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I contrattisti sono così

22 11 2004 - 10:11

13 y Avenida 6ª. El bar se llama Cosí. Ecco, “Cosí”, ma con il tilde acuto, non quello grave, come dovrebbe essere. Ernesto se internó enfrente, en el Computer Lab de la New School, y yo elijo dispersarme en vez de trabajar.

Estando offline, no hay Opsimath (*), por lo cual me concentro en la posibilidad de afanarme un cartel de STOP que está tirado negligentemente a un lado de un camión-mezcladora que vierte concreto en la zanja que es, hoy, West 13th, antes del cruce con la 6ª. Y mientras elucubro estrategias para llevar a cabo el hurto, aparece un señor con casco azul y chaleco fluorescente naranja, cuya presencia disuasiva casi me hace volver a lo que tenía que estar haciendo —terminar de redondear una intervención para una charla en la Universidad de Columbia, que tendrá lugar en escasas horas. Casi. Porque del chaleco pende un tag que dice, en disposición vertical, “contractor”. ¡Santos eufemismos, Batman!

Porque el tal señor es un capataz; no exactamante la traducción al español de “contractor”. Pero también porque “contractor” es el modo cuidadosamente elegido por la prensa estadounidense para referirse a los ejércitos de mercenarios privados que colaboran con las tropas de ocupación en Irak. La propaganda, que sigue siendo un instrumento clave de la guerra a la hora de mantener el consenso doméstico, funciona full steam ahead, pero no hay un ministerio de propaganda, como lo hubiera tenido un país en guerra en el pasado. No es necesario, ya que las formas de la autocensura, desde las más burdas hasta las más sutiles, se aplican rigurosamente en la prensa escrita mainstream. Es decir, en aquella que leen los que leen, que encima son pocos. Sin hablar de la TV, donde además del Ministerio de la Verdad, cuya titularidad ejerce el australiano Rupert Murdoch desde Fox News, todos los medios se aplican a la utilización cuidadosa de eufemismos para hablar de la ocupación ilegal de Irak.

La idea del “contractor” es brillante. Haber encontrado ese sustantivo para reemplazar “soldier of fortune” o mercenario es como denominar “Querido Líder” a Kim Jong-il. Todos podemos amar al querido líder, si su nombre viene con la prescripción incluida. Todos podemos horrorizarnos más aún de lo que deberíamos horrorizarnos por el descuartizamiento de aquellos cuatro hombres en Fallujah si nos dicen que son contratistas (¿decoradores de interiores? ¿jardineros? ¿caterers?) y no mercenarios.

Si el del eufemismo es un arte o una ciencia, es algo que no alcanzaremos de elucidar seguramente aquí. Baste con pensar en las inquietantes conexiones entre eufemismo y marketing, un pasatiempo no sólo americano. Entre eufemismo e hipocresía religiosa, opio de los pueblos todos, incluido el estadounidense. Entre eufemismo y sí, claro que sí, corrección política. Porque tal vez sea imposible concebir el nivel de perfección a que se ha llegado en la producción de eufemismos en este país sin la vuelta de tuerca al pudor que es la “political correctness” tal como se ha instalado, irradiando desde los medios académicos, en el habla de los estadounidenses, primero, y de las clases ilustradas de otros países del mundo, después.

Como tantas otras cosas, la corrección política es uno de esos inventos de los liberals que los republicanos y los conservadores de todo tipo utilizan como ejemplo de la discriminación que dicen sufrir en los EE.UU. Otro de ellos es la prensa yankee, en el sentido despectivo que le dan sudistas y reaccionarios de toda laya a ese término. Una prensa que de tan liberal, ha apoyado en el pasado la elección de Ronald Reagan y hasta la fallida reelección de Bush padre. Otro más, son las universidades en general: hace pocos días, en Buenos Aires, el “argentinólogo” más destacado del Partido Republicano, Mark Falcoff, decía que los demócratas no tenían, ni necesitaban think tanks en Washington, porque “cada departamento de sociología de cada universidad estadounidense” es un think tank del Partido Demócrata.

El secreto del éxito republicano, en realidad, neoconservador, en la disputa por la hegemonía cultural en el país parece ser la capacidad de hacer creíble el reclamo de que no son más que una minoría discriminada en medio de la supuesta dictadura cultural que ejerce una vaporosa coalición de izquierdistas, burócratas del gobierno federal, militantes homosexuales, feministas y otras especies ajenas al imaginario cultural WASP. En realidad, los neoconservadores no parecen haber hecho más que apropiarse exitosamente del discurso contracultural de las izquierdas de los swinging sixties, operación que incluye la apropiación simultánea del arte del eufemismo en que derivó la original preocupación liberal de depurar al lenguaje de nociones discriminadoras. Si en un principio se buscó una forma aceptable de describir a colectivos sociales, reemplazando, por ejemplo, “black” (y, de más está decirlo, “nigger”) por “African-American”, a la vuelta de los años, los neoconservadores se han empezado a valer de la predisposición creciente de una mayoría de los estadounidenses a esperar que se use un largo circunloquio para referirse a algo que en el pasado se nombraba con un monosílabo, para endulzar las palabras que aluden a cosas siniestras. La supuesta benignidad de las invasión a Irak ha sido construida con esas artes: los proponentes de la guerra preventiva cuentan desde ya con el invalorable aporte de la brutalidad exhibida espectacularmente de quienes se oponen a las tropas de EE.UU. en el campo de batalla, para quienes una decapitación en vivo en el prime time de la TV planetaria vale más que cualquier palabra que exista, o se pueda inventar.

El “contractor” de la esquina de 13ª y 6ª no representa la más mínima amenaza. Habría que ver si aceptaría que su trabajo, probablemente apenas por encima de un salario mínimo, se homologue con el de sus conciudadanos que ganan fortunas con la desgracia ajena. Por algo será que los negros acostumbran llamarse “niggers” entre ellos…

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(*)Opsimath es una mailing list privada que amenaza con convertirse en una especie de The Well para los editores y colaboradores de Los Trabajos Prácticos. Por ahora no cumple. No demasiado. Pero amenazar, amenaza.


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¡No me gorilee!
Blame Canada
Prat Guy y Golden Boy