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Diario de la Argentina 2: El Canon Zombie

7 11 2011 - 08:27


OK. Acabo de llegar tras una reunión agotadora en un bar de las cercanías de la British Library. Una fuente me ayudó a reconstruir

el jodidísimo tema del Canon Literario Criollo, que tanto revuelo causó. La cosa es más o menos así

El canón se hizo hace dos años en la Argentina II, la patria paralela a la que se puede pasar a través de un portal que sólo cinco

elegidos, Los Paraguayos Extraordinaire, conocen. El canon de la Argentina II era una joya, la perfección hecha listado. Fue

confeccionado con la opinión de 200 interesados en la literatura y la vida en general. Horacio González II presentó el listado en

el Luna Park II, que allá funciona como biblioteca. En el canon no había ningún libro de personas llamadas Perón. Había tres de

César Aira II, todos los de José Bianco II (nueve títulos, qué prolífico) y algunas cosas más. El tema es que cuando uno de

Los Paraguayos Extraordinaire pasó el listado de una Argentina a la otra, 33 nombres se borraron al instante. Nadie sabe bien por qué

pasó esto, pero pasó. El Paraguayo en cuestión, Fulgencio Troche Tercero, no supo qué hacer. Su infinita sabiduría

(su lucha permanente contra los Yellow Nazis, el grupo que procuraba liberar el portal para que así una Argentina se anulara con la otra)

no alcanzaba para solucionar el problema. Pensó, por alguna razón que mi fuente británica no sabe precisar, en completar la lista con títulos de

un único autor. Pese a su apelativo, Los Paraguayos Extraordinarie son inmunes a la noción de nacionalidad, por lo que la primera

opción de Fulgencio fue Corín Tellado. Empezó a enumerar títulos, y cuando iba por los 23 una neurona gritó: ¡Chesterton!

¡¡Liztaylor!! Fulgencio empezó a escribir, en los espacios en blanco: Herejes, Ortodoxia, William Blake, Imprsiones irlandesas, La reina

de las siete espadas. No incluyó ningún título en inglés, puso todos en castellano, y evitó la mención del Padre Brown, por las dudas

ya que podía dejar al descubierto la maniobra. Lo que no podía imaginar el bueno de nuestro espléndido benefactor era

que el mero contacto con la atmósfera de la Argentina I operaría en el papel de cáscara de damasco en el que estaba impresa la lista

un proceso de degradación irreversible. Mi fuente me dice que no pudo haber sido una partícula de piel del Paraguayo Extraordinaire

ya que éste llevaba finísimos guantes de piel de dogo. El tema tuvo que haber pasado por algún compuesto del papel y el microclima

del portal de paso entre las argentinas. De allí, de esa conbinación inesperada pero ahora registrada como “altamente peligrosa” en ambas

Academias Nacionales de Ciencias, surgió el fenómeno del Canon Zombie. Quizás haya sido, pienso, en Londres, lejos de mi hogar

o más cerca que nunca

el choque frontal entre Chesterton y Eva Perón, con Aira como involuntario William Boo, el que generó el abominable Canon Zombie

que hoy avergüenza no a una, sino a dos argentinas, y también

a una hermosa dama de dientes blanquísimos que guarda los secretos más recónditos de la National Library.

#fin


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