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Carta a mi sobrina Simona

12 05 2014 - 20:51

(para leer cuando seas mayor)

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Si llegás a querer convivir con alguien, antes mirá cómo se comporta en un avión. Es importante, querida, que lo observes todo el vuelo. Cómo se sienta, si coloniza el apoya brazos, cómo guarda el bolso y los abrigos en el guardaequipaje, cuántas veces va al baño. Es útil saber si bebe alcohol, si duerme durante el viaje. Si duerme todo el viaje, se te va a dormir toda la vida, con o sin clonazepam. El aliento, sentí su aliento. Fijate si se saca las zapatillas o los zapatos y camina en medias hasta el baño. Si es un vuelo internacional, prestá atención a cómo reacciona ante otros idiomas. Si busca conversación con anzuelos como: “¿adónde vais?”, etc. Echale un vistazo a su vestimenta. Si se puso un jogging o bermudas andate a vivir a otro país. Al avión, como al médico, se lo visita con una mínima elegancia.

Si para llegar a sus asientos tuvieron que pasar antes por primera clase, no pierdas de vista sus ojos. Ahí vas a ver su bondad, su ambición y otras miserias. Si van en primera clase, disfrutalo, querida, disfrutalo.

Cuando haya turbulencia, si llegara a haber turbulencia, fijate qué hace con las manos o si traga saliva, si busca tu compañía o la acepta. Fijate si molesta al de adelante apoyando la mano sobre su respaldo para levantarse o para acomodarse, si busca eye contact con las azafatas o los comandantes de a bordo para entender el presente. Si juega con la lucecita o con el aire o si oprime el botón rojo para preguntar a qué altura volamos, o si por algún motivo están descendiendo. Sentilo respirar y escuchá si hay cambio de pulso cuando sacan las ruedas o si atraviesan una tormenta. Fijate qué lee y fijate si lee realmente.

La comida es clave. Carne o pasta, fijate si duda. Mirá cómo destraba la bandeja, si endereza el asiento para comer o si lo deja reclinado. Estate atenta a si pide el café cuando todavía están sirviendo la comida, o si empieza por el postre.

No te olvides de mirar si apaga los aparatos electrónicos cuando así lo piden o si se queda boludeando.

Si está sentado del lado de la ventana prestá atención a si mira por la ventana o si la cierra. Si eligió el pasillo mirá cómo acomoda las piernas, si es de los que entorpecen el carrito.

Observá si lee las instrucciones, si prestó atención a la coreografía de la azafata sobre qué hacer en caso de emergencia, o si es de los que ya no creen que haga falta saber el baile. Fijate si lee la revista del freeshop, si lo hace rápido o si se babea con cada producto lentamente.

Y cuando el avión ya esté en tierra, observá si es de los primeros en desabrocharse el cinturón y abrir el maletero. Por último, preguntale, querida, si prefiere el despegue o el aterrizaje. Si alguna vez robó la mantita o los cubiertos de alguna aerolínea, si pidió conocer la cabina de mando. Si conoció la cabina de mando, cuidado.

Fijate cómo se lleva con la inercia.

Si se prendió en el aplauso al aterrizar no lo veas nunca más. El piloto no es un artista, está haciendo su trabajo.

Te recuerdo que la convivencia puede ser tan antinatural como estar suspendido por los cielos en un cilindro de fierro.


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