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La preantena - 06 (Final)

24 04 2009 - 11:48

(Previously…)
(Nota: el diálogo en rojo es mudo, con intertítulos.)

INT./EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADAATARDECER El ambiente adyacente a la cabina de control. Se escucha el SONIDO de Dupont perforando la cinta de papel manualmente en el cuarto de al lado. Tic-tuc-tic-tic. Isadora, inquieta, sin saber qué hacer, intenta hacer andar una bandeja giradiscos, sin éxito. Detrás, el Hombre Globo, todavía vistiendo el abrigo de ella, revuelve una pila de equipos electrónicos deshechos. Isadora camina hacia el amplio ventanal que da al exterior. El atardecer sobre la nieve es un degradé casi abstracto, de blanco a gris, con una línea en el medio. El Hombre Globo, se le acerca a Isadora por detrás. Se saca el abrigo y se lo ofrece. Ella lo rechaza gentilmente. El insiste. HOMBRE GLOBO “Refresca a la noche.” Ella se pone el abrigo sobre los hombros. Los dos miran por la ventana en silencio durante un momento. El Hombre Globo extrae una pila de papelitos de un bolsillo y tímidamente, ofrece uno a Isadora. Isadora mira el papel: es un volante publicitario de “SUME PUNTOS Y VUELE”, anunciando el gran evento de entrega de premios. El Hombre Globo extiende un bolígrafo ante Isadora. HOMBRE GLOBO (cont’d) “¿No me firma?” Isadora apoya el papel sobre la ventana. Duda. HOMBRE GLOBO (cont’d) “‘Hombre Globo’, ponga. Me conocen así.” Isadora escribe y le entrega el volante firmado: “Al Hombre Globo, Papá de Ana, por salvarme la vida, entre otras cosas.” El Hombre Globo lo dobla con todo el cuidado del mundo antes de guardarlo. HOMBRE GLOBO (cont’d) (re: los volantes) “Es hoy. ¿Qué van a hacer sin usted?” ISADORA “Pondrán un disco.” El Hombre Globo frunce el ceño. ISADORA (cont’d) Ponen un disco y cantan encima. (tose) Mueven la boca. HOMBRE GLOBO “No es lo mismo. Usted —” (una pausa, duda) “Yo la escuchaba todas las noches.” ISADORA ¿Por qué? Hablar sigue afectando negativamente a Isadora, pero ella parece reticente a volver al modo “mudo”. El Hombre Globo, protector, le hace señas de que no use la voz. Ella insiste. ISADORA (cont’d) ¿Por qué no es lo mismo? ¿Por qué es mejor escucharme a mí que a un disco viejo? HOMBRE GLOBO “Usted está ahí, cantando. Es de verdad. Se nota.” Los dos vuelven a mirar por la ventana. ISADORA Gracias. Una larga pausa. ISADORA (cont’d) ¿Una tele no habrá, acá? INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADAATARDECER Ana y Tomás están en otra habitación: el estudio musical de la radio, destinado a performances en vivo. Hay un piano semidestruído en un rincón. Tomás, que ha encontrado un botiquín oxidado, dispone cinta adhesiva, alcohol y algodón sobre un atril. Ana, sentada sobre una mesa, se deja atender las heridas causadas por su reciente pelea con Tomás, mirando para otro lado. TOMAS No me vas a perdonar, ¿no? Ella no responde, ni lo mira. TOMAS (cont’d) Me imaginaba. ANA (después de una pausa) Si me enseñabas, puede ser. TOMAS Si me enseñaras. (se arrepiente de corregirla) ¿A qué? Ana arquea las cejas, como preguntando “¿No es obvio?” TOMAS (cont’d) (concediendo) No me parece que hables tan mal. Ella suspira, irritada. Se para, negando con la cabeza. TOMAS (cont’d) A ver. Enseñaras. Hablar. La lengua va acá. ANA ¡Ya sé, nene! Eso lo aprendo sola. (lo imita) Me tengo que acostumbrarr. (pausa) Yo digo lo otro. Tomás tarda unos segundos en darse cuenta de qué es “lo otro”. TOMAS ¡Ah, no! A cantar no. Ella da media vuelta y se va. El la ataja. TOMAS (cont’d) Nos vamos a morir acá… De frío, o de hambre — si no vienen y nos matan antes y… ¿Lo único que te importa es que te enseñe a cantar? Ana asiente. TOMAS (cont’d) Si nos salvamos te enseño. Tomás, dando por terminada la discusión, empieza a guardar los elementos del botiquín. ANA Si nos salvamos no vale. El la mira sin entender la lógica de esa afirmación. ANA (cont’d) Si no nos salvamos quiero cantar, antes. Una vez, aunque sea. Una pausa. Los dos se miran en silencio. INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADANOCHE Dupont “traduce”. Vemos sobre la mesa la cajita de cartón, completamente agujereada, inservible. Dupont camina de un lado a otro con los auriculares puestos. La cinta de papel pasa rápidamente por su mano; él la perfora con los dedales sobre su palma, lastimándose. El origen de la marca es ahora evidente. Isadora está apoyada en el vidrio que la separa de la cabina de control, mirando a Dupont del otro lado. Tomás y Ana se le acercan. TOMAS Mamá… ISADORA Ahora no, Tomás. Después. TOMAS Después no, Mamá. Ahora. Ella señala a Dupont, del otro lado del vidrio, indicando sus prioridades. Tomás niega con la cabeza. TOMAS (cont’d) Después vas a querer saber qué dice — la cinta, la traduccion — y si no dice nada te vas a asustar y si dice algo también y seguro que nos vamos a tener que escapar otra vez y hacer más cosas y… ANA (re: Dupont) Le faltan como dos horas, además. Es la primera vez que Isadora escucha hablar a Ana; la vemos reaccionar de manera acorde. TOMAS Yo te dije. Habla. Isadora se agacha, extendiendo su mano hacia Ana. ISADORA ¿Cómo puede ser? ANA Aprendí sola. INT. CANAL DE TELEVISIONCABINA DE CONTROLNOCHE Vemos el estado del AUDITORIO desde distintos ángulos, a través de varios monitores de TV: Sobre el escenario, un cartel de leds luminosos reproduce cíclicamente una lista de nombres con sus correspondientes puntos (i.e.: Catalina Velázquez — 254.300 Puntos, etc.). Las gradas están casi llenas, y sigue entrando gente. La mirada del Sr. Arbos está fija en otros monitores, que muestran gráficos de medición de rating en vivo. El Sr. Arbos se da vuelta, encarando al Dr. Illich, que está a su lado, tomando una copa de una bandeja que le ofrece un EMPLEADO de catering. SR. ARBOS “Está todo el mundo mirando. Todo el mundo.” DR. ILLICH “No se puede posponer, ¿no?” Mirada fulminante del Sr. Arbos (“¿A usted qué le parece?”). DR. ILLICH (cont’d) (termina su copa) “Tengo todo listo pero sin la voz de ella no puedo hacer nada.” El Sr. Arbos, sacudiéndose el pelo con ambas manos, camina hacia un rincón de la habitación, como una fiera enjaulada. El Dr. Illich lo sigue. El Sr. Arbos respira hondo, tratando de calmarse. Chasquea los dedos para llamar al empleado de catering. SR. ARBOS (al Dr. Illich) “¿Necesitamos que hable, ella?” DR. ILLICH “Necesitamos la VOZ.” En un movimiento veloz y calculado, el Sr. Arbos toma al empleado de la nuca y lo empuja hacia el piso. La bandeja y su contenido caen al suelo. El Dr. Illich retrocede, asustado. El Sr. Arbos presiona con su rodilla el estómago del empleado. Sin soltarlo, extrae su cortador de habanos. El empleado se queja sin emitir ningún sonido. SR. ARBOS (al Dr. Illich) “¿No es médico, usted?” El Sr. Arbos entierra el cortador de habanos en el cuello del Empleado, a la altura de la tráquea. El empleado grita (lo escuchamos). El Sr. Arbos lo suelta. SR. ARBOS (cont’d) “Con un poco de ingenio voz tiene cualquiera.” El Dr. Illich se apresura a detener la hemorragia del Empleado con una sevilleta. Mira al Sr. Arbos, suplicante. DR. ILLICH “No es lo mismo. Tiene que poder cantar, es algo que se entrena…” SR. ARBOS “Bueno, entréneme a alguien. Tiene tres horas.” INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADAESTUDIO MAYORNOCHE Ana está sentada sobre el piano. Isadora tiene una linterna en la mano; con la otra toca una tecla y canta la misma nota, indicándole a Ana que haga lo mismo. ISADORA Laaaaaa… ANA (completamente fuera de tono) Laaaaaa… Isadora ilumina el interior de la boca de Ana, con curiosidad científica. Le toca el cuello. Ana la esquiva. ANA (cont’d) ¿Podemos cantar, ahora? Isadora intenta un par de acordes. El piano está arruinado. Algunas teclas no producen ningún sonido, y casi todas las más graves golpean contra basura y objetos depositados en el interior del piano. Tomás, que está sentado al lado de Isadora, identifica estas teclas rápidamente y procede a usarlas en modo percusivo, generando un ritmo que invita a Isadora a sentarse y tocar. Un par de acordes más hasta que Isadora da con una canción para cantarle a Ana. ISADORA (canta) Ayer estaba recordando tu casa, mi casa lugar donde la luna se aburrió esperando cedrón por donde el tiempo se perfuma y pasa… El combo Tomás/Isadora se las arregla para transformar la deformidad del piano en una música extraña, de una belleza insospechada. Ana escucha fascinada. A medida que la letra de la canción se hace más sórdida, su expresión cambia, sin embargo. ISADORA (cont’d) (canta) Y al ver que nos pusimos viejos y estamos más solos siento un vals en tu piano llorar y me pongo a pensar si no llora de amor. ANA La del pato es mejor… ISADORA (canta) Pudo el amor ser un nudo mas dudo que pudo luchando vencer — ANA No. No me gusta. Isadora y Tomás dejan de tocar. ANA (cont’d) ¿Son todas así, tristes? TOMAS Las buenas sí. (atajándose, re: Isadora) Es lo que dice ella. Una mirada reprobadora de Isadora a Tomás. Después, en secreto a Ana: ISADORA Pero exagero. Como respuesta a su madre, Tomás arranca con una serie de acordes que nos son familiares. Isadora reconoce la canción inmediatamente; mira a Tomás como para asegurarse de que él quiere enseñarle a Ana su canción favorita, la que comparten, la que tocaban todas las noches en casa. TOMAS (justificándose) No es triste, y es fácil. Isadora besa a Tomás en la frente y lo reemplaza en el piano. ISADORA (canta, a Ana) Cuando estás conmigo se esfuman las tristezas (están presas en mi pieza) Ana se ríe, divertida al tomar literalmente la estrofa. ISADORA (cont’d) Cuando estás conmigo relevo en el olvido a todos mis amigos Al comprobar que la primera frase es siempre la misma, Ana empieza a cantar, mal pero con entusiasmo. ISADORA (cont’d) Cuando estás conmigo la luna en la ventana parece la mañana… ANA Cuando estás conmigo… Un ZUMBIDO creciente llama la atención de Tomás, que se levanta sin interrumpir y camina hacia la puerta. ISADORA (cont’d) Cuando estás conmigo se pierde en un momento toda noción del tiempo ANA Cuando estás conmigo… ISADORA (cont’d) Cuando estás conmigo encuentro saludable ser bien irresponsable… ANA Cuando estás conmigo… Isadora deja de tocar al percibir el ZUMBIDO, que es ya muy evidente. Viene de la cabina en donde está Dupont. INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADACONTINUO El ZUMBIDO son los gritos saturados del padre de Tomás en el final de la grabación, a través de los auriculares que Dupont tiene puestos. Ana, Isadora y Tomás miran a Dupont a través del vidrio. La grabación termina. El extremo de la cinta se desprende del carrete izquierdo y queda dando vueltas en el aire. Flap. Flap. Flap. La cinta ensangrentada de la teletipo deja de deslizarse por la mano de Dupont. Dupont, ensordecido y exhausto, no ha dejado de traducir en todo este tiempo. Se saca los auriculares con su mano libre y los arroja al piso. Dupont se vuelve hacia los otros tres. Todos se quedan inmóviles durante un momento, la vista fija en la “traducción” — la hoja que se ha ido escribiendo en la terminal de la máquina teletipo. Dupont arranca la hoja del carrete, manchándola de sangre. Lo vemos hacer el movimiento falso, instintivo, de quien está por leerla. Pero no la lee. La extiende hacia el otro lado del vidrio, ofreciéndosela a Tomás. INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADANOCHE Un momento después. El botiquín está ahora en manos de Isadora, que hace lo que puede con las heridas que se ha hecho Dupont en la palma de la mano; los dedales punzantes le han desprendido toda la piel sobre la franja exacta de la cicatriz anterior. Tomás está sentado en el piso, con las piernas cruzadas, sosteniendo la hoja de papel. Notamos que la ha leído antes que los demás y que nadie ha hecho nada para impedírselo — una suerte de acuerdo tácito reconociéndole ese derecho. Ahora, sin embargo, todos (Ana y el Hombre Globo incluídos) lo miran expectantes. Tomás abre la boca para pronunciar unas palabras preliminares que nunca dice. Lee, en cambio: TOMAS (lee) Perdimos contra la plaga buscando un virus. El virus son las palabras. Las palabras te matan. (para sí mismo) Ya sabíamos eso. (sigue leyendo) Para no morirse hay que dejar de hablar. Por eso la… (duda ante una palabra que no entiende) ¿La amnesia? ISADORA Olvidarse de las cosas. Dupont mira a Isadora, observando que esto reafirma su teoría anterior. TOMAS Y por eso se cierra la — ISADORA —la tráquea, sí. TOMAS (lee) Son síntomas. La Exordia combate los síntomas. Tomás mira a Isadora. ISADORA Exordia. La medicación. Se llamaba así. (a Dupont) Lo que tomé cuando estaba embarazada. TOMAS Por eso hablamos, nosotros dos. (a Isadora) Gracias por decírmelo antes. (sigue leyendo) Pero aumentar la dosis no sirve. Lo probé — mi papá probó con él mismo, dice, y es peor. (re: la cinta grabada) No dice por qué es peor, pero se escucha. Tomás traga saliva. Toma aire. Hace una pausa demasiado larga antes de seguir leyendo. TOMAS (cont’d) se puede sacar las palabras del cuerpo. Las palabras infectadas se quedan ahí. (otra pausa) No hay cura. Tomás mira a los demás. Dobla la hoja en dos. TOMAS (cont’d) Ya está. ISADORA ¿Nada más? HOMBRE GLOBO “¿No dice adónde ir, no dice qué hay que hacer…?” TOMAS Eso solo. Y ni sabemos si es cierto. ISADORA Parece cierto. Dupont asiente. Tomás señala a Ana. TOMAS ¿Y por qué puede hablar ella, entonces? Esto es una sorpresa para Dupont y el Hombre Globo. Ella los mira. ANA La-la-la. El Hombre Globo mira a su hija con cierto temor. Dupont se le acerca, extendiendo su mano sana. Ella se ataja. ANA (cont’d) Si no me toca el cuello, mejor. ISADORA Y TOMAS (a Tomás) Por la edad, tal vez. O es un caso aislado. Igual no sabemos si no le va a hacer mal — Escuchamos las cinco líneas de diálogo que siguen, de confusión creciente, sin apartarnos de la cara de Dupont. Su expresión cambia. Es claro que se le está ocurriendo algo relevante. ANA (O.S.) Yo me siento bien. ISADORA (O.S.) Ahora se sienten bien, pero — ANA ¿Y si todos los chicos pueden hablar pero no saben? TOMAS (O.S.) Los que nacieron después de la plaga, como nunca se enfermaron — ISADORA Y TOMAS (O.S.) Ojalá, hijo. Pero eso no soluciona.. Dupont chifla, llamándolos al silencio. DUPONT “La última frase de nuevo, Tomás, por favor.” Tomás despliega la hoja. TOMAS (lee) No hay cura. DUPONT “Antes.” TOMAS (lee) No se puede sacar las palabras del cuerpo. Una pausa. DUPONT “¿La máquina no hace eso?” Nadie parece entender a qué se refiere. DUPONT (cont’d) “La máquina. Del hospital.” ANA No es un hospital, pero sí hace eso. Saca las palabras de la gente y se las pone a ese gordo horrible. Mediante un par de gestos cuyo significado exacto sólo él entiende, Dupont se las arregla para transmitir lo esencial: si les saca las palabras, y las palabras son el problema, la máquina puede curar a la gente. Ana, Dupont y Tomás se vuelven hacia Isadora al mismo tiempo. ISADORA No, yo ahí no vuelvo. Tomás se levanta de golpe y recoge la válvula del traje inflable. Mira a Dupont. TOMAS ¿Esto anda? Dupont no tiene tiempo de responderle: Tomás corre hacia la ventana y sale al exterior. ISADORA Tomás… EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADACONTINUO Ana, Isadora y Dupont salen detrás de Tomás (el Hombre Globo los observa desde adentro). No nieva, pero hay mucho viento afuera. El suficiente como para levantar nieve y basura del piso y obligar a Isadora a levantar la voz. ISADORA Tomás, por favor… (a Dupont) Dame un buen motivo. DUPONT “Es justamente lo que quieren de nosotros, y si funciona…” ISADORA ¿Y si no? ¿Quién me asegura que no me van a matar después? ¿Quién le — Isadora se dobla hacia adelante en un ataque de tos. Se tapa la boca con la manga de la camisa. Dupont intenta sostenerla, pero ella lo rechaza, dándose vuelta. Tomás se ha detenido unos pasos más adelante y examina el traje desinflado. Al comprobar que tomás sigue ahí, Isadora enfrenta otra vez a Dupont. Vemos una mancha negra en la manga de su camisa. Isadora niega con la cabeza. Ana se interpone entre ella y Dupont. ANA ¡Si funciona se cura todo el mundo! ¿No es un buen motivo ese? Una pausa durante la cual la actitud de Isadora se ablanda, no para coincidir con Ana sino para excusarse con una honestidad dolorosa: ISADORA No les debo nada, nena. Para Ana, es una respuesta tan horrenda como inesperada. Isadora lo percibe. ISADORA (cont’d) Es la verdad. Tomás se les acerca, arrastrando el traje desinflado, completamente al margen del tono trágico que ha adquirido la conversación. Le muestra la válvula a Dupont. TOMAS ¿Anda o no anda? Dupont responde con un gesto que indica: “Si lo arreglo, sí.” Respuesta suficiente para que Tomás siga arrastrando el traje en dirección a la radio. Antes de entrar por la ventana se vuelve hacia los otros tres. TOMAS (cont’d) ¿Un buen motivo? Yo tengo. Acá no hay nada. No se puede vivir así. Hay que volver a casa. Otra manera de volver no hay. Tomás entra a la radio. Vuelve a asomarse, señala a Isadora y agrega: TOMAS (cont’d) Pero tiene razón. No tiene que ir ella, tengo que ir yo. Ante la expresión atónita de los otros tres, concluye: TOMAS (cont’d) Ella se tiene que curar, también. EXT. CANAL DE TELEVISIONTECHOSNOCHE Una semiesfera inflable, cual estructura geodésica, asoma por una gran abertura cuadrada en el techo del edificio. La rodeamos descubriendo el cielo estrellado, de manera que parece casi una toma obtenida en el espacio exterior: la semiesfera un planeta, las estrellas más atrás. A medida que retrocedemos vemos el techo abierto del cual la semiesfera emerge y arriba, acercándose, una esfera más pequeña… Es Dupont quien desciende en el traje inflable del Hombre Globo, cargando a Tomás sobre sus hombros. Dupont y Tomás aterrizan sin demasiado esfuerzo sobre la terraza del canal. Vemos ahora también la punta de la gran ANTENA que atraviesa todo el edificio. Tomás se desata del traje antes que Dupont. Se acerca a espiar hacia abajo, por la abertura. POV de Tomás: el auditorio, abajo. La semiesfera inflable no es otra cosa que la parte superior del ENORME GLOBO AEROSTATICO cuya canasta se encuentra debajo del escenario central, lista para emerger revelando al ganador. El auditorio está repleto. Dupont agarra a Tomás del brazo. DUPONT “Entramos y salimos juntos. No como la vez pasada…” ANA La vez pasada el que se separó — DUPONT Shh! (le tapa la boca) “No se habla. Hasta que yo diga.” INT. CANAL DE TELEVISIONAUDITORIOCONTINUO En el escenario: El mismo Dúo Patético que vimos en el bar, entusiasmados por presentarse ante tal cantidad de público. Maquillados y vestidos de manera acorde con el evento, hacen playback sobre una de sus viejas canciones puertorriqueñas. DUO PATETICO (playback) A mi me llevan de noche cuando me dan un paseo pues dicen que soy muy feo pa’ llevarme en un gran coche.. El Sr. Arbos fuma sin parar al lado del escenario. Mira los carteles anunciando los nombres y sus puntos, después su reloj pulsera. Se agacha hacia la cortina roja que cae a los cuatro lados del escenario elevado, ingresando en… El cubículo subyacente al escenario. Es un ambiente despojado, similar a los que habitualmente hay debajo de cualquier escenario, con dos particularidades: La canasta del globo aerostático, ubicada justo debajo de una trampa corrediza por la cual, entendemos, ascenderá cuando el globo se eleve. Un montacargas, al que el Sr. Arbos se sube. Desciende. INT. CANAL DE TELEVISIONDEBAJO DEL AUDITORIOCONTINUO El Sr. Arbos se baja del montacargas, que conduce directamente al depósito donde el Dr. Illich ha improvisado su laboratorio para la ocasión. Volvemos a ver la red de máquinas que vimos en el hospital, aunque dispuestas a mayor escala. Todos los cables conducen a lo que no puede ser sino la base de la enorme antena que vimos en el techo. El Sr. Arbos pasa por al lado de las máquinas y se dirige hacia un rincón poco iluminado. Escuchamos unos GEMIDOS sordos a medida que nos acercamos. El Dr. Illich está inclinado ante una mesa sobre la cual yace atado UN HOMBRE. Una intensa lámpara ilumina los instrumentos quirúrgicos del Dr. Illich. No vemos bien lo que está haciendo, ni querríamos verlo, tampoco. El Dr. Illich se vuelve hacia el Sr. Arbos y niega con la cabeza en un gesto de derrota. DR. ILLICH “Hay que decidir algo.” SR. ARBOS (mira hacia arriba, luego su reloj pulsera) “Ya decidí. Me voy a pegar un tiro, ahora, a las diez y cuarto.” Alguien GOLPEA la puerta. Los dos vuelven la cabeza hacia una de dos puertas, que están situadas en extremos opuestos del lugar. GOLPEAN otra vez. Luego, alguien SILBA la cortina musical del canal, del otro lado de la puerta. El Sr. Arbos abre la puerta. Dupont avanza, apuntándole a la cara con su pequeño revólver. Tomás está agarrado de la otra mano de Dupont. Cierra la puerta. SR. ARBOS (cont’d) (aliviado) “¡Dupont!” DUPONT (re: un sillón en el medio del salón) “Sientesé ahí y haga lo que dice el chico.” SR. ARBOS (retrocede un paso) “No creo.” El Sr. Arbos presiona algo en el interior de uno de sus bolsillos. Oímos un TIMBRE sonar en la habitación contigua. La puerta de la pared opuesta se abre y entra Vera, la mamá de Ana, seguida por Ivo que le apunta a la cabeza con una pistola. Dupont no baja su revolver, pero tampoco puede disimular su sorpresa. El único que no parece afectado por la tensión creada por las armas es Tomás, que mira a Dupont con desconcierto. TOMAS ¿Y si hablamos, mejor? Dupont niega con la cabeza. TOMAS (cont’d) (a Dupont) Odio esto. (a Ivo) ¿Qué me importa, la señora? Matelá si quiere. Vera cierra los ojos. Dupont presiona con fuerza la mano de Tomás. DUPONT “Es la mamá de Ana.” TOMAS Ah, no la mate, entonces. (a Ivo, re: la pistola) Deme eso. Nadie se mueve. Tomás se vuelve rápidamente, quedando en la línea de fuego entre Dupont y el Sr. Arbos. Apoya su frente contra el revólver. TOMAS (cont’d) A ver. ¿Tiene que ser así? A mí me da lo mismo. Tomás toma el revólver en sus manos, todavía apuntando a su frente. TOMAS (cont’d) Mi mamá no vino. Me manda a mí. Ivo consulta con la mirada al Sr. Arbos, que asiente. Ivo baja el arma. TOMAS (cont’d) Mejor. Tomás agarra también la pistola de Ivo y se acerca al Sr. Arbos portando ambas armas. TOMAS (cont’d) Hagamos así: la señora se va… Nadie contradice a Tomás, pero Vera no se mueve, paralizada por el miedo y la sorpresa extrema de escucharlo hablar a Tomás. TOMAS (cont’d) (a Vera) ¡Se va, dije! Vera huye. Tomás introduce prolijamente la pistola en el bolsillo del saco del Sr. Arbos y le devuelve el revólver a Dupont. TOMAS (cont’d) (al Sr. Arbos) Nadie mata a nadie y yo hago lo que usted quiere. ¿Qué le parece? INT. ESTACION DE RADIO ABANDONADANOCHE En pantalla de TV: Lluvia de video, rayas verticales ondulantes. Ana, Isadora y el Hombre Globo en la antesala de la radio. Parado al lado del viejo televisor que ha encontrado entre los escombros, el Hombre Globo mueve una pequeña antena improvisada con una percha, tratando de captar la imagen. ESCUCHAMOS, aunque bastante mal, el número musical del Dúo Patético. ANA Papá… HOMBRE GLOBO Shh! Ana se le acerca. Le habla despacio, como a un chico. ANA ¿No hay una antena enorme afuera? INT. CANAL DE TELEVISIONAUDITORIOCONTINUO La canción del Duo Patético termina. Moderado aplauso del público. La Chica de los carteles (quien anunciara a Isadora en sus presentaciones televisivas) da una vuelta por el escenario portando la frase “¡OTRA! ¡UN TEMA MAS!”, que es leída por todos en las grandes pantallas de video. Mínimos, aislados aplausos. El Dúo Patético arranca con el bis forzado, con su habitual inexpresividad. INT. CANAL DE TELEVISIONDEBAJO DEL AUDITORIOCONTINUO Todo está preparado para la TRANSFERENCIA. La disposición de las máquinas es similar a la que vimos en el hospital, con la diferencia de que es Tomás y no Isadora quien se encuentra en la camilla vertical. El Dr. Illich da vueltas a la camilla, tratando de ajustar las abrazaderas y los cables al cuerpo de Tomás. El Sr. Arbos, ya instalado en el sillón con todos los tubos puestos, lo mira, impaciente. DR. ILLICH (excusándose) “No está pensado para chicos, esto.” TOMAS (re: Dupont) Porque lo hizo él. No le gustan los chicos. Dupont está atado a una silla, a un costado del cableado, bajo la mirada atenta de Ivo. Señala la camilla con la cabeza: DUPONT “Ajústelo de atrás.” El Dr. Illich le hace caso. El Sr. Arbos termina su habano y lo apaga aplastándolo con su zapato, con nerviosismo creciente. Mira a Dupont, que le rehúye la vista. El Dr. Illich se instala ante el tablero con letras y mira al Sr. Arbos: están listos. El Sr. Arbos aspira y exhala un par de veces. Mira a Tomás. Se saca los tubos. Mira a Dupont. SR. ARBOS “Está bien, Dupont. Dígame qué gana, usted.” Dupont no lo mira, ergo, no le escucha. El Sr. Arbos se para, con los tubos colgando y le tuerce la cara hacia él. SR. ARBOS (cont’d) “¿Por qué volvieron?” TOMAS No gana nada. Volvimos porque está bien. Porque es lo que hay que hacer. SR. ARBOS (a Tomás, con calma) “No creo que tengas la menor idea de lo que vamos a hacer.” TOMAS Sí tengo. Le vamos a sacar las palabras a todos y se las vamos a poner a usted. El Sr. Arbos no disimula lo certeras que le parecen estas palabras. TOMAS (cont’d) Ellos se van a curar y usted se va a morir. El Dr. Illich y el Sr. Arbos se miran. “¿Qué?” TOMAS (cont’d) (al Sr. Arbos) Las palabras hacen mal. Por eso nadie habla. SR. ARBOS “Se te ve bastante saludable, sin embargo.” TOMAS Con los chicos es distinto. Son palabras nuevas, creo. No sabemos bien cómo es. Aliviado, el Sr. Arbos vuelve a ubicarse en su silla. SR. ARBOS (a Dupont) “¿Eso es todo? ¿Me iban a asustar?” TOMAS Es la verdad. El Sr. Arbos mira al Dr. Illich con la intención de descartar definitiva y razonablemente todo peligro para sí mismo. El Dr. Illich niega con la cabeza, indicando que lo que dice Tomás es un disparate. SR. ARBOS (a Tomás) “¿Y si es la verdad, por qué el Doctor, que sabe tanto, y yo, que sé bastante, no te creemos?” TOMAS Porque son tarados. Como toda respuesta, Ivo y el Dr. Illich se calzan sus equipos protectores de orejeras y anteojos oscuros. El Dr. Illich, con un gesto, interroga al Sr. Arbos para saber si le da o no un kit protector a Dupont. SR. ARBOS “Sí. Póngale, a ver qué hace.” Dupont se deja poner los lentes oscuros y las orejeras. SR. ARBOS (cont’d) (a Dupont) “No hay nada allá afuera, ¿no? No hay adónde ir.” No hay respuesta en la expresión de Dupont. El Sr. Arbos mira con desprecio la mano vendada de Dupont. SR. ARBOS (cont’d) (poniéndose los tubos) “Me imaginé.” El Sr. Arbos se acomoda en la silla. Espera hasta ESCUCHAR aplausos bajando desde el auditorio. SR. ARBOS (cont’d) “Adelante.” El Dr. Illich, ante el tablero, acciona los controles INT. CANAL DE TELEVISIONAUDITORIOCONTINUO La Chica de los carteles, que subía al escenario portando la frase “Y PARA ANUNCIAR AL GANADOR…”, Se detiene y mira hacia arriba. Escuchamos y vemos, en su encarnación luminosa, la VOZ de Tomás salir de PARLANTES en el techo e inundar el recinto. Su voz es más aguda que la de Isadora, y más potente. La Chica cae de rodillas, sin soltar el cartel. Vemos, de a poco, las PALABRAS salir de cada uno de los espectadores y elevarse serpenteando hacia arriba, más allá del techo, esquivando el globo, dando vueltas y entrelazándose hacia la antena que las atrae. EXT. CANAL DE TELEVISIONTECHOSCONTINUO La ANTENA, absorbiendo no sólo las palabras de quienes están en el auditorio sino las de todas las personas mirando el evento por televisión. La ciudad atravesada, cubierta por hilos de palabras confluyendo en la antena. EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – EL MISMO MOMENTO Isadora y Ana abrazadas sobre la nieve. El viejo televisor está a la intemperie, conectado rudimentariamente a la antena abollada de la radio. Reproduce el grito/canto de Tomás. Un hilo luminoso de palabras fluye en espiral por la retina de Isadora, atraídas y finalmente engullidas por el viejo televisor que tiene delante. Tal vez veamos en el fondo al Hombre Globo tiritando, espiando la escena desde el interior del canal a través de la ventana abierta. INT. CANAL DE TELEVISIONDEBAJO DEL AUDITORIOCONTINUO Tomás, con los ojos abiertos perdidos en la nada, tiembla. Su VOZ es ensordecedora, pero ya no constante. Los últimos chorros de VOZ salen de Tomás, atrayendo las últimas palabras posibles de todos quienes la escuchan. Silencio. La cabeza de Tomás cae hacia adelante, inerte. Con la demora que implica el proceso, las últimas palabras fluyen por los TUBOS, atraídas hacia su destino final, entrando por la boca y por la nariz del Sr. Arbos. INT. CANAL DE TELEVISIONAUDITORIO – EL MISMO MOMENTO Silencio. Las pantallas de video reproducen la imagen de la Chica de los carteles, inmóvil. La Chica se para con dificultad, aturdida, aunque manteniendo su pose y el cartel extendido: “Y PARA ANUNCIAR AL GANADOR…” La Chica da vuelta el cartel: “…EL SR. ANTONIO ARBOS”. Los ESPECTADORES también están aturdidos. Algunos miran las pantallas de video, otros se miran entre sí, o miran hacia arriba, o buscan cosas en sus asientos. Alguien empieza a APLAUDIR rítmicamente. Otros lo imitan. INT. CANAL DE TELEVISIONDEBAJO DEL AUDITORIOCONTINUO El Sr. Arbos ya se ha sacado los tubos de la cara, aunque todavía le cuelgan del saco y de las muñecas. Está parado ante el tablero con letras, terminando de tomar una botella entera de agua sin detenerse a respirar entre tragos. Arroja la botella al piso. Toma una naranja de la bandeja especialmente preparada a su lado. Le muerde un pedazo con cáscara y todo, con la voracidad que ya vimos antes en él e Isadora. Chupa el resto de la naranja, manchándola del líquido negro que exuda su boca. Recién después respira. El Dr. Illich e Ivo se sacan los equipos protectores. Notamos el APLAUSO creciente que viene del auditorio. SR. ARBOS (mascullando) Usarpedirdespuésdarir… Vemos que las letras del tablero siguen en sincro la voz del Sr. Arbos, reacomodándose a toda velocidad para formar distintas palabras que él piensa y dice: usar pedir después dar ir per sua dir SR. ARBOS (cont’d) ¡PERSUADIR! Es la voz monstruosa que le escuchamos en el hospital, pero ahora el Sr. Arbos parece poder controlarla eficazmente. Gira hacia el Dr. Illich, señalándose la cabeza, y sonríe. SR. ARBOS (cont’d) Hay que encontrarlas. Pero no son palabras, son — (gira hacia el tablero de nuevo, murmura) Tocadiscos… Las letras en el tablero, afinadas ya a la velocidad del pensamiento del Sr. Arbos hormiguean furiosamente reproduciendo la búsqueda de palabras en su cabeza. En fracciones de segundo leemos: tocadiscos dos a seis pecados en insecto pescado ideas conceptos SR. ARBOS (cont’d) ¡IDEAS, CONCEPTOS…! (al Dr. Illich) ¡De generaciones enteras… La civili— El Sr. Arbos se interrumpe. Mira a Dupont, que sigue impávido con lentes oscuros y orejeras, atado a la silla. El Sr. Arbos le saca el equipo protector. Los dos se miran. SR. ARBOS (cont’d) La CIVILIZACION, Dupont… El Sr. Arbos atraviesa el espacio que lo separa del montacargas en dos zancadas. Entra y, antes de cerrar la puerta corrediza, se vuelve hacia los demás terminando su frase: SR. ARBOS (cont’d) Empieza hoy. INT. CANAL DE TELEVISIONAUDITORIONOCHE El montacargas sube, atraviesa el ambiente intermedio en el cual está la canasta del globo y emerge en el medio del escenario. Un MICROFONO de pie emerge al mismo tiempo, quedando exactamente a la altura de la boca del Sr. Arbos una vez que éste se baja del montacargas. La multitud APLAUDE. La Chica, que todavía sostiene el cartel “EL SR. ANTONIO ARBOS”, le entrega un sobre. INT. CANAL DE TELEVISIONDEBAJO DEL AUDITORIO – EL MISMO MOMENTO El Dr. Illich se agacha a recoger los restos de la naranja chupada por el Sr. Arbos. Examina el líquido oscuro que la impregna. Mira a Tomás, que sigue inconsciente atado a la camilla, después a Ivo. DR. ILLICH (re: Dupont) “Desátelo.” Ivo duda. El Dr. Illich le repite la orden. Mientras Ivo obedece, destapa una botellita y la apoya bajo la nariz de Tomás. Cuando ve que empieza a reaccionar ante el olor, comienza a liberarlo de la camilla. TOMAS (reaccionando, a Dupont) ¿Funcionó? DUPONT Shh! Dupont ayuda a caminar a Tomás, pero mira al Dr. Illich. DR. ILLICH (re: una de las puertas) “No vayan por ahí, está todo cerrado.” Dupont sigue mirándolo con desconfianza. DR. ILLICH (cont’d) “Si lo que ustedes dicen es cierto, mejor que seamos amigos.” DUPONT “¿Y si no?” El Dr. Illich mira a Ivo, que ya se ha puesto a desarmar obedientemente los aparatos. DR. ILLICH (re: Ivo) “Le echo la culpa a él.” DUPONT (asiente) “Razonable.” INT. CANAL DE TELEVISIONAUDITORIO – EL MISMO MOMENTO En el escenario: el Sr. Arbos abre el sobre. Saca una tarjeta y la despliega. Acerca su cara al micrófono. Tose, manchando el micrófono. La tos SATURA la amplificación disponible. Los espectadores reaccionan a la violencia de ese sonido, pero siguen expectantes, en silencio. El Sr. Arbos limpia el micrófono. SR. ARBOS EL… INT. CANAL DE TELEVISIONESCALERAS DE SERVICIO – EL MISMO MOMENTO Dupont lleva de la mano a Tomás lo más rápído que puede, escaleras arriba. Conoce el lugar. Atraviesan una puerta que los conduce a… INT. CANAL DE TELEVISIONAUDITORIOCONTINUO …el espacio que subyace al escenario. Dupont se sube a la canasta del globo, sin dudar un segundo. Arriba del escenario: El Sr. Arbos ante el micrófono. SR. ARBOS GANADOR… Debajo del escenario: Tomás está por subirse a la canasta del globo cuando nota que está siendo observado por alguien. A través de las cortinas que los separan de las primeras butacas, Tomás ve a un NIÑO INFIMO, casi un bebé, dando pasos torpes agarrado a la base del escenario — el Niño no tiene ningún interés en el evento, pero señala a Tomás al descubrirlo. Tomás apoya el dedo índice sobre su boca, en gesto de “silencio”. El Niño Infimo lo imita. Arriba del escenario: SR. ARBOS (cont’d) ES… El Sr. Arbos toma aire y abre la boca. Saca la lengua, con la boca abierta. Tose, con la lengua todavía afuera. Abajo del escenario: Tomás asoma la cabeza subrepticiamente para espiar lo que sucede en el escenario, a un metro de donde están. Arriba del escenario: El Sr. Arbos sigue parado ante el público enseñando la lengua, que está oscurecida por el líquido que empieza a correr ahora por su barbilla. El Sr. Arbos se señala la punta de la lengua con el dedo, en un gesto que podrá entenderse como “lo tengo en la punta de la lengua”. El Sr. Arbos se toma la lengua con la mano y tira hacia adelante. Con timidez, al principio, extrayendo de todos modos unos quince centímetros más de lo que cabría esperar. SR. ARBOS (cont’d) Hm… Hay horror pero también curiosidad en los movimientos del Sr. Arbos, como en quien examina su propia herida. Se toma la lengua con las dos manos. Sigue extrayendo. No se trata de una lengua larga sino de un órgano indefinido de volumen creciente que apenas pasa ya por los límites de su boca. El Sr. Arbos está extrayéndose a sí mismo en la forma de una MASA de tejido linfático oscuro: una lengua gigante. Debajo del escenario: Dupont aparta a Tomás del resquicio por el cual está espiando. Se apresta a liberar el GLOBO. TOMAS (sotto) No. Quiero ver. Dupont no le hace caso. Libera los nudos. El Globo comienza a elevarse. Tomás se agarra de una de las tablas en la base del escenario. TOMAS (cont’d) (a Dupont, sotto) ¡Quiero ver qué le hicimos! La canasta del globo, que estaba subiendo, se desestabiliza, quedando atrapada a mitad de camino, mitad abajo y mitad arriba del escenario. Algunos espectadores se paran para ver mejor. El resto observa en el filo de sus asientos. El Sr. Arbos mira de reojo hacia la canasta del globo que emerge. El Sr. Arbos intenta girar, pero ya no puede moverse: el volumen de lengua en el escenario es equivalente al de su cuerpo entero. Tomás y el Sr. Arbos se miran. El Sr. Arbos deja caer los brazos. La masa de tejido sigue fluyendo hacia afuera, consumiendo lo poco que queda del Sr. Arbos. TOMAS (cont’d) (al Sr. Arbos, sin malicia) Yo le dije… Habíamos pensado que Tomás hablaba bajo para no hacerse notar, pero ahora observamos que está afónico. Se toma la garganta. Dupont EMPUJA hacia arriba, despegando una de las tablas y liberando la canasta, que continúa su ascenso. TOMAS (cont’d) (a Dupont) ¡No! Dupont lo toma del brazo pero Tomás salta hacia el escenario, en dirección opuesta a la del Sr. Arbos. TOMAS (cont’d) (a Dupont) Un minuto, nada más. Tomás rodea al Sr. Arbos y baja del escenario en busca de algo, o alguien. Recorre las primeras filas con la vista hasta que lo encuentra. Tomás vuelve a subir al escenario cargando al Niño Infimo, el que lo espiaba cuando subieron. Del Sr. Arbos sólo queda la ropa, y un charco uniéndola a la masa linfática que oscila ante el micrófono como un flan. El público APLAUDE. Habiendo liberado la canasta, Dupont está ahora agarrándose a la base del escenario para evitar que el globo ascienda. Le hace señas con la cabeza a Tomás, implorándole que se apure. Tomás corre el micrófono, apartándolo de los restos del Sr. Arbos. Empuja la base del micrófono hacia abajo, dejándolo a la altura exacta del Niño Infimo. El Niño Infimo mira a Tomás. EXT. CANAL DE TELEVISIONTECHOSNOCHE El globo asciende, llevando en la canasta a Dupont y Tomás. Abajo, el público APLAUDE ante el ascenso del globo. INT. CANAL DE TELEVISIONAUDITORIONOCHE El público ha dejado de aplaudir y espera, a falta de otra cosa, el desarrollo de los acontecimientos en el escenario. No hay suspenso, pero sí una suerte de extraña tensión que parecería poder prolongarse infinitamente: todos miran al escenario, el Niño Infimo los mira a ellos. Cuando se aburre de mirar al público, el Niño Infimo mira hacia arriba. El globo ya no se ve. Volviendo a mirar hacia abajo, el Niño Infimo se descubre a sí mismo en las pantallas de video que hay en las cuatro paredes del auditorio. Da vueltas en su lugar, sin apartar la vista de las pantallas, con la curiosidad de quien se ve por primera vez a través de una cámara. El Niño Infimo se señala a sí mismo en las pantallas. NIÑO INFIMO ¡Nene! La VOZ del Niño Infimo es amplificada y escuchada por todos. El Niño Infimo sonríe, fascinado. Vuelve a señalarse, con más énfasis. NIÑO INFIMO (cont’d) ¡Néne! El público mira al Niño Infimo con una curiosidad completamente nueva. Entre ellos, una CHICA JOVEN que estaba recogiéndose el pelo se detiene, frunce el ceño y murmura para sí: CHICA JOVEN (sotto) Nene. EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA – EL MISMO MOMENTO No nieva, pero hay mucho viento. Isadora, que está en cuclillas mirando la transmisión pasa la mano por la pantalla sucia del televisor a la intemperie. ISADORA (para sí misma) Nene. Isadora levanta la vista al escuchar que Ana parece GRITARLE lo mismo desde la oscuridad, a lo lejos. Isadora se para, barriendo la zona iluminada con la vista en busca de Ana. Ana está a unos cincuenta metros, señalando hacia arriba. ANA ¡Vienen! EXT. DUNAS NEVADASNOCHE El Globo, visto desde abajo, iniciando su descenso. Nuestra tendencia natural a asumir que se trata del POV de Isadora es traicionada al descubrir que no es ella sino el Hombre Ratón quien mira el globo aerostático desde el suelo. Ignorante de los acontecimientos en el Canal de TV, el Hombre ratón intenta discar un número en alguno de los teléfonos, pero sus dedos están duros por el frío — el Hombre Ratón está casi congelado después de días de búsqueda en la nieve. Sin apartar la vista del globo, el Hombre Ratón huele el aire en un par de sus característicos espasmos. Se da vuelta, al oir un CRUJIDO a sus espaldas. EXT. ESTACION DE RADIO ABANDONADA / DUNASNOCHE Ana corre, iluminándose con una linterna, hacia la zona en la que el globo aerostático está aterrizando. Isadora y el Hombre Globo corren tras ella. En la canasta del globo: Tomás y Dupont se miran al comprobar que la velocidad de descenso es mayor de la que suponían y probablemente mayor de lo que la canasta puede soportar. El globo baja en diagonal, desviado por el viento, alejándose de la radio en dirección a las dunas. Ana se detiene, sin dejar de mirar el globo. ANA (re: el impacto que viene) ¡Ay! En la canasta del globo: Tomás y Dupont se agarran, preparándose para el golpe. La canasta GOLPEA el suelo. La inercia la hace rodar sobre sí misma un par de veces. Se habrían estrellado si no fuera un globo; la parte inflable, que cae detrás, los estabiliza mínimamente. La canasta oscila hasta quedar parada, aunque abollada y con sus parantes rotos, sobre la nieve. ANA (cont’d) ¿Tomás? ISADORA (tras ella) ¿Tomás? Dupont se asoma, dede el interior de la canasta, recuperándose del sacudón. Tomás hace lo mismo un segundo después; ve a Isadora acercándose a él con los brazos extendidos. Tomás extiende su brazo, esperando ser ayudado a salir de la canasta, pero los Isadora y él no se tocan. Tomás tarda un momento en darse cuenta de que está alejándose de Isadora. La PARTE INFLABLE del globo ha llegado al piso y está completamente embolsada hacia un lado, como la vela de un barco. Los arrastra hacia la oscuridad. Dupont mira a Tomás, tranquilizándolo. DUPONT “Saltamos.” Tomás asiente, pero no salta. La velocidad de la canasta crece. De pronto se ha convertido en un trineo a vela conducido hacia la nada. TOMAS (repentinamente asustado) No puedo. Dupont no tiene tiempo de convencerlo de que salte. Intenta alzarlo para saltar juntos. Recién entonces se da cuenta de que Tomás está sujeto a la canasta. Uno de los parantes de metal está incrustado en la pierna de Tomás, atravesándola. Dupont tantea el parante. Tomás niega rápidamente con la cabeza. TOMAS (cont’d) Me duele. La canasta golpea, rebotando contra las irregularidades del piso, pero no se detiene. Dupont lucha para incorporarse en la canasta. Una vez parado, se agarra de los dos parantes sanos. Empuja hacia afuera. La canasta se DESARMA en decenas de pedazos, que ruedan empujados por el viento y la inercia junto a Dupont y Tomás. El Globo desaparece en la oscuridad, arrastrado por el viento. EXT. DUNAS / ESTACION DE RADIO ABANDONADA – UN MOMENTO DESPUÉS Dupont se incorpora, aturdido. Gira la cabeza bruscamente para todas partes. Se tranquiliza al ver que Tomás está sentado a pocos metros, junto al Hombre Globo. TOMAS (al Hombre Globo) Estoy bien, de veras. No sé si puedo caminar. El Hombre Globo, que sigue helándose, en camiseta después de todo este tiempo, le extiende su mano temblorosa. Dupont se acerca y apoya su abrigo sobre los hombros del Hombre Globo. Alza a Tomás y lo ayuda a dar un par de pasos tentativos. El Hombre Globo, Dupont y Tomás (rengueando) abandonan la oscuridad hacia la luz, a través de la cual ven las siluetas inmóviles de los demás. Tres siluetas, no dos. La luz es la que emiten los faroles de la camioneta del canal, delante de la cual está el Hombre Ratón, empuñando su pistola/jeringa junto a Ana e Isadora. Dupont gira la cabeza hacia atrás buscando al Hombre Globo. Lo ve apuntándoles con el pequeño revólver de Dupont, que estaba en el abrigo que ahora lleva puesto. El Hombre Globo le entrega el revólver de Dupont al Hombre Ratón. Ana no puede creer lo que ve. ANA ¿Papá? HOMBRE GLOBO (a Isadora y Dupont) “La Televisión da trabajo. Ustedes no respetan nada.” ANA ¡Papá! HOMBRE GLOBO (a Isadora y Dupont) “Y no me hagan hablar a la nena.” ANA ¡No me hacen hablar… HOMBRE RATÓN (a Ana, blandiendo el arma) ¡Tsch! El Hombre Ratón tiembla de frío. Los mira a todos, tratando de decidir qué hacer ahora — no tiene órdenes para esto. Dupont nota que Tomás, en silencio, ha aprovechado estos últimos instantes para extraer el parante incrustado en su pierna; lo empuña ahora como un palo. DUPONT (subrepticiamente, a Tomás) “Cuidado con este que no te entiende.” El Hombre Ratón apunta su arma a Tomás. Tomás duda un segundo y después avanza, empuñando el parante, sin miedo. TOMAS No hay más Televisión. (pausa) No sé qué hay, pero Televisión no hay más. Dupont entrecierra los ojos. El Hombre ratón DISPARA. Una milésima de segundo antes de que un BULTO ENORME lo tire al piso, haciéndole errar. El bulto es la CRIATURA que persiguió al Hombre Globo en la radio. El torso del Hombre ratón le entra entero en la boca. La criatura sacude la cabeza un par de veces, como un perro deforme, desparramando pedazos del Hombre Ratón hacia la oscuridad. La criatura alza la vista hacia el Hombre Globo y gruñe. El Hombre Globo huye. Dupont está aprovechando para reunirse con Ana, Isadora y Tomás para hacer lo propio, pero los cuatro se detienen cuando la criatura se vuelve hacia ellos, en actitud amenazante. La criatura avanza lentamente hacia ellos. Se acerca a Tomás. Tomás, que está aferrado a la cintura de Dupont (a esto sí le tiene miedo) nota que la criatura tuerce la cabeza, examinándolo con lo que podría incluso ser curiosidad. Tomás y la criatura se miran. Tomás frunce el ceño y se agacha un poco, acercando su cara aun más a la de la criatura. TOMAS (cont’d) (duda) ¿Papá…? La criatura se dispara hacia la oscuridad con la velocidad de una lagartija. Tomás e Isadora se miran. Tomás corre en la dirección en la que huyó la criatura, persiguiéndola. TOMAS (cont’d) (corriendo) ¿Papá? Ana corre con su linterna en la mano, persiguiendo a Tomás. ANA ¡Tomás! Ana pierde de vista a Tomás. Atravesamos las dunas con Ana, que sigue corriendo sin parar durante un buen trecho, más de lo que le da el aliento, hasta que se detiene. Tomás está parado en lo alto de una formación rocosa. Vemos su silueta contra la tenue claridad del cielo. Está amaneciendo. Ana se acerca a él despacio. Tomás la mira acercarse, determinado a ver su expresión cuando descubra lo que él ya ha visto… LOS RESTOS DE UNA CIUDAD INMENSA semienterrados en la nieve, abajo, a lo lejos. Ana y Tomás se miran. TOMAS Massachussets. EXT. DUNASDIA Meses después. Es verano, a juzgar por la ausencia de nieve y la ropa que Tomás y Ana, visiblemente recuperados, llevan puesta. No sabemos qué más ha cambiado, puesto que seguimos en el mismo lugar (e incluso, de ser posible, en el mismo encuadre) de la escena anterior. Observamos que la ciudad que se ve a lo lejos sigue enterrada en su mayor parte por gruesas capas de arena que había bajo la nieve. Nos acercamos despacio a Tomás y Ana, que están sentados en las rocas. Hablan. TOMAS Es bruto, no es malo. ANA ¿Qué importa? Importa lo que hacen. TOMAS ¡Ay, nena! El mío ni siquiera es una persona. ANA ¿Y qué es? TOMAS ¿No lo viste? No sé, un bicho… ANA Pero te salvó. TOMAS No sabemos. ANA ¿Qué no sabemos? TOMAS Si es él. ANA ¿A ver la nota? Tomás finge no entenderle. ANA (cont’d) La nota. La traducción. Tomás, concediendo que a Ana no se le escapa nada, saca de su bolsillo la hoja de papel que contiene la traducción de lo que su padre había dicho en la cinta. Leemos la nota con Ana: después de la última frase (“No hay cura”) hay en realidad dos más: Los quiero mucho. Perdón. Ana le devuelve la nota. ANA (cont’d) Gano yo. TOMAS Pero no le digas a nadie. ANA A tu mamá le digo… TOMAS ¡No! ISADORA (O.S.) ¿Qué discuten, chicos? Ambos se dan vuelta hacia la voz de Isadora, que se les acerca cargando unos bolsos. Vemos a Dupont más atrás, reorganizando cosas en la parte de atrás de la camioneta del canal, que se han apropiado. ANA (a Isadora) Qué papá es peor. DUPONT (desde atrás, señalando) “El de ella.” ANA (a Tomás) ¿Ves? ISADORA (a Dupont) ¡Nicolás! Isadora deja los bolsos en el piso y empieza a regañar a Dupont, pero terminan besándose, apoyados en la camioneta. El logo del canal ha sido reemplazado por la tapa de “Massachussets”, de los Bee Gees, pegada con cinta adhesiva. Los chicos miran a Dupont e Isadora besándose. Después se miran entre ellos, tal vez considerando imitarlos. Tomás, incómodo, hace ademán de levantarse. Ana le agarra la mano y le mantiene la mirada. TOMAS (después de una pausa) ¿Cómo no voy a ir? ANA Lo mismo digo. TOMAS Alguien se tiene que quedar, acá. ANA ¿Para qué? TOMAS (empieza convencido y termina dudando) ¡Para hablar! Para — Ahora que pueden hablar no tienen palabras… ¿Los chicos qué saben? ¿Cien? ¿Quinientas? Alguien les tiene que enseñar a — Ana, que ya había decidido, se levanta en medio de la frase. ANA Que aprendan solos. Ana se sube a la camioneta. ANA (cont’d) (a Dupont) Yo voy, también. Dupont interroga a Tomás con la mirada. Tomás se encoge de hombros. Isadora se acerca a Tomás blandiendo una cantimplora. Se miran durante un segundo. TOMAS Can-tim-plora ISADORA (escéptica) ¿De veras? Tomás asiente. ISADORA (cont’d) Gracias. Isadora sale de cuadro. Tomás, que sigue sentado en las rocas, vuelve a extraer la hoja de papel con la traducción. La mira un momento. Se levanta y sale de cuadro en la dirección en la cual salió Isadora. TOMAS (O.S.) ¿Mamá? Nos quedamos un momento ahí, escuchando el viento, viendo tenues ráfagas de arena oscurecer las ruinas de la ciudad abandonada a lo lejos. FADE OUT.



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