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Saqueos de lenguaje y lenguaje de saqueos

12 12 2013 - 15:44

Hoy Dante Palma, un comunicador militante y comprometido con el Proyecto de País como pocos, nos emocionó plantando bandera y desnudando una vez más los mecanismos con los cuales la derecha intenta capitalizar cualquier tipo de conflicto social en su favor. Necesitábamos salir a bancarlo, no pudimos resistirnos a comentar, apostillar su texto para agregar argumentos y enriquecer el debate en estos momentos tan difíciles en los que el pueblo debe estar más unido que nunca.

Los párrafos en cursiva corresponden al texto original. Después de cada uno, nuestro humilde aporte.

Una vez que asumimos que la realidad es constituida a través del lenguaje, entendemos que la tarea del nombrar es central pues el qué y el cómo se nombra genera las anteojeras desde las cuales la ciudadanía se vincula con su entorno y con el mundo

Esto es un dato de la realidad objetiva, en sintonía con la connotación semiológica de las palabras. Cuando viene alguien a hablarnos de “libertad” ya empezamos a oler el tufillo a derecha neoliberal extorsiva destituyente religiosa xenófoba enemiga de la felicidad de los pueblos y opuesta a todo lo que sea su bienestar, como la AUH o el matrimonio igualitario. Las palabras esconden mucho más de lo que denotan, y es nuestra tarea la de desmitificar y desentrañar su significado profundo. Y en fin, orientar al pueblo en esa gimnasia constante de ver que todo es política (que se construye en primera instancia por el discurso) y todo esconde complejidades mucho más hondas que debemos poner de manifiesto para desbaratar los planes de simplificaciones falsas que trata de imponer siempre la derecha.

De este modo, ser capaz de instalar un nombre implica la imposición de la cosmovisión que ese nombre trae consigo.

Esto lo tiene clarísimo la derecha marketinera y lo admite en sus conciliábulos internos al presentarlo como una humorada, una boutade que parece una regla inocente. Todos hemos tenido que asistir a alguno de esos talleres de concientización que imponen las empresas capitalistas (eso se va terminando a medida que nos vamos independizando y zafando de sus garras para emprender otras misiones más comprometidas y militantes de la realidad) ¿Y qué es lo primero que se dice en esos talleres ideologizadores de empleados esclavizados? Que la marca HAY QUE POSICIONARLA EN LA MENTE DEL CONSUMIDOR. ¿Y qué otra cosa es eso sino la imposición de una cosmovisión y la creación de una necesidad ahí donde esa necesidad es falsa o, cuanto menos, falaz. Este solo punto da para horas y horas de debate y todo lo que se insista al respecto será poco. Estamos ante una noción medular de la dominación capitalista, y su conocimiento es el principio de su desarticulación.

En las sociedades actuales, la tarea del nombrar está atravesada por, justamente, los medios, y lo que ha sucedido en la última semana no ha sido la excepción. Específicamente, los diarios Clarín y La Nación, pero también muchos otros periodistas y políticos, llaman “conflicto social” a los hechos que se vienen desencadenando desde el autoacuartelamiento de la policía en Córdoba.

Las investigaciones sobre la tensa y pujante relación entre medios y política han avanzado poderosamente en la región latinoamericana, y a partir de esto podemos entender con una complejidad mucho más sensible los procesos lingüísticos de comunicación en las sociedades posmodernas. Sin embargo, todavía falta más para poder conciliar esa fuerte transición desde la mercadotecnia hacia las técnicas de comunicación comunitaria que moderan cualquier tipo de violencia comunicacional. Todavía somos víctimas de la complicidad de los medios de comunicación con el lenguaje imperante, el lenguaje liberal e individualista. La falta de responsabilidad con la palabra tiene nuevamente de protagonistas a Clarín y La Nación. Instigan a la violencia con el uso de conceptos farsantes. El conflicto social es una construcción de tipo monopólica-mediática. ¿Desde dónde es que se construye ese conflicto? ¿dónde está el poder en ese conflicto?

¿Pero cómo se puede llamar conflicto social a una extorsión perpetrada por algunos grupos de diversas policías provinciales que actúan en connivencia con bandas narcos y delincuentes saqueadores? La idea, claramente, es instalar una analogía con 1989 y 2001 ¿Pero alguien en su sano juicio puede comparar esta situación con lo ocurrido en aquellos años en que hordas hambrientas, desocupadas y desclasadas decidían salir a vaciar supermercados?

La idea de instalar la analogía con 1989 y con 2001 apela a lo que tenga a mano con tal de cautivar la mentalidad clasemediera que es carne de cañón del poder mediático. Son capaces de apelar incluso a la numerología, sosteniendo que son 12 años los transcurridos entre 1989 y 2001 y otros 12 los transcurridos entre 2001 y 2013 pero ¿eso qué tiene que ver?

Lo importante en todo esto es saber distinguir y poner de relieve que tanto las policías provinciales como las bandas narcos y los delincuentes saqueadores son fenómenos de derecha. Ese es el factor común en todas estas conspiraciones. Cuando la izquierda haya triunfado definitivamente, las malditas policías serán reemplazadas por militancia popular, a las bandas narcos se les opondrá el poder de plantar y cosechar el pueblo sus propias sustancias y en lugar de delincuentes saqueadores habrá ciudadanos con más riqueza debiendo entregar voluntariamente a sus compatriotas más pobres lo que a estos legítimamente les pertenece. Imagine.

Es paradójico (aunque no es de extrañar) que a un proyecto popular superador que ha ido logrando modificar la estructura del país en una sociedad más igualitaria se le oponga una derecha cada vez más encarnizada y sangrienta. Eso podría mover a la frustración, al agotamiento, a bajar los brazos. Pero en realidad son estos los momentos cruciales, en los cuales hay que advertir que a la derecha se le van cerrando los caminos y ahí es donde brota su rabia antipopular y termina apelando a la violencia. Violencia que siempre está en el fondo más intimo del capitalismo, el fondo de lo fáctico y de “no me toques lo que es mío”. El poder disciplinador. Es una batalla que no se debe interrumpir, en la cual tenemos que apelar a la fuerza que da tener a la razón, la verdad y el amor de nuestra parte.

Es fácil ver que aquellas hordas hambrientas, desocupadas y desclasadas que decidían salir a vaciar supermercados no son lo mismo que estos grupos burdamente organizados. Esto tiene que ver con la dialéctica y la dinámica del lugar que ocupa el pueblo en cada momento histórico. Tanto en 1989 como en 2001 vivíamos bajo la égida de proyectos de dominación, neoliberales, hambreadores del pueblo. Gobiernos que no eran más que títeres de los organismos internacionales. Entonces aquellas hordas nunca podían ser consideradas delincuentes: peleaban por lo que era justo. En cambio ahora, que hay un proyecto popular que avanza y reparte igualdad y conciencia de clase y proporciona bienestar y felicidad a todos ¿qué necesidad tiene el pueblo de salir a la calle a saquear supermercados? Es evidente entonces, puesto que el pueblo no tiene ninguna necesidad, que forzosamente los que perpetran estos hechos no pueden ser parte de ese pueblo sino parte de grupos organizados por aquellos a quienes este sistema no les conviene. ¿Y adivinen a qué sector de la sociedad no le conviene este proyecto igualitario? Ay derecha, derecha, a veces sos tan evidente.

Como si esto fuera poco hay comunicadores que, incluso, se atreven a comparar la cantidad de muertos ocurrida el 19 y el 20 de diciembre de 2001 con la lamentable cifra creciente que viene rodeando a los hechos ocurridos en los últimos días.

Los mismos de siempre se están empeñando en engañar al pueblo, haciendo esa comparación poco profunda entre las muertes del 2001 y los episodios ocurridos durante estos días. No hay que permitir que los engañen. Las muertes del 2001 fueron por un pueblo hambreado y en crisis permanente. Muertes producto de un Estado AUSENTE que puso sus garras engranadas sobre los débiles. Un estado AUSENTE, sin pueblo. Hoy no hay conflicto por hambre, hay crimen organizado por la mafia policial. Distinción cualitativa que los defensores de un liberalismo caprichoso omiten.

¿Pero se puede comparar la decisión política de reprimir a los manifestantes que adoptó el gobierno de De la Rúa con, por ejemplo, un muerto por electrocución cuando intentaba ingresar a saquear un comercio? No hay muertos con más valor que otro. Lo que sí es distinto es la responsabilidad del Estado y del poder político. ¿Si un comerciante particular mata a un saqueador en el contexto de una zona liberada por la policía estamos ante una situación análoga a un Estado que da la orden de matar como sucedió en 2001?

No todo el mundo conoce el origen de la expresión “meter el perro”. Resulta que antiguamente, en el fútbol de los potreros en donde reinaba la informalidad, existía una estrategia pícara del equipo que iba en ventaja e intentaba demorar el juego, embarrar la cancha y ganar tiempo para evitar la derrota: algún espectador cercano a dicho equipo tenía preparado un perro que, oportunamente, era metido en la cancha, inadvertidamente. El perro empezaba a correr y atacar a los jugadores, quienes se veían de esta manera confundidos (los jugadores que eran víctima de la estratagema, porque obviamente los otros estaban bien al tanto). ¿Y acaso esta operación que está realizando la derecha contra el pueblo no se parece mucho a lo de meter el perro? ¿No podríamos llamarla “meter el muerto”? Dicho esto en un sentido metafórico, que quede claro, porque enseguida van a salir los medios a tratarnos de insensibles que comparan a un muerto con un perro, cuando está clarísimo que no es así. Pero ¿no hay algo artero en toda esta miseria de contar los muertos? ¿Contarlos de cualquier manera? ¿No es esto tomar al pueblo por idiota? ¿Un muerto electrocutado en un accidente? (que hay que ver cuánto tiene de accidente y cuánto de acción represiva por parte del comerciante que hace abuso de su posición de poder) ¿Un muerto asesinado brutalmente por un comerciante pequeñoburgués ahora resulta que cuenta EN FAVOR DE ELLOS? Por dios. Lo que hace falta en este partido es ver quién pertenece a cada equipo y quién le hace el juego a quién. Y sobre todo, quién es el observador impasible que ante la menor distracción nos mete el muerto.

Para finalizar, debe quedar claro que afirmar que esto no puede ser llamado “conflicto social” no significa omitir que en el país siga habiendo pobreza y desigualdad más allá de los enormes avances en la reducción de ambas. Mientras éstas existan siempre habrá un conflicto social latente pero lo sucedido en estos últimos días es otra cosa. Estemos bien atentos, entonces, a cómo nombramos pues puede que desde hace mucho tiempo lo que nos estén saqueando, sin que nos demos cuenta, sea, ni más ni menos, el lenguaje.

Esta es la dialéctica del conflicto social. Es y no es al mismo tiempo. Mientras siga habiendo hambre y pobreza en el mundo (y en menor medida en los países nuestroamericanos), seguirá existiendo un conflicto social latente, objetivo. Distinto es el conflicto social entre comillas, con subjetividad en su expresión, enunciado y significado. Este es el tipo de conflicto social que caracterizó el espíritu socio-social de las conspiraciones que sufrió nuestro país durante estos últimos días. No es conflicto social, es otra cosa. Es conflicto social subjetivo pero objetivizado por las elites políticas poderosas en complicidad con el corpus policial y la tan desclasada clase media.


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