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Violín y otras mentiras

17 01 2014 - 18:12

En una nota publicada en La Nación el 17 de enero, Juan Cruz explora, a modo de obituario, la tristeza perpetua de Juan Gelman, cuyo origen se remonta al secuestro de su hijo, su nuera y la hija de ellos, es decir, su nieta. Cruz señala que el pesar era mucho, pero que Gelman lo llevaba “con la dignidad de un combatiente”. No se entiende bien la formulación. ¿Cuál es la dignidad de soldados como Pol Pot o Massera? Tampoco se entiende bien, de hecho, cuál es el combate, si toda la comunidad internacional apoyó a Gelman en todo momento con su reclamo, hasta que tuvo éxito, en el año 2000.

Aun cuando la poesía fuera para Gelman siempre “una forma de resistencia”, Cruz dice que “ese compromiso civil no alteró su manera de ser poeta”. ¿Cómo se explica entonces la existencia de esto?:

FIDEL

dirán exactamente de fidel
gran conductor el que incendió la historia etcétera
pero el pueblo lo llama el caballo y es cierto
fidel montó sobre fidel un día
se lanzó de cabeza contra el dolor contra la muerte
pero más todavía contra el polvo del alma
la Historia parlará de sus hechos gloriosos
prefiero recordarlo en el rincón del día
en que miró su tierra y dijo soy la tierra
en que miró su pueblo y dijo soy el pueblo
y abolió sus dolores sus sombras sus olvidos
y solo contra el mundo levantó en una estaca
su propio corazón el único que tuvo
lo desplegó en el aire como una gran bandera
como un fuego encendido contra la noche oscura
como un golpe de amor en la cara del miedo
como un hombre que entra temblando en el amor
alzó su corazón lo agitaba en el aire
lo daba de comer de beber de encender
fidel es un país
yo lo vi con oleajes de rostros en su rostro
la Historia arreglará sus cuentas allá ella
pero lo vi cuando subía gente por sus hubiéramos
buenas noches Historia agranda tus portones
entramos con fidel con el caballo

“Miró su pueblo y dijo soy el pueblo y abolió sus dolores sus sombras sus olvidos y solo contra el mundo levantó en una estaca”: no hace falta ser experto en teoría literaria para advertir que acá el “compromiso civil” sí está afectando su forma de hacer poesía, salvo que seamos tan anticuados como para argumentar que no afecta su forma, sino solo su contenido. ¿Cómo habría sido, entonces, que el compromiso afectara la forma? ¿Que los versos estuvieran dispuestos, por ejemplo, como dibujando un fusil? ¿Que las copias no se distribuyeran en libros editados por compañías multinacionales sino en bombas de panfletos puestas en puntos estratégicos de la ciudad?

Juan Gelman fue comunista, como manifiesta —obviamente— el poema y como lo indica el propio Cruz en su nota. ¿Se le habrá ocurrido, en algún momento, pensar en los abuelos de todos los fusilados por el Comandante Fidel? ¿Cómo es posible que una persona tan afectada por toda la brutalidad de una dictadura pueda dedicarle una oda a otro dictador? Dígase lo que se diga de Cuba, no se trata de una democracia, y nadie discute la existencia de campos de trabajos forzados, de pelotones de fusilamiento, de presos políticos, de torturas y de todo tipo de persecuciones. Ya no puedo discutir con Gelman, ni debo ser el primero, por supuesto, que señale tamañas incoherencias. Lo que me llama poderosamente la atención es que hoy en día alguien firme una nota como esta, y no me asombra menos el hecho de que sea publicada en La Nación.

Sobre el juez Garzón, dijo Gelman: “No entiendo el castigo a Garzón por rastrear la memoria”. Manera taimada de expresar las cosas. La sentencia contra Garzón no fue “por rastrear la memoria” sino por grabar y escuchar conversaciones entre presos y sus abogados de manera ilegal. Antes de hacer eso, Garzón había condenado al militar argentino Adolfo Scilingo a mil años de cárcel. Esa condena no solo constituye una gastada al preso, sea quien sea, sino que viola cualquier intuición que uno pueda tener sobre el garantismo penal, corriente de pensamiento con la que, me animo a arriesgar, Gelman, progresista cabal, diría acordar. Mil años de cárcel ponen al derecho completamente por fuera del universo de lo real. Como si fuera un juego, una mera aritmética, con el detalle de que lo que se administra son vidas y responsabilidades.

En su Testamento de los años 70, Héctor Leis condensa todas estas anecdóticas incoherencias de Gelman y su exégeta Cruz en un párrafo magistral:

Existe una fuerte dosis de cinismo cuando una sociedad juzga las acciones de un bando de acuerdo con un presupuesto y a las acciones del bando contrario de acuerdo con otro. En otras palabras: dos varas y dos medidas son la peor receta para hacer justicia, desde que nuestros ancestros salieron de las cavernas. Si hay amnistía, debe existir para todos; si hay juicios de responsabilidad individual, deben existir igualmente para todos. La memoria histórica que justifica la aplicación del paradigma-marxista colectivista para disculpar a los revolucionarios y del liberal-individualista para culpar a los militares no es inocente: es intencionalmente perversa con la comunidad como un todo.


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