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El fútbol se nac-popiza

11 08 2009 - 01:00

Es asombrosa y fascinante la capacidad que tenemos los argentinos para meternos en discusiones donde se mezclan la ideología, los negocios, la cultura, la política y las preguntas existenciales sobre nuestro destino como nación. Como si tuviéramos nostalgia de la soul-crushing campaña electoral de marzo-junio y del apasionante (pero a esta altura un poco patético) conflicto del campo –o locáu agrícolo-patronal–, los argentinos hemos decidido arrojarnos a otra discusión extraordinaria: la inminente nacionalización –ahora dicen que se anuncia hoy– de los derechos y la transmisión del fútbol profesional. Para entender lo básico, dejen de leer todo lo que han estado leyendo y lean las dos últimas columnas de Juan Pablo Varsky en La Nación. Varsky, empleado de Torneos y Competencias y de corazón kirchnerista, está en una posición ideal o pésima para escribir sobre este tema, pero para mí lo ha hecho mejor que nadie. Además de lo de Varsky, entonces, se me ocurren cuatro o cinco cosas geniales para acotar.

1.
A principios de los ’90, Torneos y Competencias disfrutó de una leve brisa de buena imagen, especialmente gracias a la renovación tecnológica y a la sensación de que el fútbol argentino estaba dejando una especie de paleozoico televisivo (“Muevo yo, Mauro, Claudio Scalise”) para insertarse en una modernidad que imitaba a otras modernidades que el país, en aquel optimista trienio de 1992-1994, parecía estar descifrando y disfrutando. TyC, sin embargo, quedó muy pegada al early menemismo –Carlos Ávila, Constancio Vigil, Franco Macri: nombres que se leían de corrido–, y cuando el menemismo perdió su aura, bastante poco después de la reelección de 1995, TyC cayó en desgracia pública. La empresa llevaba el fútbol a los hogares de millones de argentinos, en una cantidad y con una calidad nunca vistas en los cuarenta años anteriores de televisión. Pero no la quería nadie. No recuerdo a nadie diciendo nada bueno de TyC en los últimos diez años. Y esa mala imagen se debe en buena parte a la propia TyC, que se ha mandado mil macanas.

La más inexplicable para mí ha sido su tozuda insistencia, todos estos años, en mantener la exclusividad de los goles para Fútbol de Primera. A medida que más partidos se jugaban los viernes y los sábados, este debut postergado irritaba más de lo que generaba, sobre todo porque Fútbol de Primera hace mucho tiempo que dejó de ser un programa de fútbol interesante. Me acuerdo de una reseña de hace varios años escribió Gustavo Noriega en txt o trespuntos (ambas fenecidas e in-googleables) que usaba el slogan del programa –Esto no es fútbol, esto es Fútbol de Primera– para decir exactamente eso: que Fútbol de Primera era un programa sin espíritu futbolero y que en absoluto valía la pena de pasarse un fin de semana sin goles para después verlos ahí, editados caprichosamente (algunos resúmenes duraban una hora; otros, treinta segundos), sin mística ni onda. Para el espectador de fútbol, esta negativa era sufrida cada domingo: cada domingo, en algún momento de su cerebro, recordaba que llevaba dos días esperando para ver los goles de San Lorenzo-Central, un típico partido de viernes.

TyC debió encontrar hace años la manera de liberar los goles a los demás canales (como pasa en todos los países del mundo). Su cabezadurismo –sumado a otros errores, como hacer jugar a River y a Boca siempre en domingo y codificados– lo enemistó con el tipo que se sienta frente a la tele, que no conoce a fondo los números del negocio del fútbol y que lleva una década puteando contra “la televisión”.

(Por otra parte, tengo la impresión de que TyC lleva demasiado tiempo viviendo del cuento de la tecnología. Para los que vivimos en Estados Unidos, es deprimente recordar cada domingo que el único partido que dan del Apertura o el Clausura –el codificado de Boca o River jugando de local– es por lejos el que peor se ve de todo el fin de semana futbolero. Los partidos de Argentina se ven mucho peor que los de, por ejemplo, Colombia, México o Uruguay y, por supuesto, España e Inglaterra. No sé si el problema es de TyC o de algún mensajero intermedio, pero es increíble y bastante hinchapelotas.)

2.
Hugo Moyano dijo ayer “el fútbol es para todos”, posiblemente resumiendo una sensación mayoritaria. Ahora parece que van a dar los diez partidos de Primera División (y algunos de la Primera B Nacional) por televisión abierta. ¿Es un derecho inalienable de la población ver el fútbol gratis? Si lo es, lo disfruta muy poca gente, porque no creo que haya ningún país donde se transmitan todos los partidos por TV de aire. Esta es una cuestión para seguir discutiendo en otro momento, pero hay mucha hinchazón populista en la manera en la que la gente usa las palabras monopolio o negocio del fútbol para hablar de TyC. Lean a Varsky, que lo pone todo bastante claro, pero sobre monopolio, por ejemplo, me gustaría decir lo siguiente: es práctica normal y habitual que una asociación le venda los derechos en paquete a una sola empresa. Eso no tiene por qué ser un monopolio. La libre competencia, en todo caso, a veces tiene efectos peores: en España, cada equipo es libre de vender los derechos de sus partidos como local al canal que quiera y el resultado ha sido enormes contratos para el Real Madrid y el Barcelona y modestísimos contratos para el Almería y el Recreativo de Huelva, mucho más desiguales que el reparto actual en Argentina, que es, dentro de todo bastante equitativo. (En Inglaterra, todos los partidos de la Premier League están codificados y vendidos por una sola empresa. La guita de la tele es lo que hizo explotar a la Premier League en los ’90.)

3.
El kirchnerismo sale de un pantano para meterse en otro. Este gobierno amagó hace años con intervenir la AFA y sacarse de encima a esa rémora del pasado, de la vieja política y de los acuerdos de cúpulas llamado Julio Grondona, una de las personas más impopulares del país. Con esa misma persona está a punto de asociarse en una aventura que de mil maneras podría salir mal. (Ejemplos de cosas que pueden fallar: la capacidad técnica de Canal 7, colapsada por la montaña de trabajo; que el Gobierno, al que no le sobra la guita, se quede, efectivamente, sin guita.) Por ahora, la bronca contra el Grupo Clarín parece estar ganándole a todo lo demás. Pero políticamente es raro: subir a Grondona al bondi nacional y popular es realmente un experimento mutante e insólito. (Y 600 palos por año para ganar con dinero de los contribuyentes es mucha guita: es casi el doble de lo que pierde Aerolíneas en un mes1.) (Paréntesis kirchnerista número dos: la nacionalización del fútbol es una idea de Grondona, que entró en pánico hace un mes, primero pidió otras cosas y finalmente se la agarró con la televisión. El kirchnerismo ha accedido gentilmente. Pero la dinámica de la operación me hace acordar a las otras dos grandes medidas del gobierno de Cristina: la Resolución 125, que se le ocurrió a Martín Lousteau, y al fin de las AFJP, que se le ocurrió a Amado Boudou. ¿Dónde ha quedado aquella famosa iniciativa kirchnerista, ese huracán de política pública que cada semana se atrevía a poner el país patas arriba? Para mí se agotó circa abril de 2005, pero ésa, también, es una discusión para otra semana.)

4.
Los diarios del Grupo Clarín han cubierto el caso, me parece, con relativa dignidad, dándole voz a los propios y a los ajenos, con algunas notas firmadas (muchas otras, no) y un índice bastante bajo, salvo excepciones, de proselitismo corporativo. Me habría gustado, sin embargo, ver en Clarín u Olé (quizás la hubo; no la vi) una aclaración que dijera algo así como:

El 50% de las acciones de Televisión Satelital Codificada pertenece al Grupo Clarín, editor del Diario Olé.

¿Es imposible pedir una cosa así? Ojalá no lo fuera. Por otra parte, venimos leyendo y escuchando hablar hace semanas sobre Torneos y Competencias (la empresa que tiene el otro 50% de TSC, la dueña de los derechos del fútbol) pero nadie dice quiénes son sus accionistas. Servicio a la comunidad, entonces: tras rápido googleo, este pres-rilís de junio de 2008:

La empresa estadounidense de televisión por cable Direc TV anunció la adquisición del 33,2% de la cadena argentina de deportes Torneos y Competencias (TyC), por un monto no revelado. Con el ingreso del nuevo socio, el capital accionario de TyC queda formado por Fred Vierra y Luis Nofal (50,1%), Direc TV Latin America (33,2%) y DLJ Merchant Banking (16,7%). (Fred Vierra es un empresario gringo que tuvo participaciones en Cablevisión. Nofal es el histórico socio minoritario de Carlos Ávila.)

5.
Lo que le falta al fútbol argentino es plata. En ese sentido, los 600 palos del gobierno van a ser muy útiles, pero también pueden servir para tapar los desastres de las comisiones directivas, que pierden plata de una manera increíble. Me jode un poco porque además puede tapar el laburo de los que hacen las cosas bien, como Lanús, Vélez y Estudiantes. (También por eso, porque soy un nerd y me interesa la estructura del fútbol, hinché por Vélez en la final del Clausura: me parecía que una victoria de Huracán habría enviado a los malos dirigentes la reconfortante señal de que con jugadores a préstamo, mal pagos y llegados a última hora se podía armar un equipo campeón.) Grondona siempre se las ingenia para frenar a último momento el mani pulite contra las cajas negras de los clubes. Ahora lo hará con la guita del Estado. Sería un gesto notable del kirchnerismo no dársela gratis a Grondona, sino a cambio de transparentar los clubes y su propio funcionamiento y hacerlo un poco más profesional. Lo veo difícil, porque hasta ahora el kirchnerismo no parece haberle dado mucho valor a la transparencia y el profesionalismo –dos cualidades poco “políticas“–, pero sería un gran paso, porque los Kirchner son los que tienen la chequera y Grondona es el que está desesperado.

6.
Cómo debería pensarse el fútbol argentino a sí mismo. Con mucho menos derrotismo y fatalismo que ahora. Tiene que poder competir y robarle jugadores a ligas como la mexicana o la belga, que no tienen por qué ser más poderosas que la argentina. No hay ninguna razón económica por la cual hay docenas de jugadores en Brasil que ganan más de un millón de dólares por año y en Argentina, creo, hay dos (Riquelme y, hasta hace unos días, Palacio). No hay que llorar por los Messi o los Tévez o los Agüero que juegan en Europa: eso ha sido siempre así y así será y es bueno que así sea, porque los mejores tienen que jugar con los mejores. Pero en los últimos años hemos visto a decenas de jugadores copados irse a clubes peores o de países peores (o que deberían ser peores) que los de AFA. Equipos rumanos, que en otra época ni podían competir con los equipos argentinos, han comprado buenos jugadores titulares locales (Fabbiani, Sánchez Prette, el uruguayo Álvaro Pereira). Boca, que acaba de volver de Europa hecho un cocorito porque dice que puede competir con cualquiera, no pudo retener a Fabián Vargas en su puja con el poderoso Almería, que está a punto de empezar su segunda temporada en la liga española.

A veces hay una sensación de derrotismo en la prensa deportiva porteña que es inexplicable y que empeora la situación: “No se puede competir con Europa”, dicen, y emiten un suspiro. Yo creo que no tiene por qué ser así. El fútbol argentino, que tiene un público enfermo e inclaudicable, debería poder generar la cantidad de plata suficiente para competir con ligas medianas de Europa, como Holanda o Grecia (a equipos equivalentes: Boca debería poder bancarse un embate del Olympiakos por un jugador; e Independiente, uno del AEK), y con México y Brasil. Hoy Argentina no compite (en los nombres de los jugadores que nos gustaría ver; en la cancha siempre es otra cosa) con ninguna de esas ligas.

7.
Para otro día, ideas concretas de TP sobre cómo mejorar el fútbol argentino: torneos largos, equipos distintos a la Libertadores y la Sudamericana, fin del promedio, volver a abrir la Primera D (que no ha visto un equipo nuevo en décadas), mejorar mucho el estado de las canchas (el pasto y el cemento, pero sobre todo el pasto), eliminar la categoría de “jugador libre a préstamo” (jugador que firma contrato pertenece al club) y la cláusula del 20%, que impide a los jugadores quedar libres cuando termina su contrato. Si nos preguntan, aquí estamos. Llevamos, como buena parte de nuestros compatriotas, miles de horas derrochadas en cafés reales o virtuales rumiando sobre estos temas.

1 Una versión inicial de este artículo sugería que la pérdida de Aerolíneas Argentinas era de 300 millones de pesos anuales. Gracias a Franco F., lector atento, devolvemos el cero que nos tragamos. Fuente del dato.


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5. Noche