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28 11 2004 - 07:13

Domingo. Un frío de cagarse en Madrid. Coros de niños en la calle, anunciando no tanto la navidad sino el estreno de una película francesa cuya presencia en mi casa es extrema, por motivos estrictamente laborales.

Wainfeld advierte sobre la posible fecha de vencimiento de Lavagna (Redrado acecha), Saramago exhibe su imbecilidad impune en Clarín (no link! no link!), en Ucrania votar de nuevo no garantiza nada. Pero lo más interesante aparece disfrazado de topic note en Página: un libro sobre las cartas de Agustín Tosco a su amante.

Tal vez se trate solamente del empeño casi soviético del diario por preservar sus íconos intactos, pero el libro promete ser mucho menos interesante de lo que podría haber sido. Salvo que —no queda claro— se reproduzcan las cartas verbatim, lo que nos espera es una traslación obediente de valores obsoletos (la moral revolucionaria!) a valores supuestamente perennes (la, er, “resistencia”?) Pero igual es fascinante porque, si uno lo lee como corresponde, sugiere que en nuestras lecturas cotidianas de las noticias y de los actos que engendran esas noticias nos estamos olvidando de algo: todos hacemos cosas que no planeamos, las pasiones de cada uno no son las que uno cree, hasta que se presentan como tales, con sus consecuencias. ¿Por qué se pelean Kirchner y Lavagna? ¿Por qué la carta de Nudler? ¿Por qué a mí no me gusta Nun y a Puricelli sí? ¿Qué estaba pensando Clinton hace cinco años? ¿Por qué se suicidó la amante comunista de Oppenheimer, en San Francisco, mientras él preparaba la bomba en Los Alamos? ¿Por qué algunos adolescentes ingleses odian a Blair menos que a Bono, según una encuesta del Guardian que estuvo dando vueltas por mi casa durante días y justo ahora, que la busco, no la encuentro?

“Qué se yo” es mi respuesta favorita desde hace años para casi todas las cosas. Pero hay distintos grados de queseyosidad, y uno de los más atractivos es el que podría/debería emerger de las cartas entre Tosco y la chica despreciada por sus compañeros, tan revolucionarios ellos, tratándola de puta. Si emerge, hay esperanzas para la izquierda. Si no, no.

Confesión: cuando era chico me gustaba Kiss. La banda. No sé si era fan de Kiss, porque no sé si se puede ser fan de algo a los nueve años, pero digamos que tenía todos los discos. Incluso a esa edad, sin embargo, uno podía darse cuenta de que aquellos discos solistas que aparecieron circa 1978 (esos con la carita pintada de cada uno) sólo podían ser lamentables. Incluso a esa edad, también, se notaba que la letra de “Tonight you belong to me”, en el disco de Paul Stanley (qué bochorno) estaba destinada a entrar en el dudoso panteón de las peores de la historia:

In a dream a long time ago
We fell in love, but what did we know
Years seemed to pass as time took it’s toll
You’re here at last, so why must you go
But tonight you belong to me, yeah

Yeah. Dios mío.

Entre todas las cosas que yo no conocía a los nueve años (además de lo de Tosco y su amante) estaba la existencia de una canción muy anterior del mismo título, cantada a principios de la década del 50 por las hermanitas Patience and Prudence, de once y catorce años, respectivamente. Patience and Prudence desaparecieron de la vida pública bastante rápido, como suele suceder con los niños que cantan, pero Tonight You Belong to Me perduró en la oscuridad durante todo este tiempo, hasta reencontrarse conmigo (sin haberse encontrado antes, es verdad, pero concédanme un link cósmico a través del guitarrista de Kiss) una noche de viernes, en Los Angeles, hace cuatro o cinco años.

Quien cantaba Tonight You Belong to Me era Janet Klein, una mujer chiquita y demente que toca el ukelele y se comporta como si jamás hubiéramos abandonado la década del 30. Acaba de salir, por fin, el disco de Janet Klein. Y contiene, por suerte, Tonight You Belong to Me (no la de Kiss).

Lo curioso —y no sé muy bien adónde voy con esto, but there is a point— es que me resulta imposible argumentar la superioridad de la letra de la Tonight You Belong to Me original por sobre la de Paul Stanley. Y es, sin embargo, evidente.

No hay nada extraordinario en

Way down, way down along the stream
How very, very sweet it will seem
Once more just to dream
In the silvery moonlight
My honey, I know (I know)
With the dawn that you will be gone
But tonight you belong to me
Just to little old me

(Salvo por el hecho, claro, de que lo cantaran dos nenitas.)

Y sin embargo, escuchando la versión de Janet Klein, uno entiende todo. O, mejor dicho, tiene la sensación de entender mucho más que antes —en cualquier caso, muchísimo más que quienes hablan de Tosco y su amante en la notita de Página/12.

— What a night for spooning — dijo el sindicalista.

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Tonight You Belong To Me

played by Janet Klein [MP3, 1.74 MB]


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