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Fishbein: The Lost Draft (La Rural)

21 12 2012 - 02:50

Marcelo Fishbein, nuestro mejor colaborador kirchnerista, escribió en su momento mucho más que lo que terminamos publicando. Lo que sigue es un borrador de Brener interpretando a Fishbein, en 2009. En su momento parecía excesivo y lo descartamos, pero hoy se queda corto. Es así.

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La cobertura de las elecciones debería ser nuestro War of the Worlds, y la Sociedad Rural nuestra Tablada Triunfal.

La burguesía mira de soslayo a los pobres y se sonríe ante las zapatillas nike de 600 mangos compradas en cuotas, las horas de cyber y los celulares táctiles en manos villeras. Ven ahí un consumo nihilista, apocalíptico, estilizaciones baudrillardianas que impiden decodificar estos objetos en su función más prístina y evidente: armamento, fajina, equipo de combate, entrenamiento tecnológico y capacitación.

A la oligarquía, los pobres le interesan sólo como mercado de terceras y cuartas marcas. Y a la clase media (a quienes bien llamó algún lector atento de tp la clase mierda) sólo le preocupan como entelequia, como abstracción. No les interesan los pobres en sí, sino solamente en un sentido contrafáctico. Les interesa lo que podrían ser si no fueran lo que son, pero eso ya no es preocuparse por los pobres, sino por una fantasía. Qué fácil es querer pobres cultos ¿no? Qué lindos serían los pobres si les gustara Radiohead, el salteado de pollo con aceite de sésamo, el Alamos cabernet sauvignon. Pero no te tocaron esos, viste, qué le vas a hacer.

Que la campaña destituyente es real es un hecho que ya prácticamente nadie discute. El único matiz de la discusión gira en torno a los tiempos. Es evidente que la médula destituyente es desgaste, goteo, inflamación lenta, tortura china, gotas de los balcones regados en Palermo que caen sobre los paseantes intrusos. Saben que las torturas más tajantes y violentas cayeron en desgracia y que a esta altura les resultan inaplicables, y entonces juegan el juego de la paciencia y la decantación. Qué otra cosa cabría esperar de quienes tienen recursos inagotables y generaciones de herederos impunes por delante.

Que el momento bisagra de la historia se está acercando es también un hecho indiscutible, pero la historia no es una fuerza impersonal, el zeitgeist no es un billete de lotería y el mercado no es una mano invisible. Hace seis años, los argentinos nos encontramos con una salida del caos hacia una sociedad justa e igualitaria de manera fortuita, inesperada. Es cierto que hubo un pueblo luchando y que ahí donde los opresores pugnaban por más libertad, les enchufamos más igualdad. Pero que eso no ha sido suficiente, está claro. Como si todavía esta sociedad más justa que hemos conseguido fuera una gracia, una dádiva, no nos terminamos de hacer cargo de ella y matenemos una actitud tibia hacia los privilegios. Con el ideal de la redistribución en mente, no hemos podido aplicar hasta el momento sino un mero redistribucionismo, y podemos intuir (todos podemos intuir) que no es negociando con el poder como habremos de lograr una igualdad plena.

En suma, la conquista del poder (que se mire como se mire y se le dé el nombre que se le dé, no es otro el camino natural hacia la realización de nuestro Proyecto de País) no va a llegar sola.

Tenemos entonces a una fuerza destituyente que espera el Clarín del 29 para enrostrarnos la derrota que no fue y segregar nuevas gotas de veneno gorila. Saben que llegado el caso será sangre de pobres la que ejecute el trabajo sucio de los saqueos para restituirles a ellos, los ricos, el status quo que les resulta más propicio: el clima de negocios, el laissez faire, la calma de los cementerios, la lucha de pobres contra pobres en última instancia. Pero ¿qué dirá el Clarín del 29? ¿y quiénes serán los artífices de lo que ahí se diga?

Es precisamente este estado de cosas el que parece descartar nuestra ofensiva. Se nos ve reactivos, se nos ve a la defensiva, se nos ve refugiándonos detrás de candidatos proscriptos por sus propios cargos, que no testimoniales. Y es por eso que el factor sorpresa de iniciar una ofensiva EN EL PRECISO MOMENTO DE UN ACTO ELECCIONARIO no solo es desdeñable, sino que resulta absolutamente inconcebible, inimaginable. Y si crisis es oportunidad, entonces lo inconcebible es lo propicio.

Propongo entonces un plan de operaciones a llevarse a cabo el 28 de junio para torcer el rumbo con un volantazo. El gorilaje destituyente quiere llevarnos al precipicio votando en contra, y en lugar de eso viraremos hacia la cima, que todavía está lejos. Parecerá una locura, pero a todo el mundo le parecía también una locura recuperar nuestro correo, nuestra empresa de aguas, Aerolíneas, ¡nuestros fondos de jubilación!

Quiero que la Sociedad Rural en la Plaza Italia sea el objetivo inicial. Ahí se debería establecer el Comando Central de Operaciones. Por su valor simbólico, por su ubicación estratégica, por ser la Plaza Italia un escenario mítico de la lucha del Eternauta Juan Salvo, y porque no olvidamos que el parque 3 de febrero y su constelación de instituciones aledañas representan el triunfo iniciático de la oligarquía argentina, y la derrota de nuestros pobres por un largo período. A nadie escapa además que, a partir de ese momento, será nuestro patio trasero la embajada de quienes durante demasiado tiempo se consideraron los verdaderos gobernantes del país, que tendrán que apelar a toda su diplomacia para disimular su desconcierto. Es evidente que una jugada de estas características logrará dos hechos fundamentales que convertirán a los imperialistas en nuestros cómplices involutarios en una carrera contra el tiempo, merced a su etnocentrismo flagrante: 1) Evaluarán erróneamente nuestro objetivo como un ataque a la embajada y 2) Comenzarán a tejer hipótesis sobre prospectos falsos de intrigas palaciegas, manteniendo ocupados en sus devaneos a sus socios y sicarios.

Necesitamos una base de operaciones que atraiga la atención de la civilidad, en un día muy particular. Y a su vez, un territorio urbano absolutamente desestructurante, que marque un después imprevisto dado el antes que tenemos, para establecer ahí el mayor think tank de nuestro Proyecto de País desde el advenimiento de la Biblioteca Nacional. Lugar más propicio no podría haber, además, por el doble aspecto de una misma realidad: 1) cantidades innumerables de pobres conocen el lugar como la palma de su mano, y precisamente por esto mismo 2) nada más natural y fuera de sospechas en un día domingo que una gran masa de pobres circundando este predio.

Como ya se ha dicho tantas veces, tenemos el gobierno, pero aún no hemos conquistado el poder. Al menos no en la intensidad que se requiere para cambiar profundamente al país. Ya lo dijo Nuestro Ex Presidente: son quince años de gobierno que necesito. Y nosotros podemos darle el equivalente a diez años de gobierno en una sola jornada.

Pero a no confundirse: que nadie piense que este es un plan para apropiarnos de los medios de producción. Los medios de producción, en nuestro país, son las cosas más improductivas que hay, simples maquinarias de redistribuir al revés. Meros recursos de apropiación de la riqueza a mansalva, porque no hace falta resaltar lo parasitario de nuestra oligarquía. Necesitamos tener axiomas, hipótesis de trabajo. Y existen pocas hipótesis más evidentes que esta.

Que nuestra oligarquía es parasitaria es una verdad a voces, tan verdad que se ha vuelto perogrullada, lugar común, estereotipo, categoría gatopardista porque nadie se ocupa de prestar atención a las propias palabras pronunciadas. Las repito a ver si somos capaces de leer en voz alta sin que nos arrastre este torrente de sentido.

Nuestra oligarquía es parasitaria.

¿Qué significa ser parasitario? El diccionario de la Real Academia tiene la acepción vaga de que un parásito es una “persona que vive a costa ajena”, y no tiene ninguna que diga “empresario que acumula a costa de un pueblo”. La neutralidad es a los diccionarios lo que la paz es a los cementerios, y tanto más si provienen de países con veleidades imperialistas. Pero esta verdad no dicha es tan verdad que tenemos que tomar el silencio del diccionario como un eufemismo. Y ¿de qué manera acumula un empresario a costa de un pueblo? La respuesta está tan a la vista que se nos pasa por alto una y otra vez.

Tenemos naturalizada la extorsión constante de los puestos de trabajo. Ante el más mínimo cuestionamiento, cualquier oligarca argumentará que él le da trabajo a la sociedad, que si a él se lo toca, se están tocando los puestos de trabajo. Al mismo tiempo, la perorata neoliberal pone rostro circunspecto y falsamente compungido cuando sostiene que la revolución científico-tecnológica trajo aparejada la caída en volumen de puestos de trabajo y el consiguiente problema (¡con cinismo llaman problema a lo que para ellos es un deleite!) de la desocupación generalizada, ya que con la informatización y robotización de los medios de producción, se necesita un operario ahí donde antes se necesitaban treinta. ¿Cuál es el límite de esta ecuación cuando tecnología tiende a infinito? Muy simple, lo sabemos todos (y aclaro que no es esta la respuesta que estamos buscando): la cantidad de operarios tiende a cero, o sea que la riqueza se genera sola.

Si la riqueza se genera sola (y la oligarquía podrá tildarnos de simplistas en este análisis, podrán tirarnos con todos sus artefactos ideológicos que niegan a la ideología para justificar la expropiación y el ultraje), queda aún más en evidencia la cualidad parasitaria de los que se llaman a sí mismos emprendedores. Ellos simplemente toman la riqueza de la sociedad por obra y gracia del derecho consuetudinario: todos estamos acostumbrados a que así sea, y listo. Pero además, dentro del alcance de este vínculo se mantiene oculta una verdad no tan evidente, pero no por eso menos verdadera: que nuestra paga es un soborno para no tomar lo que nos corresponde. Y por añadidura, convertirnos en cómplices de la marginación de los que se quedan sin nada (y se ven obligados a redistribuir por mano propia, como oportunamente vimos).

Así entonces, otra vez: ¿de qué manera acumula un empresario a costa de un pueblo? Ya sabemos que la riqueza se crea de manera casi automática, por lo cual la única tarea que tiene el empresariado es trasladar esa riqueza de un sitio a otro utilizando los vasos comunicantes del sistema. Ellos no hacen más que fugar, esconder, buscar recovecos seguros y cuevas financieras en el laberinto insondable de la franquicia capitalista que nos ha tocado en suerte. ¡Y nosotros somos sus artífices, sus ejecutores materiales! Operamos sus sistemas informáticos desde nuestros puestos miserables y con cada venta telefónica, con cada factura cargada, con cada reclamo a un cliente moroso vamos engordando al monstruo insaciable. Que crece y que lo abarca todo, mientras que en nuestra alienación nos conformamos con tener un escritorio y acceso libre a la web de Clarín. ¿Algún trabajador mierdoso de cuello blanco se preguntó alguna vez por qué la única página que no está restringida en los trabajos es la del Imperio Monopólico de Apropiadores de Niños? Ahí vamos.

La monstruosidad de un multimedios es un Golem que se puede volver sobre sí mismo. El Poder en ciernes, en su acumulación angurrienta y enceguecida, no puede verse a sí mismo como el arma poderosísima que representa ante un cambio de timonel. ¿Qué no podrá lograr una clase pobre manejando al mayor multimedios nacional de la noche a la mañana? Repasemos: el canal de televisión de mayor alcance, el diario de mayor tirada, el canal de noticias que maneja la opinión pública, la radio, el 90 por ciento de las conexiones de internet, todo en manos de quienes hasta un minuto antes eran sus víctimas.

Tratemos de imaginar por un instante el frenesí del Golem en plena acción, en el día de su bacanal. Como una maquinaria de transformar sentido, sus múltiples cabezas coordinan el procesamiento de la sustancia informativa y la trituran, la despedazan y la reelaboran convirtiéndola en pasta base confabuladora, paco destituyente que la civilidad indecisa mastica y cuyo efecto atrofiante es casi inmediato: el vidrio molido en los cerebros de la clase media va allanando el camino hacia la naturalización de la caída de nuestra Presidenta. Son espectadores en cuyos livings conviven sin inconvenientes los LCD gigantes adquiridos en estos años de bonanza y las cacerolas Essen inmaculadas, listas para salir a la calle. Los intendentes mientras tanto, que viven la dualidad colectora-testimonial de forma esquizofrénica, están conectados a los centros informativos tratando de aproximar porcentajes estabilizados que permitan determinar si hay que comenzar con los saqueos o empezar a negociar nuevos planes que compensen los bienes no saqueados.

Las vísceras del Golem tiemblan de manera sísmica trasvasándose fluidos unas a otras. Su organismo gestáltico de capilaridad casi infinita se traduce en movileros, camarógrafos, fotógrafos, reporteros, asistentes, productores, coordinadores, operadores, conductores, redactores y correctores, que actúan como sensores que producen las imágenes, los sonidos, las palabras y la sintaxis de todos esos elementos aislados, y todo ese material reprocesado y reciclado se pasa por las distintas bocas de expendio del Golem como pasa el pasto por los distintos estómagos de la vaca. En distinto orden y montaje se reproducen las mismas imágenes y audios en Clarín, en TN, en el 13, en Radio Mitre, en forma digital y analógica a través de todo el cableado y el aire que les pertenece. Pero mientras que un ser vivo cualquiera procesa la información sensorial del medio que lo rodea para aprehender la realidad circundante en pos de su supervivencia y reproducción, el Golem va diseñando en su interior la realidad que le sea más propicia (se sabe impune y eterno) y la establece como la realidad a secas superponiéndola a la auténtica realidad en un proceso centrífugo. El viejo proyecto inocente de Borges (el primer gorila célebre) de ese mapa del mundo que coincide en cada detalle con los contornos del mundo real, y que por lo tanto lo abarca todo y se superpone a cada continente, a cada océano, a cada ciudad, a cada montaña, a cada río.

Un ejemplo: el falso reality de los imitadores, el Gran Cuñado. Ya el nombre (reality) muestra y esconde al mismo tiempo la magnitud y ambición del proyecto hegemónico. Hasta ahora, ese nombre aplicado a programas de televisión se utilizaba para experimentos en los cuales se diseccionaba comunicacionalmente una realidad de personas reales que se sometían a condiciones ficticias, que no obstante reemplazaban temporalmente a su realidad original: en esa nueva realidad las personas que se sometían engañaban a sus parejas, se convertían en cantantes profesionales, amaban, odiaban, se suicidaban incluso. Pero todo eso siempre proyectado hacia adentro, metiendo el artefacto comunicacional y amplificando los actos de individuos que exponían su vida privada al escarnio. En esta nueva vuelta de tuerca, los personajes realmente intervinientes no exponen sus vidas (en la práctica sólo están realizando un trabajo muy bien pago y de buena proyección), sino que toman el significante de los rasgos caricaturizados y lo depojan de significado, en una operación típicamente posmoderna. Esas imágenes, proyectadas hasta lo más recóndito de nuestro territorio nacional, configuran una nueva realidad en la cual los imitados pasan a ser aquello que hacen sus imitadores. La conciencia del pueblo pasa a ser usurpada por todo este imaginario en el cual los gorilas son esencialmente lo mismo que los progresistas, en un juego de cualunquismo al cual es tan proclive la clase mierda.

Llegado este punto me atrevo a exponer una hipótesis de trabajo fundamental: el Monopolio Multimediático alberga en su interior la simiente de su propia destrucción. Detrás de ese fragor golpista enceguecido y taimado (o mejor dicho delante de él) está siempre lo feo, lo torcido, lo incomprensible. Sin importar el autor de cualquier nota de Clarín, las palabras siempre se llevan mal entre sí, tienen disonancias espantosas, el sentido parece estar disuelto en una masa sonora babeante, una especie de monstruo sintáctico que semeja una sopa de letras, un engendro sintagmático amenazante que parece decirnos: soy el crack de tus sinapsis neuronales, tu camino más directo al alzheimer. Bien: tiene que haber algo más detrás de esta incongruencia tan congruente, de este caos tan sistemático y ordenado que viene después de la volanta y el titular. Un mensaje.

Desde hace años las agrupaciones profesionales periodísticas vienen denunciando la precarización de sus puestos de trabajo, los despidos masivos y los reemplazos de profesionales por contratados inexpertos. Sumando uno y otro dato, la ecuación da como resultado que sin duda hay un empobrecimiento sustancial al interior del Multimedios. Empobrecimiento en el mejor de los sentidos: los pobres ocupando la capilaridad del Poder. Así el círculo Foucaultiano cierra a la perfección: con o sin conciencia de lo fáctico y puro de su accionar, la sangre pobre está ahí a disposición del poder popular, sólo esperando el estímulo, el sacudón que la movilice y haga voltear al monopolio comunicacional desde su propio interior, lo haga darse vuelta como una media. Lo que fueron las sirvientas para los gorilas primigenios de los años 40, lo son hoy estos nuevos pobres, con el poder multiplicador del comando multimedial en las yemas de sus dedos.

Recapitulando: tenemos por un lado riqueza que se genera automáticamente a costa de la sangre pobre que opera los medios improductivos, y por otro lado a un Golem desinformativo que va imprimiendo basura mediática y publicidad en los cerebros de la población con el único objetivo de seguir creciendo hasta hacer metástasis, y destruir en el camino a un gobierno que intenta cambiar las cosas y darle a cada cual lo suyo. En medio de todo eso tenemos a la clase mierda, que vienen a ser los perros falderos, los mercenarios, los nuevos bufones en la corte de la nobleza golpista de hoy, y finalmente el núcleo duro de la oligarquía destituyente bajo el disfraz de la esencia de la patria y que se llaman a sí mismos de manera tan escueta y disimulada, el campo.

Nuestra Patria está condenada al fracaso mientras sigamos manteniendo a la clase media en el lugar que hoy ocupan: sólo un pueblo pobre por completo logrará conquistar lo que le pertenece, sólo un pueblo concientizado que tire hacia el mismo lado podrá terminar de una vez por todas con el parásito de la oligarquía. Esto parece haberlo comprendido antes que nadie Nuestro Gobierno, promoviendo una proletarización compulsiva: acá no hay un tema de orgas, ni de agrupaciones, ni de vanguardias. Si algo falló en los ’70, fue por la tibieza y la distancia condescendientes. No se puede ser Los Rubios de la villa. Tenemos que ser todos iguales, realmente iguales, y el alimento balanceado en la invernada del resentimiento es el rencor. ¿Hace falta pensar mucho para resolver la dualidad entre depender de los aparatajes punterísticos o depender de la beneficencia del soborno de nuestros salarios? Sólo en un contexto en el cual el pueblo todo sea alimentado exclusivamente por la maquinaria redistributiva, aislaremos al virus de la oligarquía y obtendremos el antígeno. No necesitamos un pueblo que piense. Necesitamos un pueblo en acción, con la fuerza del resentimiento brotando por los poros.

¿Cómo hacen los cardúmenes o las bandadas, que de repente tuercen la dirección al unísono, que parecen actuar como un organismo? Mientras que nosotros, los mercenarios de la reflexión nos quedamos pasmados contemplando estos fenómenos en la individualidad más flagrante, los marginales son capaces de tal sinergia. Hay un lenguaje que reacciona a coro a los estímulos uniformes, pero para ser sensibles a esta percepción hay que descender peldaños antropológicos hasta quedarnos con lo esencial: el umbral en el cual la única dialéctica posible es la que se da entre la igualdad y la solidaridad. La solidaridad no por condescendencia pequeñoburguesa en la cual te doy algo para ver si me quedo con la mejor parte y te mantengo a raya, sino porque alcanzamos el absoluto de la desposesión y las necesidades básicas. La igualdad porque es a la vez utopía y herramienta, mano de Escher dibujándose a sí misma en un proceso iterativo e interminable. La señora destituyente Elisa Carrió habla en tono canchero de la reconstrucción de la familia en nuestras villas. Hay que prestar atención al tono burgués de la apelación, y al sutil intento de bajada de línea conservadora. Habla de los hogares donde no hay mesa, porque penetró la cultura de comer en los comedores. El endiosamiento de la mesa como un totem burgués en oposición a la igualdad de los comedores y la socialización en las mesas de quienes no son ni más ni menos que el vecino. Ahí está la ideología neoliberal intentando llegar con su libertad a cada rincón en donde la igualdad la desafía.

Los pobres yendo a comer a los comedores son la avanzada de una sociedad en la que se optimizan los recursos. La burguesía bienpensante se horroriza con esto de la misma manera que se horroriza con cualquier elemento de la naturaleza en estado puro. Por algo el gobierno siempre habló de “la mesa de los argentinos” y no de “laS mesaS de los argentinos”. Mesa única para todos: ese es nuestro rumbo, y no deberíamos detenernos hasta no ver a Biolcati compartiendo con nosotros esta misma mesa.

Ahora veo a la Rural como el castillo que es, con una corte fantasma que no se hace presente ahí sino en forma episódica y aleatoria: en la celebración de sus fiestas y exposición de sus signos de poder, y en sus consejos de guerra destituyentes. Un castillo protegido por muros y rejas, pero sin foso ni cocodrilos. Donde es habitual el desfile de pobres que incluso ¡pagan para entrar! Es la ópera buffa ocasional de la explotación cotidiana, la metáfora performática de la dialéctica del amo y el esclavo, un carnaval de culto a la argentinidad opresora. El rey de esa corte mantiene diálogos cotidianos con el mayor comunicador golpista de la historia nacional y son intrigas palaciegas pero mediáticas, donde se confabula para ungir una sucesión favorable a los intereses dominadores. Nos desafían desde la pantalla leyéndonos en voz alta nuestros propios epítetos. Cobos traidor traicionás como Vandor, dicen mirando a cámara como quien nos moja la oreja, con los ojos inyectados en sangre de cinismo y con la sonrisa de quien cree tenernos en sus manos, y no podemos dejar de ver a ese castillo de imagen de fondo en ese estudio televisivo, y no podemos dejar de imaginarnos a estos personajes siniestros encerrados de una vez por todas en las mazmorras, enviando sus encíclicas al aire como botellas al mar.

Pero hay otros pobres alrededor que no se encandilan y hacen un trabajo silencioso en los alrededores del Predio rompiéndoles las cubiertas a las cuatro por cuatro de la corte que merodean el barrio en sus días de fiesta. Los cortesanos se ven obligados entonces a ir a hacer la denuncia a la comisaría 23, donde sus fueros son puestos a prueba por los principales de turno, que intentan humillarlos y no tomarles la denuncia, pero a quienes finalmente compran con la promesa de un lechón o un cantimpalo a la vuelta del viaje. Un relevamiento de las denuncias de este tipo realizadas en la 23, nos da la idea de una comunidad pobre con conciencia y perfil bajo que está atenta a la actividad oligárquica en torno al Castillo.

Necesitamos un acto de comunión equivalente a remojarse los pies en la fuente de la Plaza en el 45. Algo fundacional, mítico. Tal como en ese momento el pueblo reclamó la liberación de su soberano ejerciendo su propia soberanía, así es como nuestro operativo debe reclamar la libertad de nuestro gobierno: Ella y El. Ellos son quienes deben concentrar en sus manos la libertad de todo un pueblo. No son necesarios los beneficios de la libertad para nosotros, para nuestra posteridad y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino, no. Sólo hace falta que un gobierno justo concentre en sus manos la libertad para distribuir la igualdad. Libertad a nuestros gobernantes entonces. ¿Para qué? Para disponer a voluntad del patrimonio nacional y distribuirlo con equidad. La riqueza material y la riqueza inmaterial. Los monopolios que lucran con la riqueza de nuestra tierra, y los que lucran con nuestra información.

Suena ilógico reclamar por la liberación de nuestros gobernantes cuando en apariencia ellos están libres y ejerciendo todos sus derechos. Exacto: en apariencia. ¿Cuál es la extorsión mayor a la que diariamente se someten nuestros gobernantes? La del monstruo destituyente, que de manera temprana preñó a este gobierno con su simiente malévola y transgénica, y que ya ha dado luz a su engendro redivivo, a su encarnadura alienígena que tiene la cara de un hombre sencillo de pueblo, pero que su esencia está constituida de una amalgama de células de traición neovandorista, y que ha logrado enquistar al castillo en la mismísima Casa de Gobierno, cual caballo de Troya.

El delfín destituyente es un objetivo de nuestro plan.

Desde hace años, si no décadas, nuestra clase pobre en su preparación para la escalada al poder viene ejerciendo y perfeccionando una destreza que genera equívocos. El robo de cables es visto por la sociedad pacata como un gesto de miseria, de vandalismo, de colmo de la barbarie. Hablan incluso del horror grotesco de un país que ha llegado a exportar cobre sin poseerlo naturalmente, mientras que esta capacidad de robar cables es el arma que autogestiona una sociedad que está saturada de información. El negocio de la exportación de cobre es cedido por la clase pobre a otros pequeñoburgueses que encarnan la abyección de un sistema perverso, pero ante quienes la sociedad burguesa desvía la mirada por ser de alguna manera emprendedores. En una sociedad burguesa, ya lo sabemos, se castiga el crimen de robar un banco, pero nunca el de fundarlo.

Dije antes que la Rural debería ser nuestra Tablada Triunfal y la cobertura de las elecciones nuestro War of the Worlds. También podría decir que la Rural debiera ser nuestra Plaza de Mayo, y sus instalaciones, las fuentes donde remojarnos los pies. Hemos alcanzado sin dudas la justicia social, pero tenemos dos frentes fluctuantes que son atacados sin cesar y en forma alternativa: cuando nos acercamos a la soberanía política, avanzan los golpistas por el lado de la independencia económica, y viceversa. Definitivamente debemos reforzar la tríada que es nuestra guía.

Repasemos los mitos que giran en torno a War of the Worlds y a la Tablada antes de terminar de delinear nuestro boceto de propuesta. Durante la emisión radiofónica de War of the Worlds el 30 de octubre de 1938 a cargo de Orson Welles, se supone que la población confundió una ficción con la realidad, montó en pánico e hizo colapsar a la policía y a las redacciones de noticias con sus pedidos de auxilio ante la invasión marciana que iba a destruir a la población con su gas letal. Este episodio quedó para la posteridad como la evidencia del poder de los medios de comunicación de masas. Pero apenas uno empieza a ahondar en el tema, resulta que no hay pruebas demasiado fehacientes de que los hechos hayan tenido la magnitud que nos imaginamos o que hayan sido poco más que una anécdota, un grupito de yanquis ingenuos (sí, la clase mierda yanqui generalizada que posibilitó inocentemente el ascenso del imperio más destructivo de la historia de la humanidad) que se creen lo que están oyendo más o menos como nuestros argentinos medios confunden a la Cristina del gran cuñado con nuestra Presidenta. En suma, lo que más se acerca a la realidad es pensar que no pasó nada, excepto que los medios lograron instalar una gigantesca publicidad sobre su supuesto poderío imbatible. Sutilmente, el propio Orson Welles necesitó desmitificar el episodio realizando poco después su Citizen Kane y demostrando que los multimedios no son peligrosos porque puedan crear masas histéricas, sino porque pueden crear la ilusión de las masas histéricas. Orson Welles sería hoy militante de Carta Abierta.

En el caso de la Tablada, la versión de consumo masivo es que un grupo de loquitos intentó copar un regimiento para evitar un golpe y resultaron barridos como ratas. Se esconde el hecho de que efectivamente, con su sangre, estos chicos frustraron una asonada y limpiaron el terreno para la movilización popular que se produjo meses después, cuando los pobres empezaron a tomar lo que les correspondía y a crear el campo propicio para una revolución de la pobreza. Que ya sabemos que fue frustrada por el ascenso del neoliberalismo gorila al interior del movimiento, pero cualquiera gana la lotería con el diario del lunes. En ese momento la imprevisibilidad era la ilusión.

En nuestro nuevo War of the Worlds y en nuestra nueva Tablada, el vencedor ha de ser el pueblo. Si el primer War of the Worlds instauró el mito de los medios omnipresentes y omnipotentes, el nuestro dará por tierra con este mito, dejará al monopolio multimedios tan en ridículo y desarmado, que no tendrá más remedio que rogar por la sanción de la nueva ley de radiodifusión y comenzar su lento proceso de desmembramiento. Si la primera Tablada resultó en un baño de sangre que nos dejó en el umbral de la revolución, esta nueva Tablada hará entrar al pueblo entero por la puerta grande.

Hay indicios de que ha comenzado la batalla final. En Venezuela “se nacionalizan empresas argentinas”, nos dicen. Y se las llama argentinas porque da la coincidencia de que el grupo oligárquico que las conduce es de nacionalidad argentina. No se las llama “testimonialmente argentinas”, ni tampoco hay un juez que intervenga para determinar si se impugna o no su argentinidad, y ningún ciudadano podrá votar por estas empresas o castigarlas con su no-voto en las próximas elecciones. Los vasos comunicantes de la oligarquía se pueden extender hasta los confines del universo si fuera necesario, mientras que un gobierno del pueblo le tiene que predecir el futuro a un juez para que este juez no lo proscriba. Los oligarcas con su maquinaria de fugar divisas, apenas sienten una mínima amenaza, le enrostran al Gobierno el destino de los fondos de Santa Cruz. Nadie sabe dónde están estos fondos, por lo cual esta acusación adolece de una vaguedad inadmisible, mientras que los fondos fugados por estos mismos oligarcas son tan concretos y determinados, que hay un Presidente de otro estado mostrándonos el comprobante de pago.

El gobierno, además de ser jaqueado, se ve obligado convalidar la nacionalidad testimonial de estas empresas. El orden real de las cosas es muy diferente: hay una oligarquía ubicua, tentacular, hidrática, que cuando dos gobiernos (que en realidad son uno solo, o bien comparten la misma lucha) coordinan acciones para desarticularla y redistribuir la riqueza, reacciona de manera espasmódica, volcánica, y pretende hacer sonar el escarmiento.

La oligarquía, que es un absoluto demoníaco y brutal, puede tomar mil apariencias distintas: hoy como Roca y Techint, victimizándose, con la apariencia de un gaucho humilde y campechano, a quien uno imagina montando a su flete pero en cambio lo ve endurecer el rostro e inyectar sus ojos al subir a la 4×4, preparado para embestir a quien amenace con desenmascararlo, o bien puede mostrarse como la señora Ernestina Apropiadora, que aparece como una viuda magnánima de bajo perfil mientras pergeña con su directorio la transformación de la riqueza humana de nuestro país en una homogeneidad destitutiva y caprichosa, constantemente insatisfecha (pensar en la expresión “imperio mediático” con el sentido de “conversión de humanos en clase media”), la clase de gente que descubre que “ahora dicen que el café no hace tan mal”, o que busca advertencias y asesoramiento para contrarrestar las nuevas formas de redistribución de la riqueza cuando leen ávidos sobre algún nuevo modus operandi de los redistribuyentes y les ponen nombres tales como “secuestro virtual”, “los rompehuesos”, “secuestro extorsivo”, “arrebatadores”, “menores inimputables”. El gran diario argentino es la Guía Contra la Redistribución.

La oligarquía reacciona amenazando al pueblo en Lobería y Venado Tuerto, reacciona con histeria cerrando sus propias escuelas ante el terror a una epidemia que por una vez provocan los ricos, que la traen y la pasan por la manga de ezeiza junto con las notebooks compradas en Miami. Las enfermedades son tradicionalmente pobres, y este patrimonio de la pobreza redistribuyéndose entre los ricos, es también un indicio de que se acerca el momento de algo importante. Ya está en marcha la carrera Dengue vs. Gripe Porcina, y por el momento la historia se desempeñó con normalidad: pobres más enfermos que ricos. Pero lentamente (espero, auguro) la ecuación va a tender a invertirse. El gobierno no puede expresar públicamente su política de redistribución en este sentido, pero ya veremos a los Belocopities internando a los Grobocopaties, ya veremos a la sociedad gorila en la terapia intensiva.

Nuestro plan entonces, se arma de atrás hacia adelante. El qué antes del cómo. Visualicemos el escenario que yo anhelo y que creo compartir con lo más valioso de nuestra sociedad, y fijemos a partir de ahí las pautas programáticas. Quiero sugerencias, quiero ser una chispa que encienda la mecha de nuestro pueblo. Pero esa mecha es casi infinita, y de un poder casi inimaginable: cuantas más chispas, mejor. Nuestro combustible será ni más ni menos que la oligarquía entera.

El domingo es soleado y gris alternativamente. Nuestros ciudadanos pobres salen a la calle, que es el lugar donde habitan el día entero calzándose su equipo de fajina, sintiendo ya desde temprano el gustito que tienen las grandes jornadas. Van temprano a votar y disponen de todo el día para hacer realidad la ilusión de un pueblo. Han aprovechado el último Duplicate de Movistar durante la semana para cargar los celulares a fondo como se cargan las armas. En nuestro asalto comunicacional, deberemos optar en un primer momento por una alianza táctica con las telefónicas, luego se verá qué hacemos con ellas. Los burgueses también van a votar temprano, pero inmediatamente se refugian en la soledad de sus casas y preparan asados o tallarines con estofado, se solazan en su abulia y se preparan para sentarse frente al televisor y ver si hay bocas de urna, o ponen sus notebooks en la cama y van viendo las participaciones de ese día de los imitadores de candidatos del Gran Cuñado, que repiten los mismos tics de siempre.

Hacia el mediodía ya hay muchos más pobres que de costumbre circundando la Rural. Al patrullero que recorre la avenida Santa Fe en dirección al puente Pacífico le llama la atención, pero por el momento no ve nada extraño. Mientras tanto, las cuadrillas de bajadores de cables van tomando posiciones cerca de las troncales más importantes. Los bajadores de cables pobres estarán asesorados por los subcontratistas pobres que tienden los cables para el Golem multimedios. Atendemos a diario a estos colocadores en nuestros domicilios y sabemos que forman parte de esa masa crítica dispuesta a sacrificarlo todo en pos de la caída del monstruo, porque ellos mismos nos recomiendan cambiarnos de proveedor cada vez que tienen que venir a arreglar sus desmadres. El objetivo principal entonces, es la pérdida de conectividad entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fé y Córdoba. Bien dicen los destituyentes que la pelea se desarrollará sobre todo en estas tres provincias, pero no cuentan con una pelea comunicacional. La caída de enlaces entre las tres provincias que forman el centro del país irá provocando una caída en cadena, a medida que los colocadores periféricos vayan recibiendo la noticia detonante de la caída primigenia.

El caos en la conectividad via cables y fibras será tal, que forzaremos una vuelta a los días del aire. Debe haber coberturas, porque el caos comunicacional no se percibe en la incomunicación total, sino a través de dosis crecientes de ruido. Los mierdáticos entonces se verán obligados a informarse durante todo este día sólo por medio de la radio y la televisión de aire. Los veo sacando de las bauleras sus antiguas antenas portátiles y clavándolas de cualquier manera en sus LCDS, porque ¿quién iba a suponer que alguna otra vez harían falta adaptadores de antena? La desesperación por saber algo les hace morderse los codos.

En medio de la confusión ya imperante, los primeros pobres empiezan a cruzar los paredones y las rejas del Predio Ferial. Esta es la señal que esperan los pobres al interior del multimedios. Se está invadiendo un lugar insospechado, cuya inviolabilidad ha permanecido inalterada durante más de cien años. Es el hecho del día. Los movileros que se encuentran en los comandos de campaña se quedan hablando entre ellos, tienen noticias vagas de lo que está pasando, sospechan que se están perdiendo algo y empiezan a desbordar a los proveedores de catering ahí donde sirven algo, para calmar la ansiedad. Todos los recursos están asignados a los comandos, y se empiezan a reasignar sobre la marcha.


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