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Ex

15 09 2011 - 15:44

Hoy fui a devolver Ensayos sobre la transición democrática a la biblioteca del Centro Cultural de la Cooperación, que es un lugar súper moderno y limpio y gris con blanco y espacios amplios, con un negocito con cartucheras de aguayo que por supuesto me quise comprar pero salían cuarenta pesos y me pareció un poco mucho, ojo, no porque no valore la cultura originaria, me parece bien que eso salga lo mismo o más que lo hecho por la cultura occidental y cristiana, sólo que tengo algunas dudas, es decir, la verdad la verdad, no estoy segura de que si pago cuarenta pesos una cartuchera de tela de aguayo estoy colaborando para que el mundo sea más justo con los pueblos originarios. Tampoco creo que mejore el mundo si me compro una cartuchera de plástico en Staples. De cualquier forma, cuarenta era mucho para cualquier identidad cultural de cartucheras.

Salí apurada porque llegaba tarde al trabajo y doblé en Uruguay, lo pensé, dije: siempre doblo en Talcahuano, mejor hoy cambio de recorrido. Y a los pocos metros me crucé con mi ex. Digamos que se llama Nico. Siete años estuvimos juntos y nos separamos bien, así que cuando nos vimos nos dimos un abrazo con cariño y nos dijimos qué loco, qué casualidad, qué locura total, nos tomamos un café, tenés tiempo, dale, sí, sí.

En La Giralda elegimos una mesita contra la pared y pedimos dos pocillos de café, nos dimos la mano y lloramos un poco, estás más grande dijo él y yo entendí que me decía más vieja y le dije vos estás igual, bah, te cortaste el pelo ¿no? Compartimos el último pañuelito de papel que me quedaba y acordamos no volvernos ridículos y tristes y entonces comentamos nuestros respectivos adelgazamientos, las novedades laborales y vocacionales, él empezó a tocar bajo, yo retomé danza, parece que somos mejores separados, dije yo, de vuelta unas lágrimas y después risas y enseguida nos embarcamos en una clásica nuestra: la política, el kirchnerismo, el balance de las medidas de siete años de un gobierno al que Nico nunca votó y al que yo le fui perdiendo el respeto que al principio le tenía. Tuvimos la siguiente conversación que partía del comentario gracioso de la tumba de Néstor Kirchner. Le dije: es sólo comparable con lo que hacían los egipcios ¿no? Claro, eran un Imperio y profundamente religiosos, dijo él. Ah, dije yo, por eso en la Historia del Arte los momentos de más religiosidad son los que producen obras más estáticas y brutales. La antigüedad, la Edad Media, no hay libertad, dije y pffff dijo él.

Siguió así:

Yo: Bueno, pero hay que reconocer lo que está bien. La Asignación Universal por Hijo, que además subió la escolarización, eso no lo podés criticar.

Nico: Si ya empezamos con que “no lo podés criticar” vamos mal. Soy libre y critico todo lo que quiero y estoy afuera de todo: la verdad querés que te diga, para mí la AUH tiene que ver con la gestión de la emergencia en un país pobre. Para mí significa que los pobres tienen un poco más de plata, lo suficiente para sobrevivir pero no lo bastante como para dejar de ser pobres. Ojo, está bien, pero es una política de sostenimiento de la pobreza, no es progresiva, no termina con la pobreza. Pero ni se lo propone, eh.

Yo: No podés destruir todo lo que hacen los otros, reconocé al menos que el matrimonio igualitario fue un avance, algo importante que por ejemplo en Chile no se podría ni pensar, dale Nico…

Él: Mirá: yo no le debo nada a nadie, trabajo en productoras pedorras, tengo mi casa, voy los fines de semana al Dot a ver una peli y como en MacDonalds; desde ahí pienso la política, desde el Dot, por eso digo lo que quiero, no existo, estoy afuera, vos y yo nunca nos vamos a entender, bah perdón, de política no hablemos mejor, para mí el matrimonio igualitario es el reconocimiento legal de una realidad social y cultural que ya existía hace mucho… En Uruguay despenalizaron el aborto pero preferimos compararnos con lo peor, preferimos compararnos con Chile, y además ya sabés lo que pienso del matrimonio, para mí que pidan el matrimonio es una cosa dudosa, viste, pedir esos derechos, no sé…

Yo: Bueno, pero hay otras cosas que están bien, la estatización de las AFJP, sabés porque tus viejos lo sufrieron, lo ladronas que eran, además quebraban y dejaban a la gente colgada, ahora hay más seguridad…

Él: Sí, qué se yo. Es importante, pero que el dinero lo gestione el Estado para mí no es garantía de que ese manejo vaya a ser más justo y más transparente, tendría que ir de la mano con activar mecanismos de rendición de cuentas, bueno vos de eso tenés que saber más que yo. A mí si lo maneja una empresa muy seria, viste, me da igual. De antemano las buenas intenciones no son privadas o públicas.

Yo: Sí, tenés razón, pero es un avance, ahora hay que mejorar los organismos de control, darles recursos, hacer las leyes que reglamenten su intervención y garanticen su independencia…

Él: Ponele. Aburrido.
 
Yo: De la Ley de Medios estuve siempre a favor y creo que no podés decir que está mal, sabemos que es una ley de las organizaciones universitarias y de las radios comunitarias, una ley que incluye, que suma a la pluralidad.

Él: Hay que ver que la intención de ellos es usarla para su pelea con Clarín. Ojo, para mí si realmente quisieran esta ley, hubieran apurado a la Justicia, habría más campaña en los medios de ellos con eso, CN23 no está en Cablevisión y no veo que estén discutiendo muy profundamente eso, porque entre Gvritz y Spolszky ya sabemos por quién se la juegan más. Sí, te lo reconozco, la ley está bien, si estuviera en vigencia, estaría re pero re bien.

Yo: Sos cínico, eh, reconocé que si no fuera por el kirchnerismo vos y yo no estaríamos hablando de esto, no sé de qué hablaríamos.

Él: De música, de películas, de series, ¿que estás viendo?

Yo: No pará, decime si no te parece bien que haya más gente interesada en política.

Él: Mirá, si los que están pensando en política son Forster, Barone, Russo, Marchetti, Tognetti, no me interesa. Y lo de la juventud, o sea, Quimey, decime qué proyecto de ley impulsan las agrupaciones de jóvenes. Nombrame un proyecto de ley, una pelea que estén dando ellos.

Yo: En eso estoy con vos, eh, ojalá con ese empeño y esa alegría que mostraron cuando lo subieron a upa a Boudou dieran peleas progresistas hacia adentro, pelearan la democracia sindical, menos sillita de oro, más cuestionamiento.

Él: Algo que los haga sentir representados en sus propios intereses, que no salgan a bancar un modelo, que no acepten esa regla corporativa que los deja al lado de gente que no es como ellos, ellos no son Gioja, Menem, Alperovich. Pero no hacen nada para distanciarse.

Yo: Bueno, me tengo que ir Nico, voy a llegar tarde al trabajo.

Él: Bueno. Perdón si grité un poco…

Yo: Nah.

Pusimos diez pesos cada uno para nuestro café, le hice un comentario sobre sus zapatos, el me dijo algo de mi pelo, nos abrazamos y caminamos hasta la vereda.

Hicimos dos cuadras juntos y le dije que lo que más me dolía era lo que habían hecho con las Madres. Me puso una cara, como diciendo cortemos con el tema. Hay que mirar para adelante me dijo, mirar el futuro, mirar lo que está mejor, parar un poco de sacar conclusiones de cómo llegamos hasta donde estamos ahora y ver para dónde vamos.

Pensé por un segundo que hablaba de nosotros dos, nosotros que nos queremos tanto y que no pudimos sostener nuestra relación y que ahora separados parece que miramos para adelante, pero nos duele por todo lo que podríamos haber sido y no fuimos.

Cuidate, me dijo. Te quiero mucho, le dije. Sí, yo también. Y el siguió por Corrientes y yo doblé en Talcahuano.


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