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La muerte y la mano izquierda

2 09 2011 - 16:23

Me preocupa morirme. Como a todos. Me aterra la idea de que un análisis me de mal. No me quiero enfermar, no quiero sufrir, no quiero sentir dolor físico alguno. Quiero ser sana. Creo que envejecer es un privilegio. Cuando pienso que me voy a morir o cuando tengo un ataque de angustia, de seria persecución mental, me aterra la idea de saber que no hice todo lo que quería hacer. Todo lo que me falta. No tengo hijos. Me faltan los hijos que para algunos son la posibilidad real de no morirse nunca, de dejar siempre algo, de permanecer para siempre. Hasta que el árbol genealógico diga: hasta acá llegamos.

El martes en una entrevista me preguntaron “¿Hace cuánto murió su padre?” Tardé en acomodarme, me pasa siempre. Aparecen fotos o pequeño cortos cinematográficos, direcciones, algunas personas que ya no veo ni quiero volver a ver y de a poco llego a la fecha, no específica, al año, al mes y a mi edad en ese momento. Entonces contesto, casi cuatro años ya, y un poco me dan ganas de llorar. “¿Y como lo vive?” me preguntan. Mal, digo. La muerte toda se vive mal, qué muerte se puede vivir bien. Con el tiempo te acomodás, pero siempre sobrevuela un poco el entierro, la partida, el corte de la vida, la certeza de que se terminó y de que no se va a volver a repetir. Cuando me tocó esa muerte, que fue triste y tuvo anticipos de violencia y rasgos de sordidez, me volví enloquecida de la vida. No me quiero morir, qué idiotez ¿no? Deseo un imposible, la idea de vivir para siempre, y en lo posible lo mismo para los que yo quiero, y si se puede, bien, y si puedo pedir un poco más, felices, que vivamos para siempre, felices, bien, con amor, sin dolor, sin dolor físico, sin carencias, sin hospitales, sin discutir o casi, discutiendo a veces, peleando poco, confrontando casi nunca. Eso quiero: una fantasía.

No le creo a los médicos. Ayer un médico me dijo, no es grave esto. ¿Cómo que no es grave si me duele? Es gravísimo. ¿Y la cabeza por qué me duele? Stress, cansancio, mucho tiempo en la computadora, angustia, nerviosismo. No es grave, me dijo. ¿Pero por qué me siento tan mal? ¿Qué pasa? No le creo a los médicos aunque me digan la verdad. Quiero que me mientan un poco, que me digan que esto que tengo en la panza no es grave pero que hay cosas que no pueden solucionar. Como la vida cotidiana, el todos lo días, que hay cosas que no saben, que hay cosas que no pueden curar, que hay cosas que pasan por alto, que se les escapan, que son médicos, no son héroes, son gente que estudio medicina, algunos más brillantes que otros, algunos investigadores que salvan vidas, otros que hacen lo que pueden, que están en la guardia, esperando al próximo paciente, viendo pasar la vida, que se yo. Con la bata blanca y el alcohol en gel para limpiarse cada vez que nos tocan.

Mamá me dijo que cuando yo llegué empezó a tener miedo. Me lo dijo recién ahora, aunque creo que lo supe siempre. Miedo a que me muera, a que me pase algo, a que sufra, a no poder ayudarme, a que me quede sola, a que me falte algo, a que no sea feliz, a que me enferme, a que me vaya, a que tenga un accidente, a que me hagan daño. Miedo a todas esas cosas tuvo, tiene y tendrá, aunque yo siga cumpliendo años. Ayer me dijo que a veces yo lloraba de noche y ella subía a ver qué me pasaba. Llorabas mucho, me dijo. Ahora igual aunque ya no vivo ahí, ni tengo 8 años y supuestamente crecí y soy fuerte, independiente y tantas cosas más, igual tiene miedo. Aparte vos te metes en cada cada cosa hija, me dice. Pero yo casi ya no me meto en nada porque no me quiero morir.

Me da miedo morirme violentamente. De un tiro, de una cuchillada, por cualquier idiotez, por una laptop de mierda o por un policía hijo de puta. Me da miedo morirme de alguna enfermedad congénita. Me da miedo que un día me digan que tengo algo terrible pero que vamos a trabajar juntos, la institución, sus médicos y yo, para salir adelante. Me da miedo no poder encontrar la manera de chequear todo el tiempo que estoy bien. Estudiá medicina, me dijo hoy mi novio, estudiá medicina que es para vos. Me da miedo morirme sola, qué se yo. Me da miedo que a todo el mundo le chupe un huevo que mañana no voy a estar más. Me da bronca, me da miedo que a todo el mundo le chupe un huevo que se rompa el balance natural y que se muera gente que no se tiene que morir. No quiero normalizar la institución muerte porque “las sociedades son violentas”. No me interesa, no jodan. No quiero leer, escuchar o tener que pensar, ponerme a pensar que el precio de vivir en una capital grande es la violencia y que si hay muertes, robos, tiros, pibas prostituidas, etc, es parte de vivir en una capital. ¿No se puede hablar de la anormalidad de cierta muertes? ¿No se puede hablar de la muerte digitada para ciertos sectores? Nos vamos todos a vivir al campo o a otro país donde sea mejor y la muerte sea un hecho aislado, por ejemplo cuando un tipo al que se le suelta la manija y se baja 40 pibes a los tiros de una. Nos escapamos, huímos.  A lugares mejores en dónde la muerte está bajo un sótano y con horror nos enteramos 20 años después que había pibas siendo violadas por un padre loco. Y acá: la muerte horrenda de acá porque no podemos traducir políticamente a los que piden “mano dura” o leyes más duras para los delincuentes. Porque la ideología firme no sabe de muerte, no sabe de terror, no sabe de miedo.

La muerte y la desaparición para un sector parece tener status si sucede bajo un gobierno de facto; bajo un gobierno democrático avalado por el 50% de la sociedad que aparentemente nos habría clavado un 50% bien puesto son manipulaciones de los medios. Si desaparecen pibas es porque las maltrataban en la casa. Si matan a una piba es porque los medios hicieron todo lo posible para que así fuera. No se puede avalar la impunidad para matar, y menos un gobierno democrático. Y no se puede caer en la salida barata de empezar con medios buitres o la sociedad facha me da asco. No se avala ni se tolera: se trabaja para que la muerte no sea una franja de normalidad, se trabaja para que sea la excepción.

Me levanté hoy y leí a los que dudaban de la muerte de Mariano Ferreyra pero hoy piden justicia para Candela. ¿De dónde  sacan el status y las estrellitas de importancia que le ponen a cada muerte? ¿De su carácter ideológico? ¿De la conveniencia? ¿Y los artistas cómo deciden a qué le ponen las fichas de solidaridad? Piumato no sabía el nombre de la piba que apareció en una bolsa de Acceso Oeste ahí a 20 minutos de donde vivía antes. El show es de todos: es de Scioli poniendo las cámaras también, a no confundirse. El Gobierno de la Provincia de Buenos Aires filmó y entregó el video con el show del reconocimiento de un cuerpo. Y correr bajo la alfombra una piba muerta tirada en una bolsa porque no se quiere ceder en el examen de progresismo aplicado es contribuir a la deshumanización de la convivencia colectiva. Pretender que no se diga nada porque la inseguridad no es un tema de izquierda es pedir silencio para  no hablar de la policía y los 8 años en los cuales no se hizo una purga y seguir pensando en el realismo mágico de la bajada de un cuadro. Es vivir en una fantasía y también es ser cínicos. Es no blanquear que en 8 años de gobierno no se entrenó a las fuerzas de seguridad a las cuales en un estado de democracia les cedemos el monopolio del ejercicio de la violencia, lo cual no es poco. Es no aceptar que dichas fuerzas están entrenadas para desaparecer gente, no para encontrarla. Hay que hablar de esto, de que no se puede aceptar la muerte violenta ni la desaparición de mujeres y niñas para la trata. No hay que jamás ceder en el derecho de la normalización de la muerte y de la desaparición de personas, nunca, porque eso es lo que en todo caso nos hace más humanos.

Scioli el católico parado junto al patrullero, junto a la bolsa, junto a un montón de personas, cámaras, un helicóptero en el fondo. El miedo de morirse así multiplicado en miles de hogares.


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