Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |









15 12 2004 - 07:45

Abortó (uy) la media sanción de la ley sobre educación sexual para la ciudad de Buenos Aires. ¿Por culpa de quién? ¿Quién se hace cargo? ¿Hordas de fanáticos echando espuma por la boca, portando cruces y palos al grito de “Cristo Salva”? No. Dos diputadas ibarristas.

Si algo no se le puede objetar al Gobierno de la Ciudad es inconsistencia. Su capacidad para pasar a la historia como el conjunto de losers que más cerca está de poder hacer las cosas bien y mejor se las arregla para, voluntariamente, evitarlo supera incluso las marcas bien altas establecidas por pioneros de la talla de Chacho Alvarez. Van tres en un mes: la muestra de Ferrari, el despido de Quintín y ahora esta ley. Detallemos, por si no queda claro a simple vista lo que estas instancias tienen en común.

Como no podía ser de otra manera dada la formación e inclinación nominales de sus integrantes, el Ibarrismo suele encontrarse en el medio de situaciones con posibilidades. En el caso del Bafici fue la casual designación de Quintín, en el caso de Ferrari fue una muestra de características casi automáticas. Ninguno de estos dos casos era conflictivo per se, en los ámbitos que les eran propios — no se trataba de la gran idea de nadie sino más bien del devenir lógico de las cosas. Incluso, poniéndose estricto, uno podría cuestionar tanto el Bafici como la muestra de Ferrari como buenos sucedáneos más o menos cosméticos de lo que podría hacer una gestión con una verdadera política en el área. Pero bueno, considerando lo que hay, no estaban nada mal, ninguna de las dos cosas. En cuanto se produce el más mínimo atisbo de conflicto (interno, en el primer caso, publicitado y mediático en el segundo), el ibarrismo arruga con un estilo muy particular: escupiendo el asado y asegurándose de dejar una huella destructiva.

No hace falta extenderse sobre la necesidad de un plan de educación sexual en los colegios. Todo el mundo sabe que hace falta, incluso quienes (sabiéndolo) creen que no hace falta. Es una vieja discusión, y sus protagonistas no son mucho menos viejos. Ibarra manifestó ayer públicamente su imposibilidad de avalar alguno de los dos proyectos. Y hasta ahí, sorprendentemente, podríamos haber ido bien. Porque es cierto que los dos proyectos son problemáticos. El de la Inquisición porque sí, y el de la mayoría (que resultó no ser tal) porque, en la más rancia tradición del progresismo local, enarbola el problema como bandera sin tener demasiado en cuenta el primum non nocere que debería ser punto de partida en estos casos.

“Parece un Boca-River”, dijo Ibarra, sabiendo perfectamente que es un Boca-River. Lo cual, es cierto, es un problema. La estrategia del kirchnerismo y la macrista disidente no ayudaba. Al ser tan revulsivo, y con elementos “impartidos” a tan temprana edad, el proyecto iba sin duda a generar una gran cantidad de situaciones de conflicto en las cuales nenes iban a quedar en el medio, entre el “progresismo” de sus maestros y los errores y prejuicios de sus padres. Esto no quiere decir que no haya que enseñarle a los chicos que la tierra es redonda ante la posibilidad de que algún padre sea miembro de la Flat Earth Society. Pero hay cosas que están instaladas y cosas que no. En el Siglo 12 no convenía, efectivamente, andar enseñándole a los chicos que la tierra era redonda. Hay muchas maneras de resolver esto, y si bien uno está obviamente de acuerdo con que el tema se toque (¡se toque! ¡se toque!) desde muy temprano, en este caso el proyecto “bueno” parecía una instancia más de tantas en las cuales los únicos privilegiados son el arma mediante la cual se dirimen beefs ideológicos—preocupaciones de quienes no están tan interesados en los chicos como en sus propias, módicas, adultas victorias. La political correctness infecta peligrosamente todo lo que tenga que ver con la sexualidad, lo cual no parece necesariamente grave teniendo en cuenta los siglos de represión que hay detrás, pero tampoco me tienta pasar del fanatismo de una monja al de Eva Giberti. Es curioso que en pos de la salud y la diversidad, las visiones más evolucionadas, las más sandrarrussistas, pugnen por el establecimiento de un standard cultural sobre lo sexual basado en post-juicios muchas veces tan cuestionables como los prejuicios de los sectores más conservadores.

Este tipo de cosas es el que podr´ía haber dicho Ibarra, en vez de “parece un Boca-River”. Acto seguido, podría haberse preocupado por trabajar sobre alguno de los dos proyectos (el “bueno”, more likely, porque son los impulsores del otro no se puede hablar) hasta convertirlo en algo votable. En cualquier caso, y de cualquier manera, el ibarrismo se las podria haber arreglado para que la ley se sancionara sin lastimar a nadie, simplemente haciendo valer su factor de desempate.

Ahora no hay ley, Ibarra se va a su casa y duerme tranquilo,con un problema menos del cual preocuparse.


————————————

Del mismo autor:
PS 01
La Educación de Pol Pot
Political Science 3x SOLD OUT
Más vivos que nunca print SOLD OUT
TPP 31 - Las Comunidades Primitivas
El Dream
8. Gracias
TPP 30 - El Circo del Hambre
El Ultimo
Viedma Ayer