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Correspondencia Escolar (01)

21 04 2009 - 09:37

La dificultad no me reside en querer que cualquier documento sea literatura, sino en identificar desde dónde ponerse a opinar o a decir cosas que son parte de la vida pública sin sentir que se está jugando para algún equipo, o como dicen los periodistas, sin sentir que una está operando. Operar gratis no da. Ya Max Weber hace 90 años aclaraba que los políticos profesionales sólo apoyaban causas por un sueldo.

Hace unos días participé del Primer Encuentro de la Escuela con la Comunidad (reunión de padres) de una Institución educativa primaria de la Ciudad de Buenos Aires. La reunión, que parecía un acto, empezó puntual a las 8 y 15 con la Directora saludando y dirigiéndonos unas palabras en la línea de “Qué bueno, qué suerte contar con este auditorio lleno, todos estos padres y madres que vienen y demuestran que acompañan a sus hijos en el camino de la educación, porque así como los acompañan viniendo a esta reunión los deben de acompañar en sus tareas escolares.” Insistió un rato con eso. Traducido, la directora dijo: “Esta es una escuela pública de la zona norte de la Capital Federal, donde viven familias de clase media que asisten a las reuniones convocadas por la dirección. No es una zona donde los niños estén desprotegidos y tengan padres y madres ausentes, para no decir delincuentes y prostitutas, drogómanos y criminales, aunque también reventados y vencidos por un sistema que hace rato los abandonó a la (buena) de Dios”. Sí, qué suerte tenemos y qué suerte tienen nuestros hijos. ¿Tener esa suerte descalifica para pedir más? No, para nada. Pero sépanlo, parecía decirnos la Directora, hay escuelas de la ciudad que están mucho peor.

Cuando la directora quiso pasar a presentar a los maestros curriculares (los de Inglés, Música, Gimnasia, etc.) una mamá levantó la mano y preguntó por un incidente en el comedor, un día en que los nenes tuvieron que comer con olor a caca porque había desbordado una cloaca. La directora con su mejor leche le explicó que ese día, al limpiar una grasera, pintó olor a podrido, que justo era el horario del almuerzo, que no iba a llamar a cada familia para que retiraran a los chicos, y que bueno, sacaron las mesas al patio y comieron ahí, al aire libre, todo bien, pero que ya se iba a hablar de temas relacionados con la infraestructura edilicia. “¿Saben que en la escuela hay cucarachas, no?” Bueno, para eso estaban ahí los señores miembros de la Cooperadora. La mamá insistió con que ella hubiera preferido ser notificada para poder retirar a la nena y que no tuviera que someterse al trauma de comer con ese olor. La reunión iba a ser larga.

Terminado el tema cloaca, la Directora empezó a presentar a las profesoras de inglés. Mientras se presentaba Miss Graciela, un padre preguntó si se iba a tocar el tema de los paros. “Sí,” dijo la directora, “lo vamos a tocar, pero ahora quisiera terminar con este tema.” Tanto insistió ese padre, más otra madre aledaña que la Directora llamó al Presidente de la Cooperadora para que nos contara desgracias edilicias, para que de paso retomara lo de las cloacas y que todo eso hiciera de preámbulo al tema “Paro”. La idea acá era señalar la Justicia de la medida en tanto se hacía no sólo como reclamo salarial, sino también vinculándola a la administración del gobierno de la ciudad. El presidente de la Cooperadora contó cómo desde el año pasado no se habían recibido más subsidios para mantenimiento edilicio, y cómo al llamar al 0800cañorotodelgobiernodelaciudad no atendía nadies. Que si se rompía un caño, o se arruinaba una estufa, tenía que pagarlo la Cooperadora con fondos propios, y vuelta a insistir sobre la suerte de ser una escuela del corredor norte. Hubo nuevos detalles sobre la situación de la cloaca, la grasera tapada apestando y la escena de la Directora junto al Presidente de la Cooperadora destapando juntos la Grasera y encontrando un millón de cucarachas. Se compró Casita Yale pero no sirvió, las cucarachas huyeron todas rumbo a la cloaca. Ya no había más olor, pero sí cucarachas. Se le otorgó de nuevo la palabra a la profe de inglés que empezó a contar que como todo el año pasado no hubo docente en el cargo, los cuartos y quintos grados estaban muy atrasados y no tenían los contenidos mínimos. (Hay déficit importante de maestros en general y sequía preocupante de maestros de inglés. Nos preguntamos cómo piensa el gobierno de la ciudad afrontar el excelente proyecto de incluír inglés desde primer grado. Se dice que quitándole horas cátedra de inglés a los otros grados.) En el medio de una oración de Miss Graciela un papá de sexto grado levantó la mano y dijo que se sentía como en esos almuerzos familiares donde se habla de cualquier cosa menos de lo que hay que hablar, que a él no le importaba el proyecto pedagógico curricular, ni las cucarachas, que por favor habláramos de los dos días de paro que se avecinaban. Ahí se armó quilombo. Un quilombo muy lindo, muy argumentado porque los padres empezamos a pelear entre nosotros, a tejer alianzas, a mirarnos de soslayo y a identificar amigos y enemigos.

El papá descontracturado, el que interrumpió a la profe, se puso mal. Les gritó a las docentes que no se dejaran engañar por los sindicalistas, que ellos eran todos traidores, y a los demás nos recomendó ver “una películas del desaparecido cineasta Raymundo Glayzer, llamada precisamente Los Traidores.” Muchos de los padres y madres, docentes de profesión, saltaron a defender a los representantes del gremio. Una madre se paró y con voz fuerte le dijo al padre que por favor se callara, que ella sí quería escuchar la propuesta pedagógica y que su intervención fuera de lugar le producía una sensación de mucha violencia. El papá le dijo que violencia era dejar a los chicos sin clase, que violencia era que la escuela permaneciera cerrada, que los chicos no aprendieran, que los chicos no pudieran entrar a las aulas, que ¡¿qué hacemos con los chicos?! Yo veo a mis amigos con hijos en escuela privada y me siento mal, empiezo a sentir que ya no puedo sostener más la escuela pública. ¿Los padres de clase media sentimos que somos los que sostenemos la escuela pública? ¿Cómo es ese razonamiento? ¿Sostenemos la diversidad? ¿Qué sostenemos?

Otra madre, de mirada intensa, con el pelo en capas y pollera plato, dijo que ella también quería escuchar, que no estaba de acuerdo con los dichos del padre brotado. La directora empezó a mirar de costado al Secretario, al Presidente de la Cooperadora, buscando a alguien que le validara la investidura. La Directora dijo: “Bueno, vamos a seguir entonces, y al final los invitamos a quedarse para debatir este tema.” ¡NO! Gritó otro padre de traje y bigote, con pinta de abogado. “Estamos en el medio de un debate, no me parece que tengamos que seguir como si no hubiera pasado nada. Se armó el debate: ¡Debatamos!” Bueno, “¡Votemos!” dijo otra madre. “¡Esto no es una Asamblea, no hay nada que votar!” dijo un padre con experiencia parlamentaria. “Sigan por favor, sigan con la propuesta anual, sigan con el Proyecto”. Con una tremenda cara de orto, una de las seños de Inglés se puso a explicar cuáles eran los grados que tenía asignados. Hablaba rápido, como cuando uno cree que nadie lo está escuchando ¡La re- estábamos escuchando! Las mamás nos moríamos por tener efectivamente maestra de Inglés, —el año pasado no hubo docente en el cargo y los chicos tuvieron sus 4 horas semanales llenas de recreos— y queríamos saber cómo era que los separaban en niveles a partir del tercer grado y un poco poder decodificar por lo que decía la seño, qué se esperaba de los chicos para que estén En el Nivel Más Alto, o en el Más Alto Nivel. La Miss dijo, bueno, aunque a nadie le importa vamos a trabajar con “¡Cómo que a nadie le importa! ¡No prejuzge!” Le dijo a los gritos un papá de Birkenstock y vincha. “¡Nos interesa!”

Pasaron las de inglés, pasó la de Laboratorio, pasaron los de Gimnasia y el de Ajedrez. Llegó el turno del de Música, que en el medio de su explicación curricular dijo:

—A los padres que están preocupados por la cantidad de días de clase, quiero decirles que es muy importante que pensemos y trabajemos en la calidad de los contenidos.

¡Tomá! Hubo aplausos.

En suma, para no contar el acto en tiempo real, cuando terminaron los curriculares, aparecieron las maestras de grado (las tres maestras históricas de la Escuela, las más combativas, las más copadas, la maestra que querés que le toque a tu nene porque piensa cosas, porque detenta valores). Pero es también la que se adhiere al paro, la que marcha, en fin, la que no es un potus. La disputa planteada era que el paro como medida de fuerza debilitaba la unidad de la comunidad y que no era efectivo para conseguir el aumento. Se presentaron los siguientes argumentos, dichos fuerte y claro en su mayoría por los actores que presentamos hace un momento:

1. El paro debilita a la comunidad. Nos peleamos entre nosotros, los padres, y los padres con los docentes, y eso es lo que “ellos” quieren. Quieren que veamos a los docentes como unos hijos de perra a los que sólo les importa el dinero y no las blancas palomitas.

2. Si analizan el PBI destinado a Educación desde 1970 hasta hoy verán que el porcentaje no ha cambiado a pesar de las cientos de huelgas organizadas en ese lapso de tiempo. Conclusión, la medida no es efectiva.

3. La huelga como medida de fuerza es efectiva en los casos en los que hay involucradas líneas de producción, ya que al interrumpirlas el “patrón” pierde dinero, pero en este caso no hay patrón que se perjudique, ya que a “ellos” no les importa que los chicos no aprendan, sino que ¡al contrario! Quieren un pueblo ignorante, etc.

Y por último, el argumento con más quórum:

3. Los padres no nos sentimos representados en esta protesta. Estamos de acuerdo en que los docentes deben ganar más. Estamos en contra de que no se destine presupuesto a Educación para salario e infraestructura, pero creemos que el paro es una medida de fuerza poco creativa, poco efectiva y que perjudica solamente a los chicos. Proponemos, los padres, una medida distinta: mañana cortemos las ocho esquinas. Van a medir los medios. ¡Aspiremos a la tapa de los diarios, no a una página interior!

Aplausos. Entusiasmo.

Yo no tenía posición, no sabía con quiénes estaba, me iban vendiendo posiciones. Lo único que tenía claro era que no quería escuchar hablar de las cucarachas. Cuando el padre con facha de puntero propuso cortar Alvarez Thomas me enardecí. Supongo que algo parecido deben haber sido aquellas Asambleas, que algo así deben sentir los de los colectivos X que se mandan a cortar rutas. Tuve varios segundos de gran entusiasmo y me imaginé con una bandera que decía “En defensa de la Educación Pública” “Padres y Docentes unidos”, qué se yo, sentí que la vida tenía algún sentido y que qué bueno era tener una causa, o una causita. Otro padre dijo que si lo que se pedía eran medidas creativas, lo de cortar una calle no era muy novedoso. Y, no. Otro dijo que este reclamo era de los maestros, no de los padres, así que no podíamos apropiarnos de la lucha de otro. “Pero yo no encuentro un espacio donde manifestar mi frustración” dijo una mamá muy linda. Juntémonos con las otras escuelas del distrito y cortemos las ocho esquinas, van a venir los Medios, se insistió.

—Los medios están todos comprados, —dijo una maestra.— ¿Ustedes creen en los Medios?

La ilusión se empezaba a desinflar. ¡Qué pronto!

Los padres volvíamos a plantear argumentos, algunos más confusos que otros, con más o menos lugares comunes y metáforas trilladas: Estos paros están matando a la educación pública de a poco. Esto es una sangría lenta. ¿Por qué no la matan de una vez y cierran la escuela? ¿Cómo hacemos para que los chicos no vivan estos días como si fueran vacaciones? ¿Cómo deberían vivirlos? Si para los chicos hasta los duelos nacionales son vacaciones. Yo seguía sin tener una posición radical, una posición única. Básicamente por no disponer de toda la información, ¿no? Y por estar dejándome influenciar solamente por argumentos, afinidades ideológicas y mejores o peores lógicas.

El profesor de Música descolló de nuevo proponiendo que la movilización comenzara por el intercambio de información sobre “lo que estaba pasando” Propuso un foro en Internet donde todos pudiéramos leer lo que decían todos. Propuso también que se creara un grupo Yahoo. Algunos dijeron que nahhh, hagamos algo más concreto. Pero el profe dijo que era mejor estar informados para no perder tiempo en las reuniones avivando giles.

Una de las maestras de grado nos recomendó: Júntense ustedes, por afinidad, por grados, tómense unos mates juntos y entre todos pongan en común su plan de lucha. ¿Nuestro plan de lucha? Guau.

Otra de las maestras nos miró y nos dijo que era muy importante que definiéramos si mandábamos a nuestros chicos a la escuela pública porque no podíamos pagar la privada o porque teníamos algún tipo de convicción o idea asociada a ello.

—¡Pero por favor, eso está clarísimo en este caso! –dijo el actor.

¿Qué está clarísimo? ¿Que los mandamos ahí porque es gratis o porque tenemos algún tipo de convicción?

El auditorio se iba vaciando, algunas madres se iban con paso rápido y ceño fruncido puteando bajo a la Cooperadora, a Macri, al maestro de música y a la Sra. Directora. ¿Qué mierda hacemos con los pibes mañana y pasado? Otras se iban culposas, mirando el reloj con cara de “hay que ir a laburar”. Éramos unos 40 los que seguíamos ahí. Finalmente el “plan de lucha” se definió: Nos juntamos mañana en el horario de ingreso en la puerta del colegio. “Traigan afiches y marcadores, o sino compramos en el kiosko de enfrente”. ¡Pero mañana hay paro! No va a haber nadie en la puerta. No importa, nos convocamos nosotros y la seguimos, pegamos carteles, circulamos volantes, ponemos la url del grupo Yahoo. Bueno, listo ¡hasta mañana! saludé con optimismo. En las esquinas, grupos de padres –unidos por afinidad— seguían debatiendo. Llegué al trabajo al mediodía, sintiendo que había estado haciendo Algo Importante, algo del orden de lo público. Al otro día, cuando me desperté, me vestí rápido y le dije a mi compañero: Me voy a la puerta de la escuela, me llevó al bebé, quedate con los otros chicos hasta que vuelva. Mi compañero me dijo, son las 9 menos veinte, nena, me tengo que ir a trabajar. ¡Pero, el plan de lucha! Los padres con la escuela pública… ¡Tengo que ir! Van a decir que soy una traidora! Todavía llovía y soplaba el primer viento otoñal en la ciudad. La cama estaba re-linda y el bebé no lloraba… Los padres auto convocados ya se habrían ido seguramente.

Me sentí muy bien el martes por el hecho de haber dormido una hora más.

Lentamente empecé a tener una idea de cuál era mi posición sobre el paro y los chicos: Ir a la escuela es atroz. Hacerlo todos los días, un calvario. Todos los días en Jornada Completa, peor todavía. Hacerlo desde el 2 de marzo al 19 de diciembre, insufrible. ¡Viva el Paro! Seis horas diarias durante cinco días a la semana durante 10 meses es demasiado tiempo para los contenidos que tienen para impartir. No deberían ir tanto al colegio. Se va todos los días para crear condición de explotado, para iniciar a los niños en la jornada de 8 horas. Se va todos los días porque no hay más remedio. Ví la luz. Ya no me importaba que los chicos perdieran días de clase, por ende podía alinearme con los maestros y sostener el derecho a huelga. Me dirán que no todo el mundo tiene qué hacer con los chicos cuando hay paro, que hay que trabajar. Pero el colegio no es un depósito de niños, ni una guardería gratis, ni una cárcel hippie; me dirán que los niños que trabajan, cuando no van a la escuela, trabajan todo el día y no sólo a contraturno, me dirán esas cosas. Pero esas cosas no se mejoran si no hay paro. Hay 800,000 chicos que no van al colegio, a ellos el paro no los afecta. Ellos viven de paro. Y los padres que no tienen qué hacer con sus hijos porque hay paro siempre se las arreglan. Al fin y al cabo, hace 30 años, cuando los niños teníamos Varicela, Sarampión, Paperas y Rubeola (y no nos moríamos de encefalitis como promueven las campañas de marketing de los laboratorios) nos pasábamos lindos bloques de quince días en la cama viendo La Hormiga Atómica y Heidi. Las madres en ese entonces trabajaban fuera de la casa en menor proporción. Eso es cierto. Sin embargo había más maestras. Los paros sucesivos no van a dejarnos un legado de burros, o al menos no menos burros que si no hubiera paro. Hoy a la mañana pasé por la puerta de la escuela y estaban, tímidas, unas cartulinas de color con la dirección del grupo Yahoo de la escuela. Había también dos panfletos de UTE convocando al paro y a la movilización, un cartel hecho por niños que con letras pintadas con fibra decía “Queremos mucho a nuestra escuela” y una sábana vieja, una sábana con motivos infantiles sostenida como una pancarta que tenía escrita con marcador indeleble la consigna “padres y docentes unidos por la escuela pública”. Y una convocatoria para el día 6 de abril a las 19:00 Hs. en Conde 223, en el barrio de Colegiales.

La reunión del lunes 6: Las asambleas barriales del 2002, de las que no participé, deben haber sido algo parecido. Gente sentada y parada en círculos levantando la mano, hablando por turnos, a favor o en contra.

No les voy a contar el pensamiento lineal, el sino que nos alineaba a todos los que estábamos ahí, que, tal vez me equivoco, pero arriesgo que Schmidt incluiría dentro de la ultra minoría. Gente que apoya a los docentes en su reclamo salarial. ¿Cuántos más somos? Si hacés una encuesta te van a decir que bueno, que ganarán poco, pero que nadie para porque gana poco, que se toman muchas licencias, que sólo les importa el dinero (¿hay alguien que no trabaje por dinero?) y no los chicos, que los chicos se quedan sin clases ¡pobrecitos! Lo que hay armado en el imaginario es una pelea desigual entre maestros y los chicos.

Todos sabemos que siempre que se use la figura de un niño será para joder, joder y joder. Nunca para beneficiar niños. Es así, discúlpenme, en todas las películas que matan niños lo hacen para joder, para vender, para generar una tremenda malasangre. A mí me revienta esta disyuntiva que personifica a los gremios como malhechores mafiosos que sólo quieren un país de burros. Por favor, ese discurso de que “al poder” le sirve un pueblo desinformado es viejo, viejo y malo, y falso. Al “poder” le sirve un país lleno de gente educada para vivir y consumir dentro del capitalismo lo más posible.

Otro lugar común: Macri, como es rico, odia a los pobres. Entonces cree que es al pedo darles una buena educación, total ya están en el horno. Pero, señores, decimos nosotros, los que no somos pobres pero mandamos a los chicos a la escuela pública: Están desangrando la escuela pública de alumnos; con los paros, la gente, la clase media (la clase que “sostiene” la escuela pública según la propia clase, está por confirmarse si es verdad) decide matricular en escuelas privadas para garantizarse que va a tener dónde poner al pibe llueva, truene o haya paro. Yo digo: Macri no quiere destruír la escuela pública, Macri simplemente quiere ganar mucho más dinero y hacer mejores negocios. Ojalá los malos de la realidad tuvieran intenciones tan sofisticadas como los malos de la ficción. Los malos de la realidad en general tienen una sola intención: ganar más.

Otro discurso que resuena es que se quiere destruir (deshacer para jugar con la campaña del oficialismo porteño) la escuela pública a favor de la escuela privada, en tanto la segunda es mejor negocio que la primera. A mi entender esta es otra mistificación ingenua de nuestra minoría: ¡la escuela pública es mucho mejor negocio para los gobernantes que la escuela privada! ¿Dónde van a poder armar licitaciones falsas y contratar consultorías grosas que cotizan en euros? Una escuela privada tiene un dueño, que es quien hace el negocio. Lo que nos gusta de la escuela pública es que no hay directora-dueña que nos venga a vender experiencias directas, o contratarnos con taller o aprendizaje holístico de lengua extranjera. Y que no hay que pagar. Porque ya es suficientemente alienante tener que mandar obligatoriamente a los niños al colegio como para —encima— pagar por ello.

También estamos los que decimos: yo apoyo el paro, no se preocupen por mí, tengo dónde poner al nene si no hay clase, tengo personal que los cuida. Mientras tanto, lo peor de todo es el discurso consensuado que coloca al maestro en la picota, lo llama extorsivo, lo llama malo. La maestra hace paro, nene, no le importa que vos aprendas. Entonces cómo hacemos para decirle a la nena que sí tiene que hacer lo que dice la maestra, si ella hace paro e incumple obligaciones. A veces termino pensando que tal vez este descalabro del sistema sea la segunda parte de la época en la que los maestros pegaban con el puntero y eran sumamente respetados. Esperamos que la síntesis, la tercera parte, sea mucho mejor y arroje alguna conclusión.

La idea que queda clara y la que sí es importante es que la educación pública es buena en tanto no separa a los individuos niños según sean sus posibilidades económicas, sino que en principio solamente los une o separa por afinidades.

En la reunión del lunes había familias de varias escuelas del distrito (un distrito privilegiado porque las escuelas tienen techo y ventiladores de techo entre otras cosas, gracia y obra de los fondos propios de los cooperadores) y el plan es juntarse y manifestarse para decirle al gobierno y a los votantes que es importante destinar más fondos a educación, y apoyar el reclamo salarial y de paso decirle también a las maestras que si hacen paros “la gente” (como dice Clarín) va a “salir a decir” que son malas, y que ya no son como segundas mamás para los chicos, etc. Y que nosotros, la ultra, si bien apoyamos los paros, también creemos que sería mejor encontrar una forma más “creativa” de protestar. Esto último fue casi el único factor de discordia en la reunión de ayer. Los que apoyaban el paro y los que tímidamente decían que no tenían qué hacer con los chicos y que el paro iba a terminar con la matrícula de alumnos de clase media en las escuelas públicas, y que eso era malo porque colaboraba a la segregación y no colaboraba a la integración.

En el medio de la reunión, un padre dijo que tenía una noticia: los gremios principales anunciaron que no aceptaban la oferta salarial (45 pesos de aumento) y que proponían para el día 21 de abril una jornada de protesta al revés: 24 hs de escuelas abiertas con toda la comunidad educativa trabajando para informar sobre la situación de la educación pública en la ciudad. Gran iniciativa. Fuimos hoy, 21, y no pasó mucho.

Sin embargo, un último punto para dar información, pero para sentir también que se puede circular en otro sentido y pensar de a una: el gobierno lanza un proyecto con Legos (Lego Education) que no suena nada mal, pero resulta que el pliego donde figura su contratación —que es público— revela un costo millonario, que nos hace sospechar, que nos hace enojarnos y que hace que las directoras se arranquen los pelos de las cabezas porque en su escuela no hay gas y faltan dos meses para el invierno, pero resulta que tienen Legos que valen 40 mil pesos en el armario. El costo de los Legos enoja, la decisión de apoyar Lego Education enoja más todavía porque es inconsulta y no respeta prioridades, enoja también que el proyecto lleve el nombre de una marca de consumo casi de lujo (enoja doblemente porque con la plata del erario colaboramos en el plan de marketing de Lego Inc y porque los legos son los bloques más caros de todos, en las casas de clase media sólo se consiguen nuevos los Mis Ladrillos y, a veces, Rastis heredados) pero ese enojo no debería ser suficiente como para que la rabia partidista haga dejar las cajas de bloques en el armario, y que los pibes se queden sin calefacción y sin los Legos. Igual, les digo, revisen los links a ver si desculan si eso ya se ejecutó, si es una licitación y si encuentran el costo. Si es así, es raro que no haya salido en las noticias. Porque es un lindo escándalo y bien redituable en términos noticiosos ya que incluye niños y educación. Uh!

Hoy, a las 9 de la mañana en Barrancas de Belgrano, un chofer de la línea 44 atacó a una señora con bebé a upa porque le faltaban 5 centavos para pagar el boleto. Le dijo: “Boliviana de mierda, volvete a las montañas” El pasaje la defendió y una chica le dio la moneda. La persona que me refirió el incidente me dijo: “¿Por qué les cortan los dedos?, ¿Por qué los matan a los colectiveros? Porque son malditos”. Ingenuamente tal vez, o alegremente, creo que la escuela pública es el gran espacio integrador. Me quedan varias dudas sobre la efectividad y el objetivo de esta “protesta autogenerada”, de este grupo autodenominado “familias por la escuela pública” (en la primera reunión se consensuó el Familias versus el Padres por razones obvias de sentido común lingüístico).

Hay quien me dice que militar sin partido es inútil, que militar hoy (a semanas de las elecciones) es estar militando para alguien sin saber para quién. Que las familias por la escuela pública no existen como entidad civil, ni política y que por eso no existen, que los políticos profesionales trabajan por un sueldo, no por una causa, que no hay programa sino personas conocidas y que lo que importa es la praxis y no reunirse a conversar y a intercambiar ideas. También me gustaría saber qué opina Brener (perdón por la endogamia) que hace tiempo se animó a decir que los Progres versus Macri era una película con errores. Lo que diría Fishbein, en cambio, me lo imagino, y me preocupa un poco que se parezca en alguna parte a esto.

Besos,
Ivana


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