Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







El Angel Exterminador (Luna Park, 1983)

20 05 2011 - 02:46

Ahora que llega el invierno nos queremos meter en el orto los colectivos con aire acondicionado. En el verano, cuando aparecía en el horizonte uno de estos ejemplares, con cartelitos luminosos en el frente, grandes ventanales y un conductor que lucía el aplomo de un croupier marcando los boletos, era todo alegría. Habíamos entrado en el mundo civilizado y hasta se perdían un poco de vista los carteles que dicen que los boletos de este viaje están parcialmente subsidiados por el gobierno nacional. Nadie sabía cómo cerraban los números de semejante lujo si sólo es sustentable en base a subsidios, pero hacíamos oídos sordos disfrutando del fresquito. Ahora que las temperaturas empezaron a bajar, descubrimos que esos aires acondicionados tiraban sólo frio y por consiguiente ahora están apagados y el interior del colectivo se hace más sofocante que nunca, porque lo único que se puede abrir son unos ventiletes que están lejos del alcance de los humanos, que además siguen creyendo por inercia que la provisión de oxígeno está asegurada.

Por el contrario, la situación de viajes y viajes transportando personas amontonadas al vacío debe generar un tufo inextinguible, que seguramente es el motivo por el cual los conductores higienizan los colectivos en las terminales rociando el colectivo por dentro con 10 litros de pinoluz genérico, que cuando te adentrás en el pasillo empezás a sentir que te suben arcadas y a buscar los ventiluces como si fueran bocas de incendio. La situación es parecida a cuando entrás a un baño en el que alguien pensó que el olor a mierda se contrarrestaba vaciando un tubo de lysoform. Es ahí cuando te das cuenta de que los cartelitos de los subsidios ya no están más en los vidrios de las ventanas porque ahora se imprimen directamente en los boletos, como para que nadie pueda arrancarlos.

———————

Estuve leyendo online a Sandra de la Fuente. Narra la experiencia de asistir con dos alumnas a un concierto que por su descripción se parece a los Torneos Juveniles Evita. Comparto su curiosidad por el evento, aunque en mi caso sería una curiosidad morbosa por ver algo que prejuzgo feo y reprobable: el ministro de educación de un gobierno que glorifica estéticas fascistas va a inaugurar un encuentro internacional de orquestas juveniles. Listo, queda asegurada la propaganda de gobierno, en la forma de un discurso que no tiene nada que ver con el supuesto motivo del encuentro — un encuentro que a la larga se develará como excusa para hacer esa propaganda. Mi prejuicio va más allá, y sostengo que este método de organización da como resultado cosas feas, una situación tipo mierda-con-lysoform.

Aunque se podría argumentar que el resultado no es deplorable, que al fin y al cabo esa política de asistencialismo musical da sus frutos y los chicos de las orquestas estudian música y entonces en el futuro tendremos una sociedad más polifónica, contrapuntística y armoniosa. Hace algunos años, un amigo músico se había enganchado para enseñar en una orquesta que era parte de los proyectos comunitarios de Madres de Plaza de Mayo en Ciudad Oculta. Me comentaba su experiencia con mucho entusiasmo. Yo le porfiaba que no podía salir nada bueno de ahí, y él me decía que los resultados de esto sólo se pueden ver a largo plazo. Que Bonafini podrá ser muy criticable pero ¿sabés qué? La mina no para de hacer cosas (diciéndome así también: vos hablás y no hacés nada). A los tres meses dejó de dar clases porque no le cerraban los números, así que al menos por su testimonio no me voy a enterar de si la orquesta de las Madres dio frutos a largo plazo.

Es fácil llevar esta discusión a un eje de oposición kirchnerismo-antikirchnerismo. Lo cual les viene de perlas a los kirchneristas para victimizarse y ver fantasmas destituyentes y oligárquicos en los ámbitos de la cultura. “Quieren un estado bobo” podrían decir. Sin embargo, este como otros hechos de la cultura son parte de un proceso larguísimo de decadencia cultural argentina, y sería bueno encontrar la película de la cual esta foto forma parte. ¿Le hizo daño el peronismo a la cultura? No me voy a poner a contar acá por qué creo que sí, aunque tal vez un día lo haga. ¿Profundizó el kirchnerismo esa decadencia cultural? Idem anterior. Es largo, pero en resumen ellos hicieron de la cultura algo parecido al rock de los predicadores evangelistas, en donde La Palabra de Dios está por delante de la música que se escucha. Y entonces no importa si es lindo o feo, o mejor dicho: es lindo si habla de desaparecidos, de dictadura, de dar la vida, de la Patria, del latinoamericanismo, del sometimiento de las masas explotadas, de la dependencia, del proyecto de país. Y es feo si no.

Pero me parece un error llevarlo al terreno del kirchnerismo vs. anti, porque presiento que este proceso de descomposición cultural va a trascenderlo. El kirchnerismo puede haberle dado un gran envión a esta decadencia, pero no lo explica todo. Más bien parece la cristalización de algo que ya venía de antes, que no fue saldado y que quién sabe si se resolverá alguna vez. No creo que se resuelva en el próximo gobierno o en el siguiente, sin importar quién esté en el poder.

El kirchnerismo se volvió tan omnipresente en todos estos años y se metió tan hondo en todo lo que la gente dice, que me obsesiono y ya no sé si discuto con kirchneristas que se asumen como tales, kirchneristas que ocultan ser kirchneristas o kirchneristas naifs que se cuelgan de un ideario políticamente correcto (o más bien de sentido común progresista medio), entre tantos otros matices. Para mí, no es tanto que el kirchnerismo haya impuesto una agenda sino que fue tomando lugares comunes del progresismo bienpensante para erigirse en guardián y comisario de esa bondad. Son esos clichés lo que cuestiono, más que a los funcionarios de turno. Los sileonis, los artemios, los aníbales, los gvirtzes, los randazzos, los kunkeles son efímeros.

Algunos clichés sobre la relación entre cultura y política:

El Imperio quiere avasallar nuestra cultura.
El Estado debe defender nuestra cultura.
Hay que ganar la batalla cultural.
Los medios de comunicación imponen su propia agenda.
Es bueno que los chicos se involucren en política.
Los chicos son un ejemplo de lucha.
Las corporaciones apoyan solamente los proyectos rentables.
Hay un beneficio social que no es medible en términos económicos.
La cumbia villera es válida como expresión cultural.
La cultura del rock es rebelde.
Hay que respetar la diversidad.
Hay una globalización buena y otra mala.
El socialismo busca la igualdad.

Todo esto parece, hoy, incuestionable. Pero, ¿y si al Imperio le chupara tres huevos nuestra cultura? ¿Y si el Estado fuera un defensor horrible? ¿Y si no hubiera una batalla cultural sino sólo muchos seres poco pensantes que se ocupan de reproducir un mensaje X por todos los medios posibles? ¿Y si los medios de comunicación inventan una agenda propia porque no pasa nada interesante? ¿Y si los chicos en lugar de involucrarse en la política se dedicaran a aprender aeromodelismo o a dibujar, o a hacer cualquier otra cosa cada vez mejor? ¿Y si resulta que las corporaciones apuestan a 7 cosas que les den pérdidas con tal de tener 3 cosas que les dan ganancias? ¿Y si quisiéramos poner en números el beneficio social? ¿Y si despreciamos la cumbia villera porque es fea? ¿Y si descubrimos que no hay una cultura del rock? ¿Y si hubiera cosas aceptables y cosas no aceptables en lo diferente? ¿Y si no se pudiera dividir la globalización? ¿Y si el socialismo quiere la opresión?

———————

No estuve en el concierto de Serrat en el Luna Park en el ’83, pero recuerdo que lo pasaron por radio y lo grabé en un cassette Basf con un radiograbador que mi papá todavía guarda. En muchas partes se escuchaban crujidos de interferencia y la grabación era inaceptable bajo cualquier punto de vista. En el momento culminante del recital, Serrat recita en castellano el poema A mi padre (que escribió en catalán) y el Luna Park se viene abajo por los festejos del público cuando termina diciendo Padre deje usted de llorar / que nos han declarado la guerra. No sé si lo habrán vuelto a vivar así a Serrat en su vida. Yo desde mi casa y en silencio compartía la emoción, tenía ganas de estar ahí y de abrazarlo. Sentía, al igual que toda esa gente ahí aplaudiendo, que venían tiempos mejores. Y era extraño, porque la canción anunciaba tiempos peores. Era adolescente y estaba tan obsesionado con ese momento que lo pasaba una y otra vez y me imaginaba con mucha claridad, como si los estuviera viendo uno por uno, al público que estaba esa noche ahí en el Luna Park aullando de emoción.

Al tiempo le presté ese cassette a una amiga y no lo vi nunca más porque me peleé con ella después de intentar robarle la novia, pero nunca dejé de recordar ese instante del concierto, de mi grabación que se cortaba con la interferencia. Con el tiempo se volvió un recuerdo melancólico, con esa fantasía de la evocación que hace que uno vaya sintiendo el estremecimiento de acercarse tanto que se siente casi ahí y es enorme la frustración al darse cuenta por enésima vez de que no se puede volver. Creo que es por eso que me rebelo todo el tiempo contra el progresismo bienpensante. Cuando oigo una y otra vez esos pensamientos que nos mantienen en el atraso, revivo la sensación ambigua del regreso imposible y creo ver de nuevo esa fantasía de la platea que se pone de pie y aúlla al escuchar la declaración de guerra. Y la escena se repite cíclicamente y vuelve a empezar, y en cada repetición veo las caras más viejas, las mismas. Y es la misma interferencia de la radio, los mismos aplausos, los mismos gritos, las mismas caras que al estar cada vez más viejas me hacen temer que la muerte no sea ni más ni menos que eso: quedar atrapado en una grabación de Serrat en el Luna Park.


————————————

Del mismo autor:
Correspondencia Escolar (02)
Pagliaccio
Big Band Revival
Las dos caras de la enfermera
Rewind
Un final
Ceremonias de iniciación
Esclavos
Del orden de las verduras
La Más Mínima Sospecha