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Un panorama negro

30 11 2004 - 09:47


Summertime,
And the livin’ is easy
Fish are jumpin’
And the cotton is high

Summertime,
George Gershwin, (1934)

Entre las malas noticias que sigue cagando el árbol del 2 de noviembre, una de las más horrendas es el resultado definitivo del referendum que se hizo en el estado de Alabama (ahí, al sur, el primer estado de los Estados Unidos por orden alfabético). Por un escasísimo margen del 0,13 por ciento de los votos, los amigos de Alabama decidieron mantener en la constitución del Estado la frase que establece escuelas separadas “for white and coloured children”, asi como algunas referencias a los “poll taxes” con los que años atrás se buscaba excluir a los negros de las elecciones.

Es decir, no había muchas sutilezas. Una alianza de distintos grupos progresistas propuso modificar la constitución del Estado, eliminando entre otras cosas artículos como el que sigue:

“Separate schools shall be provided for white and coloured children, and no child of either race shall be permitted to attend a school of the other race.”

Y perdieron. Por un 0,13 por ciento de ventaja, los votantes decidieron ratificar el texto, aun cuando el efecto es simbólico, dado que la constitución de Alabama va en contra de la de los Estados Unidos y su articulado ha sido rechazado por una catarata de jurisprudencia (a nivel federal, la Corte Suprema resolvió sobre la cuestión hace ya más de 40 años). En términos legales, el efecto de la ratificaciónn de la constitución podría ser nulo. Entonces, el “aun cuando” suena peor, porque lo que uno imagina es que hay un grupo importante de gente que está fuertemente atada a la simbología encerrada en ese párrafo, y que está atada a eso más allá de que no tenga efectos prácticos.

Por supuesto que hay riachos laterales que explican partes del resultado: la confrontación de Bush con Kerrey, la profecía autocumplida de los demócratas en cuanto a demonizar a los ciudadanos del sur, y la campaña lanzada desde la derecha aterrorizando a los votantes con que el cambio en la constitución abriria las puertas a, entre otras cosas, más impuestos.

Es decir, la campaña no se hizo a bordo de una camioneta del KKK, ni al grito de “matemos a los negros”, pero aún así, es de temer. Por lo pronto, Alabama votó hace apenas cuatro años para legalizar el matrimonio interracial (la propuesta perdió entre el electorado blanco). Si a eso se le suma el clima general de este país, o al menos los fantasmas que la mente de uno libera tras la elección, las cosas son incluso peores.

En enero se cumplen 200 años de la independencia de Haití, la primera república negra del mundo y la revolución esclava que puso en acción la idea que los seres humanos eran efectivamente iguales. Es posible que estemos hablando de un salto en la humanidad aun más trascendente que la llegada posterior del socialismo, teniendo en cuenta que hasta ese momento, la noción de que había un grupo de seres vivos que podían parecerse a los hombres pero no eran enteramente tales era una idea dominante. Cuando “el jacobino negro” Toussaint L’Ouverture encabezó aquella revolución, había medio millón de esclavos en la isla de Santo Domingo, cuyo trabajo (esclavo) proveía el grueso de la riqueza del sofisticado mundo parisino. Los esclavos tenían prohibido leer y escribir y, aunque los motivos para eso eran variados, la razón que esgrimían los propietarios era bien práctica: los esclavos sólo podían salir del trabajo con un “pase” escrito y firmado por sus dueños y la educación podía aumentar exponencialmente el surgimiento de pases falsos.

Que 200 años después, la estrella de Haití esté completa y absolutamente borrada del imaginario público del mundo, va acompañado de convertir a aquella república negra en una de las más pobres del mundo. Y combina de maravillas con que en la primera potencia del mundo, la primera en recibir el impacto de aquellas revueltas, a solo 1000 kilómetros de Haití, todavía haya un montón de tipos que prefieran tener entre sus señas de identidad una constitución diciendo que los negros tienen que ir a escuelas separadas.

En el otro extremo de los Estados Unidos, el de las costas liberales y progresistas, los habitantes de una zona de Long Island lanzaron una cruzada para que el gobierno local detenga a los inmigrantes ilegales, para que el gobierno federal los deporte, y para que los inmigrantes ilegales no anden más pidiendo trabajo por las calles de su ciudad.

Esta no es, precisamente, la parte más progresista de la costa este. Zona de suburbio y con larga historia de segregación, es una de las que tiene mayor carga impositiva de todo Estados Unidos (a diferencia de Alabama, donde los impuestos son de los mas bajos del país). Los argumentos impositivos con los que los vecinos de clase media de Long Island explican por qué ellos, justamente ellos, no deberían tener que padecer la presencia de inmigrantes ilegales en la calle, no son muy distintos a los desplegados en, digamos, el barrio de Palermo, para sacarse de encima a los delincuentes que invaden las versiones vernáculas del Soho y Hollywood.

Los vecinos de Long Island han organizado marchas, petitorios y esas cosas. Hace dos años, algunos vecinos se exaltaron un poco más, levantaron a dos inmigrantes en la calle y los molieron a palos en un descampado. Inspirados en el ejemplol, un grupo de pibitos prendió fuego a una casa que estaba superpoblada de inmigrantes. Los candidatos han prometido erradicar “el problema” con una variada gama de retórica xenófoba. Las ONGs y grupos de defensa de los derechos civiles ya no saben qué hacer para advertirle a todo el mundo que esto se puede ir de madres. Los inmigrantes —casi todos hispanos, unos pocos argentinos, quién te dice si alguno no es de Palermo— siguen llegando como pueden para trabajar en la construcción, una rama productiva que no encontraría de otro modo mano de obra disponible.

Es posible que si uno ve esta foto de uno de los simpáticos vecinos de Farmingville se quede con la imagen equivocada de los Estados Unidos, incluso de Long Island mismo, si uno considera que en el pueblo de al lado, frente a un flujo similar de inmigrantes, no pasa absolutamente nada. Como si la Argentina pudiera quedar achatada en la foto de un piquetero rompiendo una vidriera o un cana rompiendo una cabeza. Es posible también que el resultado de lo de Alabama también tenga que ver con otras cosas, y no pueda ser explicado solamente por el racismo de los votantes blancos.

Aun así, no es el tipo de noticias que te hacen arrancar el día a plena confianza con la humanidad. Al menos, si te toca despertarte cerca de Long Island o de Alabama.


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