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1. Residuo Nocturno

28 06 2009 - 07:22


11:20 BUE – Schmidt, Danton y Robespierre

Dormí muy bien. Una sola levantada a piyar a las seis y algo, con nada de luz, tanteando paredes, cuadritos, muebles, la memoria de las distancias en las terminaciones nerviosas de mis pies y codos y la aplicación eficiente de mi modo de embocar el hilo de agua y sales donde está culturalmente pautado flexionando las rodillas hasta acomodarlas sobre los bordes fríos del aro. Así, así. Luego una presión suave sobre el botón, un touch, para licuar con agua buena, con el agua de todos, la tibia síntesis de lo que ya fui, sin provocar demasiado murmullo de paredes y no excitar a mi niño dormido. Que soy yo mismo, myself, porque no le he dado hijos al país, aún. Escribí un libro pero se me secaron veinte cañas de la india. Creo que son pobres guarismos, Nelson, para una gestión bastante larga. Buen, pero estaba embalado con un sueño, se ve, porque volví a dormirme en el acto, sin perderme, como tantas madrugadas, en la tablas de faltantes. Cuando duermo solo, duermo en diagonal, como La Plata.

Sí. Yo soy de los que duermen en diagonal. Somos una secta los que dormimos de acá para allá. Creo que nos tenemos que reunir, compañeros, para pedir que nos dejen adoptar. ¡Ah, pero quiero contarrrr que estoy de nooovio con mi edredón! A todos los que preguntan les digo: Soy puto de edredones. Salimos del armario juntos, este invierno. Y duermo con un pijama que en su elástico dice sleeping wear. Estamos en el 2009, queridos compañeros, todos, sin distinción de cómo duerman. Estoy muy afectado por el paso del tiempo. Muy preocupado. Soy Robespierre en la película de Danton. Estoy afiebrado de miedo por todo lo que puede pasar y por todo lo que no puede pasar. Entra Saint Just al cuarto a ver cómo estoy pero resulta que Saint Just también soy yo. Soy el que escribe que hay que encender el fósforo, soy el que lo prende con fanatismo militante y soy el que se asusta por el fuego. Soy la santísima trinidad del revolucionario.

Entonces, me llevo el edredón con las dos manos hasta la altura de la nariz, uhm, gordo, amor, justo para poder respirar en modo abierto, no en modo barbijo, y así me quedo esas madrugadas en que los sueños no me llevan rápido al más allá de la verdad. Pero me duermo, Uruguay que no ni no, el piloto automático de la máquina trabajadora puede demorarse pero llega para compensar el día con la noche. El autor y el narrador se separan llegado determinado momento. Sino hay que operar, hay que decir vos y vos no son la misma persona. Vos hacés lo que podés mientras que vos ni eso. Duerma, loser. Y eso se llama salud. Mi agradecimiento a Ignacio, el terapeuta que me ayudó tanto con el drama existencial. Y ojalá nos acompañemos toda la vida. Ojalá que todos los compañeros nos acompañemos toda la vida, todos los que nos queremos y bailamos en círculo y a los saltos cuando nos pensamos todos juntos. Ojalá podamos estar en medias siempre delante unos de otros y que nos contemplemos las mediocridades y las vacilaciones con alegría y respeto y nos exigamos, sin locura, ser más honestos, porque es más lindo, es más lindo que los amigos digan la verdad de lo que piensan, de los que les pasa en la casa, de lo que quieren y pueden, y de lo que no pueden. Que descorchemos para siempre. Y no tengamos miedo a los ruidos y durmamos siempre sin llave. Y yo nunca puse llave, lo digo ahora que parto a votar, y la casa queda sola. Que me aten, que me intervengan, que yo los voy a volver locos, les voy a operar la mente chorra con mis palabras, a los que me vengan a tapar el sol.




11:15 BUE – Brener vs. Freddie Krueger, puntero de Glew

Las elecciones se definen en Glew.

No sé de dónde venía caminando en el sueño cuando aparecí en medio de la noche en Glew. Del lado de la estación donde nace la avenida Almafuerte (porque el otro lado, el de la capilla de Soldi es desconocido para mí, inexplorado, como si fuera otra ciudad), volvía para la quinta y no sabía cuánto iba a demorar. Además la quinta ya no es mía desde que era chiquito, pensaba, pero estaba volviendo igual ahí. Se me ocurrió entonces entrar en una agencia de quiniela al lado de la estación para preguntarle al señor que atiende si no tenía el dato de alguna quinta en venta, y empecé a temer que me recomendase ir a la inmobiliaria de la otra cuadra. Donde no tendrían la posta, sino que me ofrecerían quintas a precios de mercado, astronómicos. Y el quinielero me estaba recomendando algunas cosas, pero yo no podía unir las palabras sueltas que él me decía: “a la vuelta” “por los rosales” “la entrada”. No sabía si me estaba hablando muy bajo, muy cerrado o en otra frecuencia, con interferencia en las ondas de radio. Me preocupaba mucho determinar cuál de estos problemas era el que correspondía a la situación.

En ese momento se empezó a amontonar la gente en la agencia de quiniela, y el quinielero les empezó a decir a los muchachos que retrocedieran y no empujaran ni se amontonasen, y yo interpretaba la manera en que me miraba como que tenía que cuidar mis pertenencias en esa aglomeración. Con disimulo entonces me tocaba el bolsillo para cerciorarme con alivio de que la billetera estaba todavía ahí.

Me desperté inquieto pensando en el comicio y ya revolví todos los rincones de la casa, empezando por la billetera que estaba en el mismo bolsillo del mismo saco que revisé en el sueño, pero no hay caso: mi documento nacional de identidad no aparece por ningún lado.


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