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3. Almuerzo

28 06 2009 - 09:50


Santiago Llach,
con gas, votó a Prieto

Bueno, bienvenidos a la catorceava edición de la Farsa Democrática, un momento bianual que pese a todas las desilusiones que nos cagan los años sigue embargando de emoción a nuestras almas.

Ante todo déjenme anunciar que en el día de ayer, sábado 27 de junio, la futura empresa soviética Metrogas se hizo a bien presentarse en el edificio de Talcahuano 342, en la persona de uno de sus cuadros técnicos, que tuvo a bien hablitar el paso de gas hacia el mencionado edificio. Después de ocho meses, tengo gas, la puta que lo parió: esfuerzos denodados del consorcio gerontológico que integro como miembro del ala juvenil lograron que no me cayera del mapa de la clase media.

Segundo anuncio: el día anterior, viernes a la noche, por una de esas casualidades la unidad 22 de dicho edificio, mi casa, se llenó de escritores cordobeses. A uno de ellos, muy lindo y que al parecer tiene una esposa infartante, le pregunté qué clase de cosas escribía. “Bueno, escribo narrativa. Soy un escritor comprometido, sartreano”, me dijo. Ah, la concha de su madre, pensé. No sé si esto es por el kirchnerismo, por internet o por la derecha gorila, pero si lo que se viene son los escritores comprometidos, estamos mal, y vamos peor.

En fin. La mañana democrática amaneció nublada en Vicente López, mi mamá fue a votar a Margarita y lo vio a Néstor, que votaba en la misma mesa que mi viejo, en la Escuela Pedro Poveda. Mi viejo estaba en la duda con Colores pero creo que también votó a Marga. Yo ayudé a mi hijo León a hacer su tarea sobre los aztecas y a Benita a recortar unos cartones de lotería con los que aprenden matemática en la escuela progresista privada a la que ambos concurren. Cuando volvieron mis padres, me dirigí a la circunscripción recoleta a completar mi obligación cívica. Reconozco, en primer lugar, que manejé por la Lugones como un fascista. Estacioné en Agüero, junto a la biblioteca cuyos destinos rige el prosista aéreo del Fantoche Abierto, y fui al colegio San Agustín. Muy poca gente a las once de la mañana, unos cuantos boludos con barbijo, y muchos apellidos hebreos e ilustres en las listas del viejo barrio de la gente bien.

Liquidé el trámite en tres minutos. Aunque me gusta votar por opciones de poder real, opté por el esteta frepasista Fernando Solanas. Ante todo porque el lugar número 30 lo ocupa María Sol Prieto, una de las personas que escriben ficción en la Argentina que más felicidad lectora me dio últimamente. Creemos que Sol no debió aceptar ese puesto, pero es joven, es la hora de los sueños, ya aprenderá a negociar. Pero lo importante es que Sol es una escritora comprometida de verdad, una escritora balzaciana.

En fin, no votamos a Pino, votamos por sus cuadros técnicos y porque nos reconocemos parte del colectivo social que nos agrupa, el Partido de los Artistas, el Frente de los Chicos Sensibles de las Industrias Culturales.

En la escena del voto, tengo que reconocer que lo que más me impactó fue el orto impresionante de una chica, ya en sus treinta y pico. Impactante.

Nada más que informar por ahora. A las cuatro y media, un viejo vizcacha nos tiene prometida la boca de urna desde el bunker del PRO.




Cynthia Sábat
con barbijo

Domingo a la mañana, de votación. En la Provincia: cinco grados de sensación térmica. La fe vacila. La cama tira. Anoche me costó dormirme, porque se me mezclaba la duda entre dos candidatos, con las dudas acerca de la pandemia de Gripe A que, a diferencia de muchos lugares, aquí tiene una presencia concreta y dramática. Ir a votar a una escuela de la provincia es desayunarse de la realidad con una cachetada. Que la educación no es prioridad, ni la salud es prioridad, y ni siquiera está en la agenda (al menos que estalle un escándalo y la “Política” esté obligada a pronunciarse).

Mientras me abrigo para salir a la calle, pienso “espero que esta vez mi voto no se pierda en un agujero negro, como pasó con Pino Solanas para Presidente”. Tuve que elegir un candidato afín a mis ideas fuera de Proyecto Sur, porque ese partido no pudo presentarse. En su página el partido detalla y denuncia el fraude. Y bueno. Yo voy a votar con un barbijo, un alcohol en gel y una plasticola. Anoche, por primera vez en 60 días, el Ministerio de Salud no emitió un comunicado con la actualización de datos sobre la Gripe A. ¿Raro, no? ¿Pertinente? Trato de no preocuparme, y de confiar en que las medidas sanitarias que voy a tomar son suficientes.

Para votar, tengo que tomarme un remis. La escuela Vicente Chas, de barrio El Faro, en el San Miguel profundo, queda lejos. Cuando llego me encuentro con una escuela al fondo de un gran terreno que parece ser una cancha de fútbol. Para llegar hay que caminar bastante. La escuela es un edificio en L , rodeada por una galería en la que están ubicadas las mesas. La mía es la 5196, la encuentro rápido, tengo seis personas delante nada más. Hace frío. Casi toda la mesa lleva barbijo, y noto que hay una botellita de alcohol en gel a disposición de los votantes. Bien, me digo. No me importa que Macri diga que esta nueva gripe es como la gripe común, y que “no hay que asustar a la gente”. Pienso “Macri morite”. Me toca, voto, todo es normal. Como llevo mi boleta en el bolsillo, sólo pego una mirada rápida al aula que me tocó en suerte como cuarto oscuro. Los niños han hecho, a pedido de la docente, un trabajo de investigación sobre el Dengue, que decora las paredes descascaradas. La visión de una boleta me asusta: hay una que dice grande, en letras catástrofe, ALDO RICO.

Pongo la boleta de Sabbatella en el sobre, y la cierro con Plasticola. Fuimos advertidos de que pasar la lengua por el sobre puede favorecer el contagio de enfermedades estacionales…

Esto es todo, pienso. O nada.




Natalia Zuazo:
Jijena, uno más,
desde Villa Crespo de la Z

A mí me gustaba votar en la escuela de Zamora, el Colegio Buenos Aires, en Gurruchaga, acá en el Villa Crespo de la Z. Y lo que más me gustaba es que no sé por qué siempre que yo iba a votar él estaba ahí. Se ve que después de votar se quedaba a “hacer vereda”, como decían en Tolosa. Era lindo cuando votaba con Zamora, sí. Pero este año, ascenso social de por medio, ya voto en una escuela con blog, la Delfín Jijena de la calle Olaya (que además de blog parece que tuvo un director con problemitas.

Delfín es un nombre muy lindo. De hecho yo siempre pienso que los nombres de animales quedan lindos en los niños, pero es un poco cruel llamarlos así para el resto de sus vidas. Y Jijena, me enteré ayer, fue el primer maestro normal del país. Eh, eso es un prócer. Después, la hizo igual que todos, y creo que fue más bien un funcionario todo terreno, que si reviviera podría perfectamente competir hoy por una banca. “Fue diputado y senador, Intendente General de Policía, también ocupó la cartera de Hacienda, presidente del Centro Azucarero Argentino, propietario del Ingenio Amalia durante varios años. Más tarde se radicó en Buenos Aires donde murió el 17 de diciembre de 1918”. Nos gusta más Zamora, aunque esta vez lo votamos a Pino.

Nos acordamos también de Pino cuando vimos en las paredes de la escuela Jijena, algo raro: carteles de la clase de inglés, en papel color marroncito, con unas fotos de un tractor y las cataratas del Iguazú, y el texto: “we produce natural water”, “the tractors help to produce resources”. Raro, ¿como un póster de agencia de viajes para inspectores del exterior o gobernadores que se van de arrepentimiento a los Apalaches pero caen acá? Salí dudando, tomé un taxi y volví rápido a mi tarea del resto del día: recibir los comentarios de los lectores de TP, responderles, ponerlos ahí para que se vean. Sigo con eso entonces. Manden, que allí estaré.




Damián Tullio,
con Buckley, desde Ituzaingó, primera sección electoral.

Es la segunda vez que voy a votar sin mi viejo y es la segunda vez que voy con mi hermano. Siempre fui con alguien a votar, a hacer la cola, buscarme y buscar a alguien en el padrón de la escuela y esas cosas. O mi viejo o mi hermano: compartimos el apellido después de todo y tampoco es uno tan común. También lo compartimos con el Director Nacional Electoral, pero él no es de por acá y tampoco es familiar nuestro. La primera vez que vote fue en la elección del 2003, fue raro esa vez. Casi lo voto a Kirchner, pero Menem se bajó antes. La elección anterior, la de Cristina, votamos en una escuela lejísimos, muy grande, donde había mucha gente y nunca nos habían mandado.

Votamos siete menos cuarto. No sé qué pasó. Trate de indagar, pero estaban tan contaminadas las informaciones (A pantalla dividida, Carrió gritaba “fraude!” y Cristina gritaba otra cosa, cuando volvimos) que no supe con qué opinión quedarme. Hoy todavía no fui a votar, pero nos tocó un colegio más cerca. En general la tradición familiar es ir bien tarde, nunca antes de las 4. Mucha gente acá, dicen las encuestas, va a votar una de dos cosas
(tres, inclusive, si querés) que a mí me dan un toque de pavor. Y ver el resultado por la tele tampoco va a estar muy bueno. Para sentirnos un poquito mejor con nosotros mismos, vamos a ir con Grace de Jeff Buckley al palo a la ida y a la vuelta en el auto.


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Del mismo autor:
7. Dénouement
6. Noche
5. Tardecita
4. Siesta
2. Matutinas
1. Residuo Nocturno
Al-Fon-Sín
Encuesta 2008: Resultados
Encuesta TP 2008
4. Tardecita