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Por qué se fue la escribana

17 10 2013 - 20:58

Hubo elecciones de Decanato en la Facultad de Filosofía y Letras (Puan para quienes suelen habitarla, lasciate ogni speranza, voi ch’entrate) de la UBA. Tras ocho años de gestión de Hugo Trinchero, asumieron como decana Graciela Morgade y como vicedecano Américo Cristófalo. Hugo Trinchero es un antropólogo, firme adherente al kirchnerismo, que protagonizó algunos momentos estelares de la vida universitaria de los últimos años. Podría destacar, por ejemplo, su intervención cuando el Consejo Superior de la UBA se negó a recibir a los militares encarcelados por delitos de lesa humanidad en el programa carcelario UBA XXII. En una nota del former diario Página/12, Trinchero dijo: “Nuestro país, en consonancia con la legislación internacional, sostiene que éstos son delitos de lesa humanidad y, por tanto, imprescriptibles. Es por ello también que no existe ejercicio posible de reinserción social de quienes los cometieron”. Es decir que confundió, como señalaba yo mismo en otra nota, una noción procesal, la de imprescriptibilidad, con la severidad de la pena y las posibilidades de los reos para reintegrarse a algún orden de la vida social.

Hace un tiempo, en consonancia con la creciente kirchnerización de la Facultad (consignada brevemente en esta otra nota), proceso que comenzó en los albores de la década del 70, Trinchero mandó a la comunidad educativa un correo electrónico de índole personal, firmado por él, en el que aclaraba lo siguiente: “Ante la citación de la Corte Suprema de Justicia a una Audiencia Pública para mañana miércoles 28 de agosto en donde se verán representadas entidades defensoras de la ley de medios, por un lado, y en oposición a dicha ley, el Grupo Clarin, por otro, remarcamos la necesidad de la plena vigencia de una ley de la democracia sancionada con 44 votos a favor y 24 en contra”.

Como sea, Trinchero cumple dos mandatos en el cargo y, como Cristina Kirchner, no puede candidatearse nuevamente. Se presentó a las elecciones, en cambio, la dupla Morgade-Cristófalo, de plena adhesión a los ideales puiggro-jauretcho-trinchero-kirchneristas. Américo Cristófalo es un eminente profesor de literatura, director hasta hace pocos días del departamento de Letras de la Facultad, columnista ocasional de Página/12 e invitado del programa de persecución política 6, 7, 8. Graciela Morgade es doctora en ciencias de la educación, autora del libro Mujeres que dirigen poniendo el cuerpo. Poder, autoridad y género en la escuela primaria y defensora de la idea, entre otras, de que la educación debe favorecer la democratización y la inclusión y no tener en cuenta los denominados “circuitos de calidad”.

Pero no es de todo esto de lo que quiero hablar ahora. Aunque no se crea, en la Facultad pasan cosas todavía peores. El 15 de octubre se reunía el Consejo directivo para elegir a las nuevas autoridades de la casa. El Consejo se compone de claustros de Docentes (8 personas), Graduados (4 personas), Estudiantes (4 personas) y No docentes (2 personas). Por el resultado de las elecciones de unas días antes, la constitución de las mayorías en los distintos claustros auguraba un triunfo seguro del kirchnerismo. 

Teniendo en cuenta los desmanes que habían tenido lugar en años anteriores, el decano Trinchero convocó, sabiamente, a una escribana. Obra en mis manos el acta notarial, algunas de cuyas partes transcribo a continuación:

Siendo las nueve horas y cuarenta y cinco minutos ingresa un grupo de manifestantes gritando, golpeando las puertas, […] aplaudiendo, tirando papeles cortados, gaseosas, comenzando a ensuciar la mesa de directorio y a todos los presentes. [Se escuchan cánticos como] “Estamos todos juntos nuevamente, la educación del pueblo no se vende, se defiende”, “Si quieren acreditar, qué quilombo se va a armar, les cortamos la calle y les tomamos la facultad” […]. Siendo las diez horas, comienza la sesión [aquí la notaria deja constancia de los distintos argumentos provistos por los consejeros en favor de uno u otro de los candidatos]. Finalmente, se pasa a votar, resultando a favor de la primera moción la doctora Graciela Morgade […]. A continuación, un grupo importante de alrededor de 30 personas se suben arriba de la mesa de directorio, patean sobre dicha mesa, saltan y tiran líquidos y continúan con los cánticos y un tambor. Se pasa a votar y con la misma mayoría de nueve votos a favor resulta elegido como vicedecano Américo Cristófalo, continuando los cánticos ya mencionados sobre la mesa de directorio. No habiendo para más doy por finalizado el acto y me retiro del lugar.

Nunca hubiera pensado que el trabajo del escribano podía implicar peligros de este calibre, ni llevarlo a ser testigo de ignominias tan grandes.

La Facultad, actualmente, está tomada. Se dan clases públicas en la calle, que está cortada, tal como anticipaba la manada de psicópatas en su cacofonía nazi. Ayer tuve clase en un bar de las inmediaciones, que debió durar la mitad de lo indicado, por el hartazgo que la situación irregular producía en el profesor y sus alumnos. Dicho sea de paso, ese mismo profesor había intentado dar clases en un aula en la toma del 2011, pero cuando advirtieron que lo estaba haciendo, los usurpadores fueron con bombos adentro del aula para que no siguiera. El profesor —vaya nuestro reconocimiento— agarró del cuello a uno de los invasores con intención de amedrentarlo, pero debió enfrentar a toda la tropa, a la vez que los propios alumnos intentaban disuadirlo de la acción violenta. Este año, me dijo, con la mirada perdida en el ancho horizonte de la resignación, no tenía intenciones de pasar por lo mismo.

En la Facultad se ven en estos días algunos sujetos con remeras partidarias, que ofician de cuerpo de policía que va controlando aula por aula que nadie esté dando clases. En el episodio del Consejo, habían intervenido integrantes del Partido Obrero y de Marea Popular, partidos que se valen de la democracia para presentar candidatos a diputados nacionales pero no pueden respetar una sesión universitaria, y del PTS. La decisión de usurpación la tomó una “asamblea” de unos doscientos estudiantes. Si se resta a la población de la Facultad ese número de personas, el resultado da cerca de 15.800. Es decir: 15.800 personas no se manifestaron a favor de la toma de la Facultad (esto incluye a alumnos, graduados, docentes y no docentes, cuya representación los radicalizados dicen defender).

El argumento principal de los tomistas es que la elección de la decana es ilegítima, porque deberían ser más los representantes de los no docentes y de los estudiantes en el Consejo directivo (es realmente alucinante que 200 personas que están tomando una facultad de 16.000 puedan proferir cualquier argumento relacionado con la representación). Sea esto cierto o no (no lo es), no va a cambiar por el momento, de manera que la toma puede llegar a durar meses, o años. Durará días, en cambio, y su efecto será, como en los años anteriores, dejar a miles de alumnos y profesores sin clases, dañar las instalaciones, aniquilar el prestigio de la casa minuto a minuto y hacer que la mayoría de la comunidad educativa sienta un odio cada vez más pronunciado por un lugar que debería funcionar, no siempre pero al menos alguna vez en la vida, como su segundo hogar.


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