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El Ansia

29 08 2009 - 12:17

Muchachos, esto del binarismo es Política Argentina 101 (y no sólo argentina: es nada menos que la “democracia” según la interpretación tercermundista en general).

Acá lo que pasó hace un rato largo ya, es como en esas películas (digamos “El Ansia”, o alguna otra de vampiros, o “The Thing”, de Carpenter, por tomar un par de ejemplos entre montones, el tema es muy recurrente) donde unas células hostiles entran en un organismo y comienzan a reemplazar las originales. El resultado final es, en la forma, la misma persona —sólo que ahora es un monstruo substancialmente diferente. Y encima, malvado. Si no, otra imagen: es como esa exposición de cuerpos humanos obtenidos reemplazando los líquidos con siliconas y luego eliminando la materia original con ácido. Parece un cuerpo humano igualito en la forma, sí, pero es otra cosa.

Argentina —todavía no se sabe bien en razón de qué milagro— durante algún tiempo pareció entender por qué se necesitó un par de siglos de pensadores para elaborar la noción moderna de “democracia”, siendo que aparentemente no se trataba más que de ir a votar un domingo antes o después de un asado. Por qué hacer instituciones, por qué complicarse la vida dividiendo los poderes, por qué hacerse gobernar por leyes y no por hombres fuertes (o matrimonios) independientemente del favor popular, por qué “checks & balances”, por qué obligar a los gobiernos a rendir cuenta de sus actos, por qué hacer que el gobierno sea “del pueblo (o sea, público)” y no “de la mayoría”, etc. 

Pero esto en las pampas ya se perdió hace rato. Las formas son las mismas. La Constitución es más o menos la misma, los edificios de las viejas instituciones son incluso los mismos, pero ahora es como la pareja Catherine Deneuve/David Bowie, o como esos tejidos subcutáneos en el museo. Otra cosa en el mejor de los casos, un monstruo más probablemente.

Hace años un tipo en The Economist resumió en un renglón, hablando de su campeón regional, lo que es este sistema, que en lo único que coincide con la “democracia” según se la practica en otros países (me abstengo de los adjetivos) es en el voto:

“… to the values of liberal democracy —pluralism, openness, checks and balances, and the equality of citizens before the law— he substitutes those of populism: partisanship and confrontation, the concentration of power in his own hands, the blurring of the lines between president, government and state, and the granting of benefits to the poor in return for their political loyalty.”

Entonces, estas peleas no son una patología coyuntural. Son nuestro sistema político. Un sistema donde sólo hay espacio para uno.

Es una involución de la cuidadosa elaboración de Madison y Hamilton que tantas páginas dedicaron a explicar por qué había que construir un gobierno tan complicado (o incluso por qué había que construir un gobierno) en lugar de limitarse a decidir las cosas, como querían los “libertarians”, con una votación a mano alzada, como hacían los bárbaros germánicos.

Porque en el fondo es eso Argentina: una inmensa tribu donde 40 millones de tipos levantan la mano cada tantos años para darle el poder total a un cacique. 

Si no me creen miremos el Congreso: si el presidente no lo controla, no puede gobernar. Pero si lo controla, ¿entonces para qué sirve? Ese Congreso está hecho de siliconas y debería estar en una sala oscura de museo como reliquia de un sistema que casi nos sacó del Tercer Mundo. Dejo como ejercicio la reflexión sobre el Poder Judicial.

Entonces para resumir: si “democracia” es el gobierno de la “mayorìa”, y dado que sólo puede haber una única mayoría, entonces necesariamente el sistema es binario: la mayoría vs. la no-mayoría.

Como corolario, dado que el sistema es binario, todo mecanismo de limitación de poder es perverso, porque no puede servir sino a que la no-mayoría tenga injerencia, pero darle injerencia es negarle binariedad, lo que equivaldría negar la legitimidad de gobernar de la mayoría, que era la hipótesis inicial. QED


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