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Armageddon

1 11 2004 - 12:02

La belleza de la limpieza se acerca al fin

Ok. Las elecciones son acá, ya. Martes 2 de noviembre y no hay más nada que agregar. A quienes nos quedan desde dos neuronas para arriba, la opción es dramáticamente clara. Si gana Bush hay serias chances de que todo lo que nos gusta en nuestras vidas y todo aquello que creemos que vale la pena en este mundo empeore, se reduzca o desaparezca. Por favor, no bombardeen Barrio Norte. Si gana Kerry, puede que las cosas sean un tedio, lo que al final de cuentas no está tan mal.

Raffo escribió sobre los motivos para no dejar este mundo. “Todos se van antes o después de comprobar que no hay otra cosa que esto, y ninguno llega a entender que comprobar que no hay otra cosa que esto no es motivo ni excusa (al menos no una buena excusa) para dejar de querer aquella otra cosa que no es esto.” Sería el mejor argumento para retomar la vida pública si uno se sintiera tentado a renunciar a ella. Raffo precisa, por las dudas: “Psicoanálisis, se llama…”

Claro que nada de esto, una verdadera lucha entre dos mundos, puede saberse de leer los diarios y ver la televisión y vivir, como uno, con el corazón en la boca (o las bolas en la garganta) a la espera de lo que pase mañana.

Las encuestas le han dado al periodismo la herramienta que necesitaba para perfeccionar el espíritu conservador inherente a su formato, disfrazado todo de un falso positivismo: predecir las conductas futuras en base a lo obrado en el pasado. En una de sus infinitas notas, el Times sentencia: “Incumbent presidents with job approval ratings under 50 percent are almost invariably defeated.”

Casi invariablemente, los reyes terminan sus mandatos con la cabeza sobre los hombros. Casi invariablemente, un jugador de futbol no puede recorrer la mitad de la cancha, eludir a medio equipo contrario y convertir. Casi invariablemente, los tipos que secuestran aviones lo hacen para pedir algo a cambio y no para estamparse contra un edificio. Casi invariablemente, los diarios son incapaces de ver aquello no pasa casi invariablemente.

La zoncera del género obliga a algo tan obvio como aclarar que la gente obra “siempre” de una manera, hasta que obra de otra. Y que la gracia estaría no tanto en recordar como ha obrado, sino en especular más libremente sobre cómo obrará, basándose en lo que está pasando y no sólo en lo que siempre pasó.

Por otra parte, aprovechando que tanto el periodismo como las ciencias sociales –como discurso— han previsto poco y nada de lo ocurrido entre la caída de la Unión Soviética y la Revolución Francesa, periodistas y sociólogos podrían liberarse de esa responsabilidad aduciendo negligencia retirada y dedicarse a trabajar sobre sus propias ideas.

En cualquier caso, habrá que esperar a otra elección.

El Times tiene su respectiva página con encuestas, que muestran un empate casi empate aunque gana Bush en todas aunque su aprobación es más baja que la de Kerry pero eso no significa que vaya a ganar ninguno de los dos; una nota cuyos toques finales tendrían que haber salido del departamento de cuentas y no de la redacción, aunque probablemente sean prosa genuina de doña Marjorie Connelly.

Como para enfriar a los encuestadores, alguna gente se tomó el trabajo de recopilar las encuestas del 2000. Interesting: 13 de las 15 encuestas también le daban ganador a Bush (Contrariamente a lo que parece, Bush no ganó).

El feliz corolario de esta nota sería que yo dijera quién va a ganar. No lo sé, y dada la importancia de la información, si lo supiera estaría buscando la forma de llenarme de guita y no sólo de publicarlo acá.

Del diseño electoral de este país y otras coyunturas, surge la evidencia de que la suerte del mundo está en manos de personajes remotos e ignotos como alguna señora gorda de Columbus o una empleada pública de Tampa que ni siquiera saben que hay un mundo más allá de sus barrigas o escritorios, pero asi son las cosas. Asi se dan casos como éste:

“We have more power to decide this election than voters in any other state,” Maya Pinto, a 23-year-old volunteer with America Coming Together, told a woman at a Toledo housing project on Sunday. Rephrasing, “we have more power to decide the future of this world than any other human being on earth.”

Organizaciones como MoveOn, ACORN y American Coming Together están trabajando sobre la población que habitualmente no vota (pobres y negros sobre todo) en los estados más disputados, con la esperanza de que sea este sector el que vuelque todo a favor de Kerry. Sería una suerte de mundo ideal de las ONGs: la sociedad civil como actor principal de un gran cambio en el mundo.

La lección socialdemócrata que Clinton repitió hasta el hartazgo dice que las sociedades sólo toleran una pequeña dosis de cambios a la vez. El gran mérito de Bush ha sido producir todas esas transformaciones y dejar al mundo tan dado vuelta que cualquier intento inocente —en otras épocas hasta inocuo— por volver a poner cosas en su lugar, parece exceder con creces la dosis de cambio tolerable en la prescripción clintoniana. Que, esperamos todos, no tenga esta vez más valor que cualquier otra profecía periodística.


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