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La noche de las neuronas espejo

1 09 2011 - 07:29

Las neuronas espejo son unas que tienen la función de imitar o reflejar la acción del otro al que se observa. Tal vez cumplen la función de permitirnos saber lo que siente otro ser humano; tal vez se activan para permitirnos saber si el otro sufre o está contento. Las neuronas espejo se encontraron en monos, en aves y en humanos, en el área de Broca y la corteza parietal que es una de las regiones del cerebro involucradas en el habla y el lenguaje.

“Cuando observamos a alguien cumpliendo una determinada acción, en nuestro cerebro son dispuestas a descargar las mismas neuronas que descargarían si fuésemos nosotros mismos, en primera persona, los que cumpliéramos aquella acción. Este es el presupuesto neurofisiológico que permite reconocer inmediatamente las tonalidades emotivas de un semejante”.

Esto lo leí hace tiempo y lo retomé ahora de un libro aburrido en general, Ambivalencia de la multitud de Paolo Virno. Espero que se haya entendido esta primera parte de las neuronas espejo, porque no sé de qué otra manera explicar el ejercicio que traté de hacer anoche, mientras veía por televisión las noticias sobre el asesinato de una nena de once. Una que sabe de las neuronas espejo y del carácter público de los sentimientos trata de entender como loca. Y no lo logra, no y no. Y una piensa: qué condiciones están dadas para que pasen cosas así. Si es el momento, si estas cosas igual pasan en todo el mundo, si es Dios, si es el estado o son los padres. Y las cosas que uno tiene que hacer cuando quiere entender por qué pasa lo que pasa.

Por ejemplo: ser el asesino. Me acerqué a mi compañero y pregunté: ¿qué es matar a una nena, de dónde sale? Me contestó: ¿y ahorcarla? Y me puso la mano en la garganta con fuerza. ¿Ahorcar a una nenita hasta que muere? ¿Sentir que el cuerpo chiquito se queda sin la electricidad de nena floguer que se ve en las fotos que tenía? ¿Y tener un cuerpo mucho más fuerte que el del otro y saber que si lo estrujás lo suficiente se muere, y no vive nunca nunca más?

Me lo pude imaginar, como una pesadilla recurrente, una en la que se me caía un bebé por el balcón. Ahora aplastaba a una persona con mis manos hasta matarla y lloré por la nena imaginaria muerta. La nena que maté se murió de asfixia mecánica por sofocación. Después me alejé un poco del compañero, que si bien estaba conmovido, también estaba contento. De estar vivo, decía, de estar acá, de no haber muerto todavía. Y me hizo reír antes de ponerse a saltar con una soga también imaginaria.

Traté de concentrarme y ponerme ahora en el otro lugar. Pensé en mi cuerpo desnudo a los once, los pelitos finos, las rodillas redondas y en las pilas que ponía, en todo lo que podía hacer en un día: ir a danza, a handball, a inglés, a la escuela, a francés, a dormir a la casa de una amiga. Pensé en las formas de patalear cuando no me daban permiso para hacer algo, en la sensación de que a los once uno no gobierna casi nada y no entiende casi nada, y que pareciera que todo pasa por fuera de uno, en un papá que no está y una mamá que, pobre, está demasiado, en un mundo de adultos en el cual hay que sobrevivir sí o sí, en el forcejeo torpe contra mi agresor, en que podría haber sido más fuerte, más inteligente, haber pensado con más claridad. Pensé en el miedo a morirme, cómo será morirme, en el ardor de los raspones, en las cascaritas que no se me van a formar nunca, en el dolor inmenso de la primera —sólo de la primera— trompada que me diste, después no sentí nada, pensé en mi mamá, en que no puedo respirar de la angustia y me muero, estoy muerta.

Y ahí ya esta. Ni la calidad institucional, ni la lucha contra la violencia, ni las campañas de los artistas famosos, ni las declaraciones de los políticos, ni la batalla por la construcción de sentido, ni la inseguridad, ni la reestructuración tan necesaria de la institución policial. Nada. Estás muerta y todo lo otro se parece al pataleo histérico de la nena que no entiende, porque no puede entender, por qué le dicen que no. Así tramitan los vivos la muerte de los que mueren.


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