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Gnomos y culos

20 11 2012 - 15:15

Hace ya demasiados años —o quizás lo que pase es que vivimos en estado de ebullición y el tiempo ha adquirido una velocidad muchas veces superior a la normal— en las redacciones se decían, mes a mes “¡Já! ¿Viste la tapa de la Barcelona?”. Era cómica, la tapa de la Barcelona, a veces incluso era suficientemente ácida como para que hiciera una pequeña diferencia. No era, claro, Le canard enchainé ni el National Lampoon (quién se los iba a pedir), pero por suerte tampoco eran el Humor del alfonsinismo temprano, donde Enrique Vázquez inventaba los trucos y sofismas que hoy ejerce con poca fortuna argumentativa Mario Wainfeld desde Página/12. Pero volvamos a Barcelona, ese remedo.

Eran tiempos en los que Clarín era el gran amigo de Néstor y Cristina, por ejemplo; tiempos en los que nadie imaginaba que el peor lastre de la Alianza iba a formar parte de un gobierno autoritario, cuando pensar en Diana Conti como funcionaria era un mal chiste; cuando Martín Sabatella era apenas un gordito gilún (y todos sabemos: cuando a un gordito gilún se le da poder, se transforma en un monstruo autoritario, resentido, vengativo y pedante). En esos tiempos, Barcelona le pegaba a Cristina Kirchner y a Néstor con tapas como aquella donde la propuesta para pagar la deuda era ofrecer a CFK en bolas y posición supina. O en la que al no arquitecto Blumberg se lo dibujaba como Mickey Mouse. Cierto: todos los bien pensantes bienpensábamos que Blumberg —al quien, no olvidemos, le asesinaron a su hijo: y recuerdo que hacíamos chistes porque era gente de plata, más o menos— era un poco un monstruo. No nos equivocábamos del todo, pero digamos que entre la monstruosidad de Blumberg (al que le asesinaron un hijo) y la de Sabatella (que es un gordito gilún) hay al menos una diferencia. No importa, de todos modos no estaba mal enfrentar a Blumberg, al rabino Bergman, etcétera. Aunque reírse de Cecilia Pando, a todas luces una pobre mina sin la más mínima cuota de poder (pero ojo: el resentimiento lleva a cualquiera a abrazar a cualquier otro que te entiende en el desplazamiento y el desamor), con un discurso carente de reflexión, incapaz de juntar mil tipos en una placita de San Isidro era un poco cruel. Pero sí, hay tapas de Barcelona, como las que se burlan del Padre Grassi diciendo diréctamente que era un pedófilo hijo de puta, o que se ríen de las pretensiones progres de Néstor que estaban bien.

Tapas, claro. El problema de comprar Barcelona residía en que adentro todos los chistes se basaban en lo mismo: parodiar los lugares comunes de Clarín (esos potenciales, esos títulos enrevesados, esas entelequias como “la gente”) o de editorial Atlántida (“la equismanía” anual de Gente, o la tapa de los personajes del año). Lo dicho, lo mismo de siempre. Los textos ocasionalmente tenían gracia, pero parecían colocados en la revista básicamente para sostener el titular, que en el fondo era todo el chiste. Y, claro, había un problema mucho mayor: era humor de periodistas para periodistas. Lo que Barcelona hizo fue, ni más ni menos, publicar lo que los cagatintas solían repetir en las redacciones. Nada más que eso. La incorrección política que alguna vez se le adjudicó a los Marchetti—Beck boys (los cínicos de La Maga, los que llegaron a inventar un grupo musical de la nada y sacarle como chiste cinco páginas a Carlos Ares, los que incluso hicieron unos mangos con eso) era ni más ni menos lo que todos los periodistas han hecho desde las épocas en que Adela Rogers St. John estableció el modelo del cínico, veloz, tierno, comprometido, sardónico de las películas americanas. Un estereotipo que parece ser el molde de los programas en las escuelas de periodismo argentinas, dicho sea de paso. Barcelona no hacía nada más que esto y por eso es que su éxito siempre fue limitado: le hablaba con sorna a los enterados, funcionaba como una revista estudiantil donde el mejor chiste era la caricatura del rector bobo. Pero digamos que, como catarsis, en tiempos de la Suiza nacional saliendo del Purgatorio, alcanzaba.

Después pasó algo: los redactores de Barcelona eran —son, quieren considerarse— progres. El progrismo es un problema porque es incompatible con la cacareada “incorrección política” del medio. Una cosa es burlarte de Evita, o del padre Grassi, o de Cristina pre CFK, o de Néstor. Otra muy diferente es mantener ese estilo cuando te dirigís principalmente a los periodistas de tu generación que son —quieren considerarse— progres. Así, hoy, se critica al Gobierno con la tapa del 7D sugiriendo sarcásticamente todo lo que falta por hacer (pero es “lo que falta”, no se critica el camino: en todo caso, respecto del 7D lo que se critica es que sea el Norte de toda política oficial), y se condena a los ciudadanos que salieron el 8N. Veamos:

—La tapa del 19 de octubre de 2012 dice: “El sol del 7D viene asomando. Cómo será la Argentina que amanecerá el 8 de diciembre. Se terminarían los asesinatos de campesinos – No se reprimiría más a los Qom y se les devolverían sus tierras – Se despenalizaría el aborto – Barrick Gold y Monsanto ya no depredarían – Aparecerían Julio López y Luciano Arruga – El grupo Clarín trataría estos temas y tal vez venderían algún medio”.

—La tapa del 2 de noviembre de 2012 dice: “El sol del 8N viene asomando. Cómo será la Argentina que amanecerá el 9 de noviembre. Sin Afip – Sin mujeres que se hacen embarazar – Sin persecución al dólar – Sin ataques a los fondos buitres – Sin canal 7 – Sin negocios con Angola – Y sobre todo, sin confrontación. Las claves de una nueva Argentina sin política y sin ataque a los monopolios independientes.”

El diseño es el mismo en ambos casos, una tapa es rojiza, la otra amarillenta. La simetría se acaba allí.

La primera tapa habla de los errores (los errores que, corriendo por “izquierda”, los progres son capaces de reconocerle al Gobierno). Por cierto, son cosas graves, pero es lo de menos: es lo que Barcelona está dispuesto a reconocer como problemas y lo que la agenda progre argentina es capaz de decir. Su límite. Nada de chistes sobre Boudou y la Casa de Moneda, por ejemplo. Y del resto, uno podría pensar esa semana que estaba elidido pero bueno, es una revista “de humor” y sobre esto se podía hacer algo sin quebrar el credo progrista.

Y la tapa siguiente muestra de modo directo la agenda del medio. Parodia —es un decir— un supuesto conjunto de ideas de quienes fueron (en ese momento “iban a ir”) a la concentración. La frase que supuestamente transforma todo en ironía es “El sol del 8N viene asomando”, con lo cual se nos dice que lo que sigue es broma. Pero el procedimiento de la “broma” es la hipérbole, no la ironía. Realmente Barcelona cree que esos reclamos retrógrados eran las consignas centrales (o lo que venía escondido en el Caballo de Troya), así como cree que todo progre que realmente está interesado en la política y comprometido con el país debe preocuparse por los Qom pero no por el dólar. Que quede claro: para Barcelona no hay lazo entre los Qom y el dólar, entre los negocios con Angola y el asesinato de campesinos. Cree que realmente alguien podría haber pedido que no se atacara a los fondos buitre (aclaremos algo gramatical: no es “fondos buitres” sino “fondos—buitre”, el adjetivo se aplica en forma genérica y va en singular). Finaliza con lo de los “monopolios independientes”. Si fuera un redactor de Barcelona, diría que los monopolios independientes son los que no dependen del Gobierno como Szpolsky o los Olmos o Moneta o Vila-Manzano, pero sería caer en la lógica de que hay realmente monopolios.

La última tapa es una condena a Mauricio Macri. Macri no es ni de lejos el político más brillante de la Argentina y a veces da la impresión de que realmente no entiende la política. Sin embargo (paradoja de paradojas) su gobierno en la ciudad no es peor que el de Ibarra. Y cuando se trata de dinero, vota con Cristina, con el que sostiene mediante el puente Durán Barba una relación de amor-odio más o menos estable. Esto es secreto a voces, todos lo saben pero nadie lo admite públicamente. Hace poco, un amigo vinculado al teatro contó que Proteatro, el instituto que subsidia a los independientes en CABA y dependiente del Gobierno de la Ciudad, pagó todo lo que debía, pero que el Instituto Nacional del Teatro, que depende de lo que diga Coscia, no. Aunque la campaña de prensa que hicieron cuando necesitaban los subsidios estaba dirigida literalmente contra Macri. Y es que Macri es abiertamente un liberal con ideología “de derecha” (¿cuándo pondremos definitivamente en tela de juicio los términos “derecha” e “izquierda”?) y tal es el peor de los miedos y la peor de las marcas para un progre. Por lo tanto, pegarle a Macri es un deporte interesante para un progre, que lo hace creer en su pertenencia a un grupo prístino, elegido, realmente humanitario. Macri, por cierto, es tan torpe que deja flancos todo el tiempo para eso (lo de Kiss el día del apagón, por ejemplo). La tapa última de Barcelona (16 de noviembre de 2012) muestra esta estrategia.

—”Emerge un líder. Su primera medida de gobierno es hacerse cargo del subte – Acompaña las peores leyes kirchneristas – Seduce a golpistas, evasores y multimedios – Dicen que nada detendrá su camino a 2015: ni los cortes de luz y agua, ni las montañas de basura, ni las inundaciones — ¿Se viene el “Huracán Mauricio”?”

Problemas varios. “Las peores leyes kirchneristas” implica que hay leyes buenas del kirchnerismo, que Macri —que es Malo— solo acompaña “las peores”. “Seduce a golpistas, evasores y multimedios” es poner a las tres clases de seres en una misma y única categoría (los “seducidos por Mauricio”) igualándolos. El mayor problema de los muchos de la frase es que no hay golpistas, o que si los hay son tan escasos como los partidarios de Sendero Luminoso o los Parsis en nuestro país. Pero para el kirchnerismo bobo, para el progrismo interesado (esa es la categoría a la que pertenecen los Barcelona), el golpismo está al acecho y es la causa de que no seamos Suiza y, encima, de que haya un Macri. No digamos que los cortes de luz y los de agua que son su consecuencia son absoluta culpa del Gobierno Nacional y la falta de contralores e inversiones (o sea, de Julio De Vido). No hace falta, esto quiere ilustrar un método, no desmentir chistes.

No se me escapa que se puede decir “bueno, che, es un chiste”. El problema es que el humorismo no pasa por lo que se dice sino por el cómo. Siempre la portada de Barcelona (y Barcelona es solo su portada, no hay más que eso) jugó a decir lo que realmente piensa disfrazado de una forma absurda. No hay más prueba que la portada del número más revelador de la revista, aquel de la muerte de Néstor Kirchner donde el ex presidente, fotomontado con la foto célebre de Jim Morrison, ilustraba enmarcado por el texto “Muere un crispador, nace un rockstar”. Néstor es un rockstar, claro, para los Barcelona (nada menos que eso escribió en un vergonzoso y pésimamente escrito texto publicado en la progre Mu su entonces director, Pablo Marchetti, quien decía que estaba con Néstor y fue al velatorio porque el hombre tenía los mismos enemigos. Alguien debería decirle que la URSS y EE.UU., cuando la Revolución Cultural, también tenían los mismos enemigos; pero debe saberlo: después de todo, de adolescente ya era todo un personaje en el Colegio Nacional de Buenos Aires). Un rockstar: no un ladrón, o un corrupto, o un autoritario. Pero bueno, se entiende: son las cosas que tanto nos seducen de los rockstars, salvo que a nadie se le ocurriría comparar “Whole lotta lovin‘” con Electroingeniería. Para ser rockstar, a Néstor —y también a Cristina, a la que le sobra Louis Vuitton y Louboutin pero le falta Dolce y Gabanna— les falta glamour. No digan ahora que “Marchetti no forma más parte” porque hablamos del pasado (cuando sí formaba) y porque es el estilo de la revista el que está ejemplificado aquí.

Barcelona es un medio kirchnerista. Tanto como Humor fue de la Coordinadora (esa es su raíz). O más en realidad, porque a Alfonsin en Humor —especialmente cuando, como alguna vez contó Andrés Cascioli, no les dieron un crédito para comprar una imprenta— se le pegaba. Es un humor inocuo, que empezó siendo para los entendidos de las redacciones y terminó siendo para los fanáticos progres que quieren sentir que todavía no vendieron la última célula del procto al Proyecto Nacional y Popular. Pero esto ya ha sucedido: después de todo, Barcelona no deja de hacer chistes con gnomos y culos, nada más adecuado.


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