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AL.FEL3175: Disneylandia

7 10 2011 - 04:00


Disneylandia fue inventado por un dibujante soñador y parafílico, que apoyado en la vasta tradición humana de hacer mitología con cualquier cosa, le dio a un conjunto de animales todos los rasgos del éxito civilizatorio: chaquetitas y uniformes, zapatones, amistad interespecífica, diversión, un espíritu más o menos animado, bipedestación, aventuras de riesgo y hasta un perro que se llama Pluto para amaestrar. Este elenco obnubiló a la humanidad con sus biografías, su belleza redonda, sus problemas del habla, su pequeñez, su magia blanca y su cohesión grupal. Mientras los medios se fueron copando de noticias sobre ellos simultáneamente se dio a conocer que nada de esto era mentira, que todos vivían juntos, como en una rave eterna en LA., y que todas las personas del mundo que querían ir a visitarlos, por unos días, iban a vivir en comunión con el imaginario fosforescente del dibujante que había cobrado vida. La dicha terrenal, el destino. Eso sí, pagando. Para ir a Disney hay que pagar. No es que te quieran cobrar, o que ellos, los habitantes necesiten el dinero para darse una vida de lujo, ni para hacer negocios con títulos y bonos. Es que le tienen que pagar la tasa inmobiliaria a Rentas de Estados Unidos.

Disneylandia es un país adentro de otro país: Estados Unidos, y está presidido por un ratón. Con territorio real y autonomía idílica. Es un país desperdigado en la costa oeste y en la costa este de Estados Unidos. La costa oeste mira al oriente y la costa este a occidente, pero luego ambas miradas se esfuman y se cruzan y cada una desemboca en la costa opuesta para volver a penetrar al territorio norteamericano por vía marítima en forma de olita. Por eso se dice que es un país autocentrado.

Estados Unidos se escribe USA y se pronuncia Norteamérica. Es el mejor país en este momento, porque informalmente sostuvo la atención del resto del mundo. La riqueza es la medición de las posesiones materiales. Cuando esta medición da alta se infiere que la disponibilidad de caprichos, por ende de verdad en el ser, de aquel que la ostenta, es mayor que la de aquel al que le da baja. Estados Unidos hizo lo que quiso porque era rico. Fabricó todos los íconos de sí mismo en cada uno de los ámbitos para que nunca lo olvidemos, con cosas sencillas y prácticas, y la verdad es que nunca lo vamos a olvidar, ahora mismo tengo puesto este Levis y un Windows en mi computadora y pienso en ellos, bah, en David Mamet pienso, en escribir como él, pero para el caso resulta que Mamet es de Estados Unidos también. Estados Unidos tiene todo lo que yo no tengo, el espíritu bélico para conseguir las cosas, la iglesia prefabricada los domingos y el pecado en los moteles, los casinos, las penitenciarias y el suburbio. Tiene los sets de filmación, la pronunciación deslizada, la industria del pride. Saben ser escritores y saben ser policías, buenos, muy buenos. Está lleno de escritores y de policías, y el que no trabaja de escritor o de policía trabaja de guionista o bailarín o camarera o presidente o contratista de la construcción.

Disneylandia está por encima de Estados Unidos, es mejor todavía. Un estado hipermodernizado que apunta a la tonificación de un paraíso multicolor con contraproporciones mágicas y nauseabundas donde mandan el brillo, la sibilancia de la eterna candidez y los títeres. Los títeres son cualquier objeto al que se le otorga una vida falsa por obra de un manipulador. Por caso: si se sacude una birome levemente de un lado a otro y se acopla al movimiento una voz que diga “Hola soy Birome, quiero ser tu novia” se pueden despertar efectos alucinatorios indirectos en compañeros de estudio o de oficina o capaz no, depende del manipulador.  En Disneylandia los títeres cobran un sueldo.




Es un país donde no existe la maldad ni la injusticia, apenas unos focos antagonistas que se presentan para provocar finales felices, para generar móviles; los antagonistas son los villanos o los monstruos: un villano es alguien que producto de una infancia traumática se dedica durante el resto de su vida a lastimar e interceptar la felicidad de los protagonistas de Disney y que en ese circuito obtiene placer, un monstruo es alguien con deformaciones genéticas no clasificadas por la medicina que por tanto se pasa de rango en la fealdad. De todas formas los antagonistas en Disney siempre salen perdiendo porque los protagonistas son el corazón del país, la creencia popular a medias y entre risas, la vulgaridad de la fe de una vez por todas, la esperanza cenicienta hecha bandera.

En Disneylandia los sueños se hacen realidad antes de que los sueñen las personas, como un sistema publicitario aceitado y perverso. Se basan en la excitación cromática y la vida al aire libre que remite al paraíso del genius; un parque de recreación vertiginosa provocada por las grandes máquinas para convalidar en el cuerpo la ausencia del vacío general, como el sexo pero sin sexo. Debe ser épico morir de un espasmo en la montaña rusa y que te saquen en una ambulancia con una vincha de las orejas negras cerrando los ojos para estigmatizarte muerto y que todos los personajes y robots hagan una valla humana, una cadena, para verte pasar, y que bajen la cabeza y les salga agüita del hocico, eso es ir a la guerra, eso es una nación. 



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