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Realismo Modal en la Escuela Media

18 05 2010 - 06:47

Graves hechos de censura ideológica en el ámbito porteño de la educación media. Eso denuncian UTE y CTERA, presentando en su defensa declaraciones de Pablo Imen, Fabio Wasserman y Gabriel Di Meglio. Se hacen eco Nora Veiras, un importante porcentaje del elenco estable de Página/12 y, agregándole al asunto un ingrediente de horror generacional, también Gabriel Puricelli y Mercedes Romera.

Estaba esperando alguna respuesta oficial, pero no llega. Habrá que reconocerle al Gobierno de la Ciudad la inoperancia que sus adversarios le achacan, porque responder todo esto es facilísimo.

1. La censura que se denuncia es inexistente. Lo que se objeta es la decisión (completamente legítima) de no distribuir oficialmente en las escuelas un material pedagógico preexistente a la gestión actual. Los cuadernillos están disponibles en Internet y los puede leer todo el mundo. Entendemos que el Ministerio de Educación juzga inadecuado el contenido de ese material, y decide no distribuirlo en las escuelas. Es una decisión política y académica que define a la gestión, tanto como el hecho de que William Vollmann, David Cronenberg, Felisberto Hernández o Sebreli no forman parte del currículum nacional. ¿Deberían? Podemos discutirlo aparte. Pero censura es otra cosa.

2. Los cuadernillos —una reencarnación moderna y delirante de los manuales peronistas de la década del ’50— presentan desde el prólogo su perspectiva “gramsciana” (sin comillas en el original) como la única metodología moderna para el estudio de la historia, o por lo menos la única que merece ser mencionada por ellos. Podemos estar de acuerdo con esto, o no. Yo no estoy de acuerdo, pero no es ese el problema.

3. Los cuadernillos sólo presentan en el prólogo su perspectiva “gramsciana”; después ni siquiera consiguen ceñirse a su propia metodología, ofreciendo en cambio un cambalache alternativo que cualquier argentino normal de más de treinta años verá, seguramente, como una ucronía. Ejemplo: en la dimensión paralela de los Cuadernillos del Bicentenario, la relevancia social creciente de las mujeres durante los dos últimos siglos sólo

debe (sic) ser pensada a la par de las luchas que protagonizaron por las conquistas de sus derechos.

Sarmiento no tuvo nada que ver, por ejemplo, con que fueran a la escuela. Isabelita no existió, aunque sí aparecen CFK en su rol de infatigable defensora de los Derechos Humanos, y Evita en un párrafo cándido que asimila los conceptos de “información” y “adoctrinamiento” como si fueran la misma cosa. Y así con todo.

El rubro “trabajadores” aparece personificado por una figurita de Tosco, que nunca propuso la formación de guerrillas rurales durante un gobierno democrático, ni se peleó con Rucci (porque Rucci no existió), y otra figurita de Ubaldini, quien no tuvo nada que ver en el derrocamiento de otro gobierno democrático de distinto signo. No aparece Ruckauf mandando gente a saquear supermercados, ni parece haber habido conflictos internos de ningún tipo dentro de una larga tradición de sindicalismo angelical que ahora incluye piqueteros. Montoneros tampoco hubo, por supuesto, y el golpe del ’76 se explica sólo y sencillamente por la necesidad de implantar un proyecto económico maligno. No existieron Luder ni Herminio Iglesias, pero tal vez eso sea para equilibrar, porque Alfonsín tampoco fue presidente y el Juicio a las Juntas se hizo solo.

Un ejemplo más, aunque hay cientos: de mil instancias representativas que se podrían haber elegido para ejemplificar la violencia ejercida desde el Estado contra los trabajadores organizados, la que aparece en el cuadernillo es un largo texto de Osvaldo Bayer sobre Simón Radowitzky, que no se dedicaba precisamente a mandar cartas de lectores.

La elección de categorías de estudio puede ser discutible; la presentación tendenciosa hasta el ridículo que se hace de esas categorías es constatable en los hechos.

4. Poniéndome en el lugar de un profesor de secundaria, imagino que preferiría discutir estos textos en clase a no discutirlos. Algo es mejor que nada, y al fin y al cabo los cuadernillos no hacen otra cosa que continuar en la larga tradición de la educación media en Argentina, esa que supone que la historia que se enseña en las escuelas es la que dicta el poder de turno. Es triste que los opresores sean hoy quienes alguna vez representaron —o intentaron representar— a los oprimidos de antes. Pero la vida es así. Muchas otras cosas también son tristes.

Poniéndome en el lugar de un Ministro de Educación, la cosa cambia: ni en pedo firmaría ese disparate.

Es grave que el Ministerio no haya producido hasta ahora una versión alternativa de los materiales del Bicentenario. Tampoco ha desarrollado como corresponde sus objeciones a este Cuadernillo del Mundo Bizarro, lo cual habla bastante mal de la gestión y me hace perder la mañana escribiendo esto. Pero es justo consignar la mini-argumentación que dio el ministro: ¿Queremos que los chicos piensen lo que nosotros queremos? ¿O queremos que ellos puedan formular sus propios puntos de vista? Algo es algo. Siempre y cuando no venga mañana a imponernos la Biblia del Rey Jacobo, es bienvenido que el ministro haya rechazado la de Sandra Russo.

En cuanto a las críticas puntuales:

[La propuesta] presenta con gran rigor la historia de sectores que suelen omitirse en los relatos más trillados como los pueblos originarios, los africanos y sus descendientes, las mujeres y los trabajadores.(Wasserman)

Ver el punto 3, más arriba. ¿El gran rigor? No se encuentra.

El argumento ministerial de que el conocimiento debe ser neutral es ya inaceptable en el mundo de  la ciencia. Sólo puede ser defendido por algún sector fundamentalista que se propone impedir la enseñanza de la teoría de le evolución de Darwin. (Imen)

El “conocimiento” no puede ser, por supuesto, ninguna de las dos cosas. Ni “neutral” ni “tendencioso”. El conocimiento existe o no, como la inteligencia, la pasión y las vacas. La presentación de hechos históricos y su interrelación —que de eso estamos hablando— puede ser, en cambio, más o menos completa. En grados extremos de incompletud se vuelve ridícula, y eso es lo que pasa con esta propuesta. Es interesante la comparación con Darwin, aunque no queda claro si Imen piensa que la evolución es una teoría opinable, o la lucha de clases un hecho científicamente comprobado. En cualquiera de los dos casos, es una comparación inaplicable.

(…) la Historia no es solamente una disciplina en la que se pretende abordar el pasado desde una perspectiva crítica y de conocimiento científico. Es también un campo por el poder de nominar (¡el que nomina, domina!), de luchas en el que se expresan pujas por definir contenidos, miradas, sueños y perspectivas que hacen a un modo de comprender nuestras identidades en el pasado, que no puede ser desideologizado, ya que desde allí se prescriben campos de “posibles e imposibles” para nuestro futuro. (Mallimaci/Marrone)

Este no hace falta contestarlo, basta con leerlo un par de veces. Chumbacca tenía un chiste sobre los dominados para el Oscar, pero queda para otro día porque hay que dedicarle más tiempo a Romera y Puricelli (ex-amigo de la casa que ahora no sabe/no contesta). El artículo que publicaron, razonablemente, en Miradas al Sur, incorpora un elemento ajeno al conflicto cuya pertinencia es difícil de entender:

Casi al mismo tiempo, el 12 de marzo, el Consejo de Educación de Texas, controlado por una mayoría de la más dura derecha republicana, de inspiración fundamentalista cristiana, aprobó un plan de estudios sociales que elimina vocablos como “capitalismo”, rehúsa definir a Estados Unidos como una “democracia”, niega al Iluminismo como fuente inspiradora de la Revolución Americana y llega a soslayar a Thomas Jefferson,uno de los padres fundadores de la república,de quien recela su deísmo opuesto a las religiones institucionalizadas, su supuesto jacobinismo y, sobre todo, su acuñación del concepto de separación de la Iglesia y del Estado.

Al principio uno podría pensar que Puricelli y Romera están alucinando: el ministro Bullrich no ha dado hasta ahora elementos para pensar que podría aprehender tantos conceptos juntos en un mismo párrafo, ni hablar de imponerlos en un plan de estudios. ¿En qué se parecen la agenda educativa de la derecha tejana y la actitud de vetar el Nuevo Manual del Niño Peronista? En nada, incluso si uno aceptara la dudosa presunción de que el ministro es igual a Pat Hardy sólo porque los dos son de derecha.

Sin embargo, una lectura más atenta sugiere que el instinto (si no la puntería) de Puricelli es acertado: no hay gran diferencia entre la metodología empleada por uno y otro proyecto. El tejano y el porteño: son muy, muy parecidos. El signo ideológico es distinto, claro, pero eso es un detalle. A las víctimas no les importa.

[PS: Veo ahora, tarde, que lo de Puricelli está duplicado también en el Mirror K por excelencia. Está bien. Eso blanquea un poco más las intenciones del artículo. Si lo hubiera visto ahí antes tal vez habría pasado de largo. Veo ahí también, en los comments, que el Jinete Sin Cabeza no escarmienta. Le deseo suerte, pero me deprime un poco.]


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