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Pedalear

6 08 2009 - 16:18

A quién le estaría escribiendo este poema yo entonces. Por qué lo excluí del armado de Repertorio, libro de poesía publicado en 1998 por el querido Kauli, como le decía Casas a Mangieri, por el parecido con el jefe de la serie televisiva los aventureros. Quizá la respuesta a esas preguntas sólo tenga importancia personal, puede ser, pero igual es interesante contar que di con un poema desechado y ahora ese poema me gusta. A Pedalear lo encontré el otro día en una hoja de cuaderno Gloria en el interior de un libro de Carver, La vida de mi padre, publicado por Norma en 1995, así que “el año electoral” al que se refiere un verso debe aludir al año de la reele del turco. Creo que en ese año mis negocios comenzaron a palidecer, la venta de ropa artesanal que producía mi mujer y la venta de joyas que confeccionaba un orfebre del barrio, el viejo Tito, había dejado de dar lo que daba. Puede ser también que ya estuviera cansado de patear la calle en busca de clientes y que quisiera convertirme definitivamente en alguien interesante: un escritor a tiempo completo, lo cierto es que fue un año donde me hundí en el hogar y me fui consumiendo los ahorros. En verdad esta determinación que parece extraordinaria no duró un año, simplemente duró unos meses, cualquiera sabe que la realidad te pone en caja rápido. No hay más plata, hay que seguir, así es. Es posible que la influencia de este poema esté en las mismas páginas del gran Raymond donde lo hallé. El último párrafo de la página 27 dice así: En esos años yo estaba tratando de levantar mi propia familia y de ganarme la vida. Pero por una cosa o por otra, siempre nos estábamos trasteando. No podía seguirle la pista a la vida de mi papá. Sin embargo, en una Nochebuena tuve la oportunidad de contarle que quería ser escritor. Lo mismo hubiera podido decirle que quería ser cirujano plástico ¿De qué vas a escribir? Quería saber. Después para ayudarme dijo “Escribe sobre cosas que sepas. Escribe sobre esas excursiones a pescar que hacíamos”.

De todas maneras no podría afirmar una inspiración directa, ni que la voz del poema está dirigida a mi padre. Por qué lo deseché sigue siendo un enigma dado de que no es mucho peor que otros poemas de Repertorio. Se nota cierta falta de seriedad para con la situación por la que pasaba, alguien que deja la ocupación que le venía dando de comer, alguien que comienza a hacer agua, el cuarto y el quinto verso parecen darle la espalda a la política y a la vez señalar que determinadas políticas te pueden dejar pedaleando en el vacío. En fin, este poema excluido quizá quedo ahí para que trece años después lo encuentre y me guste y me haga reír y escribir sobre él, y me haga retomar esa fuerza que sostiene la vocación de escribir, más allá de los aciertos, más allá de los fracasos. Los astronautas que en 1969 llegaron a la luna deben haber constatado que el silencio de las voces era absoluto. El radio telescopio que hace años da cuenta de nuestra civilización tecnológica buscando comunicarse con alguien en ese océano cósmico todavía no lo hizo. Muchas cosas se pueden reprochar a la megalomanía de alzar la voz fijándola en la escritura, una cosa es segura, se corre el riesgo de ser un imbécil, un poeta malo que hace espuma, riesgo al que callando no nos hubiéramos aventurado, pero también se puede contribuir a una mirada nueva. Es seductora para quien escribe la frase que dice que escribir no es importante pero no se puede hacer otra cosa. Sócrates diría “cuanta vanidad nene, aflojá un cachito”. Compañeras y compañeros de viaje, por más inútil que parezca sigamos empujando la roca. Rimbaud la empujo uno o dos años, Borges toda la vida, incontables la deben haber empujado sin dejar rastro. Bajando unos grados la importancia de la actividad, digamos…bueno, no sé, que se escribe por nada o para decorar el silencio. Rebobino, va el poema que parece profesar la engañosa ley del menor esfuerzo y que por causas que no recuerdo quedó afuera de Repertorio.

PEDALEAR

¿Cómo ando?
Bien.
Fue un año sin trabajo pero escribo poemas.
Veo que del año electoral lo sabés todo
así que sólo se me ocurre darte
un breve parte de mi pedaleo por las estaciones.
En el verano los mosquitos
y el calor que hacía rato no hacía
que yo recuerde por lo menos
me pelaron la piel
los rayos daban en mi espalda
las horas de aquel día que me puse a cortar el pasto
trabajar cansa y hasta puede ser peligroso.
En el otoño
estarás de acuerdo
las hojas caen y los árboles pelados
son líneas quebradas contra el cielo,
el frío húmedo comienza a calar
y uno si puede se guarda temprano,
es lo que hice.
El invierno trajo la pereza total
con heladas de tremendas fauces
dispuestas a destrozar a todos los insectos.
Una noche advertí
la caminata fugaz de una cucaracha
que se perdió debajo de la cocina
donde la loca escoba no entra ni a palos
señal que se venía otra primavera con su hermoso farfullo.


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