Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







La preantena - 05

17 04 2009 - 12:04

(Previously…)
(Nota: el diálogo en rojo es mudo, con intertítulos.)

EXT. JARDINES RECREATIVOSNOCHE

Isadora está inclinada hacia el interior de la furgoneta; ha extendido dos bolsas de dormir en la parte trasera y las acomoda con una destreza tranquila y distraída, como quien cuelga la ropa. Se vuelve hacia el SONIDO de viento sacudiendo los árboles. Mira hacia el cielo. ISADORA “Por suerte no nieva.” TOMAS “¿Vamos a dormir acá?” Tomás está sentado frente a una fogata, a pocos metros de la furgoneta. A su lado, Dupont se enrosca sobre sí mismo con un destornillador en la mano, intentando arreglar el casette de Ana, que lo observa con atención. Un pato desplumado (tal vez uno de los que ya vimos) se asa lentamente sobre el fuego. Isadora, portando el UKELELE, se sienta frente a Tomás y asiente. TOMAS (cont’d) “¿Y mañana?” Isadora no le responde. Afina la primera cuerda del ukelele y empieza a tocar una melodía leve, apenas, con las uñas. Tomás alza las cejas, mirando a su madre. Ella le devuelve el gesto, sin dejar de tocar (“No veo por qué no…”). Tomás resopla, ofendido. O indignado. Mira para otro lado pero no puede evitar oscilar lentamente con la cadencia de la canción. La atención de Ana se dirige inmediatamente hacia Isadora. Después de unos segundos resulta evidente que Isadora está tocando la introducción varias veces, esperando que Tomás cante. (Isadora toca bien, y raro: con el dedo pulgar de la mano izquierda hace los bajos, lo cual da la sensación de que hay dos personas tocando). Tomás no canta. Isadora lo provoca empezando ella: ISADORA (canta) La pata de Juana ha muerto ¡vive Dios! sólo por haber puesto un huevo o dos. Ana se ríe. ISADORA (cont’d) (canta) La pata de Juana la pobre se murió de un gran dolor de muelas que pena nos dio. La tozudez de Tomás (que a esta altura se revela más como vergüenza que como enojo) no puede más que desdibujarse ante el gesto de Ana, que lo incita a que cante. Nunca vimos a Ana disfrutar tanto de algo. TOMAS (canta) La pata de Juana murió sin desposar no dejó herencia alguna las plumas, nomás. Ana aplaude un par de veces. ISADORA Y TOMAS (cantan) Ha muerto es cierto mas nos acordaremos siempre de la pata de Juana. Adiós. La canción termina. Los tres se ríen, suspiran. Miran a Dupont, que ha seguido arreglando el casette de Ana sin siquiera percatarse de lo que pasaba a su alrededor. Dupont entrega el casette arreglado a Ana. Isadora se inclina hacia Tomás. Lo besa en la frente, le revuelve los pelos con la mano y le responde su pregunta anterior: ISADORA “Mañana vemos.” EXT. PUENTE / JARDINES RECREATIVOSNOCHE Una sombra serpentea sobre el puente que atraviesa el río hacia los jardines. Luego otra, y varias más, ubicándose a ambos lados del puente. Son operadores, siguiendo subrepticiamente el rumbo que marca… El Hombre Ratón, atravesando el puente en cuatro patas, a gran velocidad. Se asoma por la baranda, confirmando la distancia que lo separa de la furgoneta. INT./EXT. FURGONETA / JARDINES RECREATIVOSNOCHE Tomás recostado en el interior de la furgoneta, inmóvil y en silencio. A su lado, Ana duerme profundamente, abrazada a su radiograbador. POV de Tomás: las hamacas en el sector de los juegos, oscilando. Tomás se incorpora y se asoma por sobre el respaldo del asiento delantero. Isadora y Dupont están recostados, pero comprobamos ahora que tampoco duermen: “hablan” en silencio, abrazados. Tomás duda en interrumpirlos. Vuelve a mirar hacia afuera: las hamacas ya no se mueven, pero escuchamos el SONIDO casi imperceptible de algo que se desliza sobre el techo de la furgoneta — no repararíamos en él si Tomás no mirara hacia arriba. Tomás golpetea el hombro de Dupont. Dupont se incorpora, incómodo. DUPONT “Tomás. Por favor, si no dormimos…” ISADORA (resignada) “No duerme nunca.” DUPONT (a Tomás) “Bueno. Descansemos. ¿Puede ser?” Tomás señala hacia arriba con la mirada. Dupont levanta la vista despacio. No ven nada pero Dupont ahora ESCUCHA algo también: un roce, un crujido ínfimo. Dupont se inclina sobre el tablero del auto, mirando hacia arriba. Intenta ver si hay algo en el techo, pero el ángulo de visión no se lo permite. Isadora y Tomás observan, expectantes. Dupont va aplastando cada vez más su cara contra el parabrisas. No ve nada. Dupont resopla, irritado, y se baja de la furgoneta en un movimiento brusco e impulsivo. No hay nada sobre el techo de la furgoneta. Al mismo tiempo que Dupont gira la cabeza hacia Tomás confirmándolo, algo IRRUMPE en la furgoneta por la puerta de atrás. TOMAS ¡No! El Hombre Ratón, que ya está trepando sobre Ana, se detiene medio segundo al oir a Tomás. Porta un arma extraña, muy grande, que parece diseñada para disparar jeringas (como las que vimos antes) en vez de balas. El Hombre ratón es muy rápido. Agarra a Tomás del tobillo y lo lanza violentamente hacia el asiento delantero, contra Isadora, sacándoselo de encima. Ana acaba de despertarse. Protegiéndose instintivamente GOLPEA al Hombre Ratón en la cara con el radiograbador que tiene en las manos. No es el golpe sino el SONIDO lo que vuelve a confundir brevemente al Hombre Ratón: la radio se prende. VOZ (O.S. EN GRABADOR) Serenghetti. El Hombre Ratón gira la cabeza rápidamente, tratando de determinar de dónde viene esta voz. VOZ (O.S. EN GRABADOR) (cont’d) Antonio Carlos Jobim. Dupont, desde la puerta trasera, arrastra al Hombre Ratón y lo revolea hacia afuera. VOZ (O.S. EN GRABADOR) (cont’d) Esto suena mucho peor de lo que es. ¿Por qué no lo escribo? Porque no tengo tiempo. La atención de Ana y Tomás se posa instantáneamente en Isadora, que tarda unos segundos en reaccionar; ella también está azorada por la voz que proviene de la radio, pero se obliga a salir de su asombro y toma el volante. El auto no arranca. Isadora intenta de nuevo. Afuera de la furgoneta: El Hombre Ratón tirado sobre el pasto. Se incorpora, quedando frente a frente con Dupont. Dupont Se interpone entre el Hombre Ratón y la furgoneta. El Hombre Ratón avanza con decisión hacia Dupont (pese a que mide más del doble que él). Antes de que Dupont pueda agarrarlo, o pegarle, el Hombre Ratón se escurre por entre sus piernas, metiéndose debajo de la furgoneta. Adentro de la furgoneta: Isadora mira hacia afuera mientras intenta en vano ponerla en marcha. POV de Isadora: Los operadores, dispuestos estratégicamente en el puente. VOZ (O.S. EN GRABADOR) (cont’d) ¿Cuántas palabras puede haber? ¿Cien mil? Desconocemos por completo el proceso de contagio entre palabras — Sin dejar de girar la llave de contacto, Isadora gira la cabeza hacia atrás ante esta última frase. Dupont entra a la furgoneta. Desconecta el cable que alimenta al grabador. VOZ (O.S. EN GRABADOR) (cont’d) — pero por lo que vemos es muy rápido. O bien — La radio se apaga. La camioneta arranca. INT./EXT. FURGONETA / PUENTECONTINUO La furgoneta entra al puente a la mayor velocidad que su motor escuálido le permite. Los operadores en el otro extremo se ubican formando una barrera. Isadora mira de reojo a Dupont, en un gesto de reaseguro: esta vez los pisa. Isadora presiona el acelerador. La velocidad de la furgoneta, sin embargo, disminuye, a medida que crece un RUIDO de metales rozando, rompiéndose. La camioneta, inerme, aminora la marcha hasta detenerse en el medio del puente. Los operadores comienzan a avanzar hacia ella. Dupont y los demás miran hacia atrás: otro grupo de operadores avanza desde el otro extremo del puente, rodeándolos. Este segundo grupo está mucho más cerca. Isadora vuelve a enchufar el radiograbador y se vuelve hacia Ana. Ana le da el aparato. VOZ (O.S. EN GRABADOR) — peor: que el contagio es — El Hombre Ratón emerge de abajo de la furgoneta, trepando por el capot. Tomás sube el volumen al máximo. El Hombre Ratón se baja del capot y retrocede unos pasos. Los operadores se detienen, primero, y luego comienzan a retroceder también, intimidados por la voz a todo volumen que oyen salir de la furgoneta. VOZ (O.S. EN GRABADOR) (cont’d) (distorsionada por el volumen) —instantáneo una vez que una palabra infectada entra en contacto con otras. O bien que el proceso de infección, que es entre palabras, no entre personas, tuvo lugar durante siglos y recién ahora empezó a afectar sistemas físicos. Isadora y Dupont se miran; empiezan a darse cuenta de que la voz, además de ahuyentar a sus predadores, habla de algo que les importa. Pensando qué hacer, Dupont señala el radiograbador, mira a Isadora, abre la boca como si fuera a decir algo, y se baja de la furgoneta. Dupont parado en el puente, a unos quince metros del Hombre Ratón. A ambos lados de ellos, a una cierta distancia, los operadores. Dupont rodea la furgoneta. Abre la puerta del copiloto y baja a Isadora de un tirón, tomándola del brazo. Tantea en sus bolsillos. VOZ (cont’d) (distorsionada por el volumen) Pero no. Porque en ese caso no veriamos contagio. Veríamos casos aislados… Las palabras se contagian, unas a otras. Estamos todos perdidos. Hay que curarse. Para lo cual hay que descubrir — Dupont saca el arma que consiguió en el desarmadero y la apunta a la sien de Isadora, enfrentándose al Hombre Ratón. DUPONT “O nos dejan ir o la mato.” Tomás apaga el radiograbador. TOMAS (en voz alta, asustado) ¿Mamá? ANA Shhh! Ana tranquiliza a Tomás con la mirada: obviamente Dupont no va a matar a su mamá. El Hombre Ratón frunce el ceño. A esa distancia no puede ver bien los labios de Dupont — aunque sí ha oído a Tomás y por supuesto percibe el tono de la situación. Dupont trata de hacerse entender gesticulando. DUPONT “¡Que o nos dejan ir o la mato!” SUENA un teléfono. Todos (Dupont, Isadora, el Hombre Ratón) giran las cabezas tratando de determinar de dónde viene el sonido. Dupont tantea los bolsillos interiores de su abrigo: es su videoteléfono móvil, de cuya existencia se había olvidado tanto como nosotros. Lo deja sonar. Isadora, que se ha dado cuenta de algo, indica a Dupont con la mirada que debe atender el teléfono. Sin dejar de apuntar a Isadora con el arma, Dupont extrae el videoteléfono y lo extiende ante su rostro — lo incómodo de su posición la vuelve artificial y mucho menos amenazante. En monitor del videoteléfono: el rostro del Sr. Arbos SR. ARBOS (en videoteléfono) “Dupont.” DUPONT (al videoteléfono) “La necesitan a ella. Déjennos ir o la mato.” SR. ARBOS (en videoteléfono) “No me parece.” La actitud serena y segura del Sr. Arbos deja a Dupont sin respuesta. Frunce el ceño. SR. ARBOS (cont’d) (en videoteléfono) “Nos conocemos, Dupont. Usted no mata una mosca.” DUPONT “Maté un pato, hoy.” SR. ARBOS “Puede ser.” (sonríe a pesar suyo, después muy serio) “Pero no lo veo disparando un arma.” ISADORA (dirige el videoteléfono hacia ella) “¿Y a mí?” Isadora le arrebata el arma a Dupont y la apunta a su propia sien. TOMAS ¿Mamá? ISADORA (al videoteléfono) “Entre volver a esa máquina y pegarme un tiro. ¿Qué prefiero?” Una larga pausa, durante la cual el Sr. Arbos evita que su expresión sea vista en el videoteléfono. Nadie se mueve. SR. ARBOS (reencuadrándose, en videoteléfono) “¿Qué quieren?” DUPONT (a Isadora) “Tiempo — ¡No le pidas tiempo!” (duda, decide) “Algo que no tenga.” ISADORA (instantáneamente) “El auto.” (al videoteléfono) “Tu auto.” SR. ARBOS (en videoteléfono) “¿No lo tienen ustedes?” Isadora y Dupont niegan con la cabeza. En videoteléfono: El Sr. Arbos responde con su mejor cara de poker; es imposible saber qué efecto tiene el pedido sobre él, o cómo piensa resolverlo. Sale de cuadro. Isadora y Dupont se miran. Ella se mantiene donde está, apuntando el arma a su sien. Dupont aprovecha la pausa para asomarse a la furgoneta a confirmar que los chicos están bien. Tomás lo mira y señala hacia adelante: El Hombre Ratón ha comenzado a retroceder, alejándose de ellos. Más atrás, los operadores se apartan para dejar paso a… El auto del Sr. Arbos, que se acerca a la furgoneta con las luces encendidas. Una vez recuperado de su sorpresa, Dupont mira a Ana: ANA (re: Marconi) “A la televisión no se le roba” El auto se detiene a centímetros de Isadora. Lo conduce el propio Sr. Arbos, que ha estado sentado ahí todo el tiempo durante la conversación. Abre la puerta del auto. SR. ARBOS (conciliador, a Isadora) “Esto no tiene por qué hacerse así…” Isadora lo interrumpe apoyando rápidamente el arma entre los ojos del Sr. Arbos. Sin dejar de apuntarle, lo arrastra fuera del coche y les habla a los chicos en la furgoneta. Todos la escuchan. ISADORA (señalando el auto) ¡Adentro! Vamos. (al Sr. Arbos) Sí, puedo hablar. Pero elijo con quién. Y cuando. Una violenta tos se apodera de Isadora durante un instante, pero ella la contiene. Los chicos y Dupont se suben al auto del Sr. Arbos. ISADORA (cont’d) (al Sr. Arbos) Nos dejan ir. Para hablar vas a tener que hacer como yo diga. Cuando yo decida. Es eso o nada. SR. ARBOS “El viernes —” ISADORA Sí, ya sé. Sume puntos. Ya veremos. (re: el videoteléfono) Nosotros te llamamos. Isadora se zambulle en el asiento del copiloto (Dupont va ahora al volante), apuntándose a sí misma otra vez. ISADORA (cont’d) Si nos sigue alguien me pego un tiro. El auto arranca, en dirección a la ciudad. El Hombre Ratón y los operadores se apartan para dejarlo pasar. Isadora se da vuelta, pero no mira a los chicos sino al piso. ISADORA (cont’d) ¡El aparato! El, la — ¿Dónde está? Ana le muestra el radiograbador. No lo habría dejado por nada en el mundo. TOMAS (re: la radio del auto) No hace falta, eso es igual. ISADORA Shh! Isadora, ignorándolo, conecta el radiograbador a la entrada de encendedor. Volvemos a escuchar la voz. VOZ (O.S. EN RADIO) — el descubrimiento es otro. Si me sale mal, y esto lo escuchan en treinta años no voy a ser el último sino el primero. Así que tendría que empezar como si fuera — Escuchan mientras el auto comienza a internarse en una zona más urbana, con edificios. La transmisión se pierde. Dupont frena, da marcha atrás hasta el punto en el cual la radio dejó de oírse. Volvemos a captar la emisión: VOZ (O.S. EN RADIO) (cont’d) — pero no me va a salir, porque si lo que se acaba antes son las palabras no lo voy a poder hacer, y si lo que se acaba antes soy yo menos. Dupont hace avanzar el auto unos metros. La emisión se pierde otra vez. Dupont duda; la mirada de los otros tres cae sobre él. Dupont suspira, renegando de su suerte: si entran en la ciudad pierden la emisión. Da una violenta vuelta en U. Acelera, volviendo por donde vino. VOZ (O.S. EN RADIO) (cont’d) No tengo idea de por qué se repiten. Las cosas. Debería decir la fecha. Pero por supuesto tampoco me acuerdo. Me acuerdo de ustedes dos. No mucho más. Y la cabeza, también. La expresión de ISADORA al escuchar estas últimas frases. Todavía en el puente, el Sr. Arbos, el Hombre ratón y los operadores apenas tienen tiempo de lanzarse para todos lados para evitar ser arrollados por el auto, que pasa de largo a toda velocidad. El auto deja atrás el puente y los jardines, perdiéndose en la oscuridad de la estepa nevada. INT. AUTO DEL SR. ARBOSNOCHE Apenas se ve la ruta. Comienza a nevar. Isadora, Dupont, Tomás y Ana escuchan en silencio mientras el auto se interna en la nada. Dupont controla el espejo retrovisor, cada tanto, asegurándose de que nadie los sigue. VOZ (O.S. EN RADIO) — principio yo también pensé que había que dejar de hablar, a toda costa. Para evitar el contagio. No, eso lo sé ahora. Pero el origen fue evitar el contagio, estoy seguro. Porque incluso al principio tiene que haber sido evidente que el contagio se producía a través de las palabras. Pero si uno se olvida del origen de una decisión — Cuando uno abre una puerta no se pregunta para qué la abre: tomó la decisión de abrir la puerta antes de abrirla. En la medida que la puerta conduzca a alguna parte, tanto la decisión como el acto quedan en el pasado, en el limbo. Son instrucciones cumplidas, no sirven más para nada. A medida que el discurso de la voz se vuelve más coherente, resulta paradójicamente más difícil de entender; las reacciones de los cuatro lo confirman. Se nota que intentan seguir el hilo de lo que escuchan en la radio, pero son incapaces de hacerlo. TOMAS ¿De qué habla? DUPONT Shh! Isadora tose convulsivamente, se inclina hacia adelante. VOZ (O.S. EN RADIO) Al principio dejamos de hablar para evitar el contagio. Me doy cuenta ahora. Terminamos organizando la defensa en base a una medida preventiva, que ya era inútil, porque si estamos todos infectados lo que hay que hacer es curarse y podemos sentarnos a esperar anticuerpos durante años que — La emisión se pierde. Dupont frena. Da marcha atrás, recuperándola. VOZ (cont’d) — y no van a llegar nunca, porque jamás vamos a generar anticuerpos para un virus que no existe. (pausa) Nuncajamás. Silencio. Isadora y Dupont se miran. Ella alza el arma que todavía tiene en la mano. VOZ (O.S. EN RADIO) (cont’d) ¿Hola? (acople, interferencias) Buenas noches. Habla Dios. Era un chiste. Se pueden volver a casa, ya. Mañana se arregla todo. (tos, una risa ahogada, catártica, después un suspiro, y silencio otra vez) Isadora deja caer el arma. ISADORA (en lugar de lo que iba a decir) Me siento mal. Isadora se baja y corre hacia el costado de la ruta. Dupont va tras ella. Los chicos se quedan en el auto. TOMAS “¿Es Dios?” Ana niega con la cabeza, irritada. TOMAS (cont’d) (justificándose) “Dijo que es Dios.” ANA “Es como la tele. Dicen cualquier cosa.” VOZ (O.S. EN RADIO) (se aclara la garganta) El virus. EXT. RUTA NEGRA – SIMULTÁNEO Dupont se arrodilla para socorrer a Isadora, que está en cuatro patas sobre la nieve, como si fuera a vomitar. Lo que hace, en cambio, es llevarse un puñado de nieve a la boca. Esto parece calmarla. Lo repite un par de veces. Se incorpora agarrándose de Dupont. ISADORA (se señala la boca) Arde. Es por hablar, es — (re: la radio en el auto) Todos infectados, dice… Dupont le tapa la boca. DUPONT “No sabemos qué dice. No sabemos quién es…” Dupont se interrumpe al ver que Isadora asiente, con ojos desorbitados, a esta última aseveración. Isadora baja suavemente la mano de Dupont con sus dos manos. Isadora mira la cicatriz que atraviesa la palma de Dupont. Abre la boca como para hablar, pero no dice nada. Lo abraza. ISADORA (al oído de Dupont) Yo sé quién es. Isadora pierde el conocimiento apenas dice esto. Dupont la sostiene. INT. AUTO DEL SR. ARBOS – SIMULTÁNEO Ana mira a Tomás, cuya perturbación crece con cada palabra que escucha. VOZ (O.S. EN RADIO) El virus. No sé si es un virus, no sé qué es, porque no afecta a las personas: afecta a las palabras. Las palabras afectan a las personas. ¿Ya lo dije eso? ¿Cuántas palabras puede haber? ¿Cien mil? ¿Quinientas mil? Desconocemos por completo el proceso de contagio entre palabras — Ana presiona “play” en el radiograbador, interrumpiendo la emisión radial, que es reemplazada una vez más por “Massachussets” en checo. Un duelo mudo de miradas, en el cual queda claro que Ana cree que no deberían seguir escuchando la emisión radial. Tomás duda. Presiona “stop”. La emisión radial reaparece. VOZ (O.S. EN GRABADOR) (cont’d) — vemos sugiere que se contagian rápido – peor: que el contagio es instantáneo una vez que una palabra infectada entra en contacto con otras. Dupont entra al auto. Acomoda a Isadora, desmayada, en el asiento trasero. TOMAS ¿Mamá? DUPONT “Está bien. Es por hablar. Después se le pasa.” Dupont se estira hacia el tablero del auto. Mira el cuentakilómetros, el indicador de combustible… TOMAS Vamos a casa. Dupont niega con la cabeza. Tomás no lo está mirando. Dupont le acomoda la cara con firmeza frente a la suya. DUPONT “No hay más ‘casa’, Tomás. Hay que seguir.” (Tomás intenta zafarse) “No sé cuanto más va a andar este auto. Nos vamos a congelar acá. Hay que irse.” Tomás se zafa. Mira hacia adelante. TOMAS ¿Adónde? ¡No se ve nada! Mientras tanto, la voz en el grabador ha seguido hablando, en el fondo: VOZ (O.S. EN GRABADOR) O bien que el proceso de infección, que es entre palabras, no entre personas, tuvo lugar durante siglos y recién ahora empezó a afectar sistemas físicos. Pero no. Porque en ese caso no veríamos contagio. Veríamos casos aislados. No. Las palabras se contagian, unas a otras. Estamos todos perdidos — Dupont arranca de un tirón el cable que alimenta el radiograbador. Alza sin dificultad a Tomás y lo acomoda en el asiento delantero. Se asegura de que los dos chicos le estén prestando atención: Señala los números del cuentakilómetros, las marcas en la brújula. Extiende rápidamente de su bolsillo un mapa arrugado, arrancado al azar del atlas: señala latitudes y longitudes al azar. DUPONT “Estos números. Pensé que eran fechas. Son algo. Son lugares.” (re: el radiograbador) “Esa voz viene de algún lugar.” TOMAS Si es Dios no. DUPONT “¡No es Dios! ¡Es alguien! En alguna parte.” Ana señala a Tomás una inscripción en el mapa. TOMAS ¿Massachussets? Dupont niega con la cabeza. Efectivamente, se trata de un mapa del noreste de los Estados Unidos, y puede leerse, entre otros, el nombre del estado de Massachussets. No es donde están, sin duda, y tampoco es (obviamente) adónde quería llegar Dupont. Dupont se da por vencido con un bufido de frustración; explicar a los chicos lo que quiere hacer supera sus posibilidades. Traza una línea en el mapa, demostrando lo que pretende hacer en vez de intentar explicarlo. Después de un segundo de duda, vemos a Dupont escribir una compleja ecuación en el margen del mapa: Después, Dupont traza formas triangulares en torno a la línea base en el mapa. Igual que los chicos, no tenemos cómo entender lo que está haciendo. Para los improbables espectadores con conocimientos de trigonometría, sin embargo, lo que hace Dupont será evidente: está triangulando la ubicación de la radio a partir de lo único que sabe — dos puntos que definen el alcance de la emisión. DUPONT (re: la vaga zona triangulada) “Lo vamos a buscar. Es por acá.” ANA “¿Cómo sabe?” DUPONT (no menos sorprendido que ella) “No tengo la menor idea.” INT. CANAL DE TELEVISIONOFICINA CENTRALNOCHE El Sr. Arbos mastica su habano con furia, apoyado sobre el escritorio. A su lado, el Hombre Ratón gira el dial de una radio antigua pero sofisticada, obteniendo sólo estática. Detrás, Ivo y el Dr. Illich mantienen un bajo perfil, escrutando una mesa de catering con café y canapés. SR. ARBOS “Es el hijo. Por eso habla.” El Hombre Ratón asiente. SR. ARBOS (cont’d) “¿Y se iba a matar enfrente del hijo?” Todos lo miran, incapaces de responder. SR. ARBOS (cont’d) “¿Son todos idiotas? ¿Cómo nadie me avisa? ¿Cómo la dejan irse así?” HOMBRE RATÓN “Usted la dejó ir.” SR. ARBOS “¡Porque no sabía que tenía hijos! ¡No es lo mismo! ¡Si alguien tiene hijos…” El Sr. Arbos se interrumpe; nadie en el cuarto merece que él le explique nada, y el Hombre Ratón menos. Arroja los restos de su habano (el Hombre ratón se los come) y camina hacia la ventana. Se queda un momento pensando, mirando hacia afuera. El Dr. Illich se le acerca por detrás. El Sr. Arbos lo ve reflejado en el vidrio. DR. ILLICH “Si alguien tiene hijos no negocia. Los protege. Se escapa.” SR. ARBOS (asiente, sin darse vuelta) “Nunca van a llamar. Hay que encontrarlos.” (al Hombre Ratón) “Y a la radio esa también.” La palabra “radio” no significa nada para el Hombre Ratón, pese a tener una en la mano. SR. ARBOS (cont’d) “¡La voz! ¿No salía una voz de ahí?” SUENA el teléfono del Sr. Arbos. Lo atiende al primer ring, con violencia. Su actitud cambia bruscamente al ver que es Dupont quien lo llama. El Sr. Arbos chasquea los dedos. Ivo opera unos controles rápidamente, a partir de lo cual vemos frames de la comunicación quedar congelados en las pantallas de video que hay sobre una pared de la oficina. DUPONT (en videoteléfono) “¿Cómo me llamo?” SR. ARBOS “¿Dupont?” No es una respuesta; el Sr. Arbos ve muy mal a Dupont, adentro del auto — se distingue apenas lo que el auto va dejando atrás, iluminado por las luces traseras del auto (¿alambrados? ¿vacas?). DUPONT “¿Qué hacía yo antes?” INT. AUTO DEL SR. ARBOSCONTINUO Dupont conduce el auto a campo traviesa, en la oscuridad, a los tumbos. Mira de reojo el videoteléfono: la cara de consternación del Sr. Arbos. DUPONT (al videoteléfono) “La mano. La marca de la mano. La máquina, ¿por qué me la encargó a mí?” SR. ARBOS (pausa, toma aire) “A ver Dupont… No nos entendemos…” Dupont arroja el videoteléfono por la ventana, colérico — está perdiendo el tiempo con el Sr. Arbos. Tomás ilumina la la brújula con su linterna. TOMAS No vamos derecho. Dupont, siempre mirando hacia adelante, mueve su mano de izquierda a derecha, indicándole a Tomás que le corrija el rumbo, entonces. TOMAS (cont’d) (justificándose) La N da vueltas, no se queda quieta. INT. CANAL DE TELEVISIONOFICINA CENTRALCONTINUO El Sr. Arbos ante el videoteléfono sin señal, pensativo. Ivo y el Hombre ratón examinan los frames congelados de la comunicación reciente. En las paredes: no se ve nada que les permita determinar desde dónde llamó Dupont. Un par de luces en el fondo que podrían ser calquier cosa, la cara de Dupont desfigurada por interferencias. El Dr. Illich, que está sirviéndose un café, chasquea los dedos y señala uno de los cuadros distraídamente. DR. ILLICH “¿La nena esa quién es?” Todos giran para descubrir la cara de Ana, al costado, detrás de Dupont en uno de los cuadros. INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADANOCHE El Hombre Globo despierta, sobresaltado por los RUIDOS que provienen de la grabación que nunca ha dejado de sonar. Se había quedado dormido en el piso, cerca de la fogata. Pero el fluir monótono de palabras incomprensibles para él ha dado lugar a otra cosa mientras dormía: quejidos, graznidos vagamente humanos, golpes. El Hombre Globo se tranquiliza al comprobar que sólo se trata de la grabación. Reaviva el fuego. VOZ (O.S. EN GRABADOR) (se aclara la garganta, afónico y con esfuerzo) Lo que iba a decir es — (tose) — que en realidad, ahí quedamos más expuestos, a merced de palabras enfermas sin saber qué nombran. Entonces entramos en la etapa… cual ya hablar no se puede. Yo estaría ahí si… fuera por esto — estoy tomando, sé qué hace, eso me apuro. ¿Entiende? El Hombre Globo niega con la cabeza; tal vez haya estado entablando un diálogo mudo con la grabación todo este tiempo, tal vez piense que la máquina habla. Se acerca al grabador VOZ (cont’d) (se aleja del micrófono, gime) Imposible. Está mal. Ensamblar… ¡UY! Es indudable incluso para el Hombre Globo que quien habla está sufriendo. El Hombre Globo eleva lentamente su mano hacia el grabador, como si quisiera consolarlo. VOZ (cont’d) — las palabras — (quejidos, golpes, luego in crescendo) el mapa me basto de sed estado — (grita) ¡dos!…¡basta!…de esto. Un segundo de silencio seguido por sonidos de tal INTENSIDAD que podrían ser cualquier cosa. Los vúmetros se disparan. Son ruidos humanos (no mecánicos) pero distorsionados como si alguien gritara después de haberse tragado un micrófono. El Hombre Globo no aguanta más. Presiona un par de botones hasta que encuentra el que apaga el grabador. El Hombre Globo suspira aliviado ante el repentino silencio. Después mira hacia arriba, reaccionando al creciente ZUMBIDO mecánico sobre su cabeza. EXT./INT. DUNAS NEVADASAUTO DEL SR. ARBOSNOCHE Podemos darnos cuenta o no, pero el zumbido percibido por el Hombre Globo en la escena anterior no es otra cosa que el motor del auto en el que viajan Dupont y los chicos. Aunque todavía está demasiado oscuro como para ver las dunas, la desigualdad del terreno se hace sentir en el interior del coche. DUPONT “¡Para hoy, Tomás! ¿Izquierda o derecha?” TOMAS No sé. Si dimos la vuelta no sé. Dupont frena. Le arrebata el mapa a Tomás. Prende la radio. Ilumina el mapa con la linterna. Mira la radio. Sube el volumen. Estática. Dupont gira el dial, con precisión primero, más brutalmente al al darse cuenta de que han perdido la emisión de radio. TOMAS (cont’d) (adivinándole el pensamiento) No nos pasamos. Dupont alza las palmas, en gesto de “¿Entonces?” TOMAS (cont’d) (re: el mapa) Estará mal eso. En el asiento de atrás, inadvertida para los otros dos, Ana repite sin sonido las palabras de Tomás: “Estará mal eso”. Dupont se baja. Mira para todos lados: oscuridad. Vuelve a su asiento. El auto da una veloz vuelta en U, derrapando sobre la cada vez más fina capa de nieve. Dupont acelera. Chasquea los dedos, indicándole a Tomás que re-sintonice la emisión. TOMAS (cont’d) ¿Qué? No sé dónde estaba. Dupont lanza a Tomás una mirada que es mitad hartazgo y mitad súplica. TOMAS (cont’d) Sé más o menos. Pero si no es exacto no se escucha. (gira repetidamente el dial para ambos lados) Puedo ir haciendo así… Bruscamente, Dupont empuja a Tomás hacia atrás y CLAVA LOS FRENOS: una estructura gigantesca se les viene encima. Demasiada inercia. La cabeza de Tomás GOLPEA contra el parabrisas. Las ruedas frenadas siguen avanzando, deslizándose sobre la nieve. Dupont gira el volante con violencia. Chocan. INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADACONTINUO Escuchamos el SONIDO de la colisión sobre el rostro atento del Hombre Globo. EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADAAMANECER Sólo los bordes de las cosas son discernibles bajo la primera luz del día. El edificio, sin embargo, es más visible que antes; casi toda la nieve que lo cubría ha ido derritiéndose. El Hombre Globo sale por una ventana. Lo seguimos durante unos metros hasta descubrir el auto, que se ha incrustado contra la ANTENA de la radio. El Hombre Globo se acerca al auto, entornando los ojos. El tenue resplandor de la nieve contrasta con la oscuridad del auto, haciendo imposible ver su interior. El Hombre Globo prende su encendedor, como si pudiera ayudarlo a ver. Fracasa. Se resigna a acercarse más. Forma una visera con sus manos y pega la cara a una de las ventanillas rotas. POV del Hombre Globo: Isadora y Tomás inconscientes en sendos asientos. Una figura incorporándose. Ana. ANA (no del todo segura) “¿Papá?” INT. CANAL DE TELEVISIONPASILLOSDIA La cara inmóvil de Ana en una FOTOGRAFIA FAMILIAR. El cuadro se abre revelando a sus padres, Vera y el Hombre Globo, también sonrientes y mirando a cámara. Quien mira la foto es el Sr. Arbos. Eleva la vista hacia IVO, que sostiene la carpeta a la cual está abrochada la foto. El Sr. Arbos frunce el ceño; no está seguro de entender lo que le están mostrando. El Sr. Arbos señala al hombre en la foto. Ivo le hace un gesto que confirma que se trata del desaparecido Hombre Globo. El Sr. Arbos señala a la madre. Ivo asiente. SR. ARBOS “¿Qué está esperando, entonces? ¡Vaya!” Ivo obedece. El Sr. Arbos sigue su rumbo, atravesando el pasillo hacia una puerta que conduce a… INT. CANAL DE TELEVISIONAUDITORIODIA La cabina de control del auditorio. TECNICOS y ELECTRICISTAS entran y salen del lugar sin prestar atención al Sr. Arbos, ultimando detalles para el evento que se aproxima. Un seguidor se enciende, iluminando el escenario que está ubicado en el medio (como un ring de box) rodeado de gradas por los cuatro costados. El Sr. Arbos atraviesa la cabina hacia el extremo superior del auditorio. Se sienta en una butaca de la última fila. Saca un habano y lo enciende, mirando hacia el escenario, pensativo. INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADADIA La mano de Isadora se desliza sobre los estantes que contienen centenares, miles de discos de vinilo. Atraviesa el pasillo que conduce al estudio, observando todo con una curiosidad lánguida. Ana y el Hombre Globo están sentados ante la fogata, en un rincón del estudio. Es evidente que ella le está narrando cosas que hicieron para encontrarlo; él la observa (escucha) atentamente. Isadora se detiene medio segundo para sacudir cariñosamente el pelo de Ana, luego sigue de largo hacia Dupont. Dupont , que estaba sentado examinando el grabador de cinta abierta, se vuelve hacia Isadora. Hay rastros visibles del accidente en su rostro magullado y una de las mangas de su abrigo ha sido arrancada por completo. DUPONT “¿Qué hay afuera?” ISADORA No mucho. No hay ciudad. (pausa, en voz alta, resignada) No hay nada. DUPONT (para sí mismo) “No puede ser. De algún lado venimos, ¿no? No nacimos acá.” La negativa de Isadora a discutir en términos metafísicos lo hace volver al grabador. Presiona Play. VOZ (O.S. EN GRABADOR) — problema de la amnesia es que funciona mal, porque no nos estamos olvidando de las palabras sino de las cosas: Quedamos más expuestos, a merced de palabras enfermas sin saber qué nombran — DUPONT (detiene la cinta) “‘Amnesia’ se llama. Lo repite varias veces.” ISADORA Repite todo varias veces. Está enfermo. (pausa, tose) Estaba. DUPONT ¿Y Tomás? ISADORA “Tomás está bien, está durmiendo.” DUPONT (re: el grabador) “¿Pero le vas a decir?” ISADORA “¿Que es una cinta?” DUPONT “Que es el padre.” Isadora comienza a negar levemente con la cabeza pero es interrumpida por Ana, que acaba de acercarse y tironea a Dupont de la manga que le queda. ANA “¿Qué comemos?” DUPONT “¿Soy el jefe de la tribu, yo? ¿Tu papá no sabe?” La mirada de Dupont se posa en el Hombre Globo, que arroja tapas de discos a la fogata. DUPONT (cont’d) (al Hombre Globo) “¿Qué hace, hombre? ¡No queme eso!” (le arrebata los discos) “¿No ve que son…” Dupont suspira en su ya característico gesto de irritación y da una vuelta a la habitación buscando material combustible: un par de cajas de cartón, las patas de una silla destruída, papel perforado de la máquina teletipo. Se detiene un segundo, intrigado por las perforaciones en los rollos de teletipo. Se pone en cuclillas, los hace un bollo y los tira al fuego. DUPONT (cont’d) “¿Ve? Quema mejor y todo.” Ana se pone en puntas de pie y besa a Dupont en la mejilla. DUPONT (cont’d) (concediendo, al Hombre Globo) “¿Comida?” HOMBRE GLOBO “Había un bicho, arriba.” DUPONT “¿Comestible?” El Hombre Globo se encoge de hombros, con cierto escepticismo. Dupont comienza a hurgar en los cajones de los muebles de oficina que hay desparramados por el lugar. Isadora se le acerca, lo toma del brazo. ISADORA “¿No nos van a encontrar, acá?” DUPONT (cierra un cajón) “Intentemos que no.” EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADADIA Un par de alicates industriales, en manos de Dupont, cortan los gruesos cables que suben por ambos lados de la antena. Dupont tironea, asegurándose de haber eliminado toda conexión. La antena se tambalea un poco. Dupont se agarra para no caerse, dándose cuenta de que ha trepado casi hasta el tope de la antena. Dupont mira hacia abajo: el auto estrellado contra la antena. Más lejos, Ana y su padre buscando alimento en el descampado que rodea la radio. Ana se detiene en un lamparón de pasto quemado por la nieve, mete un palo en un agujero en el piso y lo revuelve. Un CONEJO emerge de la nieve a unos cuantos metros y huye a gran velocidad, demasiado rápido para que el Hombre Globo pueda agarrarlo. El Hombre Globo, que lleva puesto el abrigo blanco de Isadora y varias bolsas de plástico atadas al tobillo a modo de calzado, se acerca a Dupont, excusándose. Dupont está en el piso, cerca de la antena. Ha descubierto los restos del traje inflable y los examina con curiosidad. Se vuelve hacia el Hombre Globo. DUPONT “Usted vino volando. ¿No vio nada más? ¿Dónde estamos?” El Hombre Globo se encoge de hombros. Dupont extrae la válvula del traje inflable y se la muestra. DUPONT (cont’d) “¿Qué hizo con esto?” El Hombre Globo no tiene idea de qué le está hablando. DUPONT (cont’d) “La válvula. Está al revés.” HOMBRE GLOBO “No. Es así.” DUPONT (niega con la cabeza) “A ver. Cuentemé. ¿Qué pasó?” EXT. ESTEPA NEVADADIA El videoteléfono movil de Dupont, enterrado a medias en la nieve. La rama desprendida de un árbol entra a cuadro, acercándose lentamente al videoteléfono. Lo empuja un par de veces, haciéndolo rodar sobre la nieve. El portador de la rama: el Hombre Ratón, que habiéndose convencido de que el videoteléfono de Dupont es inofensivo, lo recoge y se lo guarda en un bolsillo. El Hombre Ratón mira hacia todos lados, buscando algo que se parezca a una pista. Las huellas del auto han desaparecido bajo la nieve. No se ve nada más que las pisadas del Hombre Ratón conduciendo a la camioneta del canal. El Hombre Ratón bufa, mira hacia el cielo. INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – SIMULTÁNEO Isadora está sola, de espaldas a cámara, ante el grabador de cinta abierta. VOZ (O.S. EN GRABADOR) Para sacarme de encima las palabras las tengo que decir — supongo, asumo, espero — y olvidarme de que existen. Cada vez que se repiten son otra palabra, necesariamente – la misma palabra usada con otro fin. O me muero antes o me las saco de encima. Por eso no los quiero nombrar a ustedes. Tomás entra, sin hacer ruido. Se queda parado detrás de Isadora, a cierta distancia. No es evidente si ella se da cuenta o no de su presencia. La mano de Isadora tiembla levemente al elevarse hacia el grabador. No presiona Stop todavía. VOZ (cont’d) Pienso en ustedes todo el tiempo. Pienso en ustedes mientras hablo, lo cual me permite, espero, hablar sin que mi propio entendimiento de lo que me escucho decir me siga enfermando. Ustedes me curan. Esa es la idea. Isadora detiene la grabación. TOMAS Es una máquina. Isadora no se da vuelta. TOMAS (cont’d) ¿Era una máquina todo el tiempo? ISADORA (sin darse vuelta) Era una cinta. Una máquina tocando una cinta — Grabada. Hace mucho. TOMAS No hables si te hace mal. Isadora toma aire como para hablar, pero calla. Otra pausa. TOMAS (cont’d) Igual me doy cuenta que estás llorando. Isadora se da vuelta, secándose los mocos con la manga de la camisa. ISADORA ¿A ver la frente? Tomás se le acerca. Ella le examina el obvio chichón consecuencia del choque y las otras heridas, más leves, en la cara. El presiona Play. VOZ (O.S. EN GRABADOR) Ya dije “ustedes” varias veces y sigue saliendo, porque hay otros nombres para ustedes, yo tengo otros nombres: cada vez que digo “ustedes” estoy diciendo algo distinto. Eso me asusta, porque “ustedes” va a seguir estando, igual que yo – y no tengo tiempo de nombrar cuantas ideas de mí mismo tenga. TOMAS (haciendo un esfuerzo por entender) ¿Qué dice? ¿Quién es? Ella detiene la cinta otra vez. Una pausa. ISADORA (cont’d) Tomás… (pausa) ¿No te das cuenta a quién le está hablando? EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADADIA Dupont, Ana y el Hombre Globo están reunidos en torno al traje volador desinflado. DUPONT (re: la válvula) “El que lo puso al revés sabía.” (repentinamente, a Ana) “¿Ves? No fue mi culpa.” Ana está por responder pero es interrumpida por el sonido de Tomás GOLPEANDO la ventana atascada con furia para salir de la radio (siempre usan la ventana de la planta baja para entrar y salir). Tomás sale, tropieza, sigue caminando con decisión. Dupont alza la válvula, enseñándosela a Tomás. DUPONT (cont’d) “Me lo hicieron, Tomás. No fue un accidente.” Tomás se detiene. Mira la válvula, después a Dupont con una expresión despectiva que no vimos jamás en él. TOMAS (asiente) Te felicito. Como si no existieran más a partir de ese momento, Tomás pasa de largo y sigue alejándose con paso firme. Los otros tres se miran. ANA “Yo voy.” EXT. DESCAMPADODIA A unos cien metros de la radio. Nieve o pasto seco, según el área. Un par de árboles pelados, pedazos esporádicos de alambrado. Tomás camina sin mirar atrás. Ana, que ha corrido para alcazarlo, lo sigue ahora a cierta distancia, no del todo segura de cómo abordarlo. TOMAS (sin darse vuelta) No me sigas. Ana no se detiene. Tomás da media vuelta, le advierte. TOMAS (cont’d) ¡No me sigas! Ana toma aire y lo imita, con dificultad. La escuchamos hablar. ANA No me sdigas… TOMAS ¡No! ANA No. (sonríe, “muda”) “Esa la sé.” La alarma inicial de Tomás por escucharla hablar se torna en decepción ante el espíritu juguetón de Ana. ANA (cont’d) “No es tan difícil. Hay que pensar y soltar el aire. Aprendí mirando.” TOMAS Ustedes no pueden hablar. Si hablan se mueren. Da media vuelta y sigue alejándose. Ella va detrás. ANA ¿Ustedes quién? Tomás no responde. ANA (cont’d) ¿Adónde vas? TOMAS (sin darse vuelta) No hables. ANA Ah. Por eso no me querías… mostrar. Para ser el único que hab… Ella está alcanzándolo. El se vuelve bruscamente y la toma de las muñecas. TOMAS Por favor… ANA Yo hago lo que quiero, nene. Ana intenta soltarse, pero Tomás la retiene. ANA (cont’d) Mejor que me sueltes, porque — Forcejean. Ana cae hacia atrás y el tropieza, quedando encima de ella, arrodillado sobre la nieve. TOMAS ¿No ves, idiota, lo que pasa? ¿Que empiezan a hablar y cambian… y después se mueren… se vuelven locos? Peor. Se vuelven malos… ANA Todos no. TOMAS Sí, todos. No hables más o te pego. ANA (lo imita) Nah-nah-náh na-na-náh-nah. Tomás le pega con el puño cerrado. La brutalidad infantil del golpe — que parece venir de otra parte, sin reparar en consecuencias — los sorprende a ambos. Ana grita, muda. Tomás la amenaza, esta vez con la palma abierta. ANA (cont’d) ¡Papá…! Tomás está por pegarle de nuevo cuando la mano de Isadora lo levanta en el aire, de los pelos. ISADORA ¿Qué estás haciendo? Isadora lo suelta y ayuda a Ana a levantarse. El se incorpora lentamente. ISADORA (cont’d) ¿Estás loco? TOMAS Para que no hable. (señala a Ana) Estaba hablando. ISADORA ¿Qué me importa? ¿Cómo le vas a pegar así? ¡A una nena! ¿Tan mal te enseñé? TOMAS Parece que sí. (pausa) Pero igual no importa. Porque ahora lo estás arreglando todo. El Hombre Globo y Dupont (más atrás) se acercan. Han visto algo de lo que acaba de pasar, pero estaban demasiado lejos como para escuchar. Tomás mira para todos lados y asiente, recuperando una actitud desafiante. TOMAS (cont’d) Nos va a ir bien, acá. Como a mi papá. (a Ana, explicando) Es el que habla. Parece. Nos dejó para venir a hablar con nosotros. ¡Acá, que no estábamos! Y después se murió. (pausa) Yo tampoco sabía. (a Isadora) Nunca nadie me dijo. HOMBRE GLOBO (a Ana) “¿Se está volviendo loco porque habla?” Ana niega con la cabeza; no está en condiciones de explicarle ahora. ISADORA Tomás… Esto se va a resolver. TOMAS ¿Cómo? ¿A ver? ¿Quién lo va a resolver? ¿Ustedes? (re: Dupont, que está llegando) ¿El? ¿Le viste la mano? Dupont, que todavía sostiene la válvula del traje, suspira, harto de ese comentario cuyo significado genuinamente ignora. DUPONT “¿Qué tiene, la mano?” TOMAS Ni eso sabe. (avanza hacia Dupont, le abre la mano libre) La marca del fracaso, Nicolás. De los que intentaron cosas que no se pueden hacer. Inútiles. ANA (concediendo, a Dupont) “Es verdad. Lo dicen en la tele todo el tiempo.” Dupont asiente, pensativo. Después: DUPONT “¿Les pasó qué, a los que tienen esto?” TOMAS Fracasaron. DUPONT “¿En qué?” TOMAS No sé. Dupont se mira ambas manos, frunce el ceño, sonríe, vuelve a asentir. DUPONT “Yo sí.” INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADADIA Dupont entra al cuarto adyacente a la cabina de control y se abalanza sobre la máquina teletipo. Los demás lo siguen. Ante la mirada expectante del resto, Dupont enciende la máquina, comprobando que funciona. Toma el primer objeto punzante que encuentra (un lápiz, o una birome en el escritorio) y golpea con él sobre la cinta de papel perforado que alimenta la máquina. La máquina (que, como la mayoría de las teletipo, no parece otra cosa que una máquina de escribir circa 1950) hace correr la cinta y tipea automáticamente sobre un papel: “Era e5to”. Dupont da media vuelta y se sienta sobre el escritorio, enfrentando a los demás. Va a a empezar a explicarles, pero se acuerda de algo y tantea en sus bolsillos, en el gesto urgente y caótico que ya le hemos visto varias veces. Extrae, uno a uno, cuatro dedales terminados en punta, como garras combadas hacia abajo. Son los dedales con los cuales jugaba Tomás en la primera escena. Dupont Suspira. DUPONT “¿Saben cuántas veces traté de usar esto para algo?” Los demás no saben, ni entienden de qué se trata. Dupont les muestra la válvula del traje inflable e intenta otra vez abordar su explicación, pero ahora es Tomás quien lo interrumpe: TOMAS (re: la válvula) Sí, ya sé. No fue un accidente. Lo rompieron a propósito. DUPONT “…para poder echarme sin que yo sospechara…” TOMAS (asiente, con cautela) …para qué iban a usar las máquinas. Me doy cuenta. Dupont percibe la desventaja de su explicación “muda” ante personas que pueden hablar. Compensa via énfasis. DUPONT “Las máquinas que ellos no podían construír. Las tenía que hacer yo.” (pausa, a Tomás) “¿Por qué?” Tomás no sabe qué responder. Dupont estira su brazo hacia el grabador de cinta abierta. TOMAS No quiero escuchar más eso. DUPONT “No me importa.” Dupont presiona Play. VOZ (O.S. EN GRABADOR) (desde el principio) A ver. Cuánto hace que llegué — (Dupont avanza la cinta) — suena mucho peor de lo que es, igual. No duele. Pero no sé si se entiende lo que digo. (pausa) Debería haber traído un intérprete. Difícil. Ay, espero que se entienda. No va a haber más intérpretes si el — Dupont presiona Stop. Exhibe la marca en su mano ante los demás, pero mira a Tomás. DUPONT “Es la marca del oficio.” TOMAS (escéptico) De arreglar televisores… DUPONT “De interpretar lo que piensan otros. Lo que quieren decir.” (pausa) “Eso hacía yo antes.” La explicación ha sido a la vez excesiva e insuficiente para los demás, que siguen mirando a Dupont con extrañeza. Para él, en cambio, sólo queda ponerse a hacer lo que ahora ha descubierto es su trabajo: se calza los dedales en la mano derecha se sienta, acomodando la cinta de teletipo entre sus dedos y el borde de la mesa. DUPONT (cont’d) “Funciona así. Sobre una…” (acordándose de la plantilla) “¡Plantilla de goma! No importa.” Ignorando a los demás, Dupont busca algo en que apoyar la cinta que perforará con los dedos (la cinta pasa por la mano de Dupont coincidiendo con la marca). Toma la caja del reel de cinta abierta que está puesto en el grabador. Mira a los demás. Lee en la caja del reel: “180 min.” DUPONT (cont’d) “Dénme unas tres horas.” Nadie se mueve. Dupont se calza un par de auriculares. Con la mano en los controles del grabador, mira de nuevo a los demás, que siguen ahí. DUPONT (cont’d) “Si me dejan solo es mejor.” (CONTINUARÁ…)


————————————

Del mismo autor:
PS 01
La Educación de Pol Pot
Political Science 3x SOLD OUT
Más vivos que nunca print SOLD OUT
TPP 31 - Las Comunidades Primitivas
El Dream
8. Gracias
TPP 30 - El Circo del Hambre
El Ultimo
Viedma Ayer