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Sebreli, el #18A y la Marea Popular. Un arrebato

19 04 2013 - 20:59

Ayer vi en el #Bafici la película El Olimpo vacío, de Carolina Azzi y Pablo Racioppi. Se trata de un documental acerca de Juan José Sebreli. También es un documental acerca de la Argentina, por dos razones: primero, porque Sebreli no deja de hablar acerca de la Argentina y sus tribulaciones; segundo, indirectamente, porque dice mucho de la Argentina el hecho de que Sebreli sea considerado un personaje exótico. Beatriz Sarlo lo llama, en la película, uno de los ensayistas más destacados de la historia contemporánea argentina, y dice que su libro sobre Evita es el mejor que se haya escrito sobre el tema. Aun así, se habla de Sebreli como de un excéntrico, un gorila o un extremista. ¿Extremista de qué? Cuando fue la guerra de Malvinas, cuenta en la película, se sintió más solo que nunca en su vida; no podía hablar con ninguno de sus vecinos, y sus propios alumnos o bien abandonaban los cursos o permanecían pero lo trataban de loco. La película nos somete a unos cinco minutos de la Plaza de Mayo llena vivando a Galtieri. Nada original, la idea, quizás, hoy, pero yo nunca había visto esas imágenes, tanto tiempo, ni había oído el relato de la locutora, que hace quedar a la que anuncia a Cristina como una artista de la discreción. Sebreli enfrentado contra el mundo por la guerra de Malvinas sería visto como un extremista. Extremista de una idea: las mayorías pueden equivocarse. No hay peligros mayores que los “delirios de unanimidad”, que dan legitimidad y sostén material a proyectos que pueden acabar con la vida, la dignidad, los derechos de tantos individuos.

Sebreli insiste en pocas ideas: el nacionalismo, el populismo (son lo mismo para él), los mitos populares, y uno puede pensar: “Qué pesado, ¿qué problema tenés con Gardel?” Obviamente, con Gardel no tiene ningún problema. La idea de los cuatro mitos argentinos, Gardel, Evita, el Che y Maradona, es quizás la más cinematográfica de las de Sebreli, y ya por eso se explica que una película sobre él se base en gran parte en eso. Al comenzar la película, me produce cierta desilusión. Estoy harto de Evita y de Maradona. Pero ocurren distintas cosas: la película tiene un trabajo de archivo descomunal, excelentemente administrado, sobre cada uno de esos cuatro mitos; Sebreli no puede dejar de ser original, aun hablando de Maradona: “Lo ponen de director técnico de la selección. Será un fracaso: no caben dudas”. La tercera cosa que justifica que la película se ocupe de los cuatro mitos es la feria de Frankfurt. La Argentina fue la invitada especial en esa feria, la más importante del mundo en materia bibliográfica, en 2010. Eligió, como los íconos del país, a Gardel, Evita, el Che y Maradona. Los eligió la presidenta Cristina Kirchner, ella sola, tal como lo atestigua la propia Magdalena Faillace (otra maravilla de la película la constituyen las entrevistas, como aquella en la que Antonio Cafiero dice: “No lo respeto a Sebreli ni como intelectual, ni como historiador, ni como hombre. Bueno… Hombre a medias”). Entonces, en ese momento, lo que podía percibirse como el moralismo de Sebreli, como su insistencia obsesionada en provocar a partir de ídolos populares, adquiere un grado de realidad arrollador. La Argentina lleva a cuatro ídolos populares a la feria literaria más importante del mundo. Ninguno de ellos es escritor. Sebreli tuvo razón all the way. Como la tuvo, obviamente, con las Malvinas. La conclusión es: escuchemos a Sebreli, siempre.

Escuchémoslo cuando insiste con la idea de los delirios de unanimidad. Hoy en día no estamos viviendo uno de ellos, al menos en lo que respecta al 54% de la población que votó a la presidenta. 54% no es unanimidad, pero cada vez, en la Argentina, se le parece más. La mitad más uno se va acercando cada vez más al todo, porque el Estado se ocupa deliberadamente de que así sea. Asistimos actualmente a la democratización de la justicia. Incluye la ampliación del consejo de la magistratura, el voto popular de los consejeros, los recortes a las medidas cautelares (esto último fue cuestionado por Horacio Verbitsky y escuchado por los legisladores kirchneristas, lo que le permitió al noticiero de Canal 7 decir: “Como pocas veces antes en la historia política argentina, se han escuchado los reclamos de las dos partes en un debate ejemplar”). El Poder Judicial, lo está diciendo mucha gente en estos días, debe ser conservador por naturaleza. Por eso no se puede votar a los jueces. De eso se tratan los derechos humanos. Los derechos humanos, ¿hay que decirlo de nuevo?, son los que protegen a los ciudadanos de los avances del Estado. No son otra cosa que eso. La constitución nacional no es un arma para el Estado, es un arma para el pueblo. Es lo que le queda después de haber delegado su voluntad en forma de representación. El Congreso organizado para que el Ejecutivo pueda copar el Consejo de la Magistratura es una forma débil de terrorismo de Estado.

Por eso hay que salir hoy a la noche a la calle, el #18A. Porque tenemos que hacerles saber a los legisladores opositores que hay una enorme cantidad de gente que tiene una necesidad; que necesita, para poder seguir viviendo, que la justicia no se “democratice”. Ayer decía Carrió que las manifestaciones contra la 125 impidieron su voto en el Senado. Tenemos que decirles a nuestros representantes que hay mucha gente que piensa que la democracia judicial la constituye el hecho de que Lázaro Báez o Cristina Kirchner pudieran ir presos, y no que estuvieran protegidos uno por sus fueros de amigo, otra por su cargo, por toda la eternidad. Tres días pasaron de la denuncia de Lanata. No se realizó ningún allanamiento ni se secuestró ninguna prueba. ¿Dónde está la democracia en todo eso? ¿Hay algo más antidemocrático que el hecho de que la gente se mate porque los fondos que deberían ir a obra pública terminan remitidos a las Islas Caimán? Sí, hay algo más antidemocrático, mucho más: que las personas responsables por ese desvío no puedan ir presas, porque tienen protección de la mafia que vive en y del Estado. La corrupción es la forma del fascismo por excelencia, porque no es otra cosa que el Estado viviendo ilegalmente y siendo tolerado tan solo por el hecho de que es más poderoso. Si hay corrupción, todo lo demás no importa. Un muerto en una zona liberada por la policía o un choque de trenes son diversas escalas de lo mismo.

Art. 29.- El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria.

La convocatoria al #18A viene muy bien y hay algunas especialmente buenas, como la que firman varios, desde Claudia Rucci hasta Beatriz Sarlo, pasando por el host Raffo, Noriega y Ricardo Gil Lavedra. También hay convocatorias, por supuesto, a no ir a la marcha. Algunas de ellas no se reconocen como kirchneristas. Hoy vi un afiche de Marea Popular en el que muestran a una niña indigente, con la leyenda: “Yo no te vi cacerolear por mí. El 18A los pobres no vamos a la plaza”. ¿Quiénes son estas personas para pensar que pueden hablar en nombre de “los pobres”? ¿Acaso hicieron una encuesta? ¿Van a estar pesándole la billetera a cada uno que vaya para ver si es pobre o no? Y si se encontraran con pobres, ¿qué pensarían? ¿Que estaban equivocados? No, más bien pensarán que esa persona no es tan pobre, no es pobre espiritualmente, no se ganó el carnet. También me pregunto: los militantes de MP ¿van a las marchas por la AMIA? ¿Fueron a todas las marchas por la ley de identidad de género o por el matrimonio gay? ¿Quién decide a qué marcha se puede ir y a cuál no? ¿Se puede ser tan psicopateador como para decirle a alguien que no salga a la calle si siente que el Estado está violando sus derechos constitucionales, tan solo porque no salió en otra oportunidad, cualquiera sea? ¿Por qué siente la izquierda que puede funcionar como policía moral? ¿Quién les dio esa potestad? Que yo sepa, no hay nada más ilegítimo que una policía autoconstituida. Si vos, ciudadano particular X, no querés ir a la marcha, me parece genial, porque podés ser kirchnerista, no estar seguro, querés, verdaderamente, no estar a menos de un kilómetro a la redonda de Cecilia Pando, como decía Hannah Arendt que entendía la condena a muerte a Eichmann porque los judíos no querían compartir el planeta con él; en fin, infinidad de razones. Pero al erigirte como partido contra la marcha sin ser oficialista y apelando a moralismos y persecuciones psicopáticas solo lográs que la gente tenga más ganas todavía de ir. Gracias, Marea Popular.

El afiche también tiene una leyenda en la cual se ponen de manifiesto todos los flagelos sociales, digamos, de la Argentina de hoy: la cantidad de pobres, de adictos al paco, de gente que no tiene acceso a la salud, etcétera. No puedo dejar de mencionar que el kirchnerismo gobierna hace 10 años y la Marea Popular emergió de allí, en una gran parte. Se estrolaron 52 personas en un choque de tren; se murieron muchos más ahogados por una tormenta y el gobierno nos dispensó la gracia de mentir con los muertos; se están morfando todo el poder judicial, y, para colmo, ocurren todas las calamidades que vos mismo mencionás en tu afiche, y sin embargo hacés cuestión de no ir a una marcha popular. Sí: popular. Si van dos millones de personas a un lugar, es popular. La evaluación es racional, no es moral, como la de Marea Popular. Yo no sé dónde van y no van los pobres. Por lo pronto, espero que vayan al #18A. Y por lo pronto, tengo un amigo que milita en Marea Popular; la última vez que lo vi, creo, fue en París.


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