). Al girar en busca de una copa, ve algo que la hace quedarse inmóvil donde está. POV de Isadora: La parte de atrás de un sillón, sobre cuyo apoyabrazos se desliza apenas un grueso tubo flexible, que conduce a un artefacto eléctrico. Por la junta que hay entre el tubo y el artefacto suben blancas volutas de humo. Isadora rodea el sillón cautelosamente, con la botella y la copa en la mano. En el sillón está sentado el Sr. Arbos, esperándola. Sonríe. El par de tubos (son dos) se estrechan a medida que se alejan del artefacto volviéndose dos canutos que entran por la nariz del Sr. Arbos — el conjunto tiene un aspecto similar al de los dosificadores de suero de los hospitales. Con la vista fija en Isadora, el Sr. Arbos da una larga pitada a su habano y habla: SR. ARBOS ¡LETRA DEL GAS! Lo escuchamos hablar. Su voz es monstruosa, apenas humana. Isadora da un paso atrás. Paradójicamente, vemos la frase subtitulada sobre la imagen — los subtítulos aparecen justo la primera vez que no los necesitamos. Pero la frase subtitulada se reordena. Vemos las letras (la misma, exacta, cantidad de letras) cambiar de lugar. De este modo, “Letra del gas” se convierte en “Llegas tarde”, revelando la intención original de la frase. Isadora se queda paralizada donde está. SR. ARBOS (cont’d) (con esfuerzo) ¡Pequinés venenosa! En los subtítulos: “Pequinés venenosa” se transforma en “Pensé que no venías”. ISADORA “¿Qué?” En los subtítulos: “Pensé que no venías” se reordena en sincro con la siguiente frase del Sr. Arbos, formada con las mismas letras. SR. ARBOS (protestando) Es que sin nene pavo… El espanto inicial de Isadora da lugar a una mezcla de desconcierto y repugnancia. Vuelve las palmas de sus manos hacia arriba, indicando que no entiende una palabra. Molesto, el Sr. Arbos comienza a desconectarse del artefacto, mientras sigue mascullando, aunque ya sin la intención de ser entendido. SR. ARBOS (cont’d) (en voz baja) Aunque ni tan monofásica… En los subtítulos: “Aunque ni tan monofásica” se reordena formando “Esta máquina no funciona”. El Sr. Arbos se arranca los tubos que le quedan. Toma aire para seguir hablando, instintivamente, pero su garganta emite en cambio una tos seca incontenible. Se incorpora. SR. ARBOS (cont’d) (mudo, tosiendo) “Todavía. Nos falta poco.” El Sr. Arbos le arrebata el vaso de vino a Isadora y lo bebe de un trago, después de lo cual deja de toser y empieza a tranquilizarse. Isadora apoya delicadamente la copa sobre el bar y la reemplaza por otra, que llena por la mitad. Toma un sorbo y recién entonces vuelve a mirar al Sr. Arbos, que la mira expectante. ISADORA “No parece.” INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – DIA En monitor de TV: el interior de la camioneta, captado por la cámara-espía. El cuadro vibra a medida que la camioneta se interna en un camino estrecho lleno de baches. Ivo se da vuelta para sostener las cajas, quedando de frente a la cámara, y le dice algo al Hombre ratón. Como la noche anterior, vemos esta frase, subtitulada en la pantalla del televisor. IVO (subtitulado, en TV) Más despacio. Frente a los televisores, Tomás gira la cabeza hacia Dupont. TOMAS (re: el subtitulado) “Eso es lo que dicen, ¿no?” Dupont asiente, señalándose los labios. En monitor de TV: Ivo vuelve a mirar hacia el frente; su siguiente frase al Hombre ratón aparece subtitulada como un galimatías ininteligible. DUPONT “¿Adónde están? ¿Qué es eso?” Tomás se incorpora para poder leer los labios de Dupont. Se señala sus propios labios, devolviéndole el gesto de un momento antes. ANA “¿Falta mucho?” DUPONT (a Tomás, re: el monitor) “Pensé que llevaban las cosas al canal. Pero no. No sé adónde van.” ANA “A buscar más cosas” Los otros dos la ignoran por completo. En monitor de TV: la camioneta ingresa a un predio desolado a través de un portón metálico sobre el cual puede leerse claramente la palabra “HOSPITAL”. TOMAS “A un hospital”. DUPONT “No me digas.” Tomás los interrumpe tirando de la manga de Dupont y señalando el monitor: la camioneta se ha detenido y todos se bajan. Dupont se abalanza sobre el joystick. EXT. HOSPITAL ABANDONADOCONTINUO DETALLE: El periscopio de la cámara espía baja bruscamente, quedando oculto justo antes de que uno de los operadores la alce para depositarla en el piso. Estamos en lo que alguna vez fue el estacionamiento trasero de un hospital importante. Un paredón alto lo rodea, ocultándolo de los alrededores. Paulatinamente, y en gran medida por la actitud de Ivo (que no parece haber estado aquí antes) notamos que el lugar difiere significativamente del resto de la ciudad. La arquitectura del edificio es simple y funcional (50’s); el predio se ve tan deteriorado y antiguo como el sitio en el que se refugió el Hombre Globo. Los operadores vuelven a subirse a la camioneta, habiendo apilado todas las cajas sobre una ruinosa plataforma de madera con ruedas. El Hombre Ratón le indica a Ivo la dirección en que debe ir — las entradas traseras al hospital parecen más bien las de un frigorífico. El Hombre ratón también se sube a la camioneta, desde donde ve cómo Ivo se adentra en el hospital, empujando la plataforma. Antes de ponerse en marcha, el Hombre Ratón disca un número en el video-teléfono de la camioneta. En monitor del videoteléfono: El Sr. Arbos atiende, inconfundible pese a que vemos sólo la mitad de abajo de su cara. INT. RESIDENCIA DEL SR. ARBOSEDIFICIO ARBOSCONTINUO El Sr. Arbos frente a su videoteléfono, que es particularmente sofisticado: un headset inalámbrico con mini-cámara incluída y un pequeño monitor que sostiene en la mano. El Sr. Arbos no habla — esto es: no mueve los labios en su intercambio con el Hombre Ratón —; responde con su dedo pulgar extendido hacia arriba. Espera. Muestra otra vez su pulgar hacia arriba. Espera. Piensa un segundo y responde a otra pregunta con el pulgar hacia abajo. Al mismo tiempo, vemos en el fondo a Isadora, que elige un disco de vinilo de la escasa aunque privilegiadamente ubicada colección y va hacia el tocadiscos. Comienza a sonar una GRABACION ANTIGUA y deteriorada. Isadora se sienta en un taburete giratorio frente al piano. Toca abstraída sobre la grabación, sin esfuerzo, para sí misma. El Sr. Arbos cuelga el videoteléfono y comienza a sacarse los tubos que todavía cuelgan de su camisa. Antes de enrollarlos prolijamente se los extiende a Isadora, como quien ofrece un cigarrillo. ISADORA (sin mirarlo) “No necesito, gracias.” El Sr. Arbos la toma del mentón y le gira suavemente la cabeza para hablarle. SR. ARBOS “No por ahora.” (re: los tubos) “Vamos a ver cuando salgan palabras de acá.” El Sr. Arbos se aleja unos metros hasta el estuche abierto en el piso, donde coloca los tubos con sumo cuidado. Al notar que Isadora ha dejado de tocar el piano eleva la vista, comprobando que su comentario ha surtido efecto: ISADORA (didáctica) “Si salen palabras de ahí uno se muere.” El Sr. Arbos se incorpora con una mueca despectiva. SR. ARBOS “Palabras mías no, Isadora. No soy imbécil.” Esto genera curiosidad en Isadora; antes de que se le note, gira en su taburete y sigue tocando. Vemos al Sr. Arbos detrás de Isadora mientras ella toca. Se quita el saco. Se agacha hacia el estuche y toma un objeto que no distinguimos. Se acerca al piano. El Sr. Arbos apoya una mano sobre los hombros de Isadora. La deja ahí hasta que ella deja de tocar. Recién entonces gira el taburete — la cara de ella queda apenas por encima del cinturón de él. Se miran. El Sr. Arbos le pasa delicadamente la mano por la mejilla, recogiéndole el pelo de un lado. SR. ARBOS (cont’d) “Sé cómo hacer para hablar… Con tu ayuda.” Isadora sonríe en un suspiro breve (como diciendo: “hubieras empezado por ahí”). Sin levantarse, baja la vista y comienza a desabrochar la camisa del Sr. Arbos. ISADORA “¿A cambio de qué?” La mano del Sr. Arbos, que había quedado apoyada en la nuca de ella, se tensa. El cuello de Isadora se tuerce espasmódicamente hacia atrás. SR. ARBOS “Gratis.” Recién entonces vemos la jeringa en la mano del Sr. Arbos, inyectando un líquido espeso en la nuca de Isadora. Es él quien evita la mirada de ella, ahora, durante los pocos segundos que pasan hasta que la droga hace efecto. INT. ESTACIONAMIENTOEDIFICIO ARBOSDIA Un enorme sótano desierto. Hay lugar para más de cincuenta coches, pero sólo el auto del Sr. Arbos rompe la simetría de decenas de columnas iguales. Las puertas del ascensor se abren. El Sr. Arbos sale del ascensor cargando a Isadora, inconsciente. INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADADIA El Hombre Globo ha hecho de la radio su base/refugio, fogata incluída: sobre un rincón no inflamable vemos la rejilla que viajó colgada del Hombre Globo hasta ahí, convertida en improvisada parrilla. El grabador sigue funcionando. Lo ESCUCHAMOS en el fondo. VOZ (O.S. EN GRABADOR) — hay que empezar por ahí. Todas las instrucciones están ahí. Dos veces. Porque incluso al principio tiene que haber nivel. Pero que funciona mal, funciona mal. Debería decir la fecha. Pero por supuesto no me la acuerdo. El Hombre Globo da un mordisco a lo que sea que está asando: un animal de origen indiscernible, tal vez un conejo, o una rata. No parece gustarle, pero mastica y traga. Lo vuelve a poner sobre la parrilla y aviva el fuego arrojándole tapas de discos. Sólo las tapas — Jobim, Chet Atkins, vinilo viejo genérico. Un par de discos derretidos a su lado sugieren su aprendizaje reciente sobre las ventajas del cartón como elemento inflamable. VOZ (cont’d) Sé lo que me escucho decir: pienso en la tierra y no me la acuerdo. En la medida del pasado, al tener una salida, las máquinas pueden, pero uno se olvida… El tono de irritación creciente de la voz grabada llama la atención del Hobre Globo, que se detiene a escucharla más detenidamente (aunque nada hace pensar que entiende más que nosotros; posiblemente incluso menos). VOZ (cont’d) (in crescendo) Para prevenir que la puerta conduzca a alguna tapa tiene que haber sido evidente que el contagio confirma constantemente que sus actos obedecen a empezar por la defensa del aparato! ¡No! La grabación reproduce una suma de SONIDOS perturbadores: golpes, quejidos, un acople, un grito. Después de una larga pausa, el hombre vuelve a hablar en la grabación, con renovada calma. VOZ (O.S. EN GRABADOR) (cont’d) (suspira) ¿A ver ahora? INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – DIA En monitor de TV: Oscuridad. Formas desenfocadas apenas visibles que vibran; lo que capta la cámara espía adentro de una caja cerrada. Tomás gira perillas en el monitor, en un vano intento por mejorar la imagen. Se vuelve hacia Dupont, que acaba de entrar buscando sus llaves. TOMAS “Sonido no tiene,¿no?” Dupont se pone su abrigo largo. DUPONT (a Tomás) “No pensé que iba a hacer falta.” (a Ana) “Vamos.” Ana, que está sentada en el otro extremo del cuarto revolviendo entre las figuritas victorianas, mira a Dupont sin moverse de donde está. Dupont la toma de la mano y se acerca con ella al escritorio. DUPONT (cont’d) “Voy a llevar a esta nena a su casa.” Dupont se estira hacia otro videoteléfono sobre el escritorio y lo pone al lado de Tomás. DUPONT (cont’d) “En cuanto abran las cajas, donde sea… Necesito que me llames. ¿Se entiende?” ANA “No.” TOMAS “Me preguntó a mí.” Ana se suelta de la mano de Dupont. ANA “No voy a mi casa. Voy a buscar a mi papá. Si ustedes no vienen voy sola.” Tomás y Dupont se miran. Se vuelven hacia Ana al mismo tiempo con el mismo gesto: señalando la puerta. Ana sale por la puerta hacia el taller sin dudar un segundo. Dupont suspira, irritado. Va tras ella, que ya ha salido a la calle con un portazo cuando él entra al taller. Escuchamos el SONIDO de Tomás discando el videoteléfono en el cuarto contiguo, luego el del videoteléfono móvil de Dupont sonando en su bolsillo. Dupont abre la puerta de calle, sabiendo que va a encontrar a Ana esperando. Efectivamente. Dupont vuelve hacia el escritorio. Ana lo sigue, resignada – ella también quiere saber qué pasa. INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – DIA Un buen rato después. Dupont, Ana y Tomás están instalados frente al monitor de TV. Las máquinas han sido desembaladas en el hospital y la imagen ha vuelto: Dupont opera sutilmente el joystick haciendo un reconocimiento del lugar. Los tres comen galletitas saladas de una bolsa. TOMAS (re: lo que ven en el monitor) “¡Mi máquina!” Dupont asiente. En monitor de TV: El paneo remoto de Dupont nos muestra las máquinas de Dupont reordenadas por primera vez para cumplir la función conjunta a la cual están destinadas. Es un setup bastante complejo que incluye también nuevos elementos. De izquierda a derecha, podemos ver, conectados en serie: Un biombo de hospital, una antena de un metro y medio de altura, la máquina (correctamente identificada por Tomás) que nombraba cosas en la primera escena, su tablero (dispuesto ahora verticalmente) lleno de letras, un recipiente cúbico y un viejo sillón de dentista. Detrás de las máquinas hay un cortinado que las separa del resto de la habitación. Parado, inmóvil en el extremo derecho, está Ivo. DUPONT (re: Ivo, en el monitor) “¿Qué hace?” INT. HOSPITAL ABANDONADOATARDECER Dos hileras de camas extendidas a lo largo de un ala lóbrega del hospital, iluminada sólo por la luz que entra por las ventanas. Una figura escuálida recorre el pasillo formado por las camas, deteniéndose cada tanto a observar a quienes yacen en ellas. Es el DOCTOR ILLICH, un hombre alto y de mirada hiriente. Sobre las cuatro o cinco camas ocupadas duermen, o intentan dormir, otros tantos hombres de aspecto miserable, completamente vestidos. El Dr. Illich llega al cortinado al final de la habitación. Nos damos cuenta de que estamos del otro lado de la cortina tras la cual estaban las máquinas. El Dr. Illich abre la cortina, buscando a Ivo. INT. HOSPITAL ABANDONADO / INT. LOCAL REP. DE TV – CONTINUO Vemos y leemos en el monitor lo que dice el Dr. Illich (a partir de aquí cortamos entre ambos decorados varias veces; todo lo visto a través del monitor lleva subtítulos). DR. ILLICH (a Ivo) “Espere unos minutos que se duerma el último y hágalo pasar.” El Dr. Illich apenas ha terminado de decir esto cuando una puerta se abre. Entra el Sr. Arbos, que deja caer el estuche de los tubos al piso con desdén. SR. ARBOS “No anda, esta mierda.” DR. ILLICH O usted no la sabe usar. Ivo se aparta y vuelve a quedarse parado en un rincón. El Dr. Illich se inclina ante el Sr. Arbos, señalando el sillón de dentista. Su actitud combina magistralmente lo servil y lo despectivo. DR. ILLICH (cont’d) “Buenas tardes. Siéntese.” El Sr. Arbos se sienta, reacio. El Dr. Illich sigue hablándole mientras lo conecta a los tubos que vimos antes. En el taller: Dupont corrige el cuadro con el objeto de no perderse una palabra. Tanto él como los chicos siguen la escena con interés y desconcierto. DR. ILLICH (cont’d) “¿Cuál es el problema?” SR. ARBOS “Anda mal. Dice cualquier cosa.” DR. ILLICH “A ver. ¿En qué piensa, usted, cuando habla?” SR. ARBOS (pausa) “Depende.” DR. ILLICH “¿Piensa en las palabras, antes de decirlas?” El Sr. Arbos gira sus palmas hacia arriba, indicando que no se le ocurre de qué otra manera podría hablar. El Dr. Illich niega con la cabeza. DR. ILLICH (cont’d) “Así nunca va a andar.” El Dr. Illich acomoda el estuche de los tubos en el cilindro vacante (que era para eso) y se acomoda ante el tablero con letras, que se ilumina. DR. ILLICH (cont’d) “¿A ver cómo hace? Muéstreme.” El Sr. Arbos cierra los ojos. DR. ILLICH (cont’d) “¡Tsch, tsch! Piense, no hable, mire.” El Sr. Arbos se concentra de mala gana, con los ojos abiertos. Las letras se mueven en el tablero vertical. Vemos aparecer la palabra: “TELEVISION” Pero un rápido movimiento de las manos del Dr. Illich la convierten en: “ESTE VIOLIN” El Dr. Illich lza las cejas y sonríe al Sr. Arbos, como diciendo “¿Entiende ahora?”. Mueve las manos de nuevo y las mismas letras forman la frase: “NI EL SOVIET” SR. ARBOS (irritado) “Ya entendí.” DR. ILLICH “Piense en el televisor, ahora.” El Sr. Arbos lo intenta. Las letras se mueven, formando: “ESTE NI LO VI” DR. ILLICH (cont’d) “¡No la palabra! ¡La cosa!” Las palabras se reacomodan solas a gran velocidad: “TELEVISION” El Dr. Illich se aleja del tablero, habiendo demostrado lo que quería. El Sr. Arbos se incorpora en el sillón con una timidez impropia de sí mismo. SR. ARBOS “Pero si pienso en las palabras… ¿No me va a hacer mal?” DR. ILLICH (con desprecio) “Es que usted no las piensa: las elige.” (descorre las cortinas) “De las que piensan ellos.” Quedan a la vista los indigentes que duermen en el otro lado del salón, que sin las cortinas es ahora uno solo, enorme. En el taller: Dupont mira a los chicos, que están pegados al monitor, mirando compulsivamente. No tiene idea de qué están por ver. DUPONT “Chicos… No sé si quieren ver esto…” En el hospital: El Dr. Illich se acerca al biombo en el extremo izquierdo, dispuesto a descubrir el último eslabón en la cadena de artefactos — él puede ver lo que hay detrás del biombo; nosotros no. DR. ILLICH (al Sr. Arbos) “¿La trajo sedada?” SR. ARBOS “Sí, pero no hacía falta. La próxima vez la puedo convencer perfectamente de que lo hagam — DR. ILLICH “¿Le parece?” El Dr. Illich empuja el biombo con un pie, descubriendo a… Una mujer con los brazos en cruz (sabemos que es Isadora, pero no le vemos el rostro) sujeta a la máquina-camilla que vimos antes en el taller de Dupont. La camilla está a 45 grados. Los cables que salen de la camilla conducen a monitores que reproducen esquemáticamente las partes del cuerpo a las que están conectados. TOMAS (atando cabos) “Esa es la camilla que estaba acá.” DUPONT “No miren.” TOMAS (para sí mismo) “¿Mamá?” En el taller: Dupont acerca su cara al monitor. En el hospital: El Dr. Illich termina de enderezar la camilla, descubriendo la cara de Isadora. En el taller: Dupont abraza a Tomás contra su pecho, tratando de protegerlo de las imágenes pero al mismo tiempo incapaz de dejar de mirar él mismo. Cuando su mirada se cruza con la de Tomás, sin embargo, se da cuenta de algo que termina de paralizarlo: Tomás lo cree cómplice en lo que sea que van a hacerle a su madre. Tomás camina hacia atrás, alejándose aterrado de Dupont mientras mira de reojo la imagen en el monitor. Dupont se incorpora, tratando en vano de argumentar su inocencia con gestos. Ana no entiende nada. Tomás huye despavorido. Dupont va tras él, vuelve, se dirige a Ana: DUPONT “No te muevas de ahí.” Sale a la calle a perseguir a Tomás. Ana queda sola frente al escritorio. En el monitor, Ivo y el Dr. Illich se calzan orejeras y grandes anteojos oscuros. Ana se tapa los ojos. INT. HOSPITAL ABANDONADOCONTINUO El Dr. Illich acciona un control, sentado ante el tablero. Por primera vez vemos a todos los aparatos funcionando en conjunto. Las luces comienzan a titilar. Isadora canta. No es una canción ni un grito sino un SONIDO único y penetrante, como si su voz estuviera siendo extraída por el vacío. Tal vez reconozcamos fragmentos de las canciones que hemos escuchado hasta ahora, pero como parte de una cadencia inhumana y constante. Algo empieza a salir de las camas en las que duermen los indigentes. Luces, primero, que son atraídas con fuerza por la máquina del medio, como humo atraído por un extractor. Después vemos más claramente que se trata de PALABRAS. Grupos de letras tridimensionales que salen del sueño de los indigentes en un fluir inconstante y se almacenan en la máquina. A los pocos segundos, el Dr. Illich opera un interruptor y todo termina. Isadora vuelve a quedar inconsciente. El Sr. Arbos toma aire. Su voz, la misma voz monstruosa que oímos antes, resuena en la gran sala. Esta vez, el Sr. Arbos controla lo que dice. SR. ARBOS POR PRIMERA VEZ, DESDE LOS AÑOS DE LA PLAGA…SE ESCUCHA LA VOZ DE UN HOMBRE… El Sr. Arbos se pone de pie, gritando: SR. ARBOS (cont’d) ¡YO, — ABORTO INSANO! Los hombros del Sr. Arbos caen de golpe al escuchar las últimas dos palabras que acaban de salir de su boca. Mira al Dr. Illich con más desconcierto que indignación. [Al no contar con el subtitulado (ya no estamos alternando con el TV de Dupont) vuelven los inter-títulos]. SR. ARBOS (cont’d) “¿Aborto insano?” Una breve manipulación del Dr. Illich sobre el tablero reordena las letras de “Aborto insano” en “Antonio Arbos”. El Dr. Illich se disculpa mientras desconecta al Sr. Arbos de las máquinas. DR. ILLICH “¿Qué quiere? Son cirujas. Pero imagine cuando tenga todas las palabras… de toda la ciudad ahí dentro.” SR. ARBOS “Las cosas.” DR. ILLICH (mientras enrolla un cable en un soporte metálico) “Las palabras son las cosas.” El cable que el Dr. Illich acaba de enrollar se desenrosca como un mini-látigo — zip! Lo vuelve a enrollar sin mirar, pero el soporte comienza a moverse hacia arriba y abajo. El Dr. Illich mira el soporte más detenidamente: vemos que se trata de la cámara-espía de Dupont. INT. LOCAL DE REPARACION DE TV – CONTINUO Ana sigue con los ojos tapados. El joystick sobre el escritorio se mueve solo, levemente, en respuesta al forcejeo del Dr. Illich en el hospital. En monitor de TV: Primero el rostro en primer plano del Dr. Illich, que arranca la cámara de su base y luego el del Sr. Arbos, que se la arrebata. SR. ARBOS “Dupont.” La imagen en el monitor se interrumpe. Ana entreabre tentativamente los dedos. Mira el monitor: Lluvia de video. Nada. EXT. CALLES DE LA CIUDADNOCHE Nieva otra vez. Dupont corre hasta una esquina, desde donde ve a Tomás, ya a una buena distancia. Lo llama (como puede). Tomás no se detiene. Dupont persigue a Tomás hasta alcanzarlo. Lo toma de los hombros para hablarle. DUPONT “No sé lo que está pasando. No tengo nada que ver…” TOMAS (lo interrumpe) “Las máquinas son suyas.” Tomás se zafa de Dupont sin esperar una respuesta y sigue alejándose, sin correr ahora, por el medio de la calle desierta. Están entrando al callejón que conduce a la casa de Tomás. Dupont responde instintivamente, aunque a espaldas de Tomás (sin ser visto) DUPONT “Ni son mías ni pensé que las podrían usar para —” Tomás se detiene al notar que la puerta de su casa está entreabierta. Hay luz adentro. TOMAS “¿Mamá?” Tomás empieza a correr hacia su casa. Dupont lo alcanza en dos zancadas y lo alza en el aire, deteniéndolo. INT. CASA DE TOMASNOCHE Dupont entra primero, con cautela, llevando a Tomás de la mano. El lugar, reconocible sólo por los grandes ventanales y la disposición de los ambientes, ha sido saqueado de una manera brutal. Muebles destrozados, el contenido de armarios y aparadores hecho trizas en el piso. Dupont se detiene en la entrada, paralizado. Tomás no reacciona. O, mejor dicho, reacciona con una calma anormal. Da un vistazo al living y al cuarto de música, que están completamente destruidos. Entra lentamente a la cocina y vuelve con un escobillón. Más que barrer, Tomás empieza a empujar los despojos en el piso con el escobillón. A los pocos segundos se detiene, ante lo titánico de la tarea. Se queda parado sosteniendo el escobillón, que tiembla levemente. Dupont se acerca con calma a Tomás. DUPONT “Vamos, Tomás…” Tomás niega con la cabeza, enfáticamente. TOMAS “Mamá va a volver. A las diez.” Dupont está juntando fuerzas para decirle lo contrario cuando el RUIDO de una puerta que se abre los sobresalta a ambos. Dupont salta como un resorte para proteger a Tomás. Ana acaba de entrar por la puerta lateral, en el carrito automático de Tomás. Tomás y Dupont la miran desconcertados. ANA “Vino gente.” EXT. LOCAL DE REPARACION DE TV – NOCHE Ana, Tomás y Dupont se ocultan detrás de los autos estacionados a unos cuantos metros del local, que está siendo saqueado por la horda del canal — la camioneta está estacionada enfrente. Vemos las previsibles siluetas del Hombre ratón y los operadores a través de las ventanas, destruyendo lo poco que quedaba en el taller de Dupont. DUPONT (a Ana) “¿Te vieron?” Ana niega con la cabeza. EXT. CASA DE ANANOCHE La callecita con casas iguales, completamente desierta. Dupont toca el timbre. Baja los cuatro escalones que separan la puerta de la vereda y espía por las ventanas — no hay luz adentro. Toca el timbre otra vez. Se vuelve hacia los chicos, que lo observan parados en la vereda. ANA “Mi mamá trabaja de noche. Le dije.” Dupont, agobiado, se lleva las manos a los ojos y se sienta donde está, en los escalones. Cuando vuelve a abrir los ojos los chicos siguen parados exactamente en el mismo lugar, expectantes. TOMAS (a Dupont) “Mamá no va a volver, ¿no?” Dupont niega con la cabeza a pesar suyo. Es la primera vez que lo vemos francamente desbordado por la situación. DUPONT “No sé, Tomás. No sé qué hacer.” Tomás avanza y se acurruca en los escalones, apoyando su cabeza en Dupont, que lo abraza. Ana, de la nada, levanta la mano, como si pidiera permiso para hablar. Los dos la miran. ANA “No es un hospital.” Una pausa. ANA (cont’d) “Hay cosas viejas. Con mi papá fuimos. Como tres veces. No es un hospital.” Dupont y Tomás se incorporan lentamente al mismo tiempo, en una actitud que roza la amenaza. Ana se besa el dedo índice dos veces, haciendo el gesto de jurar sobre la cruz (aunque con una inocencia completamente laica). Dupont y Tomás la siguen mirando en silencio. Ana asiente otra vez más, con énfasis. (CONTINUARÁ…)


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