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Dailies

22 11 2011 - 07:11

I have a dream: hacer un medio absolutamente independiente y que me sirva también para ganarme la vida. Los trabajos prácticos, que Huili Raffo puso en circulación hace ya varios años, tuvieron y tienen algo de este sueño. No fue como la Second Life, un parque virtual donde hoy sólo moran avatares fantasmas en desuso y que en su momento tuvo su auge gracias a las personas que encontraban ahí una posibilidad de vida inauténtica, como diría Deleuze, pero vida al fin. No, los TP se adelantaron al Nestornauta, orbitaron la política a secas, la micropolítica, los chismes de salón, el fin del periodismo y las tragedias del rock local, entre otras cosas, y produjeron un lector que no se sabía que existía, pero quizá se intuía. Como en las operaciones periodísticas más importantes, los TP buscaron el vértigo de crear un lector (con la posibilidad siempre latente de que este no surgiera nunca) y cuando ese lector estuvo en sintonía, tuvieron la grandeza democrática de que, con la velocidad en que cambia la luz de giro, el lector se convirtiera también en escritor.

Salvo que hayas vivido en China, nadie sabe cómo es la verdadera comida china. De hecho, la de Nueva York es diferente, pongamos, a la de Perú. El peronismo es igual. Hay tantos peronismos como interlocutores. Los occidentales estamos acostumbrados a leer de izquierda a derecha, por eso siempre pensamos que el sentido está en la derecha del texto. Cuando miramos una foto lo hacemos de la misma manera. Buscamos el sentido en la derecha. Sea lo que sea lo que signifique, hace años que está instalada la sensación de que el peronismo es el sentido de la política, el sentido de nuestras vidas. Lo único que puede gobernar, tomar el poder y maniatar al animal que llevamos dentro, es el peronismo. En los cielos, la fábula de Jesús; en la tierra el relato de Perón.

Mi mamá era una persona muy humilde pero con una capacidad intuitiva como la de Henry Kissinger. Cuando yo era chico y ella lo veía a mi primo (que era como mi hermano mayor) ir a Gaspar Campos y después ir a Ezeiza, le decía: Ustedes trajeron al Viejo y él los va a traicionar. Ya van a ver. Increíble. Mi primo fue a Ezeiza, nuestro Woodstock de sangre y fuego, y no volvió esa noche. Volvió al otro día y contó cosas que después vi en un cuadro de El Bosco. Desde esa época (porque yo amaba a mi primo) no puedo dormir si un ser querido está en la calle de noche y no vuelve. Lo cierto es que un tiempo después me encontré a mi mamá llorando en el patio de casa. Le pregunté qué le pasaba. Me dijo: murió Perón. Pensé: ¿Perón no era un traidor que iba a engañar a mi primo? ¿Por qué llorás, mamá? Uno nunca termina de conocer a sus seres queridos. Mi mamá, que fue muy pobre pero nunca peronista, estaba llorando porque había algo en ella, algo atávico, que estaba sintiendo que ese hombre, ese monstruo o Dios, depende quién lo viera, le había otorgado cierta dignidad a personas que hasta ese momento eran menos que cero. Lo que quiero decir es que en el microcerebro de mi madre algo le decía que Perón era un traidor, un hombre que no iba a compartir los ideales revolucionarios de esa juventud que se encarnaba en mi primo y en tantos otros, pero también le notificaba —y esto del lado de los sentimientos, pisando esas provincias que el cinismo moderno y cool vuelve lejanas e intransitables— que con ese General muchos pobres habían tenido una pequeña oportunidad sobre esta tierra, la Prometida Gran Llanura de los Chistes.

Ustedes saben lo que le pasó a Augusto Timoteo Vandor por imaginarse un peronismo sin Perón. Yo, desde los 4 años, vivo un peronismo sin Perón. Y ahora vivo un kirchnerismo sin Kirchner. Hace poco hubo una nevada en Buenos Aires, cosa inusual que no suele pasar seguido y que conmocionó a alguna gente, que salió hacer muñecos de nieve y obligó a otros a refugiarse en hospitales y lugares de asistencia pública para no morir de frío. Lo que no sabíamos es que esa nevada iba a dar a luz a otro superhéroe argento: El Nestornauta. Siempre me imaginé que ese traje épico estaba hecho más a medida de Agustín Tosco. Un trabajador hermoso que solía usar su enterito de trabajo para marchar a la cabeza de las protestas gremiales. Que murió en la clandestinidad, escondido. Lo cierto es que la parábola del Nestornauta representa de manera fragante toda la imbecilidad que puede tener el kirchnerismo sin K. Porque el Eternauta es un ser desterrado, condenado a vagar en un continuo de espacio-tiempo espiralado, después de la gran derrota a manos de Los Ellos. El Eternauta, al que leí por primera vez en la pieza genial de mi primo, es una historieta donde los héroes son diezmados y convertidos rápidamente, como en un mal sueño, en hombres robot. Yo no lo podía creer. No estaba acostumbrado a que los héroes perdieran. A que se los sometiera. Era una enseñanza muy temprana y un vaticinio de lo que le iba a pasar a casi toda la familia de Oesterheld.

El Nestornauta es un mal homenaje para todos esos jóvenes que quisieron cambiar el mundo y pusieron el cuerpo en esto. No escribían en Twitter, no había Facebook, no movías las imágenes de tu Blackberry con el dedo; tenías que estar vos, presente, fuera de la second life. O tal vez haya que interpretar al Nestornauta de manera más lineal. Tal vez el Nestornauta encarna la imagen de la derrota total de nuestro héroes. Un millonario, como Bruno Díaz, que se pone este traje para caminar bajo la nieve, no una nieve mortal, sino de cotillón, de esa que se suelen tirar los chicos en el verano, con el carnaval. El Kirchnerismo vacía de contenido todo, es una épica de juguete para una época oscura. Como Puerto Madero, una ciudad de diseño, de maqueta, cruzada por calles con los nombres de los mártires políticos, para tranquilizar la conciencia, esa abuela que, como decía Spinetta, regula al mundo. ¿Pero entonces qué hacemos, bichitos de luz? ¿Nos volvemos republicanos? No. Tomamos la distorsión y la devolvemos multiplicada. Corremos a los K por izquierda y peleamos en la micropolítica del día a día. Salimos de la paranoia persecutoria y vamos a dar la discusión con los amigos y enemigos. Deconstruimos el kirchnerismo pero no para un placer masturbatorio e intelectual, sino para diferenciar los actos de gobierno —que pueden ser buenos o malos y que nos interpelan— de la retórica instalada en la famosa guerra de medios que siempre ganan otros. Así que no vamos a buscar el premio Herralde, vamos a buscar el premio Errale. Pero hay que sumar gente, voluntades, estados de ánimo. Ni un paso atrás, porque atrás está el Nestornauta y la nostalgia. Y que el futuro diga.


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