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Diario de la Semana de la Peste

6 07 2009 - 09:50

Podían terminar mal, pero no había posibilidad que estas elecciones terminaran bien. No había nadie interesante a quien votar; el adjetivo revela una desazón profunda y sugiere también que las palabras pueden hacer algo más que denominar lo existente. Podrían ser realmente significativas y polisémicas. ¿Alguien escuchó algo aunque sea mínimamente relevante en la boca de estos políticos? Ni los vencedores ni los vencidos. Y otra vez sopa con esta taxonomía chota. Los medios mostrando los resultados de las elecciones en términos tan simplistas y manipuladores que yo pienso que a esta altura lo peor que uno puede hacer para informarse es prender la tele o comprar el diario.

Es horrendo ver la orfandad representativa de este momento particular de la historia. Yo tengo treinta años recién estrenados y mi lucha es contra el cinismo. No quiero pensarme como un piola que está de vuelta de todo. Esa actitud de notero banana no ayuda a pensar en las cosas que me preocupan. Por qué crece esa no propuesta llamada PRO me pregunto, con cierta desesperación, sin encontrar a nadie que arriesgue una hipótesis certera. La sociedad parece embelesada por una imagen reconocible del triunfador dandy que hereda el filo y se manda a conquistar otros terrenos. No hay esfuerzo, sino distensión aristócrata. No hay educación sino títulos certificados con sellos sin tinta. ¿Será que la pobreza es tan extrema en este país que se vota a aquellos que detentan el poder económico como quién sublima frustraciones? El lujo es una vulgaridad decía el ermitaño Solari y uno se pregunta si esta constante declamación de la cuenta bancaria por parte de esta gente no opera como un afán explícito de perpetuación del poder por otros mecanismos. Son malos en serio, loco.

En cualquier caso, parece haber un cambio de paradigma popular. O tal vez una profundización de el desabastecimiento ideológico kirchnerista. Porque si algo faltó el domingo pasado fueron los candidatos de la izquierda.

Y al día siguiente empezó el verdadero problema.

Antes de las elecciones, la gripe A N1H1 estaba supuestamente controlada. La sensación era de cierto respaldo oficial. La paranoia no se instalaba porque la comunicación sobre el virus no era masiva, ni consistente. Había muchos casos pero nada más. De todas formas nadie sabía con claridad qué era este nuevo virus gripal que primero se llamó gripe porcina y como los chancheros se calentaron después cambió de nombre. Por supuesto, los noticieros se daban un banquete con los nuevos infectados que iban apareciendo y con los muertos, los ponían con letras grandes y amenazantes. Lo disfrutaban. Unos meses antes uno miraba lo que ocurría en México y parecía una película de George Romero. Ustedes recuerdan, se suspendieron viajes para allá, por prevención. Pero al final la gripe llegó acá para cagarle la vida a la presidenta, parece. Pobre mujer, che. Primero su marido pierde por unos puntitos, se enoja y surte una puerta porque tiene carácter, el chabón, y ahora esto.

El lunes fui a dar clases como todos los días, nadie estaba asustado y el tema era que loco lo de Pino, ¿no? Para el martes ya empezó a faltar una parte de los chicos. Ese día, en el gobierno se dieron cuenta de que la situación era preocupante y empezaron los comunicados oficiales, que algunos medios desmintieron diciendo que las cifras dadas no eran reales, y en realidad los casos eran muchísimos más. Macri, por su parte, decide alargar las vacaciones. Un mes libres para los pibes. Con un sistema sanitario colapsado desde hace meses (para las operaciones, por ejemplo, dan turnos con un año de antelación) era lo mejor que podía hacer. Después empezaron a correr los trascendidos y los mails. Que era un invento de los fabricantes de medicamentos, que es más grave de lo que nos imaginamos. Y así. Si no te llamaba alguien que te decía que los muertos eran cientos y que no se estaba dando a conocer.

El miércoles en cada curso tuve dos o tres alumnos. La gente estaba cuidando a su familia. Algo básico y primal, forma parte de la naturaleza de la especie. Sin embargo uno ve que desde el gobierno siempre se manejan con otros instintos. La especulación priva en detrimento de cualquier acción preventiva o solidaria. Recién entonces, con la soga al cuello, decretan lo mismo que Macri.

El jueves los profesores ya no te saludaban con un beso como hacían el día anterior. Ya no se tomaba mate y nos empezamos a sentar un poco lejos unos de otros. En esta nueva y repentina coyuntura, renuncia la ministra de salud. La mina, como sucede siempre en estos casos, no es clara acerca de por qué se va. La sensación que le queda a uno es que Ocaña quería suspender las elecciones por prevención. El mensaje implícito que te mandan es que hacer bien las cosas trae pésimas consecuencias.

Ya para el viernes los docentes tenían que ir a cumplir horario y llevar tarea para que los pibes hagan en los días libres que iban a tener. Fue todo tan repentino que muchos sacaron de la galera actividades que no tenían mucho rigor. Algunos sacaron fotocopias de los manuales y mandaron eso. Yo, por ejemplo.

Muchos partidos, como Quilmes, mediante un decreto, suspendieron todo movimiento nocturno y el cierre de lugares donde se junten muchas personas. Recién ahora. Hoy, sábado, se suspendió la feria, pero como está al límite con el partido de Almirante Brown, que no llevó adelante ninguna medida preventiva, la gente se pasó de vereda y armó sus puestos enfrente, como si nada. Los municipales que llegaron para controlar que se cumpliera la medida los miraban sin poder hacer nada y los puesteros se cagaban de risa.

El viernes, la presidenta visitó el hospital de Malvinas Argentinas, el que está especialmente diseñado para tratar a los infectados y contestó preguntas de mala gana y se calentó con todos. El tono de su voz me hacía pensar en lo frágil que es nuestra situación si ellos son los que están a cargo de mantener cierta seguridad social (para eso están ahí). Los cuestionamientos a los que fue sometida nacían de la maldad, sí, y de la desinformación irresponsable a la que nos vimos expuestos, más allá de que a ellos los agarró desprevenidos también. Pero el tema es que no tienen excusas. Y lo único que queda ahora es miedo. Faltan barbijos (que se venden truchos, hechos de una tela cualquiera, en la calles de Solano) y alcohol en gel de las farmacias. Que, por supuesto, en este momento vale más que un cero kilómetro. Lógica capitalista argentina. Lo esencial, aquello que dijeron es lo único que tenemos a mano para evitar el contagio, escasea. Encima, el medicamento que cura la gripe vale ciento cincuenta mangos y no creo que mucha gente lo pueda pagar.

Lo de siempre.

Hay mucha propaganda oficial, eso sí, con la voz tranquilizadora de Gastón Pauls. Y la incertidumbre de qué hacer con los pibes un mes entero en la casa. El panorama no es alentador para nada. Y, para colmo, no hay certezas sobre los grupos que están más expuestos a contraer el virus. Por eso, teniendo en cuenta la cantidad de muertos que aumenta, muchos de mis conocidos empiezan a ver la muerte como algo cercano. Se suspenden asados y levantes. Nadie quiere encontrarse con nadie por miedo a ser el próximo. Desinformación, incertidumbre y caos.

Será que hay que atrincherarse y esperar. Yo no quiero que me gane el pánico pero tampoco lo puedo evitar. Hace un rato vinieron a arreglarme un problema con el teléfono y cuando se fueron pasé alcohol por todos los lugares que habían tocado. Me zarpé. Después me puse a pensar en que tal vez sería bueno contraer esta gripe de una vez por todas para terminar con esta psicosis colectiva que me está ganando la cabeza y me nubla el sentido común. Vamos a ver. Espero sobrevivir. Si no, estuvo bueno hasta acá.


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