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Empalme

24 04 2014 - 19:12

Cuando Néstor Carlos Kirchner decidió en 2007 mandar a Guillermo Moreno a desembarcar en el Indec para falsear sistemáticamente las estadísticas públicas, abrió un camino de mentiras encadenadas interminable. Son cada vez más complicadas, más contrastadas por la realidad y menos defendibles. La culminación grotesca de ese camino infame se dio a partir del 23 de abril, cuando el gobierno decidió no publicar las estadísticas de pobreza e indigencia que estaban anunciadas para esa fecha. Las excusas son tan deliberadamente enrevesadas que hay que desandar un poco el camino para comprender de qué están hablando.

Cuando el ministro Kicillof decidió hacer algún tipo de blanqueo parcial para las insostenibles estadísticas de inflación se metió en un lío, que pasó inicialmente desapercibido pero que no iba a hacer más que crecer con el tiempo. La idea de que la inflación no era la oficial sino que se parecía mucho más a la que decían las consultoras privadas era extendida y su aceptación casi no tenía costos políticos. De hecho, admitir que la tasa anual era mucho mayor a la declarada oficialmente del 10 % era un requisito para que los organismos de crédito internacionales les atendieran el teléfono.

El problema es que las mediciones de pobreza e indigencia están directamente relacionadas con los ingresos y los precios. Una inflación alta, que crece más que los salarios, hace crecer inmediatamente la medición de la pobreza. Si se reconoce que los precios variaron mucho más de lo reconocido, los porcentajes de pobreza e indigencia sólo pueden crecer con la misma velocidad.

Por eso, cuando el 13 de febrero se anunció el nuevo IPC (llamado IPCn), de alcance nacional, que reemplazaba al desprestigiado IPC calculado por Indec para Buenos Aires y GBA, la gran noticia inadvertida para la mayoría fue que en esa exposición de estadísticas había desaparecido la Canasta de Alimentos que se publicaba mensualmente.

La Canasta representa la suma de los precios de algunos componentes de las compras mensuales de una familia tipo. Si los ingresos no superan los valores de una canasta mínima, que garantiza solamente la reproducción calórica en alimentos, se habla de indigencia. La canasta de alimentos, más algunos servicios básicos, marcan el límite de la pobreza. Ese valor mensual era el que estaba dando que si una familia tenía 6 pesos por persona por día no se consideraba indigente, una aberración producto de haber corrido sistemáticamente los precios desde el año 2007.

Durante las presentaciones de los IPCn de enero, febrero y marzo, la canasta siguió sin aparecer. La novedad es que en el mes de abril correspondía anunciar la estadística relacionada con la pobreza del segundo semestre de 2013, realizada con los valores de ingresos calculados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) en el segundo semestre de 2013 y puestos en relación con los precios calculados en esa misma fecha.

Como el número se calculaba de acuerdo con la canasta de 2013, no iba a dar nada diferente a los números ridículos de pobreza que se estaban presentando: alrededor de 6 % de pobres y un número de indigentes totalmente residual, ambos datos obscenamente desmentidos por las calles de cualquiera de nuestras ciudades.

Esta vez, el gobierno pensó que era mejor no ofrecer el número, que iba a ser ridiculizado, sino utilizar el “cambio de metodología” de enero de 2014 para justificar no publicarlo. No hay ninguna relación entre una medición realizada en octubre de 2013 y un cambio hecho tres meses después, pero en su sinfin de mentiras interrelacionadas seguramente les pareció una menor.

Kiciloff canceló el anuncio de la medición sin explicaciones. Al día, siguiente, jueves 24 de abril, era ineludible para el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, referirse al tema. Allí utilizó la palabra “empalme”. Eran, dijo, problemas de empalme.

Es claro que el Jefe de Gabinete no tenía la menor idea de lo que estaba diciendo (aunque el ministro de economía sí lo sabe). Todos se dieron cuenta de que era una palabra usada como amuleto, sin contenido, pero vale la pena entender cuál era la trampa.

La metodología internacionalmente aceptada (de la cual el Indec era un férreo cumplidor hasta enero de 2007) indica que cuando se modifica la forma de cálculo de una estadística, se mantenga la forma anterior en paralelo durante un tiempo para de esa manera poder analizar la comparabilidad entre una y otra y mantener la continuidad de los estudios. A eso se le llama “empalme”. Lo más cínico del asunto (quizás un momento de debilidad psicológica al borde de la confesión) es que entre un IPC y el siguiente no hubo ningún empalme. Kiciloff y el Indec decidieron saltar de uno a otro sin relacionarlos de ninguna manera. No hubo empalme.

Pero eso no es todo. Como ya dijimos, la pobreza se anunciaba en abril de 2014, pero los relevamientos de precios y salarios se habían hecho en octubre de 2013. No había ningún “empalme” que hacer. Simplemente se completaban las series de 2013 y listo. En todo caso, la publicación del índice de pobreza del primer semestre de 2014, con los valores calculados en abril de 2014, pueden ser empalmados con los anteriores porque hubo, teóricamente, un cambio de metodología, pero todo lo anterior a enero de 2014 no necesita ser modificado.

Después de la defensa inconsistente y fugaz de Capitanich, el propio Indec decidió emitir un comunicado al respecto. Son ocho párrafos, siete de ellos totalmente inatingentes e irrelevantes y uno explicativo que reproducimos:

En el día de ayer se discontinuó la publicación de la serie histórica de la medición de incidencia de pobreza e indigencia por ingresos monetarios que el instituto estadístico venía realizando desde 1993 por contar con severas carencias metodológicas, sumadas al hecho de la discontinuación del IPC-GBA y la imposibilidad de empalme con el nuevo IPC-NU.

“Severas carencias metodológicas”. ¿Qué quiere decir? Si lo venían calculando ellos mismos, ¿cómo lo califican de esa manera sin dar más explicaciones? La explicación siguiente que empieza con la frase “sumadas al hecho” habla de una “imposibilidad de empalme” desmentida por el significado mismo de la palabra. La única imposibilidad de empalme es que decidieron no hacer empalme. Y a eso hay que sumarle que en este caso no correspondía ningún empalme.

Los gobiernos kirchneristas, desde la presidencia de Néstor Kirchner en adelante, se especializaron en violentar todas las reglas de metodología estadística habidas y por haber. Son “delincuentes metodológicos”. Son mentirosos, y como todo mentiroso, viven enredados en una madeja cada vez más compleja. Han escondido muertos, como en la inundación de La Plata, y vienen escondiendo pobres desde enero de 2007. La pregunta que hay que hacerles parrafasea aquella con que la periodista griega dejó balbuceando al ministro Lorenzino. “Muy lindo tu discurso sobre la pobreza, pero, how much is it?


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