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Conurbano Bonaerense Confidencial

14 01 2010 - 02:52

Hacia años que no me apuntaban con un arma. Ya había olvidado lo feo que es.

Durante el verano del 2002 recuerdo que fuimos con un grupo de amigos a una de las tantas marchas post-2001 a Plaza de Mayo. Seriamos 8 o 9 chicas y chicos. Esa noche llovió en un momento mal. Y de repente salió la policía motorizada. Iban dos por moto. Uno manejaba y el que iba detrás llevaba una escopeta. En ese momento se armo un gran quilombo. Corridas. Tiros. Un quilombo. Y a mi y tres mas nos arrincono una moto contra una pared de una de las calles laterales a Plaza de Mayo. La moto se detuvo y el que estaba detrás nos apunto con la escopeta y nos grito ya no se qué. Y nosotros solo atinamos a abrazarnos entre nosotros y suplicar que no disparara. Llorábamos abrazados pidiendo clemencia frente a un cana que nos apuntaba con una escopeta. Finalmente el cana nos grito que desapareciéramos y salimos corriendo alejándonos de la Plaza.

La otra vez que recuerdo que me apuntaron con un arma fue por el 96, una noche de viernes o sábado, en Villa Ballester. Yo iba para San Andrés, para la casa de Adrián Barsi, donde nos juntábamos un grupo de amigos para luego salir a tomar unas cervezas a algún bar de San Martín. Y cuando cruce el paso nivel de Ballester me cruce a la altura de donde estaba el edificio de ENTEL con unos pibitos que no tendrían mas de 12 años y uno me encara y me dice que le de todo lo que tuviera y saca un arma. Si era de verdad o de juguete nunca lo supe. Yo solo vi al pibito que no era más que un nene que sacaba un arma y entre en pánico y salí corriendo.

Hacía años que no sentía el odio de un arma haciendo blanco sobre mí.

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04/01/10

Lunes. Once y cuarto de la noche. El tren Mitre del ramal Retiro-Suárez llega a la estación Chilavert.

Bajo del tren. Me paro un instante en el andén para guardar la biografía de Pancho Villa escrita por Paco Taibo II que estoy leyendo y enciendo un cigarrillo.

De la estación a mi casa hay cuatro cuadras.

Tengo hambre, estoy cansado. Demasiadas horas de trabajo por un sueldo que apenas alcanza para llegar arañando lastimosamente a fin de mes.

Los pocos pasajeros que bajaron conmigo en la estación, los pierdo de vista al doblar en la esquina. Tengo que caminar dos cuadras por Reconquista hasta Artigas y ahí doblar a la izquierda hasta casi llegar a Maipú y llegue a casa.

Cuando estoy llegando a la esquina de Reconquista y Aguer veo en la cuadra siguiente, en la cuarta o quinta casa, un auto con gente adentro, sobre la vereda. No se si está por entrar o salir de la casa. Entonces veo bajar por Reconquista un auto que para cruzándole el paso al auto que esta sobre la vereda.

Me paro en seco. A mi izquierda en la esquina un pibe que viene en bicicleta se para a unos 20 metros de mi y se queda mirando también.

Del auto bajan dos tipos con armas en las manos. Gritan algo que no logro entender. Y encaran al auto que esta sobre la vereda.

Intento pensar. Adrenalina a full. Tranquilidad, lo peor que te puede pasar es entrar en pánico. Tengo miedo. Empiezo a caminar y doblo por Aguer yendo para Suárez, alejándome de mi casa. Camino rápido. No corro. Fumo el cigarrillo con fuerza. Cuando estoy por llegar a la esquina de Aguer y Campichuelo veo pasar uno de los dos autos. Los dos eran oscuros. No se cual de los dos será. Y quizá no sea ninguno de los dos, simplemente un auto que pasa por ahí. Y ya estoy por llegar a la esquina y no se si doblar para la izquierda para llegar a Artigas o a la derecha para bajar para la estación donde hay un par de remiserias. Pero metros antes de la esquina me pasa un auto que frena y yo también me paro. Si no me cagué encima en ese momento es de puro milagro. La puerta del acompañante se abre y aparece un flaco con gorrita blanca. Solo veo eso y el brillo de un arma cromada que me apunta. El flaco me dice que suba al auto o me mata. Nos separan unos pocos metros. Todo esto trascurre en un par de segundos, no más. Yo no entiendo qué quieren. Se acaban de afanar un auto con su dueño, para qué me quieren a mí. Solo se que si subo al auto perdí. Y entonces empiezo a correr desandando los pasos. Cruzo corriendo la calle sin ver si viene un auto. Estoy ciego. Corro y piso un pozo y casi me voy de boca al piso. Sigo corriendo. Estoy nuevamente en la esquina de Reconquista y Aguer y doblo. Paso por delante de donde acabo de ver el asalto y sigo corriendo. En la esquina de Reconquista y Artigas veo al pibe de la bicicleta parado mirando para donde yo estoy. ¿Estará trabajando con los del auto? ¿Los voy a ver a los del auto aparecer en la esquina? Solo me falta una cuadra y unos metros para llegar a casa. Antes de llegar a la esquina el de la bicicleta se va para el lado contrario del que tengo que ir. Sigo corriendo. Mirando paranoico para todos lados. No hay nadie en la calle, salvo algunos autos que pasan. Mi único pensamiento es que no aparezca el auto porque entonces perdí. No voy a poder entrar a mi casa. Voy a tener que seguir de largo y me van a agarrar.

Llego a la puerta de casa. En la otra cuadra veo unos vecinos en la vereda. Están lejos. Miro para todos lados. No veo venir ningún auto y saco las llaves de casa y entro. Tiro la mochila y el libro de Pancho Villa a la mierda y enciendo un cigarrillo. No sé que hacer. Estoy histérico. Me acaban de apuntar con un arma. Si hubiera gatillado el flaco del auto… La puta que los parió.

Me asomo a la pieza de mi mamá que esta viendo una estupidez en la tele y le digo que me acaban de apuntar con un arma y me quisieron subir a un auto. Mi mamá me pide detalles. Estoy histérico. Le digo que no me rompa los huevos.

¿Tengo que avisar a la policía o no? Quizá lo mejor sea que los tipos puedan robarle todo lo que puedan al dueño del auto y a éste llevarlo hasta un lugar seguro donde reducirlo sin policía detrás. Quizá es solo el miedo lo que me hace pensar así.

Me siento frente al teléfono y marco el 911. Me atiende la voz grabada de una locutora que me dice que aguarde un momento, que no corte. Son dos o tres frases cortas que se repiten con una fracción de segundos. No me atiende nadie. Las frases grabadas repetidas sin pausa me vuelven loco. Corto.

Fumo dos cigarrillos más. Pongo KSK en la radio para escuchar un poco de rock y tapar el silencio. Camino por la cocina sin saber qué hacer. Luego me rindo. Me cambio, como algo, me lavo los dientes y me acuesto a dormir.

El martes fue mi franco. Pero no supe nada. El miércoles a la noche volví a hacer el mismo recorrido. ¿Qué iba a hacer? ¿Por dónde iba a volver? ¿Voy a bajarme todos los noches en Ballester y tomar un remis? Es absurdo, es un montón de plata que no tengo.

Pero acá viene lo mejor. Cuando llego a casa mi mamá me cuenta que habló con una vecina que vive enfrente de donde vi el asalto.

En la cuadra no robaron ningún auto ni se llevaron a su conductor.

Si en la cuadra no asaltaron a nadie ni le robaron el auto a nadie, ¿qué es lo que vi yo?

Yo vi un auto estacionado sobre la vereda de una casa con gente y que aparecía otro auto que lo cruza y bajan dos flacos con armas en las manos y se dirigen al otro auto. Luego que el auto me persigue, me apuntan y me quieren llevar. Eso es lo paso según lo que vi. Pero lo que vi no me alcanza para entender bien todo lo que paso.

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10/01/10

Domingo a la tardecita. Estoy tomando unos mates cuando cae una amiga del barrio que conozco de hace años. Me invita a tomar unas cervezas y nos vamos en su auto. Compramos un par de Stella Artois en un quiosco y vamos a su casa.

Nos sentamos en el comedor a escuchar música, tomar birra, fumar y charlar.

Le pregunto por una amiga en común que tenemos, que es la que nos presento hace ya muchos años. Está sin laburo, con un chico chiquito y bastante colgada con la merca.

Estamos sentados en el comedor escuchando Bowie y tomando cerveza. Charlamos. Mi amiga no toma merca pero fuma mucho faso. Entonces me cuenta que ella pudo pegar faso justo a tiempo antes de que reventaran todo en San Martín. Antes de fin de año compro 400 $ de faso para todo el verano. Días después la policía reventó todas las villas. Me cuenta que ella estuvo ahí días antes. Imaginate, me dice, si pasaba unos días después quedaba pegada o peor quedaba en medio del tiroteo. Me cuenta de que en esa villa hubo un ajuste de cuentas entre bandas, que mataron a un pibe confundiéndolo por otro, que hirieron a dos chicas y que ella tiene a una amiga que vive ahí y que cuando paso todo y se entero no sabia qué había pasado con ella. Y además, al primo de esta chica, que es dealer, esta guardado porque se la tienen jurada otro grupo y lo busca la cana.

Escucho lo que me cuenta mi amiga mientras fumamos y me pregunto cómo es que yo no estoy enterado de nada.

Todo el relato de mi amiga me remite a El poder del perro de Don Winslow. Una novela que leí hace seis meses, que dibuja el mapa de la droga desde Colombia a Estados Unidos, desde la creación de la DEA a la actualidad.

El lunes en el trabajo googleo San Martín + Narcos. Aparecen varias notas de Clarín que hablan sobre La 9 de Julio, sobre Korea y otras villas. Sobre bandas de narcos, sobre ajustes de cuenta, tiroteos, muertes, operativos policiales.

La 9 de Julio sólo la conozco de afuera, de pasar por la puerta. A Korea la conozco un poco porque mi ex cuñado, el Alemán, paraba ahí. Ambas villas no quedan a más de 20 o 25 cuadras de mi casa. Pero en todo San Martín hay más de 15 villas. Es un mundo tan cercano como ajeno a mi vida. Imagino que es algo así como los orilleros y los rufianes de los que hablaba Borges que había un poco más allá de su casa cuando era chico y que no eran menos literarios que los personajes de los libros de la biblioteca de su padre.

Del otro lado de las paredes donde escribo esto, el corazón de las tinieblas bonaerense respira odio. En sus calles no pasa nada hasta que de repente se desata la pesadilla tiñendo todo de rojo. Rojo sangre. Probablemente lo que sucede hoy en el conurbano bonaerense ya sea crónico, inevitable. Solo se pueda seguir descendiendo en una espiral de miedo y violencia. El Conurbano Bonaerense. Un territorio inmenso donde se suele llevar una vida ingrata y dolorosa, y donde se suele morir como un perro.


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