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Bitácora de un libro - Día 8

2 05 2010 - 16:36

El domingo pasado la fracción Los Perales de la barra brava de Nueva Chicago quiso interrumpir la presentación de mi libro sobre el Indec. Dos días después, el martes, sorpresivamente (lo esperábamos diez días más tarde), una persona salió de adentro de mi mujer; es decir, tuve un hijo. Sin embargo, para mí, el día más bizarro fue el lunes, cuando mi celular comenzó a sonar a las 6.30 de la mañana y lo hizo ininterrumpidamente —literal— hasta las 19 hs, momento en que espació ligeramente la frecuencia. Terminé la jornada en Telenoche, en mi presentación del día con más rating y menos lúcida: estaba cansadísimo, me costaba enfocarme en lo que quería decir y había repetido durante el día dos o tres ideas elementales demasiadas veces.

Mucha gente me preguntó si estaba siendo entrevistado en mi casa. Pero no, estaba en el Canal 13, encerrado en una habitación, frente a una cámara y dos monitores, acompañado por un sonidista amigo, que conocía de la época de Duro de domar. La entrevista la hacían María Laura Santillán y Santo Biasatti desde el estudio central del noticiero y yo contestaba mirándolos en televisores que tenían un poco de delay. Como me pasó toda la tarde, veía mi imagen y pensaba: “Qué gordo estoy”. Me sentía atrapado, incómodo. Pensé que si hubieran puesto una bandera de Montoneros a mis espaldas habría sido una representación perfecta del secuestro de Jorge Born.

Durante el resto del día había mantenido prendido el celular de a ratos. Tomaba una llamada cualquiera, al azar, hablaba para una radio durante unos diez minutos y cuando cortaba, me aparecía un cartel diciéndome que en ese lapso se habían recibido y perdido otras nueve llamadas. En todos los casos, recibí las expresiones de solidaridad un tanto incómodo. El episodio me había parecido grotesco, digno de la Armada Brancaleone, más significativo por lo que revela del Gobierno que por algo que yo podría haber sufrido. Lo más importante sobre el tema no lo dije yo sino Gustavo Grabia (el lunes) identificando a la bandita y Francisco Juegen (en La Nación del viernes) revelando las relaciones de los muchachos con Guillermo Moreno. Además de la infinita publicidad que recibió el libro, el episodio puso en negro sobre blanco la existencia de patotas en el Indec, algo que es más beneficioso que cualquier otra cosa. A cualquier persona que todavía defiende con ardor al Gobierno, le queda la tarea de hacerse cargo de que mandaron a barras bravas de Chicago a la Feria del Libro. No vale decir “Apoyo la Asignación Universal pero deploro la presencia de patotas en la Feria”. No, es algo constitutivo. Por más cosas que te parezcan buenas, ¿no es extraordinariamente chocante que un gobierno mande a la hinchada de Nueva Chicago a la presentación de un libro?

A por ellos vamos. Escuché en la página de La Paco Urondo, una agencia de noticias autodenominada nacional y popular, una entrevista realizada a Nahuel Ochoa, hijo de un hombre fuerte del Mercado Central, y líder de la pequeña y torpe revuelta del domingo. Hasta que fue identificado por Gustavo Grabia, para mí, Nahuel era “Mascherano”, ya que se parece muchísimo al jugador del Liverpool. Por eso dije siempre que los agresores de la presentación eran once: Mascherano y diez más (Raffo no va a entender este chiste). Allí, Nahuel dice que le interesó el libro de “Noguera” y que sabía que “Nogueira” era ñoqui del Indec. Todo es muy patético salvo uno de los comments al audio en la que una señora (también nacional y popular), dice: “Pregunto, si el Sr Noriega no trabaja ya en el INDEC ¿de qué vive hoy? ¿quién bancó la edición del libro?” Extraordinario. De paso, la página de La Paco Urondo tiene una encuesta: “¿Cuál es la figura del campo popular del Bicentenario? (Se eliminaron opciones de personas aún vivas)”. Las opciones van desde Santiago de Liniers hasta Germán Abdala, pasando por Perón y Evita. No dice cuáles fueron las opciones eliminadas de figuras vivas.

Bueno, me gustaría seguir hablando sobre los acontecimientos del domingo, pero los acontecimientos del martes se están por despertar y tengo que ayudar a mi mujer. ¡Escarpines sí, libros no!


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