Click here
Más Features

El fin de la vía (8) | El fin de la vía (7) | El fin de la vía (6) | El fin de la vía (5) | El fin de la vía (4) | El fin de la vía (3) | El fin de la vía (2) | El fin de la vía (1) | Néstor Kirchner, la (primera) película | Renuncio | Graciela Bevacqua | Testamento: 4.2 Memoria y Condición Humana |







La ventana

22 10 2013 - 21:02

Cinco de la tarde, tirado en la cama con la compu encima. Todavía no salía para el trabajo porque tenía función (trabajo en el Colón) hasta las 11.30 PM, entonces caía más tarde. De golpe siento un ruido tremendo, y digo: “Uy, la puta madre, se me cayó el extractor”. Voy a la cocina y veo, en cambio, la ventana descoyuntada de la pared, en su base, y todo el piso lleno de revoque y restos de azulejos. Me parece absolutamente inverosímil: ¿cómo es posible que sola se salga una ventana casi entera de la pared en la que está empotrada con tornillos, clavos, cemento, azulejos, etcétera? Mi departamento (el departamento que alquilo hasta que salga sorteado, un día de estos) está en buen estado, no tiene humedad ni nada. Era extraño.

Bajo a buscar al encargado para contarle y pedirle que venga a dar su opinión profesional. Veo a los dos porteros (el que vive en el edificio y el que está medio día) juntos, en la puerta del edificio, lívidos, verdosos, transpirando. Les digo: “Pasó algo insólito: se me salió la ventana”. “Sí, ya llamamos a la policía y a los bomberos.” “¡¿Cómo?!” Pensé que era un tipo tratando de entrar por las ventanas de los departamentos y me cagué de miedo. “Sí: hay una chica tirada en el patio, se cayó”, me dicen, casi tartamudos. Viendo que no era el momento para hablar de mi ventana, me limito a decir: “Uy, qué cagada”, una y otra vez, como mantra, mientras ellos empiezan a calcular de qué piso había caído. Si había golpeado mi ventana, es que era del 5° para arriba, porque yo estoy en el 4°. Llegan a la conclusión de que fue, por lo menos, desde el 11°.

Subo a mi departamento y —sabrán disculpar— me asomo a ver. Ahí estaba, toda desparramada en el piso, segmentada entre trastos y baldes, el pelo largo, infinito, negro, un abismo, cubriendo bastante de su espalda y de sus brazos. Estaba boca abajo, absolutamente muerta. Subdesarrollo prerrafaelita. Barro estupefacto los restos de revoque y azulejos y me vuelvo a asomar. Sigue ahí. La llamo a mi mamá, le mando un mail a mi novio, tuiteo, todo junto, desesperado. Escucho la sirena de los bomberos. Me vuelvo a asomar y ya estaba la policía, que me mira mal, desde abajo (no entiendo cómo se dieron cuenta de que estaba mirando: no soportarán sentirse vigilados), y ahí no miré más por un rato. Al rato, me fui al Colón, no sin antes mirar de nuevo. Había gran conmoción en el edificio porque el patio en el que había caído era bastante inaccesible y se volvía muy difícil la extracción. La occisa llevaba ya horas en su destino final. Mi mayor deseo para ese momento era, obviamente, que se hubiera suicidado y no que hubiera sido un accidente mientras limpiaba los vidrios o arreglaba una bisagra. Como los que grabaron el video de “Vengo a proponerles un sueño” según Campanella, por lo menos habría estado convencida.

Me voy al Teatro. Ya en la vereda escucho a alguien comentar que no era del edificio, lo cual me pareció muy extraño, porque ¿cómo termina ahí alguien que no es del edificio? En fin, me voy. Vuelvo a las horas con algunos amigos que habían venido a la función (Spam, de Spregelburd/Zypce: 100 puntos) y que ya estaban al tanto de todo. Cuando llegamos a casa, todavía estaba la policía, pero ya habían logrado remover el cadáver. Me voy a comprar comida y bebida a sendos locales de la manzana y cuando vuelvo tengo la suerte de subirme al ascensor con un vecino al que conozco levemente y que había visto participando bastante de toda la gestión. Gran oportunidad. Casi que corro y se me van las empanadas a la mierda para poder subirme con él al ascensor. Me contó, en este orden, que había sido terrible, que LA VIO PASAR mientras caía, que vive en el 2°, así que tenía el fiambre a metros, y ahí me devela lo más alucinante de todo: la mujer, efectivamente, no era del edificio: era una ladrona. Se había cruzado desde la terraza del edificio de al lado. Tenía dos morrales. Uno, con ella; el otro quedó en la terraza. En el que tenía con ella, que terminó estrolado contra el piso de la planta baja, había cámaras de fotos y cosas por el estilo. Podríamos decir que murió en su ley, pero ¿por un par de cámaras de fotos? Qué pelotuda. En el morral que estaba en la terraza, había pinzas, tenazas y alicates.

No sé, todavía, si había llegado a afanar en este edificio. Tampoco sé, ni nunca lo sabré, si simplemente impactó contra mi ventana o trató de agarrarse de ella. Estaba abierta, así que es posible que se haya golpeado, en cuyo caso seguramente eso la haya matado, o casi, porque son bordes bastante afilados. Me pregunto si en este edificio de cien años, que vio el decurso del país desde la riqueza (es decir: desde el momento en que una pajarera de cien departamentos era construida en mármol, hierro y paredes de un metro de ancho, para que pudiera durar mil años —mi edficio va a durar mucho más que la Argentina—) hasta su decadencia actual, ya había sido escenario de una muerte como esta. La muerte de una spiderwoman. Una ni-ni que no quiso ser tan prosaica y se echó a la aventura.


————————————

Del mismo autor: