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4. Siesta

28 06 2009 - 12:27


Pasternak:
paz, jubilación y rocanrol

El alma de la elección en María Grande son los viejos. A las 8.10 de la mañana, en la puerta de la escuela Mendoza, donde vota la mayoría de los 6.000 electores del pueblo, hay unas 100 personas. La mitad son viejos, y una cuarta parte supera la edad obligatoria para votar. Sí, tienen más de 70 años, pero son el rock and roll electoral del monte profundo: asisten a votar por tradición (por el pasado) o por indignación (por el futuro), no los mueve otra cosa. Cuando se les pregunta, ellos enuncian sus expectativas en primera persona del plural.

María Grande es un municipio de la provincia de Entre Ríos ubicado a 80 kilómetros de Paraná. Es la ciudad de la familia De Ángeli, cuna de los mellizos Alfredo y Atilio: un pequeño escenario de 10.000 habitantes, donde se condensa la batalla simbólica que se juega este domingo. Este pueblo se ha hecho carne del conflicto con “el campo”, y los alrededores de la escuela vibran desde temprano. Se prevé la mayor participación del padrón en muchos años. “Yo vengo a votar porque me tocaron las fibras, por mi familia, porque hay que cambiar”, dice doña Leonilda, de 70 años, acompañada por su nieta. “Soy peronista desde que mi marido fundó la primera unidad básica. Vengo para que siga esta gestión, porque hay que seguir”, dice doña Primitiva, de 77 años. Después nos invita a tomar una grapa, un vinito, lo que gustemos.




Schmidt
odia a Pino, pero espera un día bárbaro

Ya voté. Un frío importante, el frío que congela las manitos. Me tocó en el Instituto San Ambrosio, un experimento escolar confesional ubicado en Darragueyra y Santa Fe. Cientos de retratos del salvador, siempre sufriente el mostro, siempre coronado de espinas, nunca coronado de gloria, en fin, y vírgenes de yeso, blancas, castas, hasta donde Mitre Informa Primero pudo saber, en repisas para ella. ELLA. Los curas cuando hablan con los chicos se ponen simpáticos y hablan de dios y cristo y la virgen como si fueran amigos. Eh, si cristo viniera qué te diría, eh. Que te dejes de embromar, loco. Y le dicen ella. La presentan como una madre piola que arma sanguches en el auto. Ella qué te diría. Buen. El instituto estaba además empapelado de trabajos prácticos de los chicos sobre todas las enfermedades que están aniquilando, sin atenuantes, al pueblo argentino. El dengue pero especialmente la gripe porcina. Cientos de papeles afiches y cartulinas con preguntas. ¿Cómo se contrae? ¿Cómo se previene? ¿Cómo como? Y un solo grito hecho con los fibrones. ¡Que la gente no esté pegoteada! No estar en lugares aglomerados de compañeros. Todo lo contrario de lo que estaba pasando en mi mesa 4780.

Buen, yo voté Pino full full. Lo odio a Pino, ojo. Pero lo hago por dos cosas. La segunda es porque dos de las personas que yo más quiero en este mundo van en esas listas, los testimoniales Gabriel Puricelli y Sol Prieto; y primero porque es el voto útil mediante el cual los compañeros de centroizquierda de la ciudad nos estaríamos capitalizando, llenándonos de energía política transformadora como para que en la próxima instancia de elección para posiciones en el ejecutivo municipal estemos más cerca de gobernar reparando el daño al pueblo, mejorando la distribución del ingreso, todo lo que ya que sabemos que esperamos. Y una cosa más. Para que mientras esperamos que eso pase, le damos al gobierno un respaldo por izquierda, sin tener que votar al gobierno necesariamente porque somos de marcar límites al cachivacherío extremo. Algo así. Está claro que si se voto útil era Polino, lo votábamos a Héctor, que incluso es más gente que Pino, que es un piantado, autoritario y sin gracia. Lo dije. A esta hora, Pino está tres puntos debajo de Guitarrita Michetti. Mirá, si la pasamos. Puede ser un día bárbaro. Pensemos que hoy nos cargamos a Ibarra, a Carrió (en el boca de urna de las 13 horas está cuarta la colisión), esos seguro, y quién te dice a Lole. El buenazo de Pierre gana, un poco ajustado pero gana. Y Scioli queda como el gran presidenciable siempre que el buenazo no lo enferme. Esto último hace bárbaro al día también pero en el otro sentido.




Patricio Erb
twittea desde el búnker
del Pro en Costa Salguero

14.30. TP llegó a Costa Salguero. Como Twitter parece ser la consigna PRO, la primera entrega será en no más de 140 caracteres.

14.46. El cátering (esencial para que los periodistas se sientan queridos): correcto. Lo justo: café caliente con medialunas.

14.48. Clima: tranquilo. Sólo unos pocos cronistas. Aseguran que el movimiento se va a empezar a sentir en “dos horas”. Muchas cámaras preparándose.

14.50. El sector prensa: muy PRO; mucho ruido y pocas nueces. Diez monitores con la cara de Francisco De Narváez. Ningún enchufe para notebooks.

14.56. “Minuto a minuto” digital: “10.58 Francisco hace la cola para votar en la mesa número 20”; “11.17 Francisco está en el cuarto oscuro”.

14.57. No es una porno, son las elecciones.

15.01. “Francisco arrancó el almuerzo en familia. Como todos los domingos, pastas: ravioles”. Faltó citar a la vieja. El PRO no lee a Soriano.




Amigo anónimo
tira data

Primeros dos partes de las boca de urna de una encuestadora que normalmente trabaja para candidatos oficialistas.

Kirchner: 35
De Narváez: 32
Stolbizer: 20

En Capital no hicieron Boca de Urna ya que el candidato/cliente no pago las mismas.




Natalia Laube
todavía se emociona

Voté por primera vez en la mesa 489 de la Escuela número 23 Tomás Manuel de Anchorena. Estoy contenta, me gusta más que el colegio anterior. Me queda a la vuelta y para no perder la costumbre, comparto mesa con un par de decenas de Myriams y Rebeccas Levin, Levi y Levy (vivo a pocas cuadras de Once, por si hace falta aclararlo).

Mientras caminaba a la escuela recibí un mensaje. Era mi hermano, que me compartía detalles y valoración de la primera votación de nuestra vecinita, que el año pasado cumplió 18: “A Pino y a los verdes votó Nicoletta. Cortó boleta. Muy bien” (cuando finalmente entré al cuarto oscuro entendí que se refería a la Lista 298, Partido Iniciativa Verde. No estoy segura de conocer a otra persona que los haya votado alguna vez).

Por suerte casi no tuve que esperar. Había sólo dos personas adelante mío. Una de ellas era una chica ni muy paqueta ni tan de barrio —que votaba, calculo por su edad, por tercera o cuarta vez, más o menos como yo— que esperaba que no sé qué presidente de los presidentes de mesa, algún fiscal o alguien evaluara si podía votar o tenía que volverse a su casa sin ejercer su derecho bianual. A alguien tiene que pasarle: su número de documento no coincidía con el del registro y eso, en días de sufragio, significa un problema grave. “Yo no te puedo dejar votar, espero que me entiendas. ¿Por qué no te sentás un ratito mientras resolvemos tu tema?”, invitó la encargada de la 489. Lejos de irritarse, la chica sonrió y le tiró un “no se preocupe señora, yo entiendo que no es su culpa, si esto no se resuelve en un rato me voy a mi casa, por lo que a mí me importa votar”.

Ni izquierdas ni derechas: me parece los dos grandes bandos de las elecciones, cada vez más, están compuestos por los que se siguen emocionando cada vez que hay que votar y los que sienten que elegir a sus representantes les chupa un huevo (me da un poco de miedo lo que vaya a pasar cuando yo tenga ochenta y con mi bastón me encamine, lenta pero ilusionadamente, hacia la Tomás Manuel de Anchorena). Y aunque suene un tanto pueril, quiero confesar que yo volví a mi casa con las manos en los bolsillos para no morirme de frío y jurándome a mí misma que voy a pertenecer para siempre al primer grupo.




Martín Furlong,
patriota, vota en Belgrano y llama al médico

Bueno. Ya está. Visita de medico. Se quedó como media hora. Un plato el hombre, pero tenía cara de saber. Muy bien vestido, el hombre. Entró a mi departamento con barbijo (lo tomó de su valija mientras subíamos en el ascensor). Sin embargo, a los cinco minutos se lo sacó para beber el vaso de jugo que me pidió (me pidió agua, pero por alguna razón pensé que se sentiría más higienizado si tomaba otra cosa). Llevó el vaso a la cocina (como en su casa) y sobre la mesada estaba olvidada la boleta de Pino Solanas que conservo como souvenir. Regresó a pasar veredicto sin decir nada de mi voto. ¿Me hubiese recetado lo mismo de no haber visto la Lista 505 en mi cocina?




Emilio Sadier,
corte de boletas y zapallo para el niño

Una mañana tranquila, finalmente. 10:30 hs. y ya listo el pollo, cumplida la cívica tarea acá a unas cuadras, en la Técnica Nº10 de Vieytes. Ni veinte minutos entre salir y volver a casa: pocas personas alrededor de la escuela, las autoridades de mesa aun con la amabilidad fresca en el semblante, casi como cumpleañeros a la espera del comienzo del festejo. Treinta segundos en el cuarto oscuro: todo ordenadito, sin faltantes de boletas ni amontonamientos. Un único detalle: sobre la pila del Frente para la Victoria, la presencia de un segmento correspondiente al nennismo destacaba una decisión partida a favor del hellerismo. No atiné a ver si se encontraba el espejo de dicha situación en alguna de las otras pilas más allá de las que quedaban en mi campo visual, tomé casi presuroso la boleta correspondiente a mi voto de su pila, la doble en cuatro y un par de segundos más tarde ya estaba el sobre en la urna, los buenos días dados y este ciudadano de vuelta a casa.

De ahí en más, un multitasking más doméstico que el de los hacedores de RadioTP: preparar la carne y el zapallo del niño al tiempo de ayudarlo con sus enseres (un flamante puzzle, una caja de autos), darle de comer, preparar mi almuerzo, sintonizar TP. La ecuación correspondiente a niño algo engripado + compañera sin cambio de domicilio, en otras palabras. Ya habrá tiempo para volver a ser fiscal la próxima, calculo.




Carolina Ortega,
desde un nuevo barrio Nac&Pop

Belgrano R, C.A.B.A. (que suena más nac&pop que Ciudad Autónoma de Buenos Aires). Hasta la última elección votaba en el CBC de Drago, todavía blancos y republicanos. Hoy voto en en el Palloti, Echeverría al 3900. En la puerta tres muñecos de la Marina custodian los comicios. Las gorras blancas con los distintivos en hilo dorado justo ahí, cinismo en estado puro.

Al entrar, un mural con cinco margaritas hechas en técnica decoupage (no soy especialista, me desasnó mi madre que encontró su remanso en las revistas de Utilísima, haberlo sabido a los 10, la de terapia que me ahorraba) Cinco margaritas palotinas primavera de la iglesia. Si la primavera es cinco de los tuyos quemados a bala, no quiero saber cómo pasan el invierno. Después recuerdo la procesión de semana santa en Glew. Los pibes chapoteando en el barro y las viejas armando candelabros con picos de botellas de Carioca (la coca se ve sólo en las pelis) cantando Vienen con alegría Señor detrás de un tipo estaqueado con clavos y sangrando. Si sé de inviernos católicos.

En la mesa, la presidenta es fana de Guns’n‘Roses, suena Don’t cry en loop desde un mp3 acomodado entre los termos. Viaje a los 90.

Las fiscales se hartaron del barbijo y lo usan de tapa garganta. El alcohol en gel tiene olor a coco, una delicatessen.

En el cuarto oscuro, la primer boleta que veo es la de Biondini. Esto es la democracia, mai frens.

Vienen con alegría, Señor


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Del mismo autor:
7. Dénouement
6. Noche
5. Tardecita
3. Almuerzo
2. Matutinas
1. Residuo Nocturno
Al-Fon-Sín
Encuesta 2008: Resultados
Encuesta TP 2008
4. Tardecita