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La chimenea es para todos

17 08 2009 - 19:57

¡Qué tristeza que me da la pelea entre Tenembaum y Rossi! La escuché varias veces, tratando de encontrar el punto de partida de la agresividad que desembocó en el griterío final. Como en toda pelea, cada bando puede elegir su momento fundacional: el tono inquisitorial del periodista desde el comienzo, la absurda acusación del diputado de que Tenembaum estaba nervioso porque Clarín perdía la transmisión de los partidos, etc. En cualquier caso, dos personas de modales habitualmente civilizados terminaron a los gritos acusándose de cosas terribles, tirando frases comodines que desechan cualquier posibilidad de conversación: “monopolio”, “ladrones”, “menemistas”, etc.

La catastrófica entrevista me hizo pensar en el estado de las cosas. Como no recuerdo que haya sucedido con ningún otro gobierno anterior, gente de extracción sociocultural parecida lo piensa de formas radicalmente diferentes. La consideración por los K atraviesa familias, amigos, compañeros de trabajo, grupos de pertenencia que, bajo otros gobiernos, hubieran compartido quejas y rezongos con parecida resignación. Hoy la adhesión o el rechazo a los Kirchner es un tema tan espinoso como no lo fue ninguno anterior.

No me siento neutral ante esta polarización. Creo que el discurso oficial ha fomentado esa mirada binaria, esa distinción entre los que están de un lado y los que están de otro, inventando golpistas donde no los hay y convirtiendo a cualquier chacarero en oligarca. Lo que no sé cómo se hace es enfrentar a esa provocación sin caer en ella.

Martin Gardner decía que la gente se dividía en dos grupos: la que dividía todo en dos grupos y los que no. La bonita paradoja se puede reformular en nuestros tiempos políticos: cómo rechazar el discurso binario sin formar parte del mismo. Es un juego delicado que no se reduce a criticar a todos por igual ni a apoyar algunas cosas sí y otras no. El desafío es mantener siempre la posibilidad de la conversación. No sé si se puede.

Ruth Klüger, sobreviviente del Holocausto, en su extraordinario libro Seguir viviendo, cuenta algo que escuchó en Auschwitz:

“Dos hombres discuten delante de una barraca. ¿Por qué vociferas de ese modo? –dice uno de ellos–. No te excites. Para ti arde la chimenea igual que para mí”.


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