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La carta perdida de la mujer sin cabeza

19 10 2011 - 15:24

Amelia: ¿Te gustó “La mujer sin cabeza”?
Yo: ¡No! Me aburrí muchísimo.
Amelia: Claro, es porque tenés la mirada
colonizada por la televisión.

                         To: Quimey Lillo
                         Sent: 4/10/2003
                         Received: Nunca

Querida Quimey,

Porque soy más grande, porque viví más cosas, quería tomarme el atrevimiento de avisarte, de advertirte acerca de algunas cosas que, como somos libres, podés ignorar, olvidar, repudiar, si querés. O podés leer, agradecer el gesto, el esfuerzo, ver si algo, te sirve, te modifica, te ayuda, te ofende, quizás; si te ofende también sirve porque las ofensas sirven para aprender y cuando te hacés bueno en superar ofensas, desdichas y derrotas, ahí creciste y ya te separaste, para siempre, de la inocencia.

Quería decirte, entonces, después de esta aclaración, que no te hagas cargo de una historia que no viviste. Que vos no empuñaste, por suerte, el arma que mató a Aramburu, ni ningún arma, gracias a Dios. No dijiste el nombre de ningún amigo que después apareció muerto o que no apareció más, con tu manito hermosa, no firmaste, qué bueno que fue así, ningún comunicado notificando al pueblo sobre la voluntad del pueblo, no te arrogaste nunca la voz del pueblo, porque seguro que vos no sos tan soberbia. Podrás sentir bronca porque los pobres son pobres, por ejemplo, pero nunca pensarás que podés hablar en nombre de ellos. La soberbia es divertida y a veces hasta puede ser transformadora, vas a decir, y vas a tener razón, una vez más, pero te quiero decir, nada más, esta vez, que si vas a involucrar tu potencia, con violencia y dedicación, si eso es lo que vos querés, dale, te apoyo en todo, pero fijate que no sea para ayudar a cumplir los objetivos de otro que no es tan bueno como vos. Seguro que si los mirás de cerca esos que ahora son tus referentes no son personas tan admirables. Fijate bien, por quiénes ponés el cuerpo en el campo de batalla o tu cara en la pantalla, tu cuerpo joven, fijate que no quede expuesto, que no vaya a ser cosa que entregues lo único que tenés de verdad por un elenco de señores que no se parecen en casi nada al proyecto de persona que vos tenés para vos. Fíjate si te gustaría ser cómo ellos a la edad que tienen ellos. Armá tu historia. O si armás la de ellos, si les concedés el lujo extraordinario de tenerte a vos, que estás nueva, con lo que representás, medí un poco, que se lo merezcan, hacéselos saber, que vos valés mucho, que nunca te boludeen. Que te representan ellos a vos. Fijate, ¿te representan? Y si no, representate vos. Habla vos por vos. Que no te piensen ellos.

Y si querés ahora enojate conmigo, preguntame por qué digo esto, quién me creo que soy. Tenés razón, me creo en la posición de advertirte, porque no me gustaría que te pasara eso tan feo que es que nadie te avise que no hay que hacerse tantas ilusiones, que pueden dejarte sin ganas de nada mientras ellos firman, acuerdan, dan órdenes y acumulan todo tipo de beneficios.

Te cuento mis ideas, lo que me gustaría a mí:

Quiero que dejemos todos de mentir y que sinceremos las intenciones. Que digamos que la verdadera intención no es cambiar el mundo. Digamos que todos los grupos tienen intereses que están dispuestos a defender. Y en general uno podría decir que todos los intereses son mezquinos al lado de un sueño revolucionario. Pero bueno, entonces, todos tienen y todos tenemos intereses y es muy común y muy sano que cada uno los defienda. ¿Por qué defendemos nuestros intereses? ¿Es por el bien de todos? ¿O por el bien de nuestro grupo? Te pido un gran esfuerzo más, yo sé que tus intenciones son buenas, que te entusiasma lo de “otro mundo es posible”, pero tratemos de imaginar algo nuevo, algo sin slogan, algo que no está en los libros, pensemos esta idea un segundo: todos tenemos buenas intenciones, de vivir mejor, de crecer, de que el de al lado crezca también. No podemos, —es tan difícil y angustiante— vivir pensando que el de al lado planifica nuestra aniquilación, pero sí reconozcamos que hay tensiones, y que al defendernos, quizás, podemos perjudicar a otros. Y ahí viene lo difícil. Ahí viene la misión tan importante que le conferimos a nuestros representantes. Al Estado. Porque el poder está ahí. Y en otros lugares también. Pero nosotros votamos al que se hace cargo del Estado, y en ese acto, lo que hacemos es cederles la responsabilidad para que gestionen de la mejor manera los intereses de todos. Y como yo les cedo responsabilidad a ellos y no a una empresa, mi charla es con ellos, el pedido es a ellos, que puedan garantizar un escenario en el que todos crecen y resguardan sus intereses, que ceden lo justo, que se lucen y dejan espacio para que el otro se luzca, y ocupan bien su espacio, como en una coreografía perfecta de danza, en la que cada conjunto hace un dibujo sobre el escenario, en movimiento, bailando, dibujan algunas bailarinas una u o un círculo, un triángulo, olas del mar, lo hacen entre ellas, y todas juntas arman la gran composición. Eso nomás te quería decir, pensalo bien, y un deseo final: que sepas siempre que no hay que pedirle permiso a nadie, ni a la historia, para imaginar cualquier cosa que se te de la gana.


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