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13 11 2004 - 18:18

Un poco de paté autobiográfico, aprovechando que es domingo y esto desaparecerá mañana.

A principios de este año, en Berlín, me vi en la incómoda posición de pararme en un escenario decadente aunque célebre (“the Rolling Stones played here, man”) y hablar ante un centenar de sujetos no mucho menos decadentes y algo menos célebres, poco dispuestos a escuchar.

Alguien me preguntó: ”¿Estás nervioso?” Y le contesté la verdad. “No. Estoy inquieto. Porque no sé quién es esta gente. Nervioso estaría si tuviera que hablarle a alguien que admiro, qué se yo, Robyn Hitchcock.”

Tres días después, en Londres, intentando despertarme con el Guardian arrugado en un vagón de la línea verde, ¿quién se me sienta al lado? Robyn Hitchcock. Imposible no hablarle; por suerte podía recurrir a un par de amigos comunes como para empezar a decir algo. Como Hitchcock, al fin y al cabo, es una persona, el trayecto de media hora que separa Turnham Green de Picadilly transcurrió entre los mismos temas que nos ocupan acá (politics, the Industry with the Capital I, las películas que son todas malas). Entonces, Hitchcock me contó que hacía de malo en la nueva película de Jonathan Demme, la remake de The Manchurian Candidate. “I don’t know how that’ll go, but remaking a bad movie, that’s a good start. At least you’re trying to fix something.”

Hace un rato vimos la película, en la cual Robyn Hitchcock se le sienta al lado en un vagón de tren al muy confundido Denzel Washington. Hitchcock es más bueno que el pan, pero la película logra hacerlos parecer, a él y al resto, convenientemente ominosos. Si bien está a años luz del original y es, me parece, la segunda película realmente interesante del año, no termino de entender qué cree Demme que está haciendo. Como siempre con Demme, todo desemboca en el melodrama. No, me retracto. No “desemboca”: oscila entre el melodrama y el realismo, lo cual la convierte en algo inquietante, aunque no en el mejor sentido. Uno se pregunta: ¿qué grado de melodrama? ¿Qué porcentaje de esto es metafórico? ¿Qué dosis hay de la visión real de alguien de la política real (si existe) y qué dosis de pulp á la Archivos-X? Y midiendo estas cosas como en una balanza, se distrae y termina disfrutando la película mucho menos de lo que sería deseable.

No entro en detalle porque la nueva Manchurian Candidate merece ser vista, pero anoto acá, para no olvidarme, que en la distancia que separa a la amnesia de la hipnosis está la clave de lo que me molestó en la película. Y que esto está, en más de un sentido, relacionado con la distancia que hay entre una visión mas genuina de la política, y otra más televisiva. Cuando la película se haya estrenado en todas partes, la abordaré por ese lado, si me acuerdo.

¿Los diarios? Qué se yo. Hoy le tocaba a Semán hacer esto. Pero en este preciso instante Semán está en Southpaw, Park Slope, Brooklyn, viendo y escuchando a Robyn Hitchcock.


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