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La capa intermedia

24 08 2013 - 13:27

Ahora que las desmentidas vía tweet en vivo sólo pueden verse como confirmaciones lacanianas, y cada discurso es un manotazo de ahogado para no perder a los convencidos que eventualmente cruzarán a la nueva tierra prometida del peronismo mainstream, me gustaría aclarar algo: el kirchnerismo siempre cayó por su propio peso. Jamás hubo posibilidad de confundirse. Si Pedro es juanista y sé todo sobre Juan, sé todo lo que necesito saber sobre Pedro. En ese sentido no es un problema, y tal vez nunca lo fue.

Preferiría ocuparme de los que sin alinearse dieron el beneficio de la duda; de los que se mantuvieron neutrales hasta el punto de no retorno porque siempre vieron alguna chance de rosquear. De los operadores trinorma, de los críticos de salón. De los que se muestran resignados porque saben que el día que tengan la chance de estar ahí, harán lo mismo. De los que jamás dijeron no. De los que se quedaron afuera de la fiesta pero hicieron puerta. Pienso en los que eran demasiado jóvenes o demasiado viejos. Los que usan su autoridad moral para liderar la expedición a construir lo nuevo sobre las bases de lo anterior, con los mismos materiales y procedimientos.

No perdonaría a los que tiran basura en el auto calcinado, a los que le disparan al cadáver, ni a los que corrieron tras el primer disparo. Me interesa identificar a los que se creen la tercera campana, los que relativizan todo salvo lo que dicen ellos mismos. Y propongo cuidarnos de los que se jactan de estar solos cuando en realidad son patota, de los que se festejan entre ellos los lugares comunes como revelaciones, de los que fantasean con manejar una reunión de consorcio.

Los que se armaron un personaje. Los que odian al odio. Los que triplican la apuesta. Los superados. Los que defenestran los ismos. Los que llevaron el agua para su molino. Los que vendieron contracultura. Los que heredaron pero no llegan al alquiler, los que nunca sabrás a quién votaron. Los que ahora quieren que termine el mandato y esperaron todo el tiempo agazapados.

Los que involuntariamente o no, pero conscientemente, son cómplices de este quilombo. Y los que, mal que nos pese, tienen nuestro futuro en sus manos. De esos había que haberse cuidado más durante estos años. Ojalá no sea tarde.


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