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El Buenismo (versión documental)

4 07 2013 - 21:20

Viene de acá. La transcripción es textual, no falta ni sobra una coma.

Pablo Avelluto:


Hola Huili,

Estoy revisando las horas y horas de grabación en Brasil y recién pude mirar de reojo mi tl y vi tus tuits.

Te quería hacer dos aclaraciones, solamente. La primera, con respecto a la entrevista con Eliaschev. Creo que dije que el texto de Leis había circulado por internet (los nervios de la radio en vivo hicieron que me olvidara de mencionar a TP, cosa que sí hice en una entrevista con Noriega en su programa antes de viajar a Brasil y cada vez que tengo oportunidad de hacerlo. No te persigas con eso, el propio Leis me contó la historia de cómo llegó a TP para publicar su texto. De más está decirte que valoro muchísimo que haya sido publicado ahí. Mi única parte en esa historia es que cuando Graciela me pasó el texto de Leis con sus propias anotaciones y las de Vicente Palermo, me encantó y decidí contratarlo de inmediato. Héctor accedió y a las pocas semanas decidí dejar la editorial. Héctor me dijo que no se sentía del todo seguro de poder ampliar su libro tal como yo le había pedido y que le jodía que yo no estuviera allí para cuidar su libro y que tenía una oferta de Katz. La editorial lo quiso retener y yo apoyé que cerrara su acuerdo con Alejandro.
La otra, conocí a Leis a través de Beatriz Sarlo a finales de los ’80 en el Club de Cultura Socialista. Recuerdo un artículo suyo que leí entonces sobre los organismos de DDHH, muy crítico y raro para la época. Y también su libro para el CEAL. Chicana menor, no recuerdo si tuya o de quién, sugerir que yo no conocía a Leis “de antes”.

Más allá de estas aclaraciones, y ahora en serio, me gustaría que me cuentes qué fue lo que no te gustó o no compartís. Yo también pienso que sos un tipo inteligente aunque a veces piense que estás equivocado. Mi idea, lograda o no, fue contar que me había parecido extraordinario que dos personas que no se conocían personalmente (o que no recordaban haberse visto, para ser más preciso) tuvieran ganas de juntarse a conversar sobre el tema acerca del cual han publicado sus libros. Mi impresión es que en la Argentina esas cosas se resuelven pensando cada uno que el otro está equivocado. La voluntad de diálogo entre una señora octogenaria que ha hecho mil cosas tratando de saber qué pasó con su hijo con un ex guerrillero arrepentido y lúcido me pareció lo importante a rescatar.

Pero en serio, me interesa tu punto de vista sobre el artículo. Así que, cuando tengas un rato, escribime y contame. Después, si querés, nos peleamos por twitter.

Abrazo!

Pablo

Yo:

El otro ESTÁ equivocado, Avelluto!

Breve, mientras dure el desayuno:

Me chupa un huevo la atribución de la publicación del texto de Leis, y en ningún momento dije que no lo conocías de antes, no sé a qué te referís con lo segundo. ¿Qué es esto? ¿Un campeonato de quién descubre primero a Leis? ¿A quién le importa? Lo de TP lo dije por lo siguiente: tu descripción de ayer en lo de Eliaschev —y la que hacés en LN— no se ajusta a la realidad: para que Leis dejara de ser un paria y se convirtiera en una voz importante en el debate público tuvieron que pasar tres cosas:

1. que su texto fuera publicado (y sucedió en TP sólo porque al resto del mundo le daba pánico quedar pegado con algo así)

2. que él aprendiera a manejarse con una habilidad que a mí me es imposible o innecesario desarrollar. Que lo identificaran con UN tema solo, de modo que su manera de pensar (perturbadora para la mayoría) fuera más manejable.

3. que la intelligentsia se enterara de que Leis se va a morir relativamente pronto, y por lo tanto no es una amenaza para ellos.

El punto 1) no es trivial: vos participaste y seguís participando activamente de ese medio ambiente represivo pedorro que antes le huía a Leis y coqueteaba con el kirchnerismo y ahora va encontrando su límite. No te vi en el 2004 diciendo “dialoguemos, tratemos de entendernos y de tratarnos como personas”. A mí sí me vi diciendo eso. ¿Sabés por qué? Porque lo dije. ¿Y sabés adónde lo dije? En TP. No conozco otra experiencia de intento de diálogo genuino en la esfera pública, en los últimos diez años. Obviamente fracasó, pero bueno, era un experimento, uno nunca sabe cómo van a salir.

Ay, por qué no dialogamos. PORQUE NO SE PUEDE. Y todos sabemos por qué no se puede.

Espero que entiendas esto sin que te tenga que hacer una lista. Y sino mala suerte, porque no puedo perder mi vida explicando lo obvio. Después, si puedo, lo detallo para Perfil, donde por lo menos me pagan: le explico a Avelluto, me compro un par de discos. No está tan mal como “le explico a Avelluto y perdí la mañana como un pelotudo”.

Mi tono sería mejor si tu invocación al diálogo no viniera acompañada del tono santurrón que tan bien cuadra en el universo también santurrón de La Nación y el macrismo, dos entidades que se manejan en público con carita beatífica y en privado como una mini mafia playmobil. Esa falta de sentido del humor, el tono ampuloso, toda esa impostación te la tenés que meter en el orto si querés hablar conmigo, porque me hace sufrir, me recuerda los problemas reales de una cultura que —como vos— yo también quise, pero ya no existe. Y tu mujer hablando de vos en Twitter como si no te conociera, toda esa anormalidad que obviamente tiene que ver con la conveniencia personal me deprime profundamente.(Después durante el dia se me pasa esa depresión, y me empieza a enojar, lo cual no es tan malo. A veces pasa al revés y es terrible.)

Pasando a mi caso personal, en principio, y por sobre todas las cosas, te puedo decir que no dialogamos porque tengo las pelotas llenas de ese procedimiento en el cual el diálogo tiene una misión ulterior inconfesa. Porque la vida es breve, y si querés dialogar conmigo, a esta altura, tenés que

a) traer algo para conversar, un tema, algo que me llame la atención, alguna idea que valga la pena ser escuchada (y en lo posible, no una como esta del diálogo, que solamente es irritante).

b) hablar como una persona normal, con el mismo discurso en público y en privado.

Sí, ya sé, mi definición de normalidad es rara ahí. Sacá normal si querés y poné interesante.

((Otra opción es Skype o teléfono, cuando quieras. Para eso siempre estoy. Pero tipear me embola.))

Abrazo,

Huili

Pablo Avelluto

Raffo, Raffo,

Dejo el tema de la publicación de Leis. Sólo te puedo decir que hubiera intentado publicarlo antes si hubiera conocido su texto antes. Conmigo no, Huili.

Coincido en líneas generales con tus tres motivos para que Leis accediera a la exposición pública que está teniendo. En particular tengo diferencias menores que no vienen al caso.

Voy a la parte que me toca: “medio ambiente represivo pedorro que antes le huía a Leis y coqueteaba con el kirchnerismo y ahora va encontrando su límite”. No sé a qué te referís. Nunca coqueteé con el kirchnerismo. Nunca fui kirchnerista, nunca los voté. En 2004 trabajaba con Mariano Grondona en la radio, cosa que no tenés por qué saber, además de dirigir una editorial de textos educativos. Era vicepresidente de la Cámara Argentina de Publicaciones. Una escisión de la Cámara Argentina del Libro producida, precisamente, por el kirchnerismo explícito de la mayoría de los editores de libros argentinos. Durante aquellos años (entre el 2002 y el 2005) mi antikirchnerismo era bastante rabioso. Aun mayor que el de Grondona. Y los cuestionamientos a sus políticas de entonces (y de ahora) eran públicos más allá de no ser yo un tipo conocido los hacía en la radio de mayor audiencia del país. Por lo tanto, en esto tampoco tenés razón.

A partir de 2005, por mi trabajo en Random House, tuve que dialogar con todos. No predicar el diálogo, sino ejercerlo directamente. Parte por el laburo y parte porque me interesa. La lista de autores es larga, k y anti k. Y ni k ni anti k. Decenas de tipos y tipas a los que publiqué. Unos vendieron mucho, otros poco y muchos nada.

“El tono santurrón que tan bien cuadra en el universo también santurrón de La Nación y el macrismo”. No discuto cuestiones estéticas. El tono no te gusta. Ok, el problema era con el tono de la nota. Nihil obstat.

“Dos entidades que se manejan en público con carita beatífica y en privado como una mini mafia playmobil”. Para mí ninguno de los dos tiene carita beatífica. Pero bueno, se me ocurrió la idea de la nota, se las mandé, la publicaron. Lo hice ahí porque conozco a su gente. Estoy cerca del Pro. Me interesa su proyecto porque no es ni peronista ni radical ni de izquierda ni de derecha y porque, precisamente, su identidad está en construcción.

Mi mujer: en este caso te salva que vivís afuera porque lo correcto entre caballeros sería ir a romperte la cara. Es una persona independiente y escribe sobre lo que se le canta. Le gustó mi artículo y punto.

Bueno, hasta acá es suficiente.

Cuando quieras, charlamos por skype. Mi idea del diálogo o de la conversación tiene un fin ulterior. Hacer de este país de mierda un lugar más vivible. Ni más ni menos que eso.

Abrazo,

Pablo

Yo:


“Ir a romperte la cara” es dealbreaker, Avelluto. Andá a cagar.

FIN


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