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AL.FEL0178: Las Malvinas: glosario.

23 01 2012 - 15:16

Las Malvinas son islas. Una isla es una porción de tierra que se erige desde el fondo del mar y que si empezás a caminar por la orilla llegás al punto de partida dándole la vuelta siempre por la playa, o tal vez haya algún bosque, o volcán, o accidente geográfico que entorpezca el paso, pero la idea es que se debería poder bordear todo el contorno de la isla caminando por la costa sin que te lleve varios días. O bueno, sí, varios días, pero que tampoco sea una hazaña. Una isla no es tan grande. Una isla puede ser un país triunfador pero perdedor; y moderno pero viejo, como Japón o Cuba, o un país cazaíslas como Gran Bretaña o una colonia desarrollada como Oceanía o una obscenidad biológica como Galápagos; puede ser un paraíso del turismo con sus olas tubulares y sus faldas de paja y sus arreglos florales como Hawaii, o puede ser una Guerra del Krill como Malvinas.

Malvinas son islas con muchos nombres: Georgia, Sandwich (un sandwich es cualquier alimento entre dos panes), Soledad (la soledad es la mínima expresión de la presencia viva), Falklands (quiere decir Malvinas en inglés), Orcadas (que las amenazan las orcas marinas). Si una isla está cerca de un país se dice que es de ese país aunque el país no haya sabido cómo hacer para ir a verla. Es como un padre que dice que no sabe cómo viajar a conocer a su hijo que vive con la madre. Y nunca va. Entonces, mientras, la madre se casa con otro señor que resulta que lo va a buscar al colegio, que le hace unos tiros de pelota en la plaza para que el chico patee, lo pelea por el zapping en la casa y le alcanza una toalla al pibe, mientras se está bañando, porque se olvidó de fijarse si había toalla en el baño y no había. Y tal vez un día le pega una cachetada, no digo que no, pero bueno, ese día lloraron todos. Y el otro, en tanto, está viendo cómo viajar a conocer al chico. Bueno, las Malvinas están muy cerca de Argentina, pero Argentina no es un país al que todo se le dio fácil; por ejemplo a Argentina no se le ocurrieron los barcos, tuvo que comprarlos hechos, entonces se le dificultó ir a limpiar las islas o plantar flores, o hacer un muelle lindo. Vinieron otros, franceses e ingleses, que estaban bastante zarpados con la cosa de la piratería y el overseas. Eran tipos como los que ya no hay más, capaces de las peores cosas, inclinados a la promiscuidad marinera, al hacinamiento vertiginoso, a la natación ruda, a la alucinación lunática, dados a encontrarse con lo que fuera, con plantas carnívoras o con tribus de enanos. Vinieron y tiraron ideas, llamaron a sus jefes, a los que les pagaban, y recibieron la orden de escriturar enseguida, y se pusieron las tierras a su nombre, bah, al nombre de sus jefes, es decir de un país con una lectura del mundo pertinente al mundo de la época. Argentina miraba desde lejos cómo le criaban al chico. Cómo lo peinaban con gomina y le ponían el pantalón planchado para poder crecer. Cómo se quedaban con las mejores cosas del chico, los buenos chistes, los primeros goles, la primera canción que sacó con la guitarra.

Pero Malvinas vino después, vino como una lluvia de abril (oh, lluvia de abril), como una ruptura y como una mentira, vino a comunicar una posibilidad inaudita de coraje, de estrategia y de poder. Vino a ocupar el tiempo y a juguetear con mi infancia, con las vidas de los varones, con la ferocidad de los varones, con el miedo de las mujeres, con la historia blanda, con la historia dura, con la tevé. Malvinas se tiñó de marrón oliva, de marchas militares, de opulencia nacional. Malvinas nos llenó de frío en la cabeza, de viento en la nariz, de bombas y enemigos. Malvinas nos penetró oscilando en un vaivén de estupidez y violencia y acabó triste pero adentro.

Un krill es un camaroncito. Cuando no queden papas ni vacas ni naranjas vamos a comer krill.

Una guerra es una pelea multitudinaria organizada en sistemas de avasallamiento y anticipación entre dos grupos de soldados armados con todo tipo de tecnología letal. En definitiva cualquier elemento que al ser accionado hacia una persona cause la muerte o, en su defecto, invalidez al punto de que el soldado ya no cuente como tal. El objetivo de ganar una guerra es demostrar mediante el terror que causa ser una máquina eficiente de matar que la voluntad del otro no funciona, que nunca funcionó, y lograr que los cartógrafos tengan más trabajo. Una guerra sirve para unir a un determinado gentilicio en un proyecto vital y mortal medio prestado, en un ensueño de categorías heroicas, en un batallón de miedosos incentivados y aturdidos por la incomodidad. Una guerra es un paréntesis de trivialidades marciales. Una guerra es un abrelatas en el bolsillo.      

Yo me acuerdo todo de Malvinas. No tiene sentido enumerarlo, o tal vez sí, para escribir. Mi folklore malvinense tiene la marca de un soldado pendejito y analfabeto que en mi vida me crucé, de un chocolate simbólico, de una canción a la bruma, de mi papá llorando frente a la tele mirando a los sobrevivientes del Belgrano y de ese mismo papá viajando a España a ver si reteníamos el campeonato en el mundial, de mi mamá comprando medias de toalla marrones y verdes en la mercería, de si tengo un hijo varón lo hago desertor. Del simulacro de bombardeo que nos hacían ejecutar las monjas. De la soberbia lacerada del Pucará, y del papamóvil pisteando por avenida del Libertador. De Inglaterra, la lejana. De la rendición.

Ah, la rendición. Mi parte preferida.

Rendirse es querer seguir viviendo, rendirse es querer que los demás sigan viviendo. Es decir OK. Rendirse es ganarle la pulseada a la necedad, es disociarse y mirarse desde arriba, y tenerse pena y rabia, pero tampoco tanta como para no rendirse. Es sentir el olor de un porvenir olvidado. Es volver a casa para escribir en el diario cómo fue la rendición. Rendirse es matemática. Rendirse, también, es especular con un tiempo de tregua ficticio si se hace cobardemente, es pergeñar un ancla en el corazón. Las rendiciones siempre son una semana después, o años después del punto de quiebre, y uno siempre se arrepiente de no haberlo hecho antes. No hay rendición sin desmentida personal. Eso es lo mejor.

Malvinas Argentinas es un barrio de Grand Bourg que queda en Argentina. Un barrio que pide asfalto a gritos y se lo dan en cuentagotas. Más y más asfalto para Malvinas.

Un kelper es. No sé.

Ex combatientes son los soldados que fueron a la guerra de Malvinas y que no los mataron, porque pelearon bien, o vaya a saber uno por qué. Ahora algunos se ponen la chaqueta militar y venden etiquetas como escudos en el tren, otros trabajan en la Afip y difunden una ley de un mapa bicontinental para contemplar la Antártida y colorearla de blanco. Otros escriben libros autobiográficos, como muchos escritores, es un hermoso género.

Soberanía es una abstracción de otros que no me concierne, mi soberanía es el 1ºE, y ni siquiera. Mi soberanía es mi respiración.


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