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Pókermon, una introducción

4 02 2010 - 08:18

“Lo que yo quiero es tu tesoro
J.D. Salinger

Adicción. No tengo tele desde hace un año, no me hace falta y estoy orgulloso de ello (1). Soy adicto a los libros y a la literatura (en sentido amplio) y supuestamente debería estar orgulloso de ello. Me gusta la música, sobre todo cierto tipo de música. Y escuchar música me hace bien, es una cuestión energética y corporal; quizás a la larga me quede sordo, pero a corto y mediano plazo es indiscutible que me hace bien. A lo que iba: resulta que, hace más o menos un mes, soy adicto al póker. Llamo adicción a esto: no poder no pensar en esa cosa. Que resulte casi imposible evitar hacer esa cosa. E incluso llegar a escribir sobre ella.

Internet 1. Las variantes de póker que juego son dos. La real y la virtual. Juego con mis amigos de vez en cuando, juego por internet una o dos horas por día. Con mis amigos, la cosa es más o menos similar a cualquier juego de mesa (2) durante un pos-asado o una reunión, aunque con cantidades minúsculas de dinero. En Internet juego con un programa muy famoso que descargó mi hermano de 15 años porque lo habían descargado los amigos, porque lo habían descargado los amigos de estos. Todos ellos jugaron al póker una semana, y después volvieron al alcohol, al animé, a la adolescencia y a los videojuegos. El programa en cuestión posibilita el juego en red con personas de buena parte del mundo (3). Se puede jugar con dinero real pero también se puede jugar con dinero ficticio (claro que todo dinero “es ficticio”, de estas pequeñas trampas de lenguaje está hecho nuestro mundo). Cada mesa de juego incluye 9 jugadores. Hay entre 100.000 y 200.000 jugadores por hora. No sé cuántos de ellos serán adictos, aunque a ellos y al programa no les importa.

Internet 2. Más sobre el póker virtual. En las mesas, a cada persona se le permite usar una imagen o ícono que lo represente, al igual que en msn, gmail, blogs y facebook. A diferencia de estos, en el programa en cuestión la imagen debe ser aceptada por los administradores del sitio, sujetos invisibles de una rigidez virtual bastante tejana. En mi caso, la imagen fue rechazada: era la mano amarilla de un muñeco samurai haciendo un gesto ambiguo con el dedo. Si bien las invitaciones para usar dinero real y tarjetas de crédito están omnipresentes, el permiso para usar imágenes es, más bien, conservador. No hay, en los otros jugadores, íconos que representen desnudos, ni el acto sexual, ni insultos o declaraciones inscriptos en banderas, ni hippies, ni suicidas, ni drogas. Las pistolas brillan por su ausencia, y esto llama la atención dada la supuesta explosión del póker en el sur arenoso y lleno de cowboys imaginarios de EE.UU. Las imágenes que sí hay: imágenes de bebés (usadas, obviamente, por sus padres), imágenes de animales domésticos (sobre todo perros), imágenes de personajes fantásticos o animados (Campanita, Jack Sparrow, Bart Simpson, Maradona, el último Guasón, Pókemon, Nietszche) (4).

Chat. En la página mencionada se puede, también, una vez seleccionada la mesa de juego, y en una minúscula ventanita al margen, chatear. Obviamente, el Chat está centrado en el juego, que avanza mano a mano, a toda velocidad (hay un reloj que amenaza con expulsarlo a uno del juego si se tarda más de 30 segundos). Quizás por esos motivos, abundan las expresiones cortas en un idioma común (obvio, el inglés): “nh” = “buena mano”. “vnh” = “muy buena mano”. “Ty”/“tx” = “gracias”. “wtf” = “¿qué mierda…?”.“By” = “Chau”. “lol” = “me estoy riendo a carcajadas”. Por estas razones, intentar una conversación durante una partida de póker virtual puede parecer bastante imbécil. Preguntarle a los participantes autóctonos –como lo hizo el aquí presente– porqué abundan las imágenes de bebés o de animales domésticos (sobre todo perros) puede parecer bastante imbécil también. La única respuesta alguna vez hallada fue la siguiente: “son imágenes de seres queridos. Me parece muy lógico”.

Acerca de las imágenes de seres queridos. Ahora bien. Poner la imagen de un perro o un bebé como ícono que lo represente a uno durante una partida de póker virtual no es lógico. ¿Qué tienen que ver los seres queridos con los espacios de apuestas reales o ficticias? ¿Es una apelación a la suerte? ¿Los seres queridos darían, para estas personas, suerte? ¿Se trata de una apropiación laica posmoderna del culto a los dioses familiares? Es cierto que las personas llevan, muchas veces, fotos de sus parejas o hijos o padres muertos en la billetera. Es cierto que, incluso, pueden tener una foto de sus perros o gatos o avispas. También es cierto, como me dijo alguna vez G, que las personas le ponen nombres de persona a sus mascotas, de hecho, nombres abreviados de persona: Cacho. Maxi. Pichu. Luli (5). Quizás se trate, otra vez, de la familia como LA institución y de la humanización como moral y modo de vida. O quizás es el rostro más aceptable que queremos enseñarle a los otros: el de nuestros seres queridos, nuestros animales cercanos.

Algunas aclaraciones sobre el póker para no iniciados. El póker se juega con un mazo de cartas inglesas o francesas. O sea, no españolas. O sea, no las de chinchón, truco, o escoba. Cada mazo tiene cuatro palos, y en cada palo hay once cartas. 1 (As), 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, J (Jack = sota) (6), Q, (Queen = Reina), K (King = Rey). Esta enumeración de menor a mayor, tan seca y anodina, resulta interesante cuando se observa cómo ha sido reordenada de acuerdo con las reglas del póker (no olvidar: el juego de los cowboys, el hobbie de los buscadores de oro del siglo XIX, el juego de las películas yanquis y del sueño americano). En cada mano de póker, la idea es realizar la mejor combinación de cartas posibles. Ahora bien: la carta más alta no es, siguiendo el orden “natural”, el Rey (K), sino el As (1). De ahí, la proliferación de ases en las manos peligrosas de las películas, en las remeras y en google. La carta más baja es la más alta. Gana el que es uno, y no el rey (7).

Gauchos que piensan. Ésta es la parte donde uno podría hacer una comparación entre el póker y el juego autóctono más famoso o más supuestamente autóctono. Al truco lo jugaban los gauchos imaginarios y al póker los cowboys de película. Borges tiene un poema sobre el truco y Paul Auster una novela con eje en una partida de póker. La gracia del truco está en jugarlo en grupo, formando parejas. En el póker no se pueden formar (tradicionalmente) parejas-equipos: cada uno está solo (es uno). En el truco hay un sistema codificado de gestos para indicarle al compañero las cartas que uno tiene o que quiere hacer creer a los otros que tiene. Es un juego basado, supuestamente, en la complicidad y la mentira. Por su parte, la expresión “cara de póker”; proviene, obviamente, del póker. Y es la cara del uno frente a los demás, cuando el uno miente, o no miente, o sea, tiene cara de nada, no se sabe qué esconde, qué se trae bajo la manga, quién es, de dónde viene, cuánto se va a llevar (8). Es un juego basado en la soledad y la mentira. Podría trazarse una analogía entre la complicidad de los jugadores de póker y los ladrones de bancos y supermercados, y entre el jugador de póker y el banquero o prestamista. Pero esto es un tanto forzado.

Nacionalismos. Igual de forzado sería pensar el argentinismo en relación al truco y el yanquismo en relación con el póker, y de ahí elaborar una historia del universo, olvidando las distancias que hay entre una instancia lúdica (con menor o mayor grado de competitividad) y el Estado (9). Y sin embargo, algo parecido al nacionalismo (el amor hacia personas imaginarias que comparten un supuesto amor en común por una tierra hecha de límites) surge en las mesas de chat del póker por Internet. Si bien no hay banderas o proclamas declarativas o menciones políticas, junto al nombre y el ícono seleccionado aparece el lugar de residencia del jugador. Obviamente, algunos simpáticos tergiversan datos: así, junto a personas de Okinawa, Nigeria, Salzburgo, Merlbourne, Tucumán, tenemos a sujetos sospechosos originarios de “La tierra de nunca jamás”, “Soy chicano”, “Comunidad de Ases”, “Springfield”, “Mi casa”, etc. No obstante, tales individuos excepcionales, al igual que los demás, se muestran en el Chat particularmente interesados en los sujetos originarios de su misma nación y pueden llegar a iniciar un diálogo hablando de lo lindo que es su pueblo, su estado, su país, etc. Incluso pueden formarse redes momentáneas de solidaridad: así, un riojano no le va a ganar todo su dinero ficticio a un santiagueño o a un cordobés amateur, pero sí a un colombiano, y más todavía a un español (10).

Chat, curiosidades: Mesa virtual con nombre “Fun Buda IV”. Sábado. 19:39. Una persona llamada “Sweet Roberta” y otra llamada “NY678011” se felicitan continuamente por la buena suerte y las buenas manos jugadas. El resto de los participantes se mantienen en el silencio usual de las mesas de póker y de aquellos que tienen pocos medios monetarios. Al rato Roberta y NY678011 entablan una especie de mini-chat público. El aquí presente se entera, de ese modo, que NY678011 es una persona de sexo femenino oriunda de Poole que ahora vive en Nueva York junto a su pareja de sexo femenino que juega al básquet profesional en la WNBA (liga profesional del básquet femenino), pero que, ahora que lo piensa, extraña mucho Poole. Roberta, por su parte, es oriunda, justamente, de Poole y dice tener 64 años. Es abuela de seis criaturas y madre de dos hijos. Los cuales, junto con su esposo, se han ido de fin de semana de pesca: resulta que el esposo de Roberta es pescador. Los seis nietos de Roberta duermen en Poole, cerca del mar, soñando con reyes, ratones, tiburones y princesas, mientras la abuela se entretiene lanzando máximas de vida e intercambiando anécdotas de póker y tratando de comprender la nostalgia de NY678011. El aquí presente comete el error de decir “me gustan sus historias. Cuenten más. Estoy escribiendo acerca de póker”. Entonces el resto de los presentes en la mesa (somos 9 en total) empiezan a participar del Chat, que ahora es un caos multilingüe y bullicioso (J). Roberta de vez en cuando dice cosas como “es tan fácil odiarnos unos a otros”. Miss Nueva York ya no habla. A la larga, el simulacro de conversación es monopolizado por dos ex-marines yanquis que cuentan sus experiencias de guerra (ya de por sí era difícil contar en pocas palabras la nostalgia). Uno de los ex-marines ahora es guardia de seguridad. Tiene 54 años. Dice que todos los días ve a las personas hacer cosas inhumanas e irracionales que acaban con las vidas de los demás. Pregunto qué y me dice: “¿Por donde querés que empiece?”. Gana una mano, y continúa: “Drogas, dinero, problemas amorosos, forma de vestir, religión, discriminación”. Me hace acordar al sheriff retirado de la película “Sin lugar para los débiles”.

Levrero y la computadora. Y todo esto me hace pensar, a su vez, en “La novela luminosa” de Mario Levrero. Que no es una novela o es una novela que en realidad es un diario. En ella, el señor Levrero escribe que ya no puede escribir, intenta poder escribir, cuenta sus adicciones con la computadora (Q), con el porno y con los programas bajados de net, con “Chl” (una especie de semidiosa) y con los juegos. El diario fue escrito durante el 2000 (por esas épocas, Levrero jugaba al Buscaminas, al Cartablanca y a un juego de cartas bastante ridículo llamado “Golf”). Cuando empecé a jugar mis dos horitas diarias de póker, estaba leyendo también la novela de Levrero. Me pregunto cuánto de “transferencia” hay en eso. Cuánto de la pasión histérica de Levrero por los juegos me entró por los ojos y se me quedó en el cuerpo. Me pregunto, entonces, si las pasiones virtuales del presente no funcionan, justamente, así. ¿No están hechas de sobresaltos positivos y negativos, de amor/odio? ¿No están hechas de esa intensa imposibilidad de callar acerca de ellas? ¿No están hechas, como el nacionalismo (K), de imitación, y de contagio? ¿No promueven una necesidad constante de juego, y de apuestas, y de “uno”? Quizás sean preguntas demasiado pretenciosas. Y no tengan nada que ver con la literatura. Y yo haya fallado en mi apuesta. O sea: no existe relación alguna entre la literatura, las adicciones y el póker. Un partido se termina y empieza otro partido, y éste se termina y empieza otro partido, y el dinero cae y se levanta. Nada brilla. Nadie queda. Expulsada de esta tierra desierta, la soledad del comodín.

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1. El problema es cómo voy a hacer para ver el mundial. Soy adicto al fútbol.

2. TEG, pictionary, dígalo con mímica, u otro tipo de juegos, como ser “hablar mal de los que no están” o “contar la mejor anécdota de la semana pasada”.

3.Viendo un partido de fútbol anodino observo que, de pronto, aparece una propaganda del sitio del que estoy hablando en el medio de la cabeza de un jugador. Días antes, le había preguntado a diferentes personas porqué creían que el póker se estaba haciendo “popular”. Recibí respuestas tan cortas de mira como la pregunta: “porque es divertido”, “porque saca el stress”, “porque tiene muchísimas variantes”, “porque sale en televisión”. Tres años antes, había visto que en un canal de deportes empezaban a pasar torneos de póker. Un programa divertido y corto con un tipo que explicaba los vaivenes del juego y una mina que apostaba quién iba a ganar (la razón y la pasión, juntos de la mano). A los dos años, otro canal de deportes empezó a hacer lo mismo. Lo que interesa acá es el estatuto indiscutible de deporte de un juego de cartas, el modo en que se trata de hacer apasionante (relatores, cortes documentales, explicaciones, etc), el hecho de que la publicidad que aparecía en medio del partido de fútbol no fuera más que el nombre del sitio, como si no hiciera falta explicar más nada (lo cual es así).

4. De ese modo, una mesa puede estar compuesta del siguiente modo: tres perros con la lengua afuera, un perro cachorro con la pata levantada, un Joker, dos bebés muy feos (boca cerrada), un señor gordo de anteojos oriundo de Dublín y uno mismo.

5. De ese modo, “Carlitos” es un ser muy querido, tiene mucho pelo, es parte de una familia, y es cuidado por ella y la protege, tiene un carácter amistoso, no le interesa la política, y su imagen aparece repetida por Internet e incluso participa en el mundillo del póker. A esta altura, “Carlitos” puede ser un ser humano o un animal.

6. “Sota” vendría a ser, según el diccionario, “un paje o infante”. Es decir, un subordinado al rey o la reina, ya sea por minusvalía de clase o minusvalía etaria.

7. El dios wikipedia dice al respecto: “La tradición folklórica del as como carta más alta existió en algunos juegos a fines del siglo XIV, pero pudo haber sido acelerada hacia una aceptación más generalizada como resultado de la Revolución francesa. La carta más baja del mazo fue transformada en la carta de más valor en una muestra ostensible de representar la victoria del hombre común sobre el rey Luis XVI” (encantado con el sujeto simpático que introdujo esto en la web).

8. Dinero ficticio, dinero real. Uno u otro, el sistema de juego del póker tiende a hacer del que posee más monedas el más poderoso en sentido monetario pero también simbólico, ya que posee el poder de hacer que los demás paguen más de lo deseado por ver qué depara el azar, situándolos paso a paso entre una mesura inofensiva y decadente o una inversión de alto riesgo.

9. Las Estancias, las mesas de juego clandestinas, las Vegas: nada de eso tiene relación con el Estado.

10. A continuación el fragmento de una conversación de póker-chat que, mientras jugaba, tuve con un sujeto llamado “laTripa05” oriundo de Córdoba. “Pacmanvuelve” soy yo.

latripa05: una que gane jajajjajajajaja
pacmanvuelve: bien ahi
pacmanvuelve: es que sos muy lanzado
latripa05: tengo muchasssssss ficchas
pacmanvuelve: la idea es ser un poquito mas estratégico
latripa05: no puedo soy ansioso es verdad lo que dices
latripa05: asi debe ser
Repartidor: Mano n.º 38609264000: pacmanvuelve gana el pozo (1.000)
pacmanvuelve: pensá que así estás apostando todo a la suerte
latripa05: y si pero es suerte esto
pacmanvuelve: mmm
pacmanvuelve: no tanto
pacmanvuelve: es mucha estadística también
latripa05: si amigo
latripa05: es orto
latripa05: ojo alla voy
pacmanvuelve: mmm, parte orto, parte estadística: investigá por net vas a ver
latripa05: }no vayas te muestro
Repartidor: Mano n.º 38609317103: latripa05 gana el pozo (5.900)
Repartidor: A Cheta8 se le permitirá jugar después del botón
latripa05: viste
pacmanvuelve: je
pacmanvuelve: si apostabas menos, yo iba
pacmanvuelve: y me ganabas más plata a la larga
pacmanvuelve: tenés que jugar con las expectativas del otro
latripa05: no no te quiero ganar a vos
pacmanvuelve: ja
latripa05: ni que me ganes
latripa05: es con los otros con vos puedo hablar
Repartidor: latripa05 tiene pareja de Reyes
Repartidor: bossjlr tiene dobles parejas, Reyes y Doses
Repartidor: bossjlr gana el pozo (4.400) con dobles parejas, Reyes y Doses

J
Existe en la visión virtual de póker de la que estoy hablando un moderador, una especie de fantasma tejano que censura y controla las peripecias del Chat. Inevitablemente, lanza “avisos” en inglés. No permite que se digan los números de las cartas. No permite insultos (en inglés). Y no permite que una conversación en otro idioma que no sea el antedicho se prolongue más de treinta líneas. Caso contrario, prescindiendo de las competencias idiomáticas, uno es expulsado de la mesa.

Q
Escribe Levrero: “Estaba sentado en el sillón, el de repantigarse, después de la cena-almuerzo, y empecé a percibir una necesidad imperiosa de venir hasta la computadora y jugar juegos. Me dije ‘no debo hacerlo. ¿Por qué tengo que hacer esas cosas?’, y traté de resistir. Entonces de golpe comprendí y dije ‘la puta que los parió’ en voz alta, y me levanté del sillón y vine a la computadora”.
Escribe King: “El no quería mirar la máquina de escribir y durante un rato logró resistirse; pero al final, sus ojos rodaron con impotencia hacia el artefacto. Estaba en la cómoda, sonriendo. Mirarla era como contemplar un instrumento de tortura momentáneamente inactivo”.

K
En los casos del póker (y las otras variantes) y en el caso del nacionalismo (pero no en el caso de la novela de Levrero) se trata también de un buen sistema administrativo, de modos regulados, intensos y continuos de difusión. Y de mucho dinero (real) en juego.


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