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AL.FVD0026: La lata de atún

13 09 2011 - 01:07



El planeta es una esfera. No perfecta, cuidado. ¿Ven cómo se achata? Como que se achata de arriba y de abajo, pero no pasa nada con eso porque al final es más una esfera que otro cuerpo. Le decimos esfera achatada en los polos. Los polos son la parte achatada, esa, en que bajó muchísimo la temperatura. O que nunca se derritió y permanece congelada. No se sabe bien. Son dos teorías: la del enfriamiento y la del calentamiento. Y según cúal de las dos le resulte a alguien más descriptiva de lo que está pasando en general, se pueden deducir las características de su personalidad. A mí, cuando era más chica me gustaba la teoría del enfriamiento, porque sentía que todo tenía que parar de una vez por todas, que tenía que ser menos movedizo, menos voluptuoso, menos mojado, pero ahora no, ahora me gusta la teoría del calentamiento, aunque terminemos mal, pero porque es feo tener frío en las manos y es feo que nadie te hable habiendo gente que sabe tanto y que tiene tanto amor para dar, en apariencia. Eso opino ahora, bah, en estos últimos días. No tengo una idea muy formada para dar. Lo importante es que un derretimiento hubo, eso seguro, porque de ahí viene el agua. Bueno, sí, y viene del oxígeno también. La tierra era una bola de fuego y por pura inconstancia, por puras ganas de ser alguien, se convirtió en una bola de hielo, pero el tiempo le pasó por encima (hay que pensar siempre que la tierra es un ser temporal) y el hielo envejeció y se acuó. El agua que pululaba se fue a rellenar fosas marinas, y ahí quedó, haciendo olas. Estamos hablando de mucha cantidad. Cuando hablamos de mucha cantidad de agua hablamos de un océano o a lo sumo un mar. Menos mal que se agrupó y dejó las partes secas que son la verdadera tierra de la Tierra, porque sino yo sería una sirena y con el sexo oral de los puros besos yo no hago nada, aparte creo que las sirenas no pueden tener hijos. No. No. ¡Pero perdón!, yo no sería una sirena porque las sirenas no existen, son una parábola bíblica que inventó alguien para entretenerse o para asustarse. Go, Dora, go.

Cuando apareció la Vida, el empujón ese que es la vida (Porque parece que todo fue de menos a más. ¿Raro, no?, yo lo hubiera hecho al revés, no me banco la onda creacionista, yo pongo todo de una, para tener la seguridad de que todo estuvo ante mis ojos, que todo fue una fiesta alguna vez, y después voy sacando, después voy apagándole las luces) fue probando al tun-tun, justamente para poder vivir, y dedujo que para la tierra se necesitaban pies y para el agua no, para el agua cualquier cosa. Entonces en la tierra fueron apareciendo todos los que tenían patas y luego la élite que somos todos los que tenemos piernas (una idiotez, una discriminación lexical negativa que da pena que nadie discuta). Increíblemente a la mayoría nos fue bien. En el sentido de que estamos acá contando el cuento, ¿no? A los del agua también les fue bien, parece, porque la verdad es que no tenemos una comunicación interesante entre unos y otros que aclare puntos de vista o intenciones, ni hablar acuerdos o causas en común. Un poco, tal vez, con los delfines, pero es más un gesto de clase, una pose de ese tipo de personas que van siempre con albores de foto de almanaque en la cabeza, mucho almanaque, mucho póster y mucho griego hubo, y como que la gente no puede salirse de esa y pontifican a los delfines o a los caballos blancos y no se dan cuenta que no se la cree nadie.

Esta separación, este desencuentro, entre acuáticos y terrestres, se dio por imposibilidades básicas de supervivencia en el medio ajeno: del agua al aire y del aire al agua. Excepto por algunas pocas criaturas que gozan de mixtura respiratoria, no hay caso, un tipo abajo del agua aguanta como mucho un minuto porque se le llega a meter agua por la nariz y se le va directo a los pulmones y se ahoga. La verdad es que un pez (un pez es como un óvalo más un triángulo atrás y dos más chiquitos arriba y abajo y un ojo a cada costado y una boquita adelante, todo de un color plateado oscuro) es poco frecuente que salga del agua y trate de deslizarse en el aire, pero las veces que se intentó hacer la prueba, porque parece que se probó traer peces a la tierra para que nos ayudaran, para someterlos a la servidumbre más bien, no se pudo: enseguida se morían porque se les secaba la garganta, como si tragaren farina. ¿tragaran harina?, y como los patasucias que hicieron las primeras pescas siempre andaban armados y bastante muertos de hambre, una vez ahí, con los peces ahogados, se les activó la intuición, producto de la constitución carnívora, de que los peces eran comestibles, los abrieron y los cavaron y se comieron la parte blanca y carnosa. Y gracias a eso prendieron dos palabras muy buenas: filet y pescado. Pescado es la voz pasiva del pez transformada en sustantivo impunemente: un triunfo escalofriante del poder del hombre. El atún es un pez, un pez marino que sabe bucear además de nadar. Bucea sólo en diagonal. Es azul por fuera y rojo por dentro como los príncipes figurados. Los hay en grandes cantidades.




Pasaron los años y los terrestres comandados por las piernas hicieron lo que quisieron, y todo con lo que iban encontrando en la tierra, gracias a una inventiva infinita, a una extraordinaria capacidad alquímica y a la puesta en práctica de la esclavitud animal y humana. Es que no hay forma de ser inteligente y no querer sacar ventaja de eso. La fuerza del apetito movilizó las necesidades, discriminó consecuencias y organizó el miedo pero también organizó el futuro, porque nada es más primordial que saber qué vamos a comer esta noche. Millones de personas con la misma pregunta, y en cada respuesta un recorte de la vida, un estigma, una injusticia, una esperanza de vida o un hueso. Acá la trampa: el hambre (léase hombre). La carrera loca por vender alimentos fue para mantenernos sanitos y fuertes, pero también por hacer una diferencia a costa del otro, y como el apetito tiene el doble discurso de lo erótico y lo tanático resulta que poner una panadería, un supermercado de los chinos aunque sea, una planta oleaginosa, es el mejor negocio del mundo porque la gente come todos los días, y si no come, invita a comer a una mujer para seducirla y poder dormir con ella. Todo lo que fuera admisible para ser comido se recolectó, se procesó y se conservó, se encadenó al frío o al calor, y se vendió, (o arrojó desde un avión). Por los mares avanzaron los buques pesqueros, enormes embarcaciones con pescadores y redes para atrapar atunes, que son muy ricos y tienen omega 3 que hace muy bien a la memoria de los seres humanos. El atún se lo dividió en lomos y al resto se lo desmenuzó con los dedos o con una prensa, y para dar a conocer el alimento marino y que no se pusiera feo, porque el pescado podrido es muy traicionero, hediondo, inolvidable, mortal, se lo aisló del aire, que es a la larga el más vil descomponedor, introduciéndolo a pequeños cilindros, más anchos que largos, de metal, cerrados al vacío. Una lata de atún es una comida barata, combinable y adaptable, transportable, proteica, marina, con un suave olor a pescado.


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