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¿Querías épica?

19 04 2013 - 21:25

Nunca fui parte de un grupo marginal repudiado masivamente, gracias a Dios. No fui judío en los 30 en Alemania, ni negro en la Norteamérica de los 20, ni homosexual en la Cuba de los 60. Debe ser horrible sentir que hay mucha gente que te odia por puro prejuicio. Lo más cercano a eso para mí, fue participar de los cacerolazos contra el gobierno, los tres más masivos: el 22 de Agosto, el 8 Noviembre y este 18 de abril (lástima, un día antes y era el día de cumpleaños y lo podía cerrar con broche de oro).

En una de esas marchas fui culpado por el Estado de ser un grupo de derecha rancia. El propio Abal Medina dijo algo que en una situación más o menos normal lo habría obligado a renunciar a su cargo: dijo que los que estábamos ahí éramos gente que en otras épocas salía a tocar las puertas de los cuarteles. Una fuerte referente del gobierno como Carlotto me acusó de estar “bien vestido”. Al día siguiente de todas esas manifestaciones multitudinarias veo comentarios de Twitter y Facebook recortando insultos y carteles para alegar que todos los que estábamos ahí éramos fachos, idiotas, violentos, primitivos.

No estoy asustado; creo que uno vez lo estuve, después el susto pasó a la indignación y hoy trato de pensar —me parece lo más sano, aunque no sé si lo más acertado— que eso no va a pasar el límite de la chicana boluda por parte de fanáticos que dejan su cerebro de lado cuando tienen que analizar estas cosas. Sí me asustó ayer, por un momento, ver a la gente entrando al Congreso. Mi naturaleza fatalista y ridícula me hizo pensar en una revuelta popular de características dantescas. Y no, no pasó eso. Cruzaron la valla, se sentaron y después se fueron. Sí creo que puede ser una señal del algo.

Cada marcha de la que participé fue más numerosa, y con los ánimos cada vez más caldeados, lo cual es consistente con el hecho de que el gobierno no sólo no está mostrando señales de cambio sino que no deja de mandarse cagadas, y no hay manera de que no sigan asomando cosas horribles de su gestión. Sospecho que las marchas serían menos numerosas si todo siguiera igual. En menos de quince días nos amanecimos con noticias como los muertos de La Plata —ocultamiento de número de víctimas incluido—, un avance vergonzoso sobre la justicia, con declaraciones de esa cosa llamada Diana Conti que parecían salidas del Tercer Reich, y un informe de corrupción de Lanata que tiraba cifras de lavado de dinero de ciencia ficción. Pienso que si esto sigue empeorando y si las marchas se vuelven cada vez más numerosas y enojosas en alguna puede pasar algo fuerte, y me parecio que los manifestantes cruzando las vallas del Congreso podían ser un símbolo de algo. Pero tampoco quiero basarme en la especulación. No porque una especulación no pueda encerrar algo de verdad, sino porque ya me harté de leer tantas especulaciones en los últimos días. 

Más de una vez kirchneristas, o quienes se autodenominan “neutrales” —que en un 99% son K culposos— cuestionaron que en estas protestas hubiera gente “de derecha”. Tomás Abraham advirtió que “en la marcha hay gente mucho peor que los K”. Qué se yo. Estoy seguro que debe haber gente mala en una marcha multitudinaria, como estoy seguro que en aquel apagón de Menem de los 90 había alguno que otro apagaba la luz porque Menem le había quitado todo el poder al ejército y tenía ganas de que volviera Videla. Me imagino que el neo-nazi Biondini, que siempre fue antimenemista, habrá apagado la luz esa noche. ¿Qué tan importante puede ser especular sobre una protesta de cientos de miles de personas? La idea de examinar la calidad moral de cada uno de los manifestantes es una pelotudez de estos tiempos, un razonamiento subnormal que en vez de analizar la responsabilidad gubernamental que provoca un millón de personas en la calle, hace suposiciones incomprobables: Qué porcentaje de ese grupo de manifestantes es de derecha, de izquierda, de centro, neonazi o anarquista.

Quizás este también harto de la especulación porque esta ha sido una de las bases de poder del kirchnerismo. La idea de que “del otro lado” hay gente peor. _Cuidado que se viene la derecha, cuidado que viene Macri y el malvado grupo del FMI, estos tipos no son lo mejor entre lo peor porque vaya a saber uno que puede pasar si se vienen. Sinceramente, me resulta muy difícil pensar que pueda haber mucha gente moralmente inferior a los tipos que manejan el gobierno kirchnerista. Cuando Abraham habla de que en la marcha “hay gente mucho peor que los K”, me pregunto qué clase hijo de puta de características atómicas puede ser peor que alguien que calla más de una semana después de decenas de muertos mientras grita “vamos por todo” frente a sus fanáticos. Lo mismo con la oposición: nunca lo vimos a Macri ocultando números de muertos en la Capital. No tenemos prueba alguna de que Carrió, Binner, Altamira o Alfonsín se hubieran aliado con Irán. O de que provocaran decenas de muertos en Once, o de que se pusieran a lavar miles de millones de dólares. Y no me jodan los kirchneristas con los antecedentes de algunas de estas personas: hasta donde yo sé, cuando su admirado Néstor subía al poder, su historial de tramoyas hacía que Macri pareciera San Francisco de Asís.

En todo caso, este tipo de especulaciones le sirvieron al gobierno —caracterizado por sus épicas absurdas— para construir una falsa lucha. Desde el 2003 que cualquier cosa se agiganta: el tipo baja un cuadrito de Videla y se supone que es como el juicio a las Juntas, cuando en realidad en ese momento el poder militar capitularía ante dos chicos armados de chasky-boom. El ajuste se disfraza de campañas heroicas de renuncias a los subsidios, con actores famosos poniendo cara de circunstancia. El tuerto muere por razones cardíacas y se habla de “Él” que murió por su pueblo. Una Fragata perdida por inoperancia se recupera como si fuese un triunfo contra el colonialismo mundial. Gente protesta porque le suben impuestos y son golpistas. Y los que caceroleamos somos el resto malvado de la dictadura y la puta oligarquía.

Hace como diez años que estamos viviendo en la Tierra Media de El Señor de los Anillos, con los enanitos reemplazados por la patota de Moreno y la eternidad de los Elfos por el espíritu mágico de un ex-usurero que allá lejos y hace tiempo en una tierra muy lejana se llenaba de guita con la 1050, admiraba a Cavallo y subía al poder gracias a Duhalde.  Y lo curioso es que lo más parecido a un gesto épico real de los últimos años, vino primero por el lado de aquellos que tuvieron que empezar a resistirla solos —no por nada, el excelente documental El Olimpo Vacío exalta la figura de una persona que se encuentra en soledad, como un héroe byroniano frente a una masa irracional—  y en segundo lugar con estas marchas multitudinarias de gente enojada. Si los kirchneristas querían la épica, el jueves la tuvieron. Vino en la forma de multitudes indignadas por diferentes razones. Sí, es verdad, habrá habido de todo y no todos fuimos por lo mismo. Pero al menos es una reacción concreta a hechos tan concretos como un gobierno mandándose las suficientes cagadas como para despertar una reacción. A veces las épicas más impresionantes nacen por los motivos más simples.


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