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Es Menester

7 02 2014 - 23:11

Norberto Napolitano fue importante en mi adolescencia. La primera vez, o la única, que pintarrajeé mi ropa fue cuando copié el logo de Riff con marcador negro indeleble a la altura del muslo izquierdo de mis jeans gastados. Willy, el preceptor del San Andrés, tenía algo de Lionel Ritchie y del Teniente Castillo de Miami Vice; un flaco alto, que además era nuestro DT en el midday football league. Yo era amigo del hermano y pasaba seguido por su casa en La Lucila, por la calle Mariano Moreno. Era de los que se juntaban a lavar sus carros tuneados viejos y veloces en la vereda. Willy siempre contaba anécdotas de Pappo. Era la época pre “Nadie se atreva tocar a mi vieja” (un tema compuesto, creo, por el hijo de Tato).

Años después El Carpo se puso de novio con una rubia modelo que vivía muy cerca de mi casa, en Acassuso. Yo estudiaba para ser abogado. Un día iba caminando por Güemes a estudiar a lo de un amigo que vivía frente a Pepinos, la hamburguesería que empezó como panchería en los 60. Llevaba mi libro de derecho romano. Pappo paró la moto porque vio que yo llevaba puestos los pantalones cortos de Boca Juniors. Me dijo que el domingo San Lorenzo nos iba a amargar el campeonato. Me llevó a dar una vuelta y me alcanzó hasta Avenida del Libertador. Una chica del colegio, Sabrina, me vio, gracias a dios, me vio.

Cuando me bajé de la moto Pappo me dijo:

—Larga ese libro, flaco.

El Imperio Romano, así, se fue al carajo. Yo era joven.

Michel Peyronel, el baterista, mandó a su hijo al sanandrews también. El patio del recreo cambió. Era raro el pibe. Tenía el pelo largo, rubio, desprolijo. A la salida, cuando la madre lo venía a buscar, todos la mirábamos; tenía el pelo flúo y pantalones de cuerina negros, brillantes.

Siempre recuerdo con cariño a Pappo. No me molestaba en absoluto que se juntara con gente rica, y del ambiente. Todos los que hacen rock de garage se juntan con los dueños de la pelota, de los equipos caros, era como ir a jugar al casa del que tenía el Atari o la Commodore 68 C. Pappo no parecía ser un tipo resentido. No profesaba odio por la zona norte.

Me llegó al corazón cuando leí que Pappo vivió un tiempo en Inglaterra, que se mandó solo, como un aventurero, sin cazar un fulbo del idioma. Tuvo una novia inglesa.
El nunca tuvo ese complejo de inferioridad. Tampoco fue un boludo que se la puso contra el asfalto. Se murió haciendo una de las cosas que más le gustaban, andar en moto.

Y hablaba como su madre poniéndole al rock palabras como: es menesster.


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