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Slumming Chronicles: Showmatch en Roses

10 06 2011 - 17:25

Uno toma las decisiones que toma y después se tiene que hacer cargo mínimamente. El que trajo al loco que se lo lleve, le dijeron a Duhalde una vez, y no se dignó a hacer nada. Como fui yo el que eligió al restorán chino-vegetariano-libre Los Sabios como punto de encuentro de nuestra cita mensual de la “Asociación Abuelas del Suplemento Sí – Línea Fundadora”, fuí yo también el que en determinado momento de la velada propuso un rajemos que terminó en un bar de la esquina de Corrientes y Mario Bravo llamado Roses, donde un Ballantine’s y la performance fenomenal de la Enana Noelia y Hernán Piquín en “Bailando por un sueño” salvaron la noche.

¿Cuál era el problema con Los Sabios? Parece ser el nuevo Cantón, el lugar barato y cooltrash al que acude la juventud indie a la hora de llenar el tanque. Eso en sí no es ni bueno ni malo, sino un dato de la realidad que puede acomodarse en un hueco de nuestra modorra y convivir con nosotros perfectamente por los siglos de los siglos. Hacía muchísimo tiempo que no iba a Los Sabios. Creo que lo descubrí gracias a un amigo de mi ex-ex Laura, una noche, después de cine en el Abasto, diez años atrás, capaz más. Las milanesas de berenjena de ese día me volvieron loco, lo mismo que unas de soja del tamaño de una galletita Melita. La comida sigue siendo igual de rica y recóndita: carne fake multishape se lleva la corona, seguida de cerca por las batatas caramelizadas, unos dumplings misteriosos, el tofu a la que m’importe, assorted buñuelitos y papas perpetuas. Re rico todo.

Primero nos cruzamos con Laura Falcoff, que escribe sobre danza, es amiga y querida, y me alegró el encuentro porque no la veía hacia mucho. Se hizo un rubior en el pelo que le queda bárbaro. Me dijo que tampoco había pisado Los Sabios en ages pero que la comida le seguía pareciendo una genialidad. Nos sentamos con los muchachos en una mesa para seis y como a los 20 minutos empezaron a aparecer los jóvenes porteños y uno de los comensales dijo “uf, re España fines de los 90 todo, ¿no?”. En efecto, más tarde nos dió la sensación de que la gente que llegaba tenía un look en la vereda y cambiaba de forma apenas pasaba la puerta, como si Juanjo Saez los redibujara y recién ahí los dejaran entrar. Medio así:

Pero eran miles, eh, un poco body snatchers el asunto. Los Sabios se llenó y me parece que esa noche empezó oficialmente el retro de los 90. Primero salió el libro de Corach, pero a mi no me importó (e incluso me gustó). Después Ricardo Fort lo entrevistó a Menem y un poco me reí. Y ahora vienen a Los Sabios como si salieran con un hambre de locos del Morocco, con los agujeros de las orejas super grandes y buzitos deportivos alla Damon Albarn y libros de Anagrama en la mano. Por supuesto tuvo algo gracioso el desfile, pero por sobre todas las cosas sirvió para que varias mini fobias se activaran, hiciéramos un Acoyte Interruptus (jj dixit) y nos fuéramos al café-bar Roses de la esquina.

La moza del Roses tenía un acento de país de la región, como chileno pero de plush, todo suavecito. En el momento en el que entramos, en una mesa dos señores de 60 discutían por algo de San Lorenzo (qué bien), y el cuervo mayor de la Argentina, Marcelo Tinelli, presentaba en la TV del local a Noelia y Piquín, la pareja top de “Bailando por un sueño 2011”, programa que no pasan en Los Sabios, porque no hay tele, supongo, pero además porque el público que frecuenta el comedero debe creer que uno ya es culto o sofisticado declarando que no ve Showmatch. El sincro en Roses fue raro, porque la tele estaba sin volúmen y el audio era FM Aspen (no creo que ninguna otra radio del mundo hoy se atreva a poner un tema de Tina Turner). Entonces qué canción bailaron Noelia y Piquín, no lo sé, te la debo, pero sí se que lo hicieron sensancional, porque todos los jurados les pusieron 10 puntos y nosotros en la mesa tres cuartos de lo mismo.

Los jurados hablaban y jj recordó que Moria dijo que Carmen Barbieri es como un lavarropas con la cabeza del Pato Donald clavada encima. La veías y tal cual. Repetían las proezas de Piquín y Noelia en cámara súper lenta y el ralenti las tranformaba en belleza pura: el hombre levantando a la “persona con estatura diferente” (Pettinato dixit) y dejándola caer dando vueltas como si fuera un yo-yo. Uf. Ahí me empezó a mensajear Cata, porque como es divina pero re poco coolta estaba en su hogar con sus hermanos viendo Showmatch.

Te das cuenta q tiene un tatuaje en la concha?

Ni le hizo falta sujeto a Catalinita. Noelía tienía un tatuaje por encima de la parte inferior de la malla, en la zona que según Wikipedia se llama hipogastrio o región suprapúbica. No se veía bien desde donde estábamos (¿una mariposa?), pero fue curioso el modo en que el director de cámaras alternó planos suprapúbicos con rostros de gente llorando mucho.

Pq lloran Cat?

Pq todos los criticaban y decían que no iban a poder bailar pq ella era enana, y resulta que ahora son unos mega genios.

Y quién es la señora que invadió la pista?

Fake animal print? La mamá de Piquín.

Nos reímos mucho y, como siempre, el vértigo y la emoción de ver gente bailando se hicieron presentes. Sin volumen y con la FM Aspen de fondo, Showmatch funcionó bien igual, porque funciona bien siempre. El escape de Los Sabios y el Ballantine’s, de más está decirlo, ayudaron muchísimo, y esa camaradería como de mariconas Taragüi que tenemos con las Abuelas nos volvió a poner espalda contra espalda y con la espadas láser iluminando lo que nos queda, que es poco pero es a su modo hermoso. Vulgaridad de verdad, con amistad, tendría que cantar ahora El Cantante ya que rock, lo que se dice rock, ya no hay o no se sabe bien qué pasa, y encima ese Cantante se volvió súper K y tampoco mira más Showmatch.


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