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Gacitua en MDQ #2: Vikingos vivos y presos muertos

9 11 2009 - 09:35

Cumplí con lo que venía prometiendo: me puse los anteojos de Kanye en pleno foyer del Auditorium –a lo pintoresco del momento se sumó la presencia masiva de motoqueros, lanzados al estrellato en la nueva película de José Celestino Campusano–, entre risas, miradas desconcertadas de algunos colegas y la vergüenza de mis amigos. Esta pavada entra en un daily serio porque las cosas, en las funciones y en la sala de prensa, funcionaron ayer maravillosamente: no se reportaron problemas de proyección, ni en el ingreso a las salas, y reinaron la puntualidad y el orden para hacer los trámites diarios en la sala de prensa.

Se sumaron más periodistas e invitados; ya son discernibles en el centro de Mar del Plata las tribus con sus credenciales, los bares empiezan a cerrar más tarde y los taxistas reportan un mayor movimiento. Así comenzará una serie de buenas comidas con colegas que, si da, comentaré en los próximos envíos.

Película número 3: Vikingo. Fue implícito el reconocimiento con mis compañeros en la función, pero va más o menos así: no creímos, la tenemos adentro y ahora habrá que chuparla. Porque la pregunta es, ¿cómo se hace de un guión de diálogos mal armados, un montaje desprolijo y algunas actuaciones criminales, la muy buena película que es Vikingo? La respuesta está en la autenticidad que Campusano busca obsesivamente en su cine, creo que única hoy en el cine nacional. No hay que dejar sin mencionar que, desde Vil Romance, el director presenta escenas sexuales impresionantes, que de mantenerse esta evolución, podemos esperar algo aún mejor de Campusano, y que el Vikingo es el personaje del año del cine argentino.

Película número 4: Mother. No me maten, con el sueño que tengo se me mezclan los directores asiáticos.

Ahí estoy. Después de un paneo rápido por la IMDb, me resulta extraño y algo decepcionante que Bong Joon-ho haya venido con esto. Es injusto que me remonte a The Host, que está en mi top ten de películas de la década, pero pude identificar un parecido en la estructura narrativa de ambas películas. En The Host contemplábamos, en la primera parte, la tragedia en la familia y su repercusión, y recién después el film se encargaba del tema en cuestión: el monstruo. Aquí sucede lo mismo: antes de resolverse el nudo principal –la detención del hijo de la protagonista y su inocencia en un asesinato–, la película espera una larga hora, en la que vemos cómo la policía y la sociedad se cagan enteras en una madre desesperada. Lo que sucede es que sencillamente esa parte no funciona, no atrapa, no me hizo pedir más, trabó el desarrollo del argumento y un desenlace ingenioso.

Película número 5: Un prophète. Dos horas y media, y no le sobró un segundo. Composición en historia carcelaria con cámara en mano y travellings estéticos para actores franceses del director de Jacques Audiard, que en su extenso metraje no hace otra cosa que mostrar con buen ritmo, las distintas trabas que se le presentan a Malik en su ascenso de la jerarquías internas de los presidiarios. Policial como debe servirse, condimentado con un muerto que interactúa con Malik, quizá sacado de una de Desplechin. Va por el Ambassador 1, cine de pantalla enorme y butacas adecuadas para una función sin intervalos.


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